Como esto es un no parar de novedades, Netflix estrenó el pasado viernes Depredador dominante, título un tanto flojo para el original Apex, la nueva película de Baltasar Kormákur con, ni más ni menos, que Charlize Theron y Taron Egerton como protagonistas.
Una mujer aficionada a la aventura se adentra en un parque natural de Australia acosada por la culpa de la muerte de su novio cuando escalaban una montaña en Noruega. Allí se verá perseguida por un asesino en serie.
Depredador dominante es una película de Baltasar Kormákur, director noruego especialista, en sus producciones norteamericanas, en tramas donde la naturaleza no es solo un personaje más, sino un enemigo demasiado poderoso para los protagonistas. Ocurre en Everest, con esa expedición de turistas que sale terriblemente mal, y en La bestia, con ese padre de familia enfrentado a un león que quiere acabar con sus hijos.
La trama no es la cima de originalidad. De hecho, no es la primera vez que vemos en pantalla grande como se enfrentan los seres humanos en una naturaleza hostil. Lo vimos en Colorado Jim, uno de los mejores westerns de los años 50, con un despiadado cazarrecompensas que está dispuesto a todo con tal de llevar, vivos o muertos, a unos bandidos como única forma de redimirse ante una mujer que le ha abandonado. Una travesía que realiza a través de unas montañas tan escarpadas como su corazón.
También lo vemos en Defensa, con un grupo de cazadores pijos asolado por unos lugareños que no desean forasteros en sus tierras. O en La presa, con un agente del FBI que persigue a un discípulo reconvertido en criminal. Y qué decir de Acorralado, el primer Rambo. O Río salvaje. O Máximo Riesgo, esa Jungla de cristal en la montaña con Sylvester Stallone.

Depredador dominante reúne muchos de los tópicos de este tipo de cine en un lujoso serie B pese a las estrellas que la protagonizan.
Tenemos a una Charlize Theron cada vez más alejada de los papeles dramáticos de la primera década de los 2000. Recordemos que tiene un más que merecido Oscar por Monster. Tanto como que, en los últimos años, su carrera se encuentra en una tibia decadencia.
La contrapartida es el infravalorado Taron Egerton, protagonista de la saga Kingsman y que ha participado en películas tan notables como Eddie el Águila, Rocket Man o Tetris. Es carismático y tiene presencia, pero sus últimos estrenos siempre han ido directos a plataformas. Y, por mucho que se diga, un actor se encuentra en primera línea cinematográfica cuando sus películas se muestran en pantalla grande.
Ambos cumplen en un enfrentamiento que peca de previsible pese a ser entretenido. Depredador dominante se sitúa en un parque natural en lo más profundo de Australia. Las imágenes del paisaje son impresionantes, y minimizan el gran conflicto que tenemos entre manos.
La lucha se ve venir de lejos, convirtiéndose en una entretenida películas más sobre la cacería humana. Charlize Theron se muestra estoica, tanto que pueda llegar a no emocionar. Por el contrario, Egerton está excesivo como el asesino que le persigue. Como suele ocurrir en este tipo de historias, el villano marca la tensión y, con ello, la calidad de Depredador dominante.

Al final, la historia tiene un giro interesante, pero la película peca de poco ambiciosa. En otras ocasiones, menos de dos horas de duración es algo beneficioso. En el caso de Depredador dominante, nos quedamos con muchas cuestiones en el aire, como los motivos del villano o el papel de los cazadores que aparecen en el parque.
En definitiva, Depredador dominante es una entretenida historia de supervivencia con unos protagonistas carismáticos que podría dar mucho más de sí, pero que se queda corta. Netflix se conforma con una trama encorsetada que deja demasiadas explicaciones sin respuesta y que cuenta con unos personajes superficiales que, sobre todo en el caso del villano, se beneficiarían de alguna que otra capa más.
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