Continuamos analizando Outlander: Sangre de mi Sangre, la serie de Starz que, creada por Matthew Roberts y basada en los personajes ideados por la escritora Diana Gabaldon, funciona como spin-off y precuela de Outlander. La misma, de la cual analizamos hoy su tercer episodio, puede ser vista a través de Movistar+ para España y de Disney+ para Latinoamérica.
Hola otra vez, forasteros y viajeros del tiempo. Nuevamente aquí para analizar otra entrega de Outlander: Sangre de mi Sangre, serie de Starz que, apenas estrenarse y aun antes de hacerlo, ya tenía confirmada segunda temporada de tan alta la expectativa y asegurado el éxito con antelación. Tras los dos episodios subidos de un tirón la semana anterior, desbrozamos hoy el tercero, cuyo título es La Escuela de la Luna y continúa las historias de los respectivos padres de Claire y Jamie con una trama llena de negociaciones, resentimientos, cotilleos y recriminaciones.
Pasemos pues ya mismo a ver qué nos ha dejado el capítulo no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestro análisis de los dos episodios anteriores y aquí los de Outlander, serie a la cual hace de precuela la que nos ocupa. A ver qué ha ocurrido…
Malas Noticias para Ellen
Comenzamos con Ellen teniendo un “sueño húmedo” con Brian, pues de algún modo y con calzador había que meter una escena de sexo en el capítulo o no estaríamos en el universo Outlander (ya llegarán los infaltables latigazos). Ambos yacen sobre la hierba como en un póster de los setenta y él (obviamente a pedido porque hasta en los sueños es caballeroso y correcto), lleva su mano a partes cada vez más íntimas de ella hasta que, para su infortunio, Ellen es despertada por la criada Glenda Fitzgibbons (Sally Messham)…
Es bueno aquí hacer un paréntesis porque quizás les suena ese nombre y no recuerdan de dónde. Glenda, ya anciana, es el ama de llaves que en la primera temporada de Outlander será de los primeros personajes en brindar apoyo y protección a Claire al caer esta en el castillo Leoch. Y es aquí quien, de manera involuntaria o quizás dando por descontado que ya lo sabía, anoticia a Ellen de que su hermanastro Colum la ha prometido en matrimonio a Malcolm Grant.
Perpleja, esta acude a él de inmediato para recriminarle por las promesas que, hechas en su momento a su padre, está incumpliendo. Colum objeta que las promesas de Jacobo murieron con él y necesita la paz con los Grant tras el entuerto causado por Dougal. Ella le recuerda cuánto cuidó de él en el pasado mientras estuvo convaleciente, cuestión que será luego ahondada en flashbacks y cuya mención parece hacer mella en Colum, que está a punto de quebrarse pero no tuerce su decisión.

Malas Noticias para Julia
Julia, entretanto, sigue entre los Fraser dedicada a sus labores como criada y a esquivar lo más que pueda a Simon, tal como le recomendara la señora Porter. Pero el ama de llaves no es tonta y se da cuenta que Julia no ha sangrado desde que llegó, lo cual, por mucho que intente la sassenach disimular el crecimiento de su vientre, es para ella señal de embarazo.
Julia lo niega, aunque sin demasiada energía, y Porter le anticipa que le quitarán el bebé en cuanto sepan su condición. La joven le sugiere entonces que la ayude a escapar, pero la mujer le replica que su vida será peor allá afuera: sola, fugitiva y con un bebé en camino. Julia pregunta con ironía si su suerte será mejor allí adentro, pero finalmente abandona el tema e insiste en negar su preñez.

Prometida por Partida Doble
Ellen va a ver a Dougal para echarle en cara que, por culpa de sus arrebatos y estupidez, tiene ahora que casarse con Malcolm contra su voluntad. Él objeta que no puede culparlo de la decisión de su hermano, quien además no es todavía señor del castillo y no tiene aún por ende potestad sobre ella. Deja entrever de ese modo que las cosas podrían ser distintas en caso de resultar elegido él.
Ello hace a Ellen abrigar alguna esperanza de que su suerte pueda torcerse, pero es en vano. Lo que Dougal tiene en mente es también usarla como moneda de cambio, solo que no con los Grant sino con los MacRannoch, a los cuales la promete en matrimonio como parte de su estrategia de captar a quienes buscan instalar en el trono a un Estuardo y desconfían de los Grant, que solo buscan su beneficio importándoles un pito quien gobierne.

En este punto, la trama se conecta con la rebelión jacobita que, estallando más de treinta años después, conduce a la batalla de Culloden, momento culminante en la segunda temporada de Outlander y de los más icónicos de toda la serie. El contexto histórico no está desubicado ni es prematuro, ya que dicha rebelión tuvo como antecedentes varias revueltas que venían desde finales del siglo XVII y se continuaron en el siguiente, produciéndose una de ellas en 1715, lo cual significa que en la cronología de la serie estaría al caer. Aprobada la parte histórica pues, seguimos…
Hijos Rechazados
Flashbacks en sepia (como es habitual en la serie) nos muestran el origen del resentimiento de Jacobo el Rojo para con sus hijos varones y ayudan a entender por qué no designó como sucesor a ninguno de ambos. En uno de ellos, Dougal y Colum parten en cabalgata nocturna con el fin de recuperar ganado robado y cuando Ellen pregunta a su padre por qué no los acompaña, este responde que si quieren ser dignos de sucederle, deben demostrar que se saben conducir con la luna como única guía, lo que se conoce justamente como “escuela de la Luna” y de allí el título del capítulo.
La incursión acaba mal. Colum ha caído de su caballo y regresado con una herida, la que le terminará dejando lisiado y generando el rechazo de su padre. Mientras su hermanastra Ellen le atiende con fraternal dedicación, la pone al tanto de que el accidente se debió a que Dougal decidió desobedecer órdenes y desviar el rumbo hacia tierras de los MacDonald, donde terminaron perseguidos y él cayendo de su montura.
Anoticiado Jacobo, no condona a Colum ni mucho menos, pero sufre una gran decepción con Dougal y va por él para (por supuesto) marcarle la espalda a latigazos mientras le recrimina que sus estúpidas decisiones han exacerbado un conflicto entre clanes. En algún momento, hasta deja de azotarlo como si ni siquiera tuviera sentido y terminamos de entender por qué decía que uno de sus hijos no podía caminar y el otro no podía pensar…
El Laberinto de Brian
A todo esto, se acerca el momento de elegir un nuevo laird en Leoch y Ned (Conor MacNeill), el vocero de los Mackenzie, muestra frustración consigo mismo por no haber conseguido que Dougal y Colum se mantuvieran unidos, lo cual podría provocar que, al dividir votos, consigan otros sacar tajada para imponer otro candidato, especialmente los ambiciosos McKinney.
Entre los Fraser, Murtagh pone a Brian al tanto de que está enamorado de Ellen, por lo que le duele el saberla comprometida con un Grant. El rostro de Brian acusa doble recibo: por enterarse de dicho compromiso matrimonial y por saber que comparte interés romántico con su “hermano” (en realidad su primo, pero criado con él como tal).
Más devastador todavía para él es cuando, al llevar ambos a su padre Simon las malas nuevas sobre los Mackenzie y especialmente sobre el mencionado matrimonio, este dice que la mejor estrategia sería entonces mancillar el honor de Ellen para que los Grant no la vean digna.
Consternado, Brian intenta convencerle de que nunca es bueno manchar el honor de una dama, pero su padre se mantiene firme y Murtagh no objeta nada. La razón, según le dice luego en privado, es así podría hacerle volver a tener esperanzas con su amada Ellen. Todos los caminos parecen malos para Brian…
Sigue el cotilleo: Jocasta pone al tanto a Ellen del plan de Dougal de casarla con un Grant, del cual se ha enterado por su esposo John Cameron. Furiosa una vez más, Ellen va en su búsqueda para recriminarle y le hace abrir los ojos con que los Grant tienen acuerdos con los McKinney que harán evidentes cuando el matrimonio se haya consumado. Le dice en la cara que es un tonto, lo cual le deja sin palabras y pensando probablemente que su padre tenía razón…
Los Hermanos sean unidos…
Llega el momento de elegir nuevo señor y los candidatos se presentan en Leoch. Malcolm se cruza con Ellen y le gasta algunos gestos de galantería que parecen dar por descontado que estarán casados dentro de poco. Ned, por su parte, se cruza con Henry, quien aparece por primera vez en el capítulo y bromea acerca de que ojalá mantengan ambos sus respectivos puestos después de la elección. No sé si debería seguir con su humor fuera de época cuando ya una broma le costó casi la vida (aunque también le consiguió trabajo) pero bueno, por suerte Ned no es un Grant y lo toma mejor…

Al momento de pronunciar Colum y Dougal sus respectivos discursos, el primero, en un acto de sinceridad, reconoce no poder combatir, pero justamente por eso delegará en su hemano la función de jefe de guerra si es elegido. El anuncio levanta murmullos y causa sorpresa, pero no tanta como cuando, instantes después, Dougal se postra ante él y, entre vítores, acepta tal condición.
Hay protestas, especialmente de los McKinney, que esgrimen que solo puede haber un laird por clan, pero Ken replica que hay antecedentes de poder bicéfalo y viola ninguna norma, así que avala la decisión y así también seguidamente todos los clanes, incluso y a pesar suyo, los McKinney. Ellen, desde lo alto y con sus hermanas, mira satisfecha, estando claro que ha sido ella quien le fue con el plan a Ned, como también que su reprimenda a Dougal surtió efecto. Los Mackenzie siguen unidos…
Plan Perverso
¿Qué pasa a todo esto con los padres de Claire, a quienes tenemos algo abandonados en este capítulo? Pues Henry sigue tras el rastro de Julia y, dado que los Grant se han ofrecido a ayudarle, es llevado a una casa de citas, cuya madama, le dicen, conoce todo sobre cualquier mujer sola que ande por Escocia.
Cuando, de modo casi celestial, él le describe a Julia ensalzándola de virtudes, la mujer le responde que alguien con esas características no podría pasar desapercibido y se compromete a averiguar. Henry, agradecido, dice que pagará lo que sea…
Julia, mientras tanto, está preocupada por su embarazo, que ha comenzado a complicarle sus tareas diarias, las cuales cada vez le cuestan más. A través de una de sus “cartas abiertas” a Henry, dice en off que ha tomado una decisión clave, pues quiere tener al niño. Disculpándose imaginariamente con él, echa la carta al fuego y se dirige al dormitorio de Simon Fraser, desnudándose a petición de este apenas entrar. Está claro que su plan consiste en ceder a sus caprichos carnales para camuflar el embarazo y hacer pasar al hijo como suyo. Ahora sí que todo está revuelto…
Balance del Episodio
Una entrega en la que ha pasado de todo y que, con sus historias cruzadas, confirma el tono de culebrón de la serie, lo cual no debería ser novedad ni tiene por qué ser motivo de condena, pues siempre estuvo claro que sería así y no por nada es esta una serie hija (o madre, según como se la vea) de Outlander. El culebrón, como todo género, debe ser visto a la luz de sus propias reglas o de lo contrario no se entiende: sería igual de absurdo que descalificar a Superman por fantástica.
Los guionistas, de hecho y como me veía venir, ya empiezan a jugar con los cruces, aunque debo por otra parte admitir que no son precisamente los que me veía venir. Ellen, si no me fallan las cuentas, ya tiene cuatro pretendientes: Malcolm Grant, Marcus MacRannoch, Murtagh y el pobre Brian, que hasta aquí parece el convidado de piedra y encima debe lidiar en silencio y sin decir palabra con su propio primo y casi hermano.
A la larga, no obstante, no tenemos dudas de que será él quien termine con Ellen y decirlo no es revelar secreto alguno (yo tengo el mismo conocimiento de las tramas futuras que ustedes, es decir ninguno) ni hacer spoiler, sino simplemente saber cómo funciona el melodrama, esas reglas de juego del culebrón de que antes hablábamos y que hacen que al público de la serie no le importe saber que Brian y Ellen acabarán juntos, pues eso es algo no solo obvio sino además sabido al ser los padres de Jamie.
La clave, y lo que interesa al público, es cuál será el camino que ambos deberán recorrer para llegar a ello y a qué obstáculos y enemigos deberán sobreponerse.
Lo de Henry y Julia es un poco más incierto, pues no sabemos qué ha sido de ellos en el siglo XVIII y, como Claire, los dábamos por muertos. Aun así, también está claro que acabarán encontrándose, pero el derrotero se presenta espinoso y la decisión de Julia de tener relaciones con Simon Fraser para salvar su cabeza y la de su hijo ha sido un toque perverso que, dado el cliffhanger final, nos pone ansiosos por conocer sus consecuencias. De hecho, me he estado devanando los sesos con el árbol genealógico de los Fraser y admito que a veces me pierdo un poco…
¿Acabará Simon creyendo que el hijo es suyo? De ser así, ¿quién es? No me cierra que sea ninguno de los que Jamie tomaba por tíos y en algún momento pensé en el joven Simon (el “zorro”) pero no coinciden los tiempos con su edad en la segunda temporada de Outlander (creo que deberían faltar unos diez años para que nazca). Tendremos pues que pensar en algún otro hijo ilegítimo de los tantos del viejo Simon y no deja de ser inquietante que en realidad no sea tal sino un hermano de Claire, que está con su tío en el siglo XX.
Madre mía, eso sí que es enrevesado y, a riesgo de ser insistente, vuelvo a lo de las reglas del culebrón. Es así como funciona: se toma o se deja. Y por mucho que una trama pueda presentársenos desmedida o exagerada, es justamente ese carácter lo que nos hace estar pendientes de lo que viene y ansiosos por el próximo capítulo.
Una de las cosas que me ha gustado de La Escuela de la Luna es que, al estar nuestros personajes ya instalados en una misma época, todos los arcos se desarrollan allí y no tenemos viajes en el tiempo que, por lo general, es donde el universo Outlander suele tener más conflictos con la coherencia argumental.
Ojalá se mantenga así de aquí en más y no tengamos que ver saltos disparatados como los de la serie principal, sobre todo después de que Jamie y Claire viajan a América y no cuadran en absoluto sus edades aparentes con los treinta años transcurridos entre la batalla de Culloden y la independencia de las colonias. Y si bien es cierto que ella ha tenido en el medio algún que otro viaje en el tiempo, él jamás ha pasado por uno y luce casi igual.
En ese sentido, está hasta aquí bien manejada en Sangre de mi Sangre la antes mencionada cuestión histórica sobre los orígenes de la rebelión jacobita. Que no vuelvan, por favor, a apretujar todo y saltarse años…
Lo que sí me hace chirriar un poco es lo antropológico, particularmente los clanes y el sistema de elección de los lairds, que no me ha quedado del todo claro en la forma en que se lo ha planteado. ¿Por qué se habló tanto de que habría otros clanes en la disputa si llegado el momento solo Colum y Dougal se presentaron como candidatos? No lo he acabado de entender y la forma en que se resolvió la sucesión de los Mackenzie no encaja demasiado con el método que, hasta donde sé, se seguía cuando no había sucesor en un clan. Repito: hasta donde sé…
Pero en definitiva ha sido un episodio entretenido y creo que mejor que los anteriores en la medida en que vamos conociendo más a los personajes (aunque los miembros de los clanes me siguen pareciendo muchos) y las tramas se van enredando a un punto que se nos hace difícil imaginar lo que sigue. No el final que, como dije, ya lo sabemos, sino el camino. Sin ir más lejos, ¿cómo reaccionará Henry al saber que Julia estuvo en la cama de Simon Fraser?
Hasta la próxima y sean felices…



