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Análisis de El Problema Final, un Pérez-Reverte con adaptación bastante libre en Netflix

Se ha estrenado en Netflix la miniserie El Problema Final que, basada en la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte, cuenta a lo largo de sus cuatro episodios un enigma policial en el que José Coronado se pone en la piel de un actor que ha interpretado reiteradas veces a Sherlock Holmes y al cual le toca en la vida real resolver una misteriosa serie de crímenes como si fuera su propio personaje. La dirección corre a cargo de Félix Viscarret y el guión es de Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Ferré.

Con cuatro décadas de producción literaria en su haber, Arturo Pérez-Reverte es uno de los autores más exitosos de la literatura española actual y también de los más adaptados, pues de sus más de treinta novelas, al menos una docena han sido llevadas a la pantalla. Sabiendo del inminente estreno en Netflix de El Problema Final, me embebí hace un par de meses en la lectura de la novela a fin de tener una visión más acabada.

Ya hablaremos de las diferencias con el libro, que no son pocas, pero la historia que se cuenta en la miniserie está ambientada en los cincuenta y tiene como personaje central a Benjamin Basil (José Coronado), un actor de cine en decadencia que ha conocido mejores días interpretando al legendario detective Sherlock Holmes en adaptaciones españolas muy clase B.

El problema final

Este se halla viajando a bordo de un crucero turístico en cercanías de Mallorca cuando la inminencia de una peligrosa tormenta obliga al capitán a hacer parada en una pequeña isla ficticia llamada Santa Agueda (como el castillo que se halla en Menorca) y dejar de manera provisoria a los pasajeros en el único hotel que hay allí hasta que las condiciones permitan regresar por ellos.

El grupo queda pues aislado (literal) en un lugar donde ni siquiera hay energía eléctrica por la noche ya que el generador se apaga y además están incomunicados porque la tormenta ha inutilizado el aparato de radio del hotel. La señora Ausländer (Maribel Verdú), propietaria del mismo, busca no obstante tranquilizar a sus circunstanciales huéspedes diciéndoles que ya está trabajando en ello Gerard (Daniel Holguín), quien oficia en el lugar como técnico, barman y pianista.

El variopinto grupo incluye a un productor cinematográfico apellidado Fonseca (Gonzalo de Castro) y su joven pareja Vicky (Cristina Kovani), sexy actriz con aires de diva que presume de que Clark Gable le ha «tirado los tejos«.

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También hay un matrimonio alemán de apellido Klemmer (Michael Stobbe y Yaiza Guimaré), así como una turista inglesa llamada Elisa (Paloma Bloyd) que viaja junto a su amiga española Adela (María Valverde) y, por último, al catalán Francisco Foxá (Martiño Rivas), novelista policial que escribe bajo seudónimo anglosajón y traba relación con Basil apenas conocerle.

Es un escenario propicio para el crimen, desde luego, y la trama se dispara cuando la mucama Catalina (Almudena Salort) encuentra yaciendo sin vida en el piso a Elisa con media cuerda al cuello y la otra mitad pendiendo de una viga, sin señales de que la habitación haya sido abierta desde afuera. Seruya (Pepón Nieto), médico del hotel, dictamina suicidio, pero hay muchas dudas y más aún cuando la cuerda desaparece.

Nadie conoce a la muerta salvo Adela que, de todas formas, solo es su amiga desde hace un par de meses cuando, viniendo ambas de fallidas experiencias matrimoniales, se encontraron por casualidad en París. No habiendo comunicación con la policía, Foxá convence a Basil de ponerse el traje de investigador y sacar a relucir el personaje que tantas veces interpretó en cine. Pero su entrada al caso hace que el asesino comience a tomar el asunto como un juego y los crímenes, obviamente, se seguirán repitiendo…

Diferencias con la Novela

Lo primero que se advierte en esta adaptación es una mayor “españolización”. Para empezar, el libro transcurre en cercanías de Corfú (Grecia) y no de Mallorca, del mismo modo que el personaje principal es inglés en lugar de español, siendo Basil su apellido y no su nombre, en claro homenaje a Basil Rathbone, uno de los más icónicos intérpretes de Sherlock Holmes en pantalla. Trocarlo en apellido es un poco artificioso, pero supongo que apunta a sacarse de encima el problema del acento.

También los pasajeros del barco han sido españolizados, y si bien los esposos Klemmer siguen siendo alemanes, en la novela el productor cinematográfico es italiano y la diva que lo acompaña albanesa. Y en el caso de Elisa, la primera víctima, se respetó su nacionalidad inglesa, pero no la de su amiga, que en el libro también lo es.

Sé que pueden parecer cambios superfluos o hasta banales, pero el carácter multinacional de los varados en la isla es lo que en la novela brinda a los crímenes un especial marco cosmopolita que permite incluso jugar con los preconceptos y esterereotipos sobre las nacionalidades: entre huéspedes y personal, el hotel es prácticamente un mostrario de la Europa de posguerra.

Pero allí no termina el asunto, sino que también la trama detectivesca se ve afectada por el cambio de nacionalides, pues en un caso específico, que no diré cuál es, hace que incluso pierda algo de sentido cierto detalle en la resolución final. Insisto: me llamo a silencio para no hacer spoiler…

La incomunicación de la isla, por otra parte, no se debe en la novela a que el aparato de radio esté dañado como aquí ocurre (por el contrario, se mantiene siempre funcionando), sino a que las malas condiciones meteorológicas no cambian y la policía está imposibilitada de llegar, lo cual tiene más verosimilitud que un barco dejando abandonados a sus pasajeros y olvidando después ir a buscarlos. En la miniserie ni vimos la tormenta…

Pero, por encima de todo, una de las cuestiones que más extraño del libro es el mayor protagonismo que allí asume Foxá, convirtiéndose en una especie de Watson que tiene con Basil una interacción permanente y mucho más rica, dando ello lugar a jugosos diálogos que constituyen claramente lo mejor de la novela por encima de la trama criminal.

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Foxá es en la misma un personaje completo y casi tan importante como Basil, siendo especialmente importante su profesión de escritor de novelas pulp de bolsillo, algo que aquí no aparece tan claro, y parece más un turista con aires de dandy que otra cosa.

Por otra parte, y de algún modo relacionado a lo anterior, extraño también de la novela su parte de metaficción, la cual la convierte en mucho más que una mera historia de detectives, permitiéndose incluso homenajear o parodiar al género.

Ausente ello, la adaptación se convierte en un relato policial como tantos y puede parecer un intento por emular las clásicas historias de Agatha Christie como La Ratonera o Diez Negritos, e incluso con claras influencias estéticas de Puñales por la Espalda, filme también disponible en Netflix que ha tenido un par de secuelas y del cual pueden leer aquí nuestra crítica (la paleta de colores e incluso el póster remiten mucho).

Balance de la Miniserie

El Problema Final es un correcto thriller de misterio que permite disfrutar de una adecuada recreación de época, una buena fotografía y sólidas actuaciones, especialmente por parte de José Coronado, de quien su larga trayectoria y dos premios Goya a cuestas hacen innecesaria cualquier presentación. Y siempre es un gusto, asimismo, reencontrarnos con esa otra gloria del cine español que es Maribel Verdú, aunque más no sea encarnando a un personaje secundario.

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En cuanto a Martiño Rivas, que ha tenido sin duda trabajos mejores, no termina de encajar como Foxá pero, como he dicho antes, tampoco es que el guion le permita desarrollar demasiado el personaje al volverlo insulso y despojarlo de todo lo que lo hace interesante en la novela.

Muy logradas y divertidas las escenas que abren cada capítulo y que muestran supuestos fragmentos de las películas de Basil en las que, como buen cine B, tanto él como los demás lucen hilarantemente sobreactuados. Es uno de los pocos ejercicios de metaficción que la serie se permite y quizás no hubieran venido mal uno o dos episodios más para que los usase con mayor frecuencia.

De todos modos, y como siempre digo, no se puede juzgar ni evaluar la serie que uno tiene en la cabeza o que a uno le hubiera gustado ver, sino la que en definitiva es. Y la realidad es que, para quien guste de los enigmas policiales del tipo whodunit con pequeños grupos de personas en situación de aislamiento, es una buena oportunidad de pasar un momento ameno y entretenido, pero no mucho más que eso y me queda, tras leer la novela, la sensación de que podría haberlo sido…

Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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