Continuamos analizando la tercera temporada de Fundación, hoy con su séptimo episodio titulado muy apropiadamente El Fin de la Fundación. Creada por David S. Goyer y basada en la exitosa e icónica saga de novelas de ciencia ficción de Isaac Asimov, la serie puede ser vista en Apple TV+.
Bienvenidos nuevamente, psicohistoriadores, a un nuevo análisis de Fundación. El séptimo episodio de esta tercera temporada es uno de los más enigmáticos y abiertos que hasta aquí nos ha dado la serie, a la vez que paradójicamente nos explica el origen del Mulo.
Tanto para el Imperio como para la Fundación, la cosa se complica en una trama que conjuga soledad, amor, libertad, traición, resentimiento y fuga, todo con el excelente apartado visual que, episodio a episodio, caracteriza a esta gran serie.
Pasemos pues a ver qué nos ha dejado el que nos ocupa, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Solo un Hijo
Comenzamos con un flashback que nos lleva al planeta Rossem, en el Borde Exterior, donde nos encontramos con una pareja campesina que vive allí con sus dos hijos, de los cuales el parecido físico del mayor (Toby Dixon) con Pilou Asbæk, no deja dudas de que es la versión infantil del Mulo.
Alarmados ante la visita mensual de los recolectores de la Fundación, y sabiendo que está prohibido tener más de uno, ocultan al menor, aún bebé, y la jugada casi sale bien de no ser porque el llanto del niño les delata. La pareja se ampara en que no es suyo, sino que se lo están cuidando a sus vecinos Barton, pero los hombres de la Fundación dejan en claro que deberá haber un solo hijo cuando regresen en un mes…
Primer Ciudadano
De vuelta a la actualidad, el caos de las naves de la Fundación atacándose entre sí se abate sobre Nueva Términus y Toran carga por la calles a la inconsciente Bayta entre llamas y explosiones sin que haya rastros de Magnifico, al que perdieron apenas comenzar el ataque.
Han Pritcher ve el dantesco espectáculo desde su sitio de reclusión y ruega a su amiga Sephone que le libere, pero esta, dolida, se niega. Desesperado y sin saber qué hacer, se termina infligiendo una violenta mordedura en el brazo y aúlla de dolor para atraer al guardia.
La nave del Mulo se ubica sobre el palacio de la alcaldía y este ingresa triunfalmente acompañado por su séquito y la ya inseparable Skirlet, para esta altura su hija adoptiva. El acomodaticio Indbur le da la bienvenida arrodillado y su servil genuflexión genera no solo nuestro disgusto, sino también el de uno de sus hombres que, al intentar sublevarse, recibe desde atrás un disparo por parte de la guardiana Greer (Krista Kosonen).

Confirmando que es un traidor, el Mulo le pregunta por el regalo que le prometió y los ojos se le encienden cuando Indbur le menciona a Han Pritcher, pues sabe que esa es su puerta para llegar a Gaal Dornick. En su celda, sin embargo, creen por un momento encontrarle yaciendo sin vida en el piso, pero en realidad es su guardia, lo que significa que Pritcher, tan mentálico como el Mulo, ha logrado engañarlo. Intenta dispararle, pero el arma sustraída al guardia no le reconoce al escaneo y se ve obligado a huir a la carrera.
Consigue llegar a la nave de Indbur y escapar, siendo anoticiado el Mulo de que se ha dirigido hacia el otro lado del planeta, desde donde Sephone da por descontado que iniciará una rebelión por no estar en su naturaleza huir o esconderse…
Irguiéndose orgullosamente como vencedor, el Mulo arenga a los locales instándoles a no lamentar su suerte, sino a verla por el contrario como liberación, además de exigir ser tratado de aquí en más con el título de Primer Ciudadano.
“¿Primer Ciudadano de qué?…” ironiza la pequeña Skirlet ante lo poco que de la Fundación ha quedado y mientras el doble eclipse llega a su fin y el sol de Nueva Términus ilumina la sonrisa triunfal del Mulo…
Camellos y Hurones
En Trántor, las noticias llegadas desde Nueva Términus acorralan a un perdido Dusk que, viendo pasar como un fantasma al camello de Day, da orden de quitar de en medio a todos los animales de este que anden todavía por allí sueltos y dando vueltas.
Su primera reacción es ir en busca de la embajadora Quent, obviamente devastada por la caída de la Fundación, un destino que se avizora también inminente para el Imperio de un momento a otro. Además, a él le quedan solo tres días para su ascenso y lo único que quiere es estar junto a ella y asegurarle su protección, por lo cual le pide que se quede. Quent le dice que, dadas las nuevas circunstancias, no tiene él por qué someterse a su predeterminado final, pero para Dusk su destino es tan inevitable como el del Imperio.

Hay cena compartida mientras el hurón de Day ronda todo el tiempo por la mesa y, tras el beso contenido que ella dice haber esperado por treinta años, acaban en la cama. Levantándose en la noche, Dusk se cruza nuevamente con el hurón al que, en acto simbólico, pisotea con furia hasta dar muerte…
Lisergia
En Mycogen, y mientras Day se recupera de la descarga que le propinara Oceanglass, esta y Song le interpelan acerca de Demerzel, pues ambas pertenecen a la secta conocida como La Herencia y no puede menos que interesarles sobremanera la aparente presencia de un robot en Trántor.
Él muestra, como prueba, la herramienta de Demerzel con sus marcas identificatorias de la Tierra, pero para terminar de comprobar que dice la verdad, se le somete a un vino de esporas que le hace entrar en un trance alucinatorio bien lisérgico que nos lleva quizás al momento más psicodélico de la temporada (además de magníficamente filmado).
Todo se le curva y se le cruzan imágenes de los otros Cleon y de Demerzel, quien le recrimina por odiarla y él a su vez ella por haberle obligado a cometer equivocaciones. Llamándolo “hombre pequeño”, Demerzel objeta que su plan ya estaba escrito desde antes de nacer, a lo que él replica que nunca nació, sino que fue creado.
El desfile de imágenes continúa y vemos a Dawn, de niño, preguntando a Demerzel si alguna vez se iría. Ella dice que ha tenido varios nombres: Chetter, Eto, Daneel (todos muy conocidos para los lectores de Asimov y, especialmente, de la saga), pero que siempre su función ha sido estar allí para velar por la dinastía y así seguirá siendo, llegando incluso a comparar su suerte con la de una prisionera.
Pero el niño insiste y quiere saber qué haría si pudiera dejar de serlo, a lo ella que responde que, probablemente, crear más robots. Y cuando le pregunta si les abandonaría, su críptica respuesta es que no se puede comparar el amor con la libertad, de lo cual el Day adulto interpreta que, entre ambos, elegiría la libertad.
Terminado el momento alucinatorio, las chicas (qué simpático llamarlas así) quieren saber qué tan posible es sacar a Demerzel de Trántor, lo cual Day no ve posible y además, dice, ella misma no dejaría su lugar. Le incriminan haberla esclavizado, acusación que él rehúye por ser ajeno a su voluntad todo lo relacionado con Demerzel.
Derivando el asunto en autoridad superior, ellas hacen venir a su líder Sunmaster-18 (Blake Ritson) que, analizando minuciosamente la herramienta, le dice a Day que la decisión final sobre él recaerá en el cráneo que corona la misma, lo cual se oye bastante intimidante o, por lo menos, a mí no me gustaría que mi destino dependiese de una calaverita…
Tío y Sobrino
Toran, siempre cargando a Bayta, consigue llegar hasta la Encanto, pero detrás de él lo hace su tío Randu que, cooptado por el Mulo, intenta convencerle de no escapar. Dice que no es tan malo como lo pintan y estarán mejor con él que bajo el yugo del Imperio o la Fundación, pero Toran no cede, así que Randu dispara a los controles de la nave dejándola inútil mientras sus hombres ingresan y capturan a la inconsciente Bayta.

Sin escapatoria, Toran se mete en una cápsula y la eyecta. Antes de despegar, pide disculpas a su tío por abandonarle, pues bien sabe que no es dueño de sus actos y, al momento de ser la cápsula disparada hacia las alturas, llega a ver tristemente cómo un disparo de los guardias, quizás accidental por estar dirigido hacia él, termina con su vida…
El Origen
El Mulo está muy decepcionado con Indbur y afirma que debe recibir un castigo. Valiéndose de la telepatía, le obliga a ahogarse mientras un nuevo flasbhack nos devuelve a sus días de infancia en Rossem, haciéndonos testigos de cómo sus padres, finalmente, habían optado justamente por ahogarlo para mostrar así un solo hijo a la próxima visita de los recolectores.
Fue entonces cuando el niño manifestó por primera vez su poder e hizo que su padre acabara suicidándose justamente ahogado para luego hacer lo propio con su madre y terminar dejando el niño a los Burton…
Vueltos al presente, le vemos adulto al pie de la Bóveda y encontrándose sonriente, por fin, con el holograma de Hari Seldon…
Balance del Episodio
Sin la intensidad ni el carácter de quiebre del anterior, ha sido un capítulo estéticamente interesante que ha hecho avanzar la trama, a la vez que uno de los más abiertos a interpretación al proporcionar más preguntas que respuestas. De estas últimas, la que menos me ha convencido, contrariamente a la buena recepción general que sé que ha tenido, es el origen del Mulo, por más bueno que haya sido el trabajo del niño Billy Dixon y sorprendente la puesta visual del arco, con esas ciclópeas maquinarias agrícolas que, contrapuestas al ambiente que les hace de marco, remiten muchísimo a las ilustraciones del gran Simon Stålenhag.
Pero no me termina de convencer que le hayan dado al Mulo un origen tan prosaico y mecanicista: un “simple” trauma familiar que, devenido en su primera manifestación psíquica, explicaría su odio por la Fundación.
Aclaremos que en los libros no ha nacido en Rossem, sino en Gaia, planeta que tendrá importancia clave bastante más avanzada la saga. Salvo que así sea también aquí y haya sido adoptado, lo cual podría en parte explicar por qué su padre prefirió salvar a su hijo biológico por encima suyo (y su interés por Skirlet como hija adoptiva). Solo estoy especulando, desde luego, o quizás queriendo ver lo que me gustaría. Habrá que ver si futuros flashbacks ilustran más…
Pero, volviendo a los logros visuales del capítulo, ha sido asimismo impresionante la secuencia psicodélica, cargada de surrealismo, pero también de grandes diálogos e imágenes tan magníficas como sobrecogedoras. Gran detalle que Day vea gigante a Demerzel (la imagen en que se planta desnudo frente al mural podría haber sido portada de algún disco de rock progresivo en los setenta), pues así la habrá visto a lo largo de su vida y, no por nada, ella le llama “hombre pequeño”.

Las conversaciones entre Demerzel y el niño Dawn, otro de los puntos del capítulo, han sido lo suficientemente crípticas como para no darnos respuestas certeras y ya masticadas, sino dejarnos rumiando las palabras de Demerzel. Emoción muy grande, por cierto y como ferviente lector de Asimov, el que esta mencionase entre sus nombres anteriores a Daneel: un guiño que adelanta bastante la resolución final que llega recién en Fundación y Tierra, último libro de la saga, por lo que no quiero decir nada y ojalá tengamos por delante las suficientes temporadas para llegar al mismo (de momento, la serie sigue primera en la plataforma, lo cual da esperanzas).
La mayor acción ha tenido sin duda lugar en Nueva Términus, con la caída de la Fundación, dos fugas épicas y Bayta siendo hecha prisionera sin siquiera saberlo: a propósito, no recuerdo que en ningún momento de Fundación e Imperio los esposos quedaran en escenarios separados, pero apelo a la memoria de ustedes para saber si estoy equivocado.
Y si Bayta había comenzado en episodios previos a parecerse más a la de los libros, este ha sido el turno de Toran, con una actuación de Cody Fern como hasta aquí no había tenido. Y así como la temporada se empeña en mostrar a Lee Pace exhibiendo pectorales o literalmente desnudo (como en la mayor parte de su arco en este capítulo), también la producción se ha encargado aquí de proveer al actor de una camiseta estratégicamente abierta en el pecho que la mayoría de nosotros no luciríamos igual de bien.
Lo bueno es que ambos son hombres, porque si se tratara de personajes femeninos tendríamos extensos y enérgicos manifiestos en contra de la cosificación y la sexualización. Por si se malentiende: no me genera molestia la exposición, sino risa el absurdo de la contradicción.
El arco de Dusk y Quent ha sido el de ritmo más pausado, pero también el más enigmático, dejando a nuestra interpretación el rechazo visceral que el primero de ambos siente por la presencia de los animales de Day. Tal como lo entiendo, su rechazo es hacia todo aquello que lo ligue a la dinastía o le traiga al recuerdo a los compañeros que le han abandonado.
La soledad ha sido, de hecho, un tema recurrente del episodio y diría en la temporada. Dawn se sintió solo y escapó con Gaal; Day se sintió solo y fue en busca de Song; Dusk se sintió solo y fue por Quent; Demerzel se “siente” sola y dice que, de poder hacerlo, crearía más robots.
En fin, de los cuatro arcos que han compuesto el capítulo, tres me han gustado mucho y el de Rossem me ha parecido el más flojo, no obstante lo cual y como antes he manifestado, merecen destacarse el impresionante apartado visual y la labor del niño que, con gran parecido físico, encarna al Mulo en su versión infantil. Y no solo eso, sino que además muestra bien cómo la Fundación (al igual que en su momento la revolución francesa o la rusa) ha terminado degenerando hacia la burocracia y el autoritarismo. Copiar la historia, decía el bueno de Asimov…
A ver qué nos trae el próximo capítulo, en el que seguramente volveremos a tener noticias de Gaal y de Magnífico, cuya ausencia en este ha sido sugerente. Les esperamos aquí para analizar. Hasta entonces y sean felices…




Otro análisis muy bueno, Rodolfo. Tampoco me ha convencido el origen que le dan al Mulo distinto al de los libros, porque acá le dan una motivación a su odio a la Fundación, pero en la serie tiene el mismo odio hacia el Imperio sin ninguna otra razón de que quiere tener todo el poder. Lo bueno es que se va acercando Toran al de los libros. Tampoco recuerdo que se haya separado de Bayta, pero creo que no paso en los libros. También me ha gustado que Demerzel haya nombrado sus varios nombres de la saga, en especial el de Daneel. Esperemos que la serie continúe y se llegue a esa revelación final. Saludos.
Hola Diego: como siempre muchas gracias por leer, por comentar y desde luego por el concepto. Veo que estamos de acuerdo en el análisis del episodio y especialmente en lo poco que nos ha convencido a los lectores de la saga el origen dado al Mulo. Yo aventuré incluso que quizás lo plantearan como que a la larga no había nacido en Rossem, pero ya he visto el episodio que sigue y se termina de confirmar que sí. También hay novedades sobre la cuestión de Daneel, cuya mención nos ha producido indudable emoción. Pero no quiero hacer spoiler por si aún no lo has visto (lo mismo alguien más que pudiera leer este comentario sin haberlo hecho).
Gracias como siempre por el aporte y que estés bien!