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Análisis de Outlander. Temporada 8. Episodio 7

Se sigue acercando el final de Outlander y analizamos su séptimo capítulo titulado La Evidencia de las Cosas que no se ven. Creada por Ronald D. Moore y basada en la exitosa saga de novelas de Diana Gabaldon, la serie de Starz es emitida para España por Movistar+ y para América Latina por Disney+.

Hola otra vez, forasteros y viajeros del tiempo. El final de Outlander está cada vez más cerca y, a falta de solo tres episodios para acabar este viaje en su momento tan fascinante y que después se fue desinflando, hacemos revisión de lo que nos ha dejado el séptimo que, igual de intenso que acelerado, viene con una muerte dolorosa e inesperada, además de la confirmación (algo atropellada en su forma) de lo que sabíamos de sobra que se veía venir.

Y como cada vez la cosa viene más apretujada, hay mucho para contar en cada episodio y el que nos ocupa no podía nunca ser la expepción. Pasemos pues a ver qué ha ocurrido en este séptimo capítulo, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos de Outlander y aquí los de su precuela Outlander: Sangre de mi Sangre.

Morirás en Combate…

Comenzamos con relato en off de Frank Randall describiendo los pormenores de la batalla de Kings Mountain mientras Jamie, inspeccionando el paraje referido, comprueba tristemente que cada dato coincide y, por ende, quizás también lo que de allí en más sobrevenga: los patriotas obtendrán una contundente victoria y de ellos morirán solo veintiocho, él incluido.

Al hablarlo con Claire, esta se muestra cada vez más desalentada con respecto a la ilusa esperanza que había tenido de que Frank hubiese solo querido atormentarlos, pues todo indica que no ha mentido ni tergiversado los hechos, como quería creer.

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Junto al mojón de Jane, una llorosa y desconsolada Fanny le cuenta luego a Claire que perdió un encaje de su hermana que habia sido confeccionado por su abuela, una artesana de París. Claire busca consolarla, pero su rostro revela que le empiezan a cerrar cosas y todo sigue conduciendo a Faith. Se lo comenta pues a Jamie y este le dice que recuerda de París a una mujer que tenía una tienda de encajes frente al boticario del Maestro Raymond. Más aún: oyó llorar a un bebé cuando estuvo allí. Vaya memoria privilegiada…

Reproches y Acusaciones

William regresa a casa de John Grey y se reencuentra con Amaranthus, quien se ve obligada a admitir que sabía lo de Ben. Busca hacerle comprender que para ella fue un duro golpe que su esposo se pasara al bando patriota y no quiso que el pequeño Trevor cargara con la cruz de ser hijo de un traidor, por lo cual consideró que era mejor fingir su muerte. Y si se acercó a William fue por necesitar de alguien que le brindara seguridad en vez de marcharse a combatir, lo que más o menos garantizaba por sus antecedentes, que reconoce haber estado husmeando.

A William le duele haber sido engañado, pero a la vez parece comprenderla. No obstante ello, se siente en la obligación de contarle todo a John y Hal, lo que desespera a Amaranthus porque dice que, si lo hace, terminarán colgando a Ben (no sé cómo si está con el Ejército Continental).

Él se lo cuenta de todas formas a John, pero protege caballerosamente a Amaranthus al no revelar que ella estuviera al tanto. Sin embargo, en cuanto John pretende consolarla por su supuesta situación de abandono, la muchacha se sincera y le revela toda la verdad. Es ahora John quien se siente engañado e incluso le echa en cara haber solo venido a su casa en busca de lucro, pero ella estalla y, tras reprocharle no saber lo que es tener un hijo y pasar hambre, se marcha de la habitación.

Hablando luego en privado con William, John le recomienda desistir de sus intenciones con Amaranthus ahora que sabe que su esposo está vivo (algo de lo que sabe bastante), pero el joven le responde que nunca entraría en relación con alguien que le ha engañado. Cambiante y errático, John defiende a Amaranthus por la situación en que se hallaba y William le restrega que ya viene escuchando demasiado esa excusa.

Una Muerte en la Familia

Fergus sigue adelante con la imprenta y les enseña a manejarla a Germain y Henri-Christian. Por ser diferente, este último no confía en sus capacidades y, mostrándole Fergus la prótesis de su mano, le dice que los diferentes pueden hacer cosas importantes y las personas pequeñas también (por un momento me hizo recordar a Galadriel hablando con Frodo). Les recuerda además a ambos que sostengan siempre la imprenta porque la pluma será para ellos su espada: suena a despedida y pronto sabremos que lo es…

Pero en las calles hay hostilidad contra la familia. A Marsali le arrojan tomates y le echan en cara que su esposo dirige una imprenta subversiva, a cuya puerta es dejada incluso una nota anónima con un ciertamente siniestro poema sobre el fuego que la pareja decide tomar a la ligera y dedicarse en cambio al sexo.

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Mal hecho: en la noche, son despertados por el humo y el crepitar. No encuentran a los niños y ella deduce que deben estar en el tejado, por lo cual él sube a buscarlos a toda prisa mientras le dice a su esposa que salga del edificio. Vecinos asisten para ayudar con el incendio y, en lo alto, Fergus encuentra a los niños insólitamente tranquilos y sentados como si nada.

Logra bajarlos con una cuerda, pero el pequeño Henri-Christian cae al vacío en cámara lenta como Alan Rickman en Jungla de Cristal. Por suerte, Roger logra atraparlo en su caída, pero el pobre Fergus no tiene tanta suerte allá arriba y el techo se le hunde bajo los pies arrastrándolo a las llamas…

El cuadro es devastador. Marsali se culpa de haber menospreciado la nota, pero Brianna (quien acaba de anoticiar a Roger de que se halla embarazada por tercera vez) busca tranquilizarla con que pudo haber sido un accidente e intenta convencerla de dejar a los niños con John antes de partir con ella y Roger hacia Fraser´s Ridge.

Me engañaste, me mentiste…

Hablando de John, Percy le cae de visita para traerle noticias sobre el capitán Richardson, aunque parece una excusa para abordarle una vez más y recordarle el momento íntimo que, de adolescentes y durante la boda de sus padres (recordemos que son hermanastros), tuvieran a solas en el campanario.

Al principio, John se resiste y vuelve a llamarlo irónicamente “Perseverance”, pero termina cediendo y se besan. Una clásica regla de los culebrones dice que nadie puede besarse a escondidas sin que alguien irrumpa (tampoco cierran la puerta) y, en efecto, William entra y les sorprende. Percy se marcha y John intenta, obviamente sin éxito, convencer al joven de que estaban hablando de negocios…

Pero William ha venido en realidad a echarle en cara no haberle dicho nada de su pasado como administrador en la prisión de Ardmuir, donde Jamie estuvo preso. Furioso y dolido, pregunta si también con él tuvo una historia de intimidad y es esa la razón por la cual aceptó tomarle a su cargo. John replica que solo eran amigos y le recrimina ser ingrato con su padre, a lo que William, tras llamarle mentiroso, hipócrita y sodomita, replica que no tiene padre. Fuerte…

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Sale Hijo y entra Nieta

A partir de la historia que Fanny le contó a Claire, todo se acelera. Ian le ha hecho llegar a Jamie desde Filadelfia un panfleto que le entregó una trabajadora de burdel que conoció a Jane y en el cual se promociona un texto sobre las memorias de esta última a partir de testimonios dejados por ella en una entrevista antes de su muerte (lo sé, suena complicado).

Según sigue contando Ian, visitó luego al escritor y este le dio detalles de la historia de Jane, a quien vemos en flashback brindarle los detalles. Su madre, dice, fue criada por una fabricante de encajes de París sin haber conocido nunca a la suya propia. A partir de datos que le dio la mujer, pudo identificarla como Lady Broch Tuarach (Claire), pero cuando intentó rastrearla, se encontró con que ya no estaba en el país y vivía en las montañas de Carolina del Norte. Ello anoticia a Claire de que Faith estaba viajando en su búsqueda cuando ella y su esposo fueron atacados por piratas en alta mar.

Queda claro, pues, que Claire y Jamie son abuelos de Fanny, así que van a decírselo y el momento es altamente emotivo, causando especial impacto en la niña saber que la canción que suele cantar es la misma que Claire le cantó a su madre al nacer, sin que haya forma de saber cómo le llegó.  Son demasiadas emociones juntas y, superada, Fanny se retira de la habitación mientras Jamie se pregunta si no debieron esperar algo más para decírselo y nosotros también.

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Al tenso momento sigue la fugaz felicidad de ver llegar a Roger y Brianna, que se desvanece pronto al reconocer con ellos a Marsali y advertir el clima sepulcral que a los tres embarga. Tristemente, Claire y Jamie son puestos al tanto del lamentable final de Fergus y huelgan las palabras…

Presa de la incomprensión, Jamie se pone a construir un ataúd para quien fuera su hijo adoptivo mientras se cruzan imágenes de este en vida y quizás esté pensando si no debería también hacer uno para él. Fanny le lleva hasta un mojón que, a la usanza ancestral escocesa, le ha preparado como recordatorio para Fergus en correspondencia con el que Jamie hiciera para Jane y, de modo también análogo, le entrega una piedra para que coloque en el mismo…

Dice que les cree que son sus abuelos, pero que siempre pierde todo y especialmente a las personas que ama. No quiere pues perderles ahora que les ha encontrado y ello genera alguna inquietud en Jaime por saber que muy probablemente así sea, al menos en lo que a él respecta. Pero, obviamente, no le cuenta nada de eso y, tras remarcarle que la fe no es otra cosa que la evidencia de lo que no se ve, le recomienda precisamente tenerla…

Un último flashback nos lleva a París en 1744 para ponernos finalmente al tanto de lo ocurrido con Faith. Vemos al Maestro Raymond (Dominique Pinon) entregarle la beba a la mujer de los encajes y dejarla a su cuidado porque, según dice, debe ausentarse por un tiempo de la ciudad con el agravante de que la madre de la niña se halla muy enferma y el padre preso. Le deja instrucción de que, en caso de no regresar, busque a Lady Broch, y le enseña la canción con que precisamente Claire solía calmar a la beba…

Balance del Episodio

Creo que las dos mejores palabras para definir el capítulo son emocional y meteórico. Honestamente, no esperaba la muerte de Fergus y, según sé, los lectores de la saga tampoco, pues sé que en en el último libro muere alguien importante en un incendio (todo un tópico en Outlander), pero no justamente él. Y no quiero decir quién por si quizás estén pensando en leerlo, cosa que en lo personal no he hecho…

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Esa muerte introdujo un giro brutal y desgarrador que se transparentó especialmente en las distintas emociones que Marsali fue atravesando como personaje a lo largo del capítulo: preocupación ante el clima hostil, enamoramiento de su esposo, estupor al verle caer entre las llamas y, finalmente, desesperanza y desazón. Cuatro momentos magníficamente actuados por una Lauren Lyle que se llevó las palmas del episodio seguida por Florrie May Wilkinson (Fanny), en contraposición con la monotonía y reiteración por momentos insufrible de una Claire siempre al borde de llorar o de un William permanentemente anclado en su expresión de “lo sabían todos menos yo”.

Y ya que hablamos de Fanny, fue muy emocional el momento en que recibió la noticia de que Claire y Jamie son sus abuelos, evidenciando el rostro de Wilkinson muy bien sus sensaciones y, especialmente, sus temores ante un futuro que se le avizora incierto: quizás suene a veces demasiado adulta, pero no hay que olvidar que le tocó madurar muy rápido y, por cierto, fue por demás emotiva la escena en que entregó su piedra a Jamie después de hacerle el mojón.

Pero cuando digo que el capítulo fue meteórico, me refiero a que las tramas avanzan de manera cada vez más exponencial y, al hacerlo, dejan en off situaciones que hubieran sido interesantes de ver, como toda la pesquisa de Ian en Filadelfia o cómo diablos terminó Denzell sacando a William de su reclusión, ya que solo le vimos exponer su plan sobre el final del episodio anterior y nada más.

En cambio, y por el contrario, es bueno que no hayamos visto la muerte de Fergus en primer plano (hubiera sido mucho más desgarrador) y que la escena en que Claire y Jamie se enteraron de la misma haya transcurrido sin que oyéramos sus palabras y solo con música de fondo. Oír a Brianna, Roger y Marsali exponer los hechos hubiera sido de un morbo innecesario, además de redundante por explicar lo que ya sabíamos. Las imágenes hablaron por sí solas y está bien, a pesar del profundo dolor que la escena nos transmitió…

Pero volviendo a la cuestión meteórica, lo que se resolvió a ritmo vertiginoso y velocidad luz fue la trama de Faith. De pronto nos cayó todo junto y las casualidades se fueron hilvanando una tras otra: la carta de Ian, su paso por Filadelfia, el encuentro con una amiga de Jane, el panfleto, el escritor que la entrevistó…

Todo un arco que hubiera dado para ser resuelto en tres o cuatro capítulos se resolvió en solo uno, lo cual, a riesgo de ser reiterativo, nos lleva nuevamente a lo poco acertado de acortar esta temporada final en relación con las otras (salvo la sexta, que fue la de la pandemia). Y que alguien sea capaz de retener haber oído llorar a un bebé en un local en el que estuvo una sola vez hace más de treinta años es tan disparatado que mueve a risa.

Sí fue bueno el flashback final que, de algún modo, reivindicó al Maestro Raymond ante las dudas que de él pudiéramos tener, pues queda claro que no hizo nada por mala intención sino todo lo contrario y estuvo bien volver a ver a Dominique Pinon interpretarlo, lo mismo que a Silvia Presente en la piel de Jane, más allá de que su flashback haya sido bastante más traído de los pelos. Y la canción infantil acompañando los créditos finales fue otro detalle conmovedor…

En definitiva, un capítulo con luces y sombras. El apresuramiento hace que las emociones, más intensas a medida que nos acercamos al final, se alternen con momentos de vértigo para cerrar arcos y tramas, lo cual necesaria e inevitablemente hace que nos queden sensaciones encontradas.

Habrá que ver cómo sigue la historia de Amaranthus, cuyos motivos para ocultar la muerte de Ben tornan más difuso su personaje al momento de tomar partido en contra suya o a favor. Y la de Marsali, pues se me ocurre que por algo nos mostraron esa escena íntima que tuvo con Fergus antes de la fatídica noche del incendio. ¿Habrá también quedado embarazada como Brianna? Sería una buena forma de dar continuidad a Fergus después de su muerte, más allá de que seguramente los niños sigan con su imprenta.

Y, por supuesto, todos los ojos en la inminente batalla de Kings Mountain y el destino final de Jamie. Ya sabemos que Frank no mentía, pero falta saber si tenía buena información, una posibilidad que no entiendo por qué no se le ocurrió a nadie hasta aquí contemplar…

A ver qué nos trae el octavo episodio. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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