Entramos a la segunda mitad de la tercera temporada de Fundación con un impresionante sexto episodio que, titulado La Forma del Tiempo, es probablemente el mejor de la serie a la fecha y la confirma como una de las mejores de ciencia ficción en lo que llevamos del siglo. Creada por David S. Goyer y basada en la célebre saga de novelas de Isaac Asimov, la misma es emitida por Apple TV+.
Hola otra vez, psicohistoriadores. Les aseguro que todavía estoy con la piel de gallina. Brutal episodio el que hemos visto de Fundación, marcando no solo la mitad de la tercera temporada al ser el quinto, sino también una clara bisagra al hacer confluir casi todas las tramas. Y por mucho que, conociendo los libros, uno supiera del momento épico que, más allá de posibles y lógicas diferencias se estaba viniendo, el haberlo visto solo nos hace agradecer estar disfrutando de una enorme serie que será recordada entre las mejores de ciencia ficción del siglo cuando mis nietos o bisnietos hagan el listado.
Un episodio, en definitiva, que ha tenido de todo y creo que lo mejor sería comenzar ya mismo a desbrozarlo no sin antes, desde luego, advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA e invitarles, si lo desean, a leer aquí nuestros previos análisis de la serie.
Visiones Oscuras
Comenzamos con el Mulo despertando sobresaltado después de un mal sueño. Está teniendo pesadillas o, como las llama él, visiones. Le dice a su asistente que por años se ha visto a sí mismo como parte del sueño de otro y acechado por el rostro de una muchacha de la cual no podía saber el nombre. Ello cambió, cuenta, cuando estuvo en Kalgan y entró en la mente de Han Pritcher, lo cual confiesa que no le fue fácil por ser la primera vez que encontraba alguien como él. Y allí logró averiguar que la joven en cuestión se llama Gaal Dornick…

Y como si la sola mención la invocara, la historia nos lleva inmediatamente a la nave en que dejáramos a esta en pleno encuentro con Demerzel, quien se muestra irritada y desencajada al no haber ya signos vitales de Dawn (lo cual confirma que murió) y, por más que ya haya un sustituto esperando en Trántor, entiende que Gaal ha echado a perder el plan.
En su furia, se abalanza sobre la joven y esta le dispara, pero desde luego que no le hace mella y Demerzel pregunta a Gaal si Seldon no le contó que ella era un robot, tras lo cual la levanta en vilo por el cuello y parece a punto de estrangularla…
Gaal replica que lo ocurrido en el bloqueo a Kalgan ha sido la forma de debilitar al Imperio para que el Mulo vaya sobre Trántor y sea cercado por la Segunda Fundación. Le dice además que ha visto el futuro, a lo que Demerzel objeta que no es posible obtener información en reversa. Cuando Gaal insiste en que puede hacerlo, le suelta el cuello y le pide que le muestre. La muchacha explica que no sabría cómo hacerlo siendo ella un robot, pero Demerzel repone que existe una forma, aunque no le va a ser cómoda…

De lo que se trata es de conectar con el cerebro de Gaal a través de sus senos nasales y nervios auditivos en momento, como adelantara, altamente doloroso para la joven. Demerzel tiene entonces una primera visión del Mulo en la que quien es sostenida del cuello por este no es Gaal sino ella, pero lo peor llega cuando quiere ver qué hay más allá del punto negro en las proyecciones mentales de la muchacha y se ven ambas en medio de una estremecedora negrura que acaba por absorberlo todo, incluso a ellas…
Terminada la experiencia para alivio de Gaal, Demerzel dice haber percibido sonidos muy por debajo de los que capta el oído humano y que se corresponden con las emisiones de un agujero negro. Dando pues algo más de crédito a las palabras de la joven, Demerzel dice que, al menos de momento, la dejará vivir…
Sorpresa y Decepción
Disfrazado para no ser reconocido, Day llega a Mycogen mientras las noticias informan del desastre sufrido por la flota imperial en Kalgan. Ante la inminencia del ansiado reencuentro con Song, compra en la feria local una caja de dulces para regalarle y, al llegar a su domicilio, el momento es desde ya altamente emotivo, pero solo para él…
No es que ella no le reconozca: sabe quién es porque el suyo es un rostro desde luego conocido, como también recuerda el día en fue elegida y su viaje de regreso, pero nada de lo ocurrido en el medio y solo puede suponer que habrá sido buen sexo.
Day busca hacerla recordar que su relación fue mucho más que eso, que se amaban profundamente y que le había prometido retener los recuerdos que, borrados sin embargo por Demerzel, le ofrece ahora recuperar merced a un chip que a tal fin ha llevado consigo. Song se resiste, pero su expresión cambia abruptamente cuando él intenta hacerle recordar que conoció a un robot, tema para ella delicado por formar parte del culto de La Herencia que, idealizando justamente un pasado en que los mismos coexistían los humanos, aguarda por su regreso.
El efecto no es el esperado. Song hace venir a alguien que responde al nombre de Oceanglass-49 y que es justamente agente de La Herencia, además de su pareja. Esta dispara a Day dejándole aturdido mientras se le sindica como miembro de la dinastía que proscribió, persiguió y masacró a los miembros de su culto. Él intenta en vano replicar que lo único que tiene de los Cleon es el rostro y se siente morir cuando Song le anoticia de que su verdadero nombre es Songbird-17 y que también es agente, no habiendo obedecido nunca su presencia junto a él a otro motivo. Desilusión absoluta y panorama por demás complicado…

El Mulo otra vez…
El trío fugitivo, en tanto y convertido en cuarteto al haber sumado a Randu Mallow, llega a Nueva Terminus. Se viven momentos de tensión cuando este último se reencuentra con Pritcher, pues la cosa entre ambos no había terminado bien la última vez y Bayta debe intervenir para separarlos antes de que se muelan a golpes.
Los recién llegados son llevados ante Indbur, pero no Pritcher que, aunque quiere acompañarlos, en definitiva sigue detenido. El encuentro entre Randu y el alcalde tampoco es cómodo, desde ya. El primero intenta convencer al segundo de que necesitan apoyarse mutuamente para enfrentar al Mulo, pero Indbur no termina de ver a este como una amenaza ni el provecho que, según ellos, podrían sacar de Magnífico Giganticus.
Bayta, en su segunda intervención acertada (sigue mejorando el personaje) convence al alcalde de escuchar la música del bufón y cuando este ejecuta el visisonor (un instrumento que hubiera hecho las delicias de la generación del ácido), la profusión de imágenes y sonidos deja a todos absortos e incluso a Indbur, que entiende ahora a qué se refería Bayta y por qué el bufón es aparentemente tan importante para el Mulo y podría serlo también para ellos ahora que lo tienen en su poder.

La conversación, no obstante, se interrumpe cuando llega el aviso de que la Bóveda se está abriendo y la aparición de Hari Seldon (o por lo menos su holograma) es inminente, lo cual implica dirigirse allí de inmediato y es lo que Indbur hace junto a su séquito, más los esposos Mallow, el tío Randu y el bufón. Pritcher quiere acompañar, pero el permiso le es una vez más denegado y debe continuar bajo reclusión…
La Bóveda se abre y Seldon está allí. “Lo imaginaba más alto” dice Bayta. “Es solo un holograma” replica Toran. Cuando empieza a hablar, Indbur hace gala de su habitual petulancia y le interrumpe de manera impertinente para presentarse y hacer valer su posicion.
Seldon le escucha, pero no le da demasiada importancia y comienza a dar un diagnóstico de la situación actual, con la influencia del Imperio reducida a solo seis mil mundos y un inminente conflicto por las migajas entre Fundación y comerciantes. El mismo, dice, es tan inevitable como necesario para que a la larga ambos se terminen uniendo.
Pero en ese momento Toran pregunta por el Mulo y hay confusión en el rostro de Seldon que, esbozando una ligera sonrisa, repregunta quién es. Casi como respuesta, un holograma de este último se despliega al instante y les saluda con sarcasmo mientras Magnifico advierte que la Lengua Negra, su nave insignia, está encima de ellos.
Las naves de la fundación comienzan a dispararse entre sí del mismo modo que lo hicieran las imperiales en Kalgan y en pocos minutos el lugar es un infierno. Toran pregunta desesperadamente a Seldon qué hacer, pero la imagen de este se esfuma y la Bóveda comienza a colapsar, lo cual les obliga a salir a la carrera y, una vez en los campos, tienen una impresión más acabada del caos desatado. Bayta pierde el sentido y cae, por lo que Toran regresa por ella para cargarla…
Balance del Episodio
Nada que no haya dicho al principio. Magnífico e increíble episodio. La épica ya está aquí, los giros van cayendo uno a uno y el poder del Mulo, maestro del engaño y el poder mental, no para de crecer y volverse irrefrenable. Se ha cargado a la Fundación, destruido a la flota imperial y va por Trántor, tocándole a un débil y crepuscular (valga la redundancia) Dusk hacerle frente. Pero lo expuesto por Gaal dice que eso está en los planes, así que todo apunta a que allí se librará la batalla final.
El engaño ha vuelto a tener una presencia importante a lo largo del capítulo como ocurriera en el anterior. No solo por la trampa del Mulo sino por la que sufrió Day, hacia la cual fue prácticamente solo y sin ser empujado por nadie o, mejor dicho, por sus sentimientos hacia Song, que han sufrido un golpe devastador.
No es algo nuevo para la dinastía, pues ya había ocurrido con Dawn en una versión anterior, lo cual indica que por mucho que los Cleon quieran escapar a su destino y a los rostros que el mismo les impone, lo suyo ya está escrito y cada vez que intentan salirse de la letra terminan mal. De hecho, el último Dawn tampoco logró hacerlo y, contra alguna esperanza que pudiera quedar, nos hemos anoticiado por Demerzel de que está definitivamente muerto…
Y si bien puede parecer que el arco de Day ha sido el más desconectado en este episodio, su simultaneidad con las noticias llegadas de Kalgan más el giro que lleva a Day a su caída y a un futuro incierto, ayudan a que entendamos mejor la soledad con que el Imperio se enfrentará al combate decisivo.
La confrontación entre Demerzel y Gaal ha sido gloriosa, con ambas actrices mostrando una formidable química en el cruce. No es que nos sorprenda de Laura Birn, desde luego, pero Lou Llobell todavía no había mostrado a mi juicio demasiado hasta aquí y sin embargo, al igual que su personaje, ha pasado por una prueba de fuego de la que salió airosa.
Un episodio, además, en el que hemos vuelto a ver a Jared Harris, aunque más no sea a través de un holograma. Y tiene sentido que Seldon no supiera nada del Mulo, pues recordemos que este no entraba en sus cálculos y su entrada en escena obedeció más bien a un error o a la imprevisibilidad que puede generar la individualidad. El momento en que pregunta quién es el Mulo para luego desaparecer es terriblemente devastador para todos aquellos que depositaron en él sus últimas esperanzas y las vieron, literalmente, desvanecerse.
Bayta y Toran siguen, por suerte, evolucionando como personajes (más ella que él), lo cual me alegra porque se van acercando más a los libros y al rol que les espera. El que permanece todavía un poco en sombras es Pritcher pero, ojo, tiene sentido y ha sido un buen recurso argumental el dejarle fuera del asunto de la Bóveda, pues ello le permite salir justamente indemne para lo que se viene.
En fin, un capítulo formidablemente narrado que ha hecho confluir la mayoría de sus tramas, además de estar muy logrado en cuanto a lo visual y acompañado por una cinematográfica banda sonora que ha permitido a Bear McCreary lucirse especialmente, tanto que me da pena que mucha de la música del episodio no vuelva a ser reutilizada.
Se dejan entrever alianzas necesarias e inminentes como la de Gaal con Demerzel o la de Pritcher, los Mallow y el bufón, que deberán restablecer su vínculo más allá de que el primero haya en su momento huido con el rabo entre las piernas y Bayta, incluso, se lo haya recriminado en este episodio.
Lo importante es que la serie sigue creciendo y me alegra saber que está primera en las preferencias de los suscriptores de AppleTV+, pues eso nos da firmes esperanzas de seguir viendo temporadas y que puedan ser llevados a la pantalla todos los libros que componen la inolvidable saga del magnífico Isaac Asimov.
¿Magnífico dije…? Acabo de darme cuenta que he utilizado esa palabra más de una vez en este balance del capítulo, pero lo dejo allí. Les espero para analizar el próximo episodio y sean felices…



