Análisis de Sherlock, temporada 4, capítulo 3. FINAL

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Tan rápido como vino, se fue. Dos semanas después del análisis de The six Thatchers, primer episodio de esta cuarta tanda de capítulos de Sherlock, damos por finiquitada la temporada y, probablemente, la serie.

Tras un primer episodio decepcionante, el más flojo de la serie, y un segundo capítulo apoteósico, de los mejores que hemos visto en Sherlock, llegamos a The final problem, adaptación del relato corto El ritual de Musgrave, y no del conocido El problema final, única historia en la que aparece Moriarty y que ya se adaptó en el último capítulo de la segunda temporada.

Argumento: Un siniestro secreto familiar desata recuerdos reprimidos que Sherlock ignoraba tener, conduciendo a un letal desenlace.

SPOILERS DEPUES DE IMAGEN

Un final para Sherlock y John.

Escribir el final de una serie que se ha convertido en un fenómeno de masas debe ser muy complicado. No solo por cumplir con las expectativas de multitud de fans deseosos de un final perfecto para su personaje, que cierre todos los cabos argumentales y emocionales, si no porque ese final es casi imposible de contentar totalmente al seguidor medio, que ya se ha montado su película mental sobre como debería haber sido el desenlace perfecto. Yo hubiera hecho esto…, esto no puede quedar así… el maravilloso mundo de nuestras opiniones argumentales, cuyo límite es la imaginación.

The final problem, al contrario que todos los últimos episodios de temporada de Sherlock, es un final. No hay cliffhanger, no hay giro sorpresa. Todas las tramas se cierran y, si se anunciara una quinta temporada, sería con un cambio de ciclo. Esto nos ha pillado de sopetón a todos, siempre atentos al más mínimo detalle que nos pudiera dejar la serie con respecto a tramas futuras.

Este último capítulo es la parada final en el viaje hacia lo más profundo de Sherlock Holmes. No nos engañemos, hace tiempo que Sherlock dejó de ser una serie de misterio. Aquello terminó cuando el detective cayó de la azotea tras su duelo con Moriarty. Lo que vino después, adornado con algunas pinceladas de intriga, fue una historia sobre dos hombres, Sherlock y John, y el vínculo que les unía. En The final problem, nos sumergimos en lo más hondo de esta amistad. Sabíamos que Watson le aporta la estabilidad que necesita pero, ¿Por qué Sherlock es un sociópata de nivel intelectual superior? ¿A qué se debe su absoluta falta de emociones?  

Eurus Holmes, la villana suprema.

Resulta que nuestro pequeño Sherlock era un niño divertido y sociable, el más “tonto” de los tres hermanos Holmes. Mientras que Mycroft era el listo, la categoría de genio se atribuía a Eurus Holmes, una niña con tanta inteligencia como nulas habilidades emocionales. Así, Eurus torturaba a Sherlock por su carácter y acabó quemando Musgrave, la casa familiar, y haciendo desaparecer al mejor amigo de Sherlock en la infancia. El hecho de no poder averiguar dónde se encontraba convirtió a aquel chico amable en el Sherlock desprovisto de emociones que hemos visto en la serie. Mycroft consiguió que su familia diera por muerta a Eurus, que realmente acabó recluida en una prisión secreta llamada Sherringford.

Sian Brooke hace un gran papel como Eurus, aunque esta no deja de ser una pseudo Hannibal Lecter que puede controlar las mentes de sus interlocutores con su inteligencia superior. Durante gran parte del capítulo hace de maestra de ceremonias de un macabro juego contra Sherlock, una serie de pruebas destinadas a llevar a su hermano al límite. Y a nosotros también. Estamos ante el capítulo más intenso y  emocional de toda la serie. Tal vez por eso se trate de uno de los más predecibles. Siempre nos llamaba la atención el modo que tenía Sherlock de hacer las cosas porque se dejaba guiar únicamente por su razón desprovista de sentimientos. En el capítulo donde Sherlock es más humano, sus acciones también son más previsibles y eso lastra un poco el capítulo y le hace estar un peldaño por debajo de los grandes episodios de la serie.

Turno para lucirse de los secundarios.

Esa previsibilidad de nuestro protagonista se compensa con la mayor presencia de Mycroft, al que es imposible no adorar en la escena en la que su hermano debe decidir entre Watson y él, y, sobre todo, con la ESPECTACULAR aparición estrella de Moriarty. Nuestro villano favorito está criando malvas, pero eso no ha impedido que aparezca en un flashback a ritmo de Queen en el que se explica la alianza entre Eurus y él. Cinco minutos le bastó a la hermana Holmes trazar un plan cuyas consecuencias vemos en este capítulo.

Al final, Eurus sólo quería un hermano con el que jugar, y encuentra en Sherlock un compañero de violín con el compartir música…desde su celda, claro. Los últimos minutos, al compás de una última grabación de la fallecida Mary Watson, es todo un homenaje a la serie y, sobre todo, a la obra original de Conan Doyle. Una vez analizada la psique de Sherlock, la razón de su carácter y su amistad con John Watson, los creadores aclaran que, al final, lo importante son las aventuras que viven. Curioso, viniendo estas frases de los que, a partir de la segunda temporada, renunciaron a los casos para dar cabida a los personajes, lo que convirtieron a la mejor serie de intriga del siglo XXI en un fenómeno único en la televisión.

Puede que no sea espectacular, que no te quite el aliento o que no haya un gran enemigo apareciendo en el horizonte, pero Moffat y Gattis han cerrado todos los cabos sueltos, no sin antes homenajear al personaje al que con tanta devoción y frescura han adaptado. Sherlock tiene un gran final con el que nunca me sentiré del todo satisfecho, básicamente porque es un final. 

¡Un saludo y sed felices!



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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