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Análisis de Outlander: Sangre de mi Sangre. Temporada 1. Episodio 4

Nos acercamos a mitad de temporada y analizamos el cuarto episodio de Outlander: Sangre de mi Sangre, cuyo título es El Corazón de un Soldado. Creada por Matthew Roberts y basada en los personajes creados por la escritora Diana Gabaldon para su exitosa saga Outlander, la serie de Starz, a la vez precuela y spin-off, es emitida por Movistar+ para España y Disney+ para América Latina.

Bienvenidos, forasteros y viajeros del tiempo, a analizar una nueva entrega de Outlander: Sangre de mi Sangre. El episodio que hoy analizamos es el cuarto, lo que significa que el próximo ya nos deja en mitad de temporada. Una vez más, ha pasado de todo en una triple y hasta cuádruple trama que ha seguido esta vez más decididamente a los padres de Claire, aunque sin descuidar a los de Jamie, pues el reencuentro entre Brian y Ellen, aunque breve, se destaca como esperado punto nodal del capítulo.

Vemos además que no hemos abandonado del todo el siglo XX, pues los flashbacks (o flashforwards, según como se los vea, porque el pasado de los personajes es a la vez el futuro) nos siguen ilustrando sobre las historias personales de Julia y de Henry, ayudándonos particularmente a entender los traumas de este último. Y me gustaron mucho las referencias a las hadas, pero ya hablaremos de ello…

Pasemos mejor a ver qué ha ocurrido en el episodio, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí los análisis previos de la serie y aquí los de Outlander, su serie madre.

Cuento de Hadas

Comenzamos con Julia haciendo sus labores en el castillo Leoch y cuajándosele la leche, lo que la señora Porter adjudica a no haber agradecido debidamente a las hadas, torpeza según ella imperdonable que ya es tarde para subsanar. El relato en off de la propia Julia nos pone al tanto de que a partir de ello y a pesar de su formación cristiana, entendió el lugar de las hadas en la cultura de esa gente que, uniendo tradiciones paganas y cristianas (lo que en antropología suele llamarse sincretismo), no encuentran conflicto en creer en ellas a la par que en Dios.

Por otra parte, Porter la anoticia de que el señor Simon está regresando de Edimburgo, lo cual la sorprende por ocurrir antes de lo pensado y sabe que vendrá dispuesto a satisfacer sus deseos carnales. Habiendo ya conseguido lo que quería al acostarse con él para endilgarle un hijo como suyo, no tiene interés en seguir haciéndolo y se produce a sí misma un falso sarpullido para mantenerlo lejos, lo cual consigue.

Una nota del vocero de los Grant (es decir Henry) hace levantar temperatura a Simon, pues dice que no han encontrado prueba de que los Mackenzie conspiren contra ellos, obvia respuesta al intento del viejo por enfrentar a los clanes y evitar el matrimonio entre Ellen y Malcolm. Habida cuenta de ello, y para preocupación de Brian, vuelve a sacar a relucir su plan de arruinar la reputación de Ellen, algo que según él no debería ser muy difícil pues alguna razón habrá habido para que en su momento levantara sospechosas de haberse ido con uno de los Grant.

Bancarrota

En Leathers, Colum pretende que Ellen asista en Inverness al tradicional festival Beltane para entretener y complacer a Malcolm Grant, que estará allí. Ella no solo se niega, sino que dice que no se casará con él e incluso objeta que el matrimonio ya ni siquiera cumple función política ahora que la sucesión del clan está asegurada.

 

Pero Colum objeta que ese no es el único motivo y le enseña el estado en que Jacobo ha dejado las finanzas con sus frívolos despilfarros, arrojándoles prácticamente a la miseria con las cuentas en rojo. El apoyo de los Grant es, por lo tanto, una necesidad económica más que política.

Outlander

Dolida por ser simple moneda de cambio a la vez que acusando recibo del cuadro de situación, Ellen se cruza con Dougal y le echa en cara su drástico cambio de postura acerca de la boda cuando siempre estuvo en contra de los Grant y quería, de hecho, casarla con un MacRannoch. Él aduce que, en virtud de su juramento como señor de guerra, su obligación es apoyar a Colum y secundarle en sus decisiones aun cuando no esté de acuerdo.

 

Cobranza

Henry sigue a la búsqueda de Julia. La madama de Inverness a quen recurriera cree haber dado finalmente con la “inglesa de ojos cálidos” que busca pero, para su decepción, la prostituta que le presentan no es Julia. No sabe si entristecerse por seguir sin encontrarla o alegrarse de que no esté metida en un oficio como ese.

Isaac Grant (Brian McCardie) en tanto, ha regresado tras una larga ausencia y, enterado de los reiterados viajes de Henry a Inverness, le recuerda que su principal lealtad es para con ellos y no debe descuidarla. En correspondencia y ante la proximidad de la recogida de rentas entre los campesinos de sus tierras, le confiere el trabajo que antes hiciera su predecesor: nada halagüeño, por cierto, porque recordemos que la última vez nos miraba desde una pica…

Además le encarga que aumente a los campesinos su cuota quincenal a dos chelines sin darle argumento alguno para esgrimir, sino solo porque lo ha decidido. A su pesar, Henry no tiene más remedio que aceptar y, acompañado por Bug (Terence Rae), dirige la recogida que, ya desde un primer momento, plantea problemas. Una mujer que ha enviudado y tiene cuatro hijos ofrece miel en lugar de dinero y Henry acepta, generándole ello no solo la amonestación de Bug, que lo acusa de tragarse “cuentos de mujerzuelas”, sino también el descontento de quienes sí pagaron con dinero…

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Encuentro Nocturno

Habiendo obligado Simon a Julia a ir a ver a un boticario por su supuesto sarpullido, Brian se ofrece a llevarla en carro y, de camino, tienen una charla de pescante. Él le pregunta al respecto de dicha afección y ella no quiere hablar demasiado, lo cual evidencia que miente y Brian bien lo sabe, pero no va a delatarla. Julia le pregunta por qué sigue en Leathers y él responde que nadie querría unirse en pareja a un hijo bastardo, además de que se fue en algún momento y acabó volviendo, aunque no explica por qué.

De pronto se detienen y él la pone al tanto de que están en el límite de las tierras de los Mackenzie y la razón de que la haya llevado allí es que la necesita de mensajera con Ellen, a quien podría llegar recurriendo a la buena voluntad de Glenda Fizgibbons por ser tía de Murtagh.

Julia acepta, pero pide a cambio que la ayude a escapar, a lo que él se compromete. Le habla acerca de su esposo y su deseo de encontrarlo, pero cuando él pregunta las circunstancias de la separación, dice que es complicado.

Ya con las sombras, Julia se llega al castillo Loech y encuentra a Glenda. Mintiendo, dice haberse perdido buscando hierbas medicinales y sido sorprendida por la noche, por lo que necesita algún lugar donde pasarla. Una vez que le es concedido, se entera de cuáles son los aposentos de Julia y va a su encuentro.

Ellen se emociona al enterarse que Brian está en las cercanías y ha arriesgado su vida para contactarla, pero se lamenta de que que su destino esté sellado y en pocos días deba ir al Beltane para encontrarse con Malcolm. Teme además que las hadas le dejen encerrada en la danza de los cien años, un ritual que según ella las mismas celebran en las colinas cercanas a Inverness y que hacen a uno dormirse y despertarse luego de un siglo. Julia no puede evitar preguntar si en el lugar hay una formación de piedras verticales y Ellen dictamina que, obviamente, ya lo conoce…

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Pero Julia sabe que el motivo de su presencia allí es Brian, Al preguntarle a Ellen si lo ama, esta responde que más que a nada en el mundo y acepta salir a verle fuera del castillo, produciéndose así en los bosques el feliz reencuentro en el que vuelven a tomarse las manos como antes en el puente…

Ella le promete a él que logrará deshacer su compromiso matrimonial de alguna forma, pero la conversación es interrumpida porque alguien ronda y Brian debe ocultarse. Se trata de Dougal, a quien llama intriga ver a Ellen allí a tan altas horas y ella dice que salió a rezar, a lo que él, mientras otea la oscuridad sin ver nada, replica que Dios también la escucha en su habitación. Hasta deja deslizar la posibilidad de castigarla a latigazos (nuestro clásico fetichista de cada episodio), pero finalmente se marcha…

Con las luces del alba, Julia y Brian emprenden el regreso a Leathers. Dos cosas están claras para él: que deberá cumplir ahora su parte de ayudar a Julia a escapar y que tendrá que asistir al Beltane si no quiere dejar a Malcolm Grant el terreno libre con Ellen…

Heridas de Guerra

A Henry se le complica la cobranza. Llamándole despectivamente sassenach, uno de los campesinos lo golpea, ante lo cual, súbitamente desencajado y desconocido, se le arroja encima y lo muele a golpes con furia animal hasta dejarlo maltrecho e inconsciente mientras se ve a sí mismo golpeando a un soldado en el frente de combate. Solo la visión en el suelo de su caída medalla de San Antonio le devuelve a la realidad…

Un flashback-forward nos lleva entonces a los días inmediatamente posteriores a la guerra, en que vemos a Henry compartir con Julia una vida de armonía cada tanto interrumpida por sus pesadillas y episodios de crisis que le retrotraen al campo de batalla. Siente que algo se ha roto en él y le manifiesa a Julia no merecerla, pero ella replica no haberse enamorado de ninguna versión suya previa sino del que es y conoció.

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Le regala entonces la medalla de San Antonio (protector de enamorados, matrimonios y viajeros) y le anima a que el bebé próximo a nacer sea su luz-guía, por lo que, de ser mujer, sugiere llamarle Claire, que en francés puede ser tanto clara como brillante.

Enterado Henry por el periódico de que el gobierno relanza la lotería nacional para ayudar a víctimas de la guerra, maldice y se queja de que usarán el dinero solo para comprar más armas. Julia, sin embargo, dice que comprará boletos, lo cual que sorprende a Henry por ser ella defensora de la meritocracia y, a pesar de defender la meritocracia. Julia afirma, no obstante, que hay que dejar siempre algún margen al azar…

De vuelta en el siglo XVIII, esa experiencia le da una idea: ofrecer a los campesinos boletos de lotería a dos chelines con el premio de no pagar la renta por un año, consiguiendo así que quienes tengan algún dinero extra y muestren interés compensen a quienes no puedan pagar con moneda. El resultado es el doble de recaudación, lo cual por un lado gratifica a Isaac, pero también le molesta que Henry haga tantas concesiones y no está dispuesto a permitir que alguien en sus dominios esté un año sin pagar la renta.

Henry se ofrece para que la misma sea descontada de su propia paga, lo cual Isaac acepta. En privado, Bug pregunta después a este si debería matarlo e Isaac responde que de momento solo lo vigile de cerca…

Dulce Espera

En Leathers, un azorado Colum recibe de parte de Ellen su lista de invitados, lo cual pareciera implicar un cambio de postura con respecto a su boda con Malcolm, aunque lo más probable, claro, es que ella esté maquinando algún plan en relación con el Beltane y un eventual encuentro con Fraser.

Henry, por su parte, sigue jugando con fuego y decide ir a hacer una visita a la muchacha cuyos servicios antes rechazara tras sufrir la decepción de que no fuera Ellen. Otro clásico de la franquicia: cuando están tristes por extrañar a la pareja que aman con todo su ser, se consuelan con quien más tienen a mano. Raro, pero esto es Outlander, donde ocurren cosas difíciles de imaginar en la realidad. La cuestión es que Henry acaba en la cama con la joven mientras la orden recibida por Bug de vigilarle de cerca no puede menos que inquietarnos…

Julia, en tanto, ya no puede seguir manteniendo la farsa del sarpullido porque se supone que fue al boticario por ello. Viéndola recuperada, Simon vuelve pues a reclamar dominio sobre su “rosa inglesa” pero ella, jugando la carta que desde el episodio anterior se veía venir, le muestra su vientre y le anoticia de que espera un hijo suyo…

Balance del Episodio

Voy a comenzar por lo que podría de primeras verse como lo menos importante: las hadas. Las referencias a las mismas me han parecido de lo más acertadas y la reflexión de Julia muy aguda desde lo antropológico. Recuerdo una frase sobre el inicio de la maravillosa novela El Unicornio, del gran Manuel Mujica Láinez: “Para leer este libro, o para poder creer en lo que en él se cuenta, es necesario haber creído en las hadas”.

Pues bien, la cultura escocesa y, en general, celta, es muy rica en hadas y la aceptación de ello es lo que lleva a Julia a entenderles mejor, pues como decía otro grande, como el eminente antropólogo Claude Lévi-Strauss, el mito está tan imbricado en las sociedades que carece de relevancia si es verdadero o falso. La cuestión es que esas sociedades lo creen y, para entenderlas, por lo tanto, hay que verlos como si fueran verdaderos: lo que Émile Durkheim llamaría “hechos sociales”.

Perdón por toda esta disgresión introductoria en la que he mezclado literatura, antropología y sociología, pero me pareció digno de mención y le ha dado al capítulo un toque especial, siendo incluso las hadas referenciadas por Ellen en relación al círculo de piedras que permite los viajes en el tiempo.

Por lo demás, ha sido una entrega atrapante y entretenida (diría que más que las últimas temporadas de Outlander), no pudiendo negarse a los guionistas la habilidad de mantenernos prendidos a la trama aun cuando no haya en este caso libros que adaptar, pues Outlander: Sangre de mi Sangre es una historia basada en los personajes de Diana Gabaldon, pero no en particular en alguna novela por ella escrita, sino que en todo caso rellena los huecos e intersticios de las que sí ha escrito y recordemos que la propia autora oficia como asesora y productora ejecutiva de la serie.

Ya he hablado de que la premisa inicial me pareció algo disparatada, pero debo reconocer que la historia a partir de ella está bien llevada y volvemos nuevamente a lo dicho con respecto a los mitos: no importa que te los creas, pero si quieres entender a la sociedad debes tomarlos como tales. Analogía: no importa que la premisa de la serie sea poco creíble; para entender y disfrutar la misma debes aceptarla como válida y no sé ustedes pero yo, por lo menos hasta aquí, lo vengo pasando bien y, como ya he dicho, mejor que en el último tiempo con la serie principal.

La sociedad Julia-Brian pinta para dar buenos frutos desde lo narrativo y no deja de tener su encanto y también su morbo que ambos sean… ¿qué? ¿Consuegros? ¿Cuál sería el parentesco exacto? Los vínculos familiares y sus designaciones (otra cuestión muy ligada a la antropología) son algo con lo que siempre me pierdo un poco, pero la química entre ambos es muy buena y no puede menos que generarnos intriga hasta dónde pueda llegar…

No hay que olvidar que Outlander, como hemos dicho, es un universo en el cual los protagonistas consuelan con amantes la ausencia de sus amadas parejas: lo hizo Jamie, lo hizo Claire y aquí Henry. No sería pues de extrañar que, en la medida en que Brian siga sin poder concretar su relación con Ellen y Julia sin encontrar a Henry, acaben consolándose recíprocamente en brazos (o en la cama) del otro. Y el parentesco antes mencionado y que no supe designar agregaría un toque deliciosamente perverso. ¿Suena loco? Pues no veo por qué y repito: esto es Outlander.

El encuentro nocturno entre Brian y Ellen ha sido claramente el punto nodal del capítulo al remitir a aquella escena del puente. En lo personal, sigo pensando que el enamoramiento entre ambos, para ser tan intenso, se dio demasiado rápido y hubiera requerido quizás algo más de proceso (el de Julia y Henry lo tuvo, aunque más no fuera de manera epistolar)…

Pero lo poco que pueden verse no dejó lugar a ello y lo cierto es que ese encuentro puntual en los bosques fue la versión Outlander de Romeo en el balcón de Julieta. Y ya que hablamos de balcones, eso es precisamente lo que deberíamos ir reservando para presenciar ese festival en Inverness que pinta de lo más jugoso…

El bombazo de Julia al querer endilgarle su hijo a Simon se veía claramente venir y lo habíamos adelantado en el episodio anterior. Necesita salvar a su bebé, desde luego, pero las consecuencias podrían ser tan complicadas como escabrosas y llevar no solo al choque con Henry llegado el momento, sino también a un enfrentamiento a muerte entre este y Simon, que no se anda con minucias para hacer valer su voluntad y seguimos temblando con su anunciado plan de arruinar la reputación de Ellen. Más aún si lo expone cagando: hasta me vino a la cabeza Tywin Lannister en (valga la redundancia) Juego de Tronos

Y si hablamos de Ellen, nos genera también intriga su cambio de planes con respecto a la boda, pues habrá que ver qué se trae entre manos por debajo de la fachada que le presenta a Colum. A propósito de este último, el episodio ha mostrado un gran trabajo de Séamus McLean Ross, que ya claramente se va convirtiendo en el destacado del elenco. Sus diálogos con Ellen, de hecho, han dejado claras las limitaciones de Harriet Slater, no tan evidentes cuando esta interactúa con otros.

En fin, la serie va bien en la medida en que la multiplicidad de personajes de los primeros episodios va quedando atrás y, siempre y cuando, como ya he dicho y a riesgo ser reiterativo, se acepte (como con la existencia de las hadas) que juega con las reglas del culebrón y así hay que tomarla. Si vas a discutir esas reglas, esta no es tu serie. Tengo ansiedad por ver el próximo episodio y eso, al menos de momento, habla bien de la misma

Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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