Continuamos analizando los episodios de Star Trek: Strange New Worlds, la serie de Paramount que, creada por Akiva Goldsman, Alex Kurtzman y Jenny Lumet, viene haciendo las delicias de quienes amamos la franquicia. Hoy el turno del tercer episodio…
Bienvenidos otra vez, trekkies y no tan trekkies, a analizar una nueva entrega de Star Trek: Strange New Worlds, de la cual debo decir que espero cada episodio con una mezcla de impaciencia y temor. Impaciencia porque me logra transmitir la misma fascinación que de niño sentía ante cada episodio y temor de que en algún momento pierda el buen rumbo que viene llevando. Afortunadamente, lo segundo sigue siendo infundado…
Hemos vuelto a ver otro gran episodio rebosante del espíritu de la franquicia y en el que, a diferencia de los anteriores, el pasado es más importante que el futuro o, mejor dicho, el aprender a cargar con el mismo: de hecho, hay importantes revelaciones con respecto a tres de los personajes principales. Lo que sí se mantiene con respecto a las dos entregas anteriores es la cuestión del prejuicio y el desafío de aprender a vencerlo…
Pasado y prejuicio: allí reside la esencia de este tercer episodio que ya mismo pasamos a analizar y cuyo título es Los Fantasmas de Ilyria. Cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y en recordarles que pueden leer aquí los análisis anteriores.
Contagio
Comenzamos con lectura de bitácora, pero esta vez a cargo de Uno, lo que nos anuncia que tendrá un rol central en el episodio si recordamos que en el anterior pasó lo mismo con Uhura. Se nos anoticia de que la Enterprise ha sido enviada a Hetemit 9, planeta en que una colonia ilyriana ha dejado de dar noticias y no hay rastro de sus moradores. Según se nos cuenta, los ilyrianos han hecho en el pasado alteraciones genéticas, lo cual para la Federación es palabra prohibida desde las guerras eugenésicas y, por lo tanto, son considerados casi parias.
Un grupo de desembarco es transportado a la colonia para recabar datos, pero el reloj les corre de prisa por una inminente y peligrosa tormenta de iones. Mientras Pike y Spock permanecen un poco más para conseguir información hasta último momento, el resto, con Uno a la cabeza, son enviados de regreso a la Enterprise, pero hay problemas…

La cercanía de la tormenta provoca interferencias y dificulta transportarlos: a duras penas lo consiguen gracias a un desvío de energía extra por parte de Hemmer, ingeniero jefe de origen aenar. Pero cuando lo intentan con Pike y Spock, ya la tormenta está demasiado avanzada e incluso es inminente la interrupción de la comunicación de un momento a otro. Se les recomienda, desde la Enterprise, buscar refugio seguro hasta que pase la tormenta y lo hallan en la biblioteca, lugar ideal, además, para continuar el recabado de datos.
Pero los que regresaron a la nave comienzan a manifestar un comportamiento extraño: por buscar la luz, el alférez Lance destroza un cristal con su cabeza mientras el resto sufren quemaduras o electrocuciones, además de una fuerte disminución de vitamina D y tendencia suicida a ir hacia la luz como polillas. La excepción es Uno, en quien vemos que el efecto se diluye rápidamente pero no dice palabra al respecto y después no parece afectada: empezamos a percibir que hay algo distinto en ella…
Pronto los síntomas comienzan también a manifestarse en tripulantes que no han integrado el grupo de desembarco y nadie entiende cómo un agente patógeno ha logrado ingresar en la nave burlando los bio-filtros que, justamente, impiden cualquier posible contaminación durante el transporte. Lo que está claro, al decir del doctor M´Benga, es que el contagio no se da por vía viral ni bacteriológica.
La Tetera y la Olla
En la colonia ilyriana y mientras la tormenta arrecia, Pike camina nerviosamente por el interior de la biblioteca a la espera de que pase. Spock, que sigue en proceso de parecerse cada vez más al que conocemos, le recuerda el dicho terrestre según el cual la tetera no hierve si uno la está mirando. Pike se irrita y le corrige con que es la olla y no la tetera, a lo que Spock responde que solo desvía la metáfora para no hablar de su ansiedad. Puede parecer trivial, pero me parece un diálogo divertido e ingenioso, que remite a tanto cruce Kirk-Spock en la serie original…
Revisando los cilindros almacenados (una especie de pergaminos digitales), el vulcano ha hallado que los ilyrianos querían ser readmitidos en la Federación y por tal razón estaban intentando deshacer sus modificaciones genéticas hasta que algo, al parecer, salió mal…
De repente y para su sorpresa, mirando la tormenta por las ventanas, distinguen en ella unos extraños entes incorpóreos y luminosos que emiten sonidos que parecieran ser parte de algún tipo de lenguaje…
Caos a Bordo
En la Enterprise, los contagios han llevado a dictar protocolo de cuarentena: solo el personal esencial debe permanecer en funciones y el resto en sus cuartos. Desde el suyo, Uhura oye gritos fuera y al salir descubre que muchos están violando la cuarentena y van de manera compulsiva y suicida hacia la luz. Una vez que pone en aviso al puente de mando y la situación es controlada, se cae en la conclusión de que la única diferencia entre ella y el resto es que oscureció el panel de su lugar de descanso: la transmisión se da a través de la luz…
Una conversación entre Uno y La’an nos pone al tanto, finalmente y como preveíamos, de que esta última es descendiente de Khan. El tener como ancestro a un genocida genético no le produce alegría alguna y, por el contario, le ha valido ser víctima del prejuicio general (recordar que en la primera entrega pareció no gustarle a Uno el verla en el grupo de rescate). Ello le genera un visceral rechazo por los ilyrianos que, al haber, como su ancestro, jugado con la genética, reavivan su frustrante karma. Una lectura interesante, sobre la que volveremos más tarde…
Las cosas se siguen desmadrando y comienzan a poner en peligro a la nave misma: las alarmas dan aviso de una sobrecarga en el sistema de transporte, en donde Uno descubre a Hemmer intentando transportar a bordo un fragmento del manto interior de Hetemit 9, cuya temperatura ronda los diez mil grados. Ya casi lo ha logrado y está a punto de lanzarse hacia el mismo, pero ella logra aturdirlo y suspender el transporte en el instante justo.
Con sorprendente facilidad, se echa a Hemmer al hombro y lo lleva a la enfermería, provocando sorpresa en la enfermera Chapel y aumentando nuestras sospechas de que no es normal. El doctor M’Benga, de hecho, ha analizado su sangre para determinar el porqué de su inmunidad y se ha encontrado con que la misma no genera anticuerpos sino que reacciona ante agentes patógenos de manera instantánea y automática.

Lo decepcionante es que no podrán utilizarla para elaborar un antídoto ya que no es compatible con la sangre del resto y es entonces cuando Uno tiene que admitir que… es ilyriana: de allí su inmunidad y su fuerza. Insiste en que su sangre sea utilizada de todos modos, pero no es seguro y hay normas que lo prohíben. Por otra parte, el propio doctor está ya también contagiado y pide ser sedado antes de comenzar a hacer locuras, lo cual deja a la tripulación luchando contra la enfermedad casi a ciegas…
Para colmo de males, los problemas siguen: vuelven a sonar las alarmas, esta vez para dar aviso de que el núcleo warp está perdiendo contención y comprometiendo a la nave. En el lugar, Uno se encuentra con La’an que, también contagiada, ha salido de la enfermería mientras discutían sobre la sangre. Lo que está queriendo hacer es liberar la energía del núcleo para que invada con luz la nave…
Se produce una escena de lucha, en medio de la cual le manifiesta a Uno su odio por su genética modificada: está claro que proyecta en ella el odio que se tiene a sí misma. Las características especiales de Uno hacen que no solo soporte la radiación que emana del núcleo sino que, además y gracias a su fuerza, acabe reduciendo y golpeando a La’an para dejarla inconsciente y llevarla de urgencia a la enfermería…
Luces en la Tormenta
Spock y Pike siguen en la biblioteca, ahora atacada por las extrañas criaturas de luz que, poco a poco, van mellando la puerta. Creo detectar en la escena un homenaje al filme Planeta Prohibido (Fred Wilcox, 1956) y ya pareciera regla de la serie el rendir tributo a filmes icónicos del genéro.
Spock dice no haber encontrado en los cilindros ningún dato que diga que las criaturas son peligrosas ni tampoco evidencia de que sean responsables de lo que allí pasó, pues comenzaron a aparecer a medida que los colonos iban muriendo y no antes.

La puerta, finalmente, cede y el nivel de ionización es letal, pero los entes se lanzan sobre Pike y Spock para protegerles de la tormenta. Una vez que ha pasado, se retiran: su intención nunca fue hacerles daño; más bien lo contrario… La conclusión de Spock es que los habitantes de la colonia no fueron muertos por las criaturas sino que se convirtieron en ellas. Pagaron cara su buena voluntad de querer desprenderse de su pasado para sumarse a la Federación y ahora que son incorpóreas, buscan ayudar para que todos sepan quiénes fueron en realidad…
Hay una Niña en el Búfer
Ya con Pike y Spock nuevamente a bordo de la nave, todo va volviendo a la normalidad y el mal que ha afectado a la tripulación quedando atrás. Lo que ha ocurrido es que al estar Uno y La’an expuestas a la radiación del núcleo, se produjo entre ambas una especie de simbiosis que ha generado que el organismo de la segunda produzca anticuerpos y, ahora sí, tienen sangre para crear antídoto.
Uno se presenta ante Pike para ponerle al tanto de su condición de ilyriana y dejarle su renuncia a disposición por haber ocultado el dato en su legajo. Pike no la acepta: la considera la mejor primera oficial de la flota y, de hecho, ha sido fundamental para resolver la crisis de los contagios. Ella le replica que podría a él generarle problemas que se sepa que aceptó en su tripulación a una ilyriana, pero él le dice que sostendrá esa discusión con gusto llegado el momento y que su presencia en la flota es la mejor demostración de la inutilidad de los estereotipos…
También con La’an hay charla, pues ahora entendemos mejor el prejuicio mutuo. La’an dice haber visto siempre en Uno lo que ella odiaba en sí misma y, de algún modo, podemos interpretar que algo parecido ocurre a la inversa. Uno, sin embargo, la invita a dejar atrás el pasado: nadie es culpable de lo que hayan hecho sus ancestros.
La última visita de Uno es a M´Benga, pues la gran duda que ha quedado tras la epidemia es cómo un agente exógeno ha logrado entrar en la Enterprise cuando los bio-filtros deberían haberlo impedido. La respuesta está, según ella ha averiguado, en que hay escondido en el búfer algún patrón que, seguramente, no debía ser detectado y, por lo tanto, el sistema fue deliberadamente inhibido.
M’Benga admite haberlo sido el responsable y cuando Uno le pregunta qué hay almacenado que sea tan importante para poner en riesgo a toda la nave, con expresión apesadumbrada responde que fue un accidente y que jamás previó que algo así pudiese ocurrir. Lo que hay guardado, corrige, no es qué sino quién, pues se trata de su pequeña hija Rukiya…
La niña, según cuenta, padece una enfermedad mortal y su frustración es no haber podido curarla siendo el médico de la nave insignia de la flota. Decidió, por lo tanto, guardar su patrón en el búfer, desde donde solo se corporiza esporádicamente, pero no crece ni tampoco su enfermedad avanza mientras su padre queda a la espera de, en alguno de los tantos mundos a visitar, hallar la solución.

Dando por descontado que será relevado de su cargo, M´Benga pide compartir un último momento con su hija, pero Uno, casi en espejo de su charla con el capitán, obra de manera análoga y se compromete a reasignar energía del núcleo para que el patrón siga almacenado sin debilitar el sistema de transporte ni inhibir los bio-filtros. Antes de retirarse, le dice que espera conocerla algún día.
En una emotiva escena final, vemos corporizarse a Rukiya mientras el doctor le lee un cuento infantil en el cual también hay milagro final…
Balance del Episodio
Otra gran entrega. No hay caso: la serie (por suerte) no decae. Por el contrario, cada vez van adquiriendo más desarrollo tanto los personajes principales como los secundarios y, siendo que la mayoría son nuevos, ha sido gran decisión no arrojárnoslos por la cabeza de entrada y darnos, en cambio, tiempo para conocerlos con el correr de los episodios.
El gran personaje del episodio ha sido Uno: casi todo se movió en torno a ella. La habíamos conocido superficialmente en Star Trek: Discovery para luego, ya en esta serie, ver cómo la rescataban en el primer episodio y oficiar como consejera en el final del segundo, pero aquí la hemos conocido como personaje íntegro, con fortalezas, debilidades y, sobre todo, fantasmas que le angustian. Por cierto, muy madura actoralmente Rebecca Romijn y, ahora que sabemos del origen genético y habilidades especiales, se nos va a hacer difícil disociarla de su personaje de Mística en la saga X-Men.
Pero también merece destacarse M´Benga, cuya participación no ha sido menor y la interpretación de Babs Olusanmokun ha estado más que a la altura, tanto cuando denotaba ocultar algo como al quedar en evidencia y revelarse como padre culposo y sufrido. Pueden ser muy locas las relaciones que uno hace en la mente, pero su historia me hizo acordar a la de Sarah Kay, artista australiana muy en boga en los ochenta cuya hija estaba enferma y solía dibujarla en un mundo lleno de inocencia en el cual no creciese ni sufriese la enfermedad. De algún modo, ese era su búfer…
Volviendo a la cuestión del pasado, Uno, M´Benga y La’an son los personajes que en este episodio nos han revelado el suyo y hay un hilo conductor entre los tres. Nadie tiene la culpa de su origen ni por qué cargar con su pasado, menos aún con el de sus ancestros. Así como a Pike le angustia el mañana, a ellos el ayer, pero en todos los casos pueden quizás estarse perdiendo de vivir el presente.
Y es interesante el debate ético que se propone al respecto: lo inútil de vivir sobre preconceptos y estereotipos, sumado a la cantidad de ocasiones en que se diluye la frontera entre lo que está bien y lo que está mal. Tanto Uno como M´Benga han actuado por fuera del reglamento, pero en ambos casos en función de un bien; otro tanto los ilyrianos que, ya “muertos”, buscaron su redención.
Hemos tenido varios diálogos brillantes, como los tres sucesivos de Uno sobre el final, pero también, por todo lo que implica desde lo emocional y desde la construcción de los personajes, el ya mencionado entre Pike y Spock. A propósito: Ethan Peck está cada vez más creíble en el papel del vulcano; por momentos me parecía estar viendo y oyendo en la biblioteca a nuestro querido Leonard Nimoy: Spock es otro de los personajes que se sigue construyendo para bien.
Y no hay que dejar de lado a Pike, que continúa erigiéndose en personaje por derecho propio y por encima de aquel “olvidado” de un fallido episodio piloto o de su rol secundario en la segunda temporada de Star Trek: Discovery. Creo que va camino a ubicarse entre los capitanes más queridos de la franquicia.
Al margen de todo: me pareció en un momento detectar un error en la trama cuando Hemmer intentaba transportar el fragmento incandescente a bordo de la Enterprise, pues lo primero que pensé es que no había posiblidad de hacerlo y por algo Pike y Spock seguían en el planeta. Pero luego lo pensé bien y el error lo tenía yo: lo que está vedado al transporte es la zona de la tormenta, no el planeta todo…
Y hablando de errores, quizás, como a mí, les pareció ver un cameo de Timothée Chalamet interpretando fugazmente al alférez Lance, pero no: al chequearlo, he comprobado que el actor (increíblemente parecido) se llama Danielle Gravelle, a quien quizás (o no) recuerden de la fallida Fahrenheit 451 de HBO: en mi caso, debo haberlo olvidado tan rápido como a esa adaptación.
Por último, no puedo dejar de mencionar los homenajes cinematográficos qe acompañan cada entrega. La escena en la biblioteca durante la tormenta me trajo clarísimas reminiscencias de Planeta Prohibido: los golpes contra la puerta, el metal abollándose, criaturas incorpóreas al otro lado… Y de pronto, ups: me entraron ganas de hacer un retro-análisis de esa gema, tan cara a mi infancia y adolescencia como la serie original de Star Trek, así que que ya quedo comprometido. Mientras tanto y si, como supongo, son amantes de la ciencia ficción, les invito al que estoy preparando para la película original de El Planeta de los Simios (Franklin Schaffner, 1968) y que estará casi con seguridad en esta web el domingo.
Así que será hasta entonces o bien hasta el próximo episodio. Sean felices: larga vida y prosperidad…




Excelente Resumen.. Strange News Worlds tiene la esencia de The Original Series aunque .. Kirk es kirk
Y Leonard Nimoy es irremplazable..( un poco se le acercó Zachary Quinto …un poco nomas)
Hola Aldo: gracias por comentar y, desde ya, por el concepto! Sí, estoy totalmente de acuerdo en que Kirk es Kirk y Spock es Spock o, si lo prefieres, Shatner es Shatner y Nimoy es Nimoy, pero creo que Pike se está convirtiendo en un capitán interesante que, al menos, va siendo casi reivindicado casi desde el olvido y, por otra parte, tanto los creadores de la serie como Nimoy van llevándonos cada vez más cerca de aquel Spock, lo cual es lógico ya que se supone que el camino lleva hacia él. En este episodio, en especial, fue donde por momentos más me pareció oírlo.
Pero bueno, desde luego que no se trata de comparar y el plus que tenía aquella dupla original con su química especial es única e irrepetible. Un saludo y gracias por el aporte!
Magnifico episodio, los 2 primeros fueron buenos y este me ha parecido todavía mejor. Se confirma que efectivamente La´an es descendiente de Khan. Una gran sorpresa que Numero Uno sea Iliriana, nunca supimos nada de su origen en el episodio piloto, creo. La conversacion entre Kirk y Spock como dices nos recuerda a las de la serie, y si es cierto que no es Leonard Nimoy se le empieza a acercar mucho y sin duda Ansont Mount ha hecho suyo a Pike el cual es la mejor encarnación hasta ahora. El resto de la tripulación magnifica también, me encantan los actores que los interpretan. Lo que no entendí muy bien es lo de la hija del doctor M´benga, ¿como se puede guardar el patrón de una persona en el buffer? ¿es un holograma o no?
Los teletransportadores hacen eso, meten la información en el buffer y la rearman al materializarte. Esa idea la han utilizado varias veces en Star Trek, el propio Scotty estuvo muuuuchos años «guardado» ahí jaja
Hola Fabián: gracias por comentar. Claro, en efecto es así: una especie de teletransportación «en suspenso». Gracias por el aporte. Larga vida y prosperidad!
Hola Juan: gracias por comentar! En efecto, un gran episodio y me alegra que tengamos la misma impresión sobre el elenco. Me está gustando mucho la serie; espero que se mantenga: creo que tres episodios ya nos permiten ilusionarnos.
Con respecto a lo de la niña en el búfer, claro, es como lo dice Fabián en su comentario. Es algo así como una teletransportación «en suspenso»; es decir que lo que aparece al final mientras el padre le lee un cuento no es un holograma sino ella misma que ha sido materializada momentáneamente. Y tiene lógica que le haya, justamente, sacado energía al sistema de transporte para mantenerla y que lo haya hecho en connivencia con Hemmer, que es el jefe de ingenieros a cargo del mismo.
En fin, gracias por el aporte de siempre; me alegro de que te las hayas apañado para ver la serie y espero que la sigamos disfrutando. Un saludo! Larga vida y prosperidad…
Se las han arreglado para ir desarrollando los personajes con el formato episódico. Realmente están haciendo un excelente trabajo (aunque casi siempre haya que tirar de un trauma pasado o de uno por venir).
Acabo de ver el 4. ¡¡Qué serie!!
Hola Fabián: gracias nuevamente por comentar. Sí, es verdad, porque los episodios son autoconclusivos pero a la vez arrojan siempre nueva luz sobre alguno de los personajes y lo bueno es que se toman su tiempo para hacerlo: suele ser contraproducente cuando se va de prisa y se pretende desarrollar a todos en un episodio de presentación. Además, juega bien con lo que ya sabemos sobre algunos de ellos y, con respecto a los traumas, es verdad que constituyen una especie de eje vertebrador en la serie; lo que me parece muy interesante es que los traumas de Pike, a diferencia del resto, no estén en el pasado sino en el futuro: ese es un concepto que a Freud no se le hubiera ocurrido, jaja…
También he visto el 4. En los primeros días de la semana entrante estaré seguramente subiendo el análisis. Por suerte seguimos viendo una gran serie y honestamente yo pensaba que ya no era posible hacer una con este tipo de espíritu, que debe mucho a las primeras series de Star Trek, pero que a la vez tiene un aire de renovación importante.
Gracias por el aporte! Larga vida y prosperidad…