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Análisis de Fargo. Temporada 4. Episodio 11. Final de Temporada

Llegamos al cierre de la cuarta temporada de Fargo y a nuestro correspondiente análisis con un episodio final difícil de olvidar. La serie, recordemos, creada por Noah Chawley, cuenta con producción de Joel y Ethan Coen, pudiendo ser vista por FX o, para España, por Movistar+.

Hola, fargueros. Bienvenidos a analizar un cierre de temporada como Fargo merece y que no vamos a olvidar, con una historia que termina, incluso, enganchándose con alguna temporada anterior. Pasemos entonces a desbrozar este decimoprimer episodio titulado Storia Americana, no sin antes advertirles que SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordarles que pueden ver nuestros análisis anteriores aquí.

Y no olviden: “los sucesos que se narran son reales; ocurrieron en Kansas City, Missouri, en 1950. A pedido de los supervivientes, se han  cambiado los nombres; por respeto a los difuntos, el resto se cuenta tal como ocurrió”.

Como Anillo al Dedo

Con nuestra mentira favorita de siempre, ingresamos al episodio final. Bien sabemos que, contrariamente a lo anunciado, nada es cierto y que Fargo se burla así de tantas historias que dicen basarse en hechos reales sin que haya forma de comprobarlo ni de saber hasta qué punto. Fargo nos miente de manera honesta y allí reside el gran código compartido con sus seguidores.

El episodio viene a cerrar historias abiertas, pero no todas, o no sería Fargo. Siempre habrá, como en la vida real, algo que no podremos explicar. ¿O acaso alguien planeó que la manzana cayera sobre la cabeza de Newton? Y si alguno de ustedes objeta que esa anécdota no fue real, le informo que sí lo fue, solo que los nombres fueron cambiados: toda mentira consensuada nos arroja nuevamente a Fargo.

Algunos de mis cálculos previos se han cumplido; otros no o se plasmaron distinto: acerté cuando dije que perderíamos tres personajes centrales en el episodio final para así completar los diez indiecitos; también en que Violante, observador silencioso, tenía cartas guardadas para jugar o en que Satchel ya no era el mismo. Pero, caramba, no supe ver la revelación sobre la identidad de Satchel, como sí lo hizo un lector, días atrás, en los comentarios; tampoco la verdadera implicancia del anillo que Ethelrida le enseñara a Loy Cannon.

Y creo que ese es un buen punto para empezar a contar este episodio porque, contrariamente a lo que podíamos suponer, el anillo no valía desde lo monetario ni desde lo simbólico familiar: lo esencial era el dato que contenía, cuya importancia, de tan simple y evidente, no supe ver. El anillo es la prueba de que Donatello Fadda fue asesinado. ¿Y no es justamente eso lo que Loy necesita para dividir a los italianos y ganar su guerra?

Adiós a las Armas

El episodio comienza con las clásicas pantallas divididas, tras las cuales, con la cavernosa voz de Johnny Cash como fondo, vemos, uno a uno, a quienes han muerto. Algunos rostros, admito, me generaron nostalgia… pero ya volveré sobre los diez indiecitos.

En el hogar de los Smutny, la gente de Loy Cannon está retirando las cajas allí dejadas en días previos, muestra inequívoca de que Ethelrida se ha salido con la suya y que el líder afroamericano ha aceptado renunciar a la casa.

A los Smutny se los ve, obviamente, sonrientes, como también a Lemuel quien, devolviéndoles la llave, es mirado con un agradecimiento comparable a su admiración por Ethelrida. Mientras ello ocurre, Loy y Violante conversan sentados bajo los árboles y, aunque no sabemos qué se dicen, está claro que han llegado a un pacto, sobre todo cuando el primero termina haciendo entrega del anillo.

Siguiendo con las devoluciones, el niño Fadda regresa con los suyos y, al marcharse, echa a Loy una sonrisa radiante de tan agradecida.

Cadena de Venganza

El doctor Harvard ha vuelto a funciones en su clínica ahora que Oraetta ha sido apresada por intentar asesinarlo. Se lo ve (y lo mal que hace) ufano y jactancioso: esa sonrisa de oreja a oreja que luce tras haber puesto entre rejas a Oraetta, desconoce que un italiano se la tiene jurada desde hace rato. En efecto, Josto Fadda lo rapta y, llevándolo en auto a las afueras de la ciudad junto a un sujeto al que desconoce pero que también tendrá cuentas por pagar (es el candidato a alcalde que osó llamar spaghetti a los italianos), lo mata de un disparo en la cabeza y echa fuego al vehículo. Venganza demorada y finalmente consumada.

No es la única, por cierto. Mientras Loy mira por su ventana con la vista ausente y perdida, Leon se le acerca desde atrás para dispararle, pero el cazador es cazado: antes de poder hacer nada, es sorprendido por alguien que, colocando una cuerda en torno a su cuello, lo alza prácticamente en vilo hasta que sus pies, centímetros por sobre el piso, bailotean una última y agónica danza mientras Loy, casi sin pestañear, sigue mirando por la ventana.

No es el único de esa familia que pagará su traición: el pacto secreto con Josto, ya sea consumado o no, condena también a su primo Happy, en cuyas oficinas los matones de Cannon irrumpen a sangre y fuego.

Oraetta recibe con sorpresa la noticia de que alguien ha pagado su fianza, pero no imagina cuán ilusa es al festejarlo. Quienes lo han hecho son los italianos: no Josto, como podríamos llegar a pensar, sino Violante, quien empieza a jugar sus cartas ocultas. En efecto, al llegar Josto a los almacenes, los encuentra a todos congregados en torno a alguien que, desde luego, no es esta vez Gaetano sino Violante, cuya postura en la silla denota que ha tomado el mando. A su izquierda, de pie, Oraetta.

Como si le leyera sus cargos de arresto, Violante acusa a Josto de haber cometido crímenes contra la familia, New York y la madre patria. Y como si se tratase de un testigo de la parte querellante, Oraetta narra los hechos del hospital diciendo que mató a Donatello por orden suya.

Josto no sale de su asombro: es cierto, si hacemos memoria, que en algún momento lo había insinuado, pero la verdad es que fue la enfermera quien, psicosis mediante, decidió terminar con el mafioso italiano por cuenta propia y quedarse con ese anillo que termina, a la larga, siendo clave en la definición del caso.

Y si con ello no tuviera ya suficiente, a Josto se le complican aún más las cosas al haber regresado sin Gaetano, pues la verdad acerca de cómo murió es tan absurda e increíble que ni siquiera pierde tiempo en exponerla. Cruel y paradójica ironía: el sujeto sin corazón que mandó matar a un niño siendo condenado por dos asesinatos que no cometió. Quizás él desconozca que, después de todo, la mafia está llena de historias así y sino puede preguntarle a Capone, condenado por evasión de impuestos. Al igual que Fargo, la historia y la vida están llenas de detalles ridículos y eso, justamente, hace creíble a la serie.

Desafiante, Josto ladra que New York va a enterarse y Violante, tranquilo, le responde que ya lo sabe. Tanto el líder en desgracia como nosotros empezamos a entender lo obvio: Violante aprovechó sus contactos con la mafia italiana de New York para cimentar su propio liderazgo y, a la luz de los magros resultados de los Fadda, erigirse en nuevo jefe de Kansas City.

Es cómico que Oraetta piense que le perdonarán la vida por haber incriminado a Josto. Ya sea por cuenta propia o por orden expresa, ha confesado haber matado a Donatello y, como tal, está también sentenciada. La mejor confirmación es la escena siguiente, con el impactante plano del frente de un Plymouth a toda velocidad, cuyo asiento trasero es ocupado por los dos condenados: escena genial en la que parecen dos niños riñendo mientras Josto llama arpía a Oraetta y esta le responde con una frenética seguidilla de golpes. De hecho, hasta son regañados.

Al llegar junto a una gran fosa abierta, Josto pregunta si no ha habido ya demasiadas muertes, pero solo obtiene una carcajada general.

Oraetta, más psicótica pero también más pragmática, pide que, por favor, maten primero a Josto para poder ver su rostro sin vida. Así lo hacen y la expresión de ella al verlo yacer en el fondo parece de goce sexual.

Le dura poco pues, al girarse, el siguiente disparo es para ella, justo un instante después de ver la silueta del fantasma sobre la carrocería del auto.

Ambos terminan fatalmente unidos en lo profundo de la fosa. La escena remite algo al filme Muerte entre las Flores, de los hermanos Coen (1990).

El Nuevo Orden

En el nuevo escenario de paz y luego de montar durante varios días su cuartel de operaciones en un hotel, Loy Cannon regresa a casa con su familia. La puerta entreabierta lo pone en alerta y, con el mayor sigilo, ingresa en la vivienda para encontrarse con la sorpresa: Satchel duerme sobre la cama mientras una perrita lo mira.

La alegría familiar ante el regreso del hijo que creían muerto no tiene palabras, pero la mirada del niño, tal como lo venimos diciendo últimamente, es otra. Lo que le ocurrió le ha endurecido y basta verle para saber que abriga resentimientos contra su padre por haberlo expuesto a la muerte al intercambiarlo con los italianos.

Loy se reúne con Violante a los efectos de definir los términos del nuevo acuerdo. Este le presenta una hoja con las condiciones y el rostro de Loy denota sorpresa: se le saca el control de la mitad de sus negocios. Ensaya una protesta por no ser lo hablado, pero Violante le remarca su condición de “figura de ciudad”, sin proyección nacional. “Nosotros somos el mar – le dice -. Me ves a mí, pero no estás viendo al hombre detrás de mí ni a los hombres detrás de él hasta el infinito”. En otras palabras, le enrostra que la mafia italiana es demasiado grande, por lo que le conviene aceptar las condiciones que, después de todo, no son tan desconsideradas al dejarle la mitad de lo que hasta entonces controlaba.

Abatido y ahora también líder en desgracia, Loy se sube al auto y emprende el retorno al hogar anunciándole a su chofer que “la guerra ha terminado”, con lo cual deja en claro que no piensa ya luchar contra el nuevo estado de cosas. Previo a ello, la pantalla dividida lo muestra en paralelo con el ajusticiado Josto y con la pintura de Henri Regnault que fuera reconocida por Ethelrida y que recrea la “ejecución sin juicio bajo los reyes moros de Granada”: vaya alegoría.

Al llegar, se detiene en la ventana y lo que ve en el interior de su casa le devuelve una sonrisa: Lemuel tocando la trompeta, Satchel leyendo un libro y, en definitiva, una familia felizmente reconstituida: a fin de cuentas, ha retenido lo importante.

Pero la felicidad es breve: un cuchillo se inserta en su espalda y, al girarse, se encuentra con Zelmare, quien le asesta otras tres veces entre las costillas y le pronuncia la fatal sentencia: “por Swanee”.

Casi nos habíamos olvidado de ella y, a decir verdad, no se me ocurrió pensar que, muerto Odis (asesino material de Swanee), su objetivo de venganza sería el hombre que, viéndose en aprietos, las había entregado a ambas al detective Deafy.

Satchel nota algo por la ventana y, saliendo al exterior, ve a Zelmare que, haciéndole seña de silencio, deja caer el ensangrentado cuchillo y se marcha mientras un caído Loy agoniza junto a la ventana.

Antes de morir, el padre acaricia por última vez al niño que, aun azorado, mantiene el sombrío semblante que le conocemos desde que dejara aquel hospedaje de las hermanas.

En la escena final, Ethelrida lee a sus orgullosos padres su trabajo de historia, en el cual presenta la historia americana como de grupos separados y segregados que luchan entre sí.

Se pregunta sobre el pasado, la construcción de los recuerdos y quién nos dice qué debemos recordar y qué no. Luego la vemos hacer sus maletas y salir sonriente de la casa, seguramente hacia una carrera universitaria.

Dije escena final y debo desdecirme, pues hay una escena post – créditos, así que no vayan a detener todo. Un auto transita una carretera a la que, inequívocamente, reconocemos como la misma que caminara Satchel en compañía de su perrita. No es un desconocido: se trata de Mike Milligan (Bookem Woodbine), aquel asesino al servicio de la mafia de Kansas City de la segunda temporada. ¿Lo recuerdan? Cuando la imagen nos lo muestra a la par de Satchel, entendemos que ambos son la misma persona.

Ese es el detalle que bien aventuró un lector en anteriores comentarios. La edad coincide (la segunda temporada transcurre en los setenta) y resulta evidente que el apellido Milligan fue adoptado en homenaje a Rabbi, hombre que le salvó la vida y a quien, quizás, considere más padre que a Loy. En tono triste y con fondo de silbada melodía muy western spaghetti, lo vemos ensayando con su arma en el asiento trasero, final que eriza la piel por lo bello y por lo estremecedor.

Balance de Temporada

Ya he remarcado muchas veces que esta ha sido una temporada brillante, aun antes de este gran episodio final. Pudo sorprender, en un primer momento, el cambio de escenario y, si se quiere, también de clima, pero poco a poco y con el correr de los episodios, los elementos más característicos de Fargo fueron haciéndose presentes. Hasta el policía honesto terminó apareciendo en ese último momento de rectitud que Odis tuvo antes de morir.

Las referencias cinematográficas fueron todo un sello: veníamos acostumbrados a la autorreferencia marca Coen, pero aquí desfilaron también otros títulos y directores, llevándose especial mención el increíble tributo a Brian de Palma en la escena de la estación de tren y, más claramente, ese alucinante y superlativo noveno episodio lleno de alusiones al filme El Mago de Oz. Esa entrega, mayormente en blanco y negro, quedará recordada como una de las mejores.

El elenco se ha lucido en su totalidad, siendo muy difícil destacar uno sobre otro: ojalá todas las series realizaran sus castings con tanto criterio. La principal mención, no obstante, es para Chris Rock por saberse remover cualquier mote o encasillamiento y demostrar ser un actor que está para lo que sea.

No todo se cierra en Fargo y quienes seguimos la serie, lo sabemos de sobra. ¿Podría ser de otra manera? Piensen cuántas veces se cruzaron en sus vidas con situaciones inexplicables o personas que, al día de hoy, no entienden qué hacían allí. ¿Por qué deberían en la ficción, entonces, encajar perfectamente todas las piezas?

Nunca sabremos, por ejemplo, qué hacía ese sujeto que, vendado como una momia, recitaba citas bíblicas ni tampoco qué lugar cabía al fantasma que se presentaba en distintos momentos de la historia. A propósito: ¿notaron que solo es visto por mujeres? Dos veces Oraetta, una Ethelrida, dos Zelmare, una Swanee. Y si bien su presencia siempre presagia situaciones de muerte, tampoco es que esté condenado quien lo vea: Ethelrida y Zelmare, con presentes bien diferentes, siguen vivas. Quizás sea el espíritu de aquel capitán de barco muerto por el tatarabuelo de Dibrell o, simplemente, un alma en pena remanente de algún sepelio en la funeraria de los Smutny. Nunca lo sabremos y no importa, como tampoco aquel ovni de la segunda temporada.

Ya que hemos mencionado a Ethelrida, ella y Violante son, sin duda, los dos grandes ganadores. Ambos supieron jugar las cartas que mejor manejan y en el caso del italiano, mostró sobre el final que, aun siendo el más noble de los suyos, en el fondo es un mafioso: el escorpión siempre picará a la rana, que en este caso es Loy.

Los imponderables, típicos en Fargo, estuvieron presentes todo el tiempo, pero hay dos situaciones especiales en las cuales el azar terminó definiendo las cosas y dejando consecuencias: por un lado, el tornado que se llevó a Rabbi y a Calamita; por otro, el tropezón que terminó con la vida de Gaetano.

Esta cuarta temporada tuvo, más que nunca, puentes con las anteriores, muy especialmente con la segunda: Kansas City, mafia irlandesa, apellidos ya conocidos, desparramadas hojas de libro y, como remate final, la revelación de que Satchel Cannon termina siendo Mike Milligan (ya salieron a actualizar las biografías ficticias del personaje en internet).

¿Y qué pasó con los diez indiecitos de la canción? Allí acerté: faltaban morir tres personajes centrales. Hagamos el repaso, aclarando que no podemos contar a Donatello por morir demasiado temprano, ni tampoco a Harvard, Omie, Happy, Leon y Paolo que han sido, dentro de todo, secundarios. Vamos entonces a los que fueron centrales en la trama y la lista, por orden de muerte, queda con Doctor Senator, Swanee, Deafy, Calamita, Rabbi, Odis, Gaetano, Josto, Oraetta y Loy: eran diez indiecitos, canturreaba el marshall…

¿Habrá quinta temporada? Bien, hemos tardado tres años para ver una cuarta y siempre se dijo que solo la habría cuando Noah Chawley volviera a tener una idea suficientemente fuerte: recemos, entonces, para que se le ocurra otra. Mientras tanto, Fargo nos ha entregado una temporada acorde a la calidad que le conocemos.

Es difícil encontrar otra serie que alcance tal mezcla de noir, surrealismo, absurdo, poesía y… magia. Sí, dije magia y, a propósito, díganme una cosa: ¿alguno de ustedes vio realmente morir a Rabbi y a Calamita? Pues no: entonces déjenme pensar que quizás, al igual que a Dorothy, el tornado les llevó a Oz y siguen luchando allí…

Es todo por ahora, fargueros. Gracias por haber llegado hasta aquí, por leer, por sus comentarios y por sus valiosos aportes que, espero, sigan haciendo para decirme qué les pareció esta temporada. Si hay quinta, nos encontraremos nuevamente. Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

8 COMENTARIOS

    • Hola Jesús:
      Gracias por leer y por comentar. Absolutamente de acuerdo; a mí tampoco me decepciona jamás y siempre digo que es, en mi modesta opinión, la mejor serie en lo que va del siglo. Me alegra que te haya gustado la temporada.
      Un saludo y que estés bien!

  1. Buenas noches, no puedo creerme que haya acertado con la teoría de Satchel… Da mucho más trasfondo a un personaje que, en mi opinión, fue de lo mejor de la segunda temporada, y un motivo más para volverla a ver.
    Respecto al capítulo, me ha parecido un cierre fantástico, a la altura de lo que ha sido la temporada. Debo admitir que tenía cierto temor a que la serie bajara el nivel pues la tercera, aún siendo una buena temporada, y esto es una opinión mía, no alcanzaba las cotas de excelencia que, a mí parecer, tuvieron la segunda y, sobre todo, la primera temporada. Sin embargo, la serie ha demostrado, como bien has indicado en tu análisis, reinventarse y no caer en el intento, logrando una temporada bastante redonda que poco tiene que envidiar a sus antecesoras.
    He creído ver, aparte de las referencias cinematográficas que has mencionado, 2 más, y seguro que alguna más se me habrá escapado:
    -Cuando están llevando a Josto y Oraetta en el coche y ambos riñen, teniendo que intervenir en italiano sentado delante, me recordó mucho a la escena de Pulp Fiction en que Travolta dispara a la cabeza sin querer al chico que llevaban;
    -Despues de que Loy sea acuchillado y Satchel se arrodille ante él, conforme se va alejando el plano vemos que Loy llevaba naranjas, las cuales se han desparramado por todo el porche, evocando a Vito Corleone después de que intenten matarlo en el mercado, con su hijo Fredo llorando desconsolado por no haber podido protegerlo. No se si en este punto han querido establecer paralelismos entre Fredo y Satchel, aunque creo que no, sobre todo teniendo en cuenta la suerte de ambos personajes tras la revelación de la identidad de Satchel (Mike Milligan).
    En fin, y para no extenderme más, una excelente temporada, con una gran variedad de personajes, que logra sumergirte en la Kansas de 1950 y, quizás, la que más mensaje tenga, teniendo en cuenta las palabras finales de Etherilda.
    Creo que pasará más tiempo de 3 años antes de volver a ver otra temporada de Fargo, dadas las circunstancias de la pandemia y los antecedentes de la serie, y eso si la hay, pero espero volver a poder comentar las vicisitudes de la misma en un futuro.

    • Hola José:
      Muchas gracias por leer y por comentar. Realmente has estado bien con lo de Satchel. Atento a lo que ya antes habías dicho, presté atención en este episodio y, a medida que avanzaba, cada vez me parecía más que tu hipótesis tenía más sustento. De pronto comenzaron a pasar los títulos finales y dije “ups, no era así”. Apareció la escena post – créditos y todo estuvo en su lugar: se me erizó la piel.
      Son buenas las dos referencias cinematográficas que mencionas. A mí lo que también me pareció muy Tarantino fue la escena del episodio anterior en que Gaetano se mata de un tiro por accidente. Pero a mí siempre me parece también que los Coen son los directores que más han influido en Tarantino y por eso me cuesta determinar cuál es el huevo y cuál es la gallina. La de las naranjas es muy buena y no la había percibido.
      Yo también creo que vamos a tener que esperar bastante. Si sirve para que tengamos otra temporada como esta, bienvenido sea. Gracias por acompañar todo este tiempo los análisis y por tus valiosos aportes.
      Que estés bien, un saludo!

  2. Impresionante final. La mejor serie que he visto en mi vida, sin duda. Una obra maestra, sin desperdicio, valió la pena la espera.

    Sí, la escena final post-créditos es impresionante, sinceramente me ha estremecido las entrañas ver a Mike Milligan de nuevo revelando la consiguiente identidad de Satchel, y con un acompañamiento musical que rompió y acabó con todo, terminando de coronar un cierre de temporada inolvidable. Espero y la vida me alcance para una quinta entrega, así sea dentro de veinte años, con gusto y placer los espero.

    Gracias por el análisis.

    • Hola Miguel:
      Al contrario, gracias a ti por leer y por comentar. Coincidimos mucho. Siempre sostengo que Fargo es la mejor serie en lo que va de este siglo y a veces temo sonar exagerado, jaja… Así que tu comentario me sirve para saber que no estoy tan loco después de todo. Es, como dices, una obra maestra y yo también quedo a la espera de una quinta temporada que, ojalá, tengamos. Lo bueno es que sabemos que, de hacerla, nunca la harán forzadamente y para cumplir con la pauta de una por año sino cuando tengan otra buena idea y eso garantiza una cierta calidad.
      Gracias por el aporte, Miguel. Un saludo y que estés bien!

  3. Hola Rodolfo, me costó terminar de ver esta temporada, De alguna manera, las ultimas dos, me generaron esa apatía al principio, pero siempre tengo una voz interior que me hace seguir viéndola, para poder reconocer con una sonrisa que siguen siendo tan buenas como la película. El manejo del sinsentido, creo que es el anticine americano, y es por eso que los Cohen juegan esa carta. Lo que no puedo entender, es que se pueda confundir un saxo con una trompeta. Son dos instrumentos, no solo muy distintos sino que provienen de diferentes familia dentro de los aerófonos. Para notar la diferencia, les recomiendo escuchar por un lado a Chet Baker, hay miles de trompetistas, (Miles Davis! jajaja es buenisimo!) incluso, Juan Cruz de Urquiza, de nuestro país, y luego, sigan las recomendaciones del trompetista de la serie, que le insiste a la piba, que escuche a Bird, a Charlie Parker, uno de los mas brillantes saxofonistas de la historia del jazz, sobretodo, uno de los máximos referentes del Bee Bop. Pero no se queden ahi, haganse un ratito y oigan a Gerry Mulligan, con Piazzolla, o con Chet, Baker, los niños blancos de la costa oeste. Un gran saxofonista argentino fue el Gato Barbieri, o también pueden escuchar a Marcelo Moguilevsky, haciendo: “Buey Solo” en donde hace un recorrido estilístico por diversos aerófonos, incluyendo clarinete bajo, en una base de loops generada por el mismo. gracias por el aporte che.

    • Hola, Ermenegildo: Al contrario, gracias a ti por comentar y por el aporte. Coincido totalmente en la cuestión del sinsentido tan típico de los hermanos Coen y que se transmite a toda la serie. Con respecto a lo otro, perdón por el error. Sí conozco ambos instrumentos, pero se me cruzaron. Y también he escuchado a la gran mayoría de los músicos que nombras, con la sola excepción de Urquiza y Moguilevsky. Pero no soy músico ni escribo sobre música y, por lo tanto, se me puede escapar algún cruce de ese tipo, del mismo modo que se me pueden cruzar dos marcas de autos, más aún cuando no es sustancial a la escena que se describe en sí. En esa escena, en particular, estuve mucho más atento a cuál era el libro que leía Satchel: iba a apuntar algo al respecto, pero finalmente lo omití para no hacer demasiado engorroso el artículo. La cuestión, siempre, pasa por cuál sea el aspecto a que esté atento cada uno. De hecho, tú hablas de los hermanos Cohen, en lugar de Coen, lo cual podría ser interpretado como sacrilegio por un cinéfilo, pero no es mi caso: son errores que se pueden cometer porque, aunque suene a lugar común, somos humanos. A lo que voy con eso es a que cuando dices “no lo puedo entender”, te digo que absolutamente todos los errores se pueden entender, inclusive, como en este caso, uno relacionado con la música, de lo cual no cabe duda que sabes más que yo. Aun así, a lo largo de todos estos análisis he reconocido a Puccini o a Koko Taylor: no está mal. No seas tan cruel si en un momento se me cruzó saxo con trompeta, jaja… Perdón por el error; muchas gracias por la aclaración y el aporte. Un saludo y que estés bien!

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