Análisis de Juego de Tronos. Temporada 7. Capítulo 4

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No hay rival invencible. Ese es el poso que nos deja este cuarto capítulo y seguramente el mejor de lo que llevamos de temporada. No en cuanto a diálogos ( de lo cual este año andan bastante justos ) pero a veces las palabras sobran cuando las imágenes hablan por sí solas. Pero no nos adelantemos. Tomemos asiento y vayamos peldaño a peldaño, batalla a batalla, hombre por hombre. Comenzamos.

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Esta cuarta entrega comienza con el ejército de Cersei volviendo de Alto Jardín donde han llenado sus arcas de oro y grano para satisfacer las demandas del Banco de Hierro. También, cómo no, también pagar los servicios del mercenario más carismático de Poniente y que aún espera obtener su castillo donde vivir el reposo del guerrero.

Más tarde seremos testigos de cómo el sibilino Meñique continúa intentando ganarse la confianza de los vástagos de Ned Stark. Esta vez será Brandon el objetivo de sus oscuras intenciones. Meñique le hará entrega a modo de regalo de la daga de acero valyrio con el que en teoría intentaron asesinarle de pequeño. Pero el joven tullido ha cambiado y mucho. No es el más indicado para dejarse embaucar. Este regalo envenenado acabará en manos de Arya la cual ha llegado a casa. Tras encontrarse con su familia protagonizará un bonito duelo de entrenamiento con la imponente mujer caballero la cual no olvidemos que fue capaz de derrotar nada menos que al Perro.

Jon Nieve ha encontrado el yacimiento de vidriagon que tanto ansiaba y se lo muestra a Daenerys, momento en el que de una manera gradual vemos cómo el acercamiento entre los dos se va intensificando. Aún es pronto para saber si desembocará en lo que muchos espectadores tanto ansían. A la salida le espera una mala noticia a la Madre de Dragones. Es conocedora de la caída de la casa Tyrell lo cual acaba por desesperar a la Reina sureña y también inicia su desconfianza hacia su consejero Tyrion el cual le ha hecho perder a buena parte de su ejército. Daenerys está cansada de no usar su verdadero potencial contra sus enemigos. Podría arrasarlos fácilmente, o eso piensa ella, y por contra ve cómo sus aliados son masacrados paulatinamente. Tras un breve interludio en el que veremos cómo Theon vuelve a Roca Dragón para pedir a Daenerys que le ayude a rescatar a su hermana pasaremos al desenlace del capítulo y la verdadera razón del mismo.

Volvemos al escenario donde comenzó el episodio. El ejército de los Lannister continúa su regreso a casa arrasando todo almacén de grano y comida que encuentra a su paso. Pero su avance va a ser interrumpido de golpe. El sonido de cientos de caballos se escucha a través de la tierra que tiembla cada vez más. Jaime ordena a sus huestes que se pongan en guardia tan sólo para ver cómo un ejército que supera con creces al suyo se presenta en lo alto de la colina. Los Dothrakis están aquí. Y no sólo eso. Surcando el cielo y a lomos de su dragón va Daenerys que esta vez no dejará a los suyos a merced del destino. No hay ninguna posibilidad para el ejército del Trono de Hierro.

Con cada pasada del dragón mueren calcinados una línea entera de arqueros, lanceros o guerreros de a pie o a caballo que no tienen dónde esconderse. Los que se salvan del fuego son ajusticiados por los salvajes Dothrakis los cuales nunca se han caracterizado por su piedad.  El mercenario logra alcanzar la gigante ballesta fabricada por el maestre de Cersei y en un segundo disparo logra herir al dragón el cual cae en tierra abatido aunque no parece de gravedad. Jaime cree que es el momento adecuado para intentar acabar con la Madre de Dragones que ahora se encuentra en tierra asistiendo a su fiel bestia. El Lannister se encamina hacia ella a galope portando una lanza pero el dragón no permitirá que nada ocurra a su Reina. Bastará con una ráfaga de fuego que habría destrozado a Jaime de no ser porque en el último momento el mercenario lo salva cayendo los dos al agua siendo arrastrados hacia el fondo por el peso de sus armaduras. Y justo aquí se cierra el telón.

Veremos si los dos valientes sobreviven a este encuentro. Tal vez Jaime tenga que liberarse no sólo de su armadura si no también de la mano de oro que tanto le pesa, en todos los sentidos, para poder salir a flote. Una buena batalla que supera en creces a la naval que vimos en capítulos anteriores y que nos dejó algo fríos. Ningún enemigo es invencible como nos ha demostrado el mercenario y esa infernal ballesta. Pero el dragón aún está vivo. Y eso conserva la esperanza, que a fin de cuentas es lo que hace moverse a los hombres.

Un abrazo a todos. Nos vemos en el próximo capítulo.



el autor

Escritor y superviviente. Autor del libro ¨Mi faro en las Estrellas ¨ disponible en Amazon. Pienso y algunas veces acierto.

4 comentarios

  1. Ojo con la frase que le dijo Brann a Meñique “El caos es solo una escalera”… eso mismo le dijo Meñique a Varys varias temporadas atrás (mi humilde acotación)
    Espectacular episodio… me dejó pegado a la pantalla y con una incertidumbre al final increible
    Saludos desde Chile!

  2. Con todo respeto, no veo ningún análisis del capítulo desde tu aspecto. Sólo leí una descripción de lo que pasó y para los interesados en leer la perspectiva de alguien que sabe de esto deja bastante que desear.

    Ojalá hagas un análisis de verdad.

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