Análisis de La Zona. Temporada 1. Capítulo 7

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Regresamos una vez más, a central más opaca del país. No os olvidéis el agüita fresca en casa, que hoy los generadores están sensibles y no queremos fusiones nucleares. Dejo por aquí los análisis anteriores por si no estáis al día, y vamos manos a la obra con el séptimo y penúltimo episodio de la temporada: Pérdida accidental de refrigerante.

Problemas en la central

Retomamos el capítulo justo donde concluía el anterior: Dani confesando a Martín, Julia escuchando la auténtica versión del ingeniero, y Héctor junto al moribundo pederasta fugado. Con los relatos que estos exponen se construye este episodio, que empieza poniéndonos en materia con un flashback cinco días antes.

Nos vemos sumergidos en el que suponemos típico ajetreo laboral de la central. Desde las más cansadas y físicas labores de limpieza en el exterior, a los más técnicos y “salvaguardados” trabajos de control en el interior. Esto nos servirá como punto de partida para las dos historias que se desarrollarán en el capítulo: la de los trabajadores fugitivos, y la de nuestro amigo el ingeniero.

Para tranquilidad de muchos, el monstruo que el ingeniero dijo que despertó, no es ninguna clase de aterradora y feroz criatura, con una sed casi inagotable de sangre, que se encuentra encerrada en lo más profundo de la central y atiborrada de calmantes. Son los reactores, que tienen cierta tendencia a sobrecalentarse y necesitan refrigerarse constantemente (mantener al monstruo sedado). Una de las historias, sigue los acontecimientos que el ingeniero le está contando a Julia, lo que ocurrió realmente.

Era un día tan alegre como cualquier otro en la central, cuando de repente, un apagón sume en una aterradora incertidumbre a todo el personal. Y las posteriores investigaciones sobre el origen de semejante infortunio, no son especialmente alentadoras: los generadores están completamente fundidos, son inservibles. Alguien los ha utilizado indebidamente, sometiéndolos a niveles límite de trabajo, produciendo la sobrecarga que ahora los fustiga. Este acontecimiento, también nos sirve para observar un poco más de cerca el funcionamiento de la central, y las enormes lagunas en la supervisión de determinados quehaceres. Vemos, ahora más claramente, el alcance del poder que posee la empresa de limpieza.

Las previsiones no son portadoras de buenos augurios, así que, temiéndose lo peor, deciden ir en busca de más tanques para refrigerar el reactor, pero los niveles de radiación son tan elevados, que hacen de la expedición casi un suicidio. Con la moral por los suelos, y la preocupación desbordándoles, reciben con recelo las instrucciones de la empresa: les mandarán un “equipo” de hombres para realizar el trabajo por ellos. Me pregunto a quiénes se referirán…

Krusty y los payasos

Aparecen, por primera vez en pantalla, los famosos cinco trabajadores de la casa 16. A algunos ya los conocíamos, pero sienta bien ver por fin la banda al completo, y poder observar qué lo mandó todo al traste.

Lejos de una pandilla de amables dicharacheros, nos encontramos con un grupo incómodo, que saben la clase de destino que comparten. A pesar de los satíricos flechazos que intenta soltar Krusty de vez en cuando, la preocupación y el cansancio parecen estar a la orden del día. Y es coherente, no podemos esperar que un moribundo sin papeles, dos delincuentes, un pederasta y un tarado, convivan entre risas y mariposas, mientras trabajan bajo niveles de radiación malsanos, coaccionados por una empresa opaca.

Una noche, reciben la misteriosa visita de uno de los representantes de ARV, necesita reunirse con los cinco para un tema urgente. Puesto que algunos de los reclamados trabajadores se encontraban en el Balneario (aliviando la tensión de un duro día de trabajo), deciden ir allí en su búsqueda y zanjar el asunto en el lugar. Una vez congregada toda la pandilla, se expone la materia en cuestión: les necesitan para un trabajo nocturno en la central, es una situación límite, y ellos son el equipo de rescate.

Al oír las circunstancias que rodean la labor que les han encomendado, se niegan categóricamente (no a todo el mundo le apetece bañarse en radiación antes de ir a dormir). A pesar de las promesas de la paga de todo un año (el doble para los que entren), y la posibilidad de dejar San Adriano, la intranquilidad sigue siendo la tónica en la sala, y se ven obligados a sacar la artillería pesada: si no van, se rompe el trato. Lo que significaría la deportación para uno, la vuelta al manicomio para otro, y la cárcel para el resto.

Mientras la pandilla discute a su aire, celebrando la llegada del “Piruletas”, los jefes deciden que la mejor manera de rematar una noche tan fantástica, es drogando a los trabajadores, a ver si eso les da el empujoncito que necesitan…

Revelaciones

Volviendo a la central, tras escudriñar los coches en busca de baterías, vemos que han conseguido restaurar parte de la energía, o al menos la necesaria como para tener un mínimo conocimiento sobre el estado de la situación. Estado que parece ser sorprendentemente prometedor, mostrando unas previsiones más que alentadoras, donde la cantidad de refrigerante, es suficiente como para aguantar hasta la llegada de los nuevos generadores. Lástima que no sea así. De repente, uno de los reactores muestra un sobrecalentamiento preocupante, llegando incluso a provocar las famosas fugas radioactivas que observó Julia.

En el extremo contrario del ring, tenemos a nuestro atormentado (y ahora drogado hasta las cejas) grupo de trabajadores. Por desgracia, y para sorpresa de todo el universo, el plan de los estupefacientes no acaba de salir bien. Las crecientes tensiones en la pandilla se hacen cada vez más peligrosas, y alcanzan el punto de no retorno cuando desvelan el pasado del pederasta, fraguándose una pelea al borde de estallar. Para cuando los jefazos entran en escena, ya es demasiado tarde. Su aparición lo único que hace es tensar aún más la situación, y se desata el caos. Entre las drogas, la confusión y el miedo, Pelirrojo le arrea un cenicerazo mortal al pobre sin papeles, Aurelio es apaleado por Krusty, y el “Piruletas” es acuchillado. Más tarde, aprovechando el caos y el baño de sangre, el caníbal prueba por primera vez (o eso creemos) la carne humana.

De vuelta en la central, ante la ausencia de la prometida ayuda, se ven obligados a actuar por su propio pie. Nuestro amigo el ingeniero se ve incapaz de designar los encargados de ir, y tres voluntarios hacen el peregrinaje y consiguen salvar la central. El ingeniero queda atormentado y confuso, sin saber cómo actuar y queriendo olvidar ese día.

Viendo el desastre que han provocado en el Balneario, los tres criminales huyen al bosque. No mucho más tarde, el caníbal emprenderá también su huida, confuso, atormentado y aún más loco si cabe.

Perfilando el Gran Final

Este capítulo ha sido para prepararnos para el Gran Final. Se ha dedicado a atar cabos, y mostrar la verdad que había tras algunos acontecimientos, confirmando (o no) algunas de las teorías que teníamos acerca de La Zona. Y las respuestas que dan son satisfactorias, no excesivamente rompedoras y se limitan a confirmar sospechas, pero aún así, cumple su función. Nos responde a las preguntas necesarias, para que podamos disfrutar del último capítulo con un conocimiento de causa más sólido.

A pesar de todo, debo decir que se me ha hecho un poco pesado. Quizás haya sido que, al recaer todo el peso sobre dos historias, y no haber más líneas argumentales que soporten el grueso del capítulo, algunos momentos se hacen tediosos. Sobretodo en la parte de la central, han habido demasiadas situaciones en las que no me importaba en lo más mínimo lo que ocurría. Puede que sea yo, pero me ha parecido que se han dilatado excesivamente estos dos conceptos para que cubran el capítulo. Hay alguna subtrama que ocurre simultáneamente, pero son menos atractivas si cabe que el resto.

Eso no quiere decir que no me haya parecido interesante, los momentos con los trabajadores drogados me han encantado y, en general, toda esa parte se me ha hecho bastante entretenida. Y el cliffhanger del final del capítulo deja las expectativas muy altas.

En resumen: un episodio flojillo a mi parecer, con más de las actuaciones robóticas que tanto nos gustan, y un par de tramas que, aunque interesantes, solas no daban para el grueso del capítulo. Espero a la semana que viene impaciente y deseoso por saber el devenir de todo esto.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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