Análisis de The Expanse. Temporada 2. Capítulo 4

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Bienvenidos, hermanos y hermanas amantes de la ciencia ficción a un nuevo capítulo de The Expanse, nuestra serie favorita a medio camino entre la Space Opera más dura y las intrigas palaciegas de Juego de Tronos. En esta ocasión vamos a reseñar el cuarto capítulo de la segunda temporada titulado Godspeed, expresión tradicional anglosajona que podríamos traducir como buena suerte o, más literalmente, ve con la ayuda de Dios -a modo de despedida.

Y es que este es efectivamente un capítulo de despedidas, la despedida de Miller hacia un futuro incierto, la despedida de Fred Johnson de todo lo que ha construido durante años de trabajo y esfuerzo (literal y figurativamente) e incluso la despedida de Holden de sus idealizados principios de moralidad que se verá forzado a comprometer al verse contra la espada y la pared además de la despedida de todas las nociones preconcebidas que tanto los personajes como nosotros mismos teníamos sobre la serie ya que lo que se está gestando en Eros va más allá de nuestros sueños más salvajes.

Puede que Godspeed no sea el punto de inflexión que todos intuimos está al caer, pero desde aquí ya podemos ver el final del camino.

Sin más preámbulos, sumerjámonos una vez más en el tumultuoso universo de The Expanse, si queréis hacer memoria sobre los anteriores capítulos de esta segunda temporada haced click aquí.

Antes de nada, visitemos a una vieja amiga. Avasarala sigue haciendo malabares intentando desentrañar el misterio de Eros mientras evita a toda costa el inicio de una guerra total entre la tierra y la república marciana. Su nuevo asociado, el espía Coytar (Nick E.Tarabay) ha establecido una línea de comunicación con Fred Johnson, un movimiento peligroso pero necesario. La información de Johnson revela que existe una relación entre los cadáveres que se hallaban en Phoebe: todos ellos pertenecen a Protogen, subsidiaria de Mao-Kwikowski y ambas bajo el control del mismo hombre –Jules Pierre Mao.

Cuando Chrisjen decide interrogarle personalmente, Mao juega al “asiente y sonríe” negando todos los hechos con Errinwright como comparsa. Poco creíble, pero sin pruebas fehacientes Avasarala se ve con las manos atadas. Con el cerco estrechándose hacia ambos, Mao le reprocha a su “pareja” una verdad que escuece: Avasarala les tiene en la palma de la mano y el ego de subsecretario no le deja ver más allá de sus narices: “necesito un socio que entienda la importancia de este momento histórico, y que sea capaz de ajustar su visión del mundo en consecuencia. Lo único que te importa a ti es conservar tu empleo.”

Mientras tanto, en Tycho, la reunión entre Holden y Miller va tan bien como cabría esperar. El capitán del Roci parece casi dispuesto a tirar al viejo sabueso por la escotilla, mientras que Naomi y Fred intentan apaciguar los ánimos. Todos los presentes están de acuerdo en una cosa: Eros ha de ser eliminado del mapa, y para ello necesitaran colaborar una última vez. El plan es simple, desestabilizar la órbita de Eros con cargas nucleares hasta alcanzar una trayectoria en la que pueda ser embestido por el Nauvoo, lo que lanzara a ambos objetos -eventualmente- hacia el Sol donde desaparecerán para siempre engullidas por el horno nuclear de la estrella, mientras tanto, la radiación disuadirá a curiosos y Piratas de abordar el asteroide, asegurando que ningún curioso disemine la Protomolécula por accidente. Simple ¿verdad?

Miller, atraído por el magnetismo de Eros y embrujado por el fantasma de Julie decide unirse al equipo de demoliciones, con Diogo del acompañante. Naomi comparte una tierna despedida con el detective. Es curioso ver como estos personajes han gravitado el uno hacia el otro a lo largo de los capítulos, mientras que la saga literaria se centraba más en la relación entre Holden y Miller, el toque femenino más conciliador de Naomi es de agradecer en opinión de un servidor. Mientras el Rocinante y el Guy Molinari se dirigen a Eros, Fred desata el Nauvoo del espacio-puerto de Tycho en uno de los alardes de efectos especiales más impresionantes de la serie. Por si nos olvidábamos que estamos ante unos de los mastodontes en VFX de la televisión actual.

El paseo espacial de Miller se torna interesante cuando, tras acostumbrarse a la ingravidez y falta de dirección en el espacio, encuentra una escotilla abierta en Eros con un cadáver infectado en su interior. Resulta que la Marasmus, una nave de bienhechores anónimos se ha enterado del percal y pecando del mismo idealismo edulcorado característico de Holden, pretenden informar a todo el sistema solar de la existencia del virus alienígena. Entre la espada y la pared, nuestro héroe toma la única decisión posible, exterminar al Marasmus y su tripulación. A partir de ahora se acabaron el blanco y el negro, no es fácil tragar la amarga píldora que Miller y Johnson  conocen tan bien, pero es la responsabilidad de todo líder aceptar que hay que hacer sacrificios… y aprender a vivir con ellos.

Sin embargo, la cosa no queda ahí, los restos del Marasmus ponen en peligro a Miller y Diogo que aun salvándose se encuentran con un grave problema: El sistema de detonación de su ojiva nuclear ha sido dañado, para evitar saltar por los aires antes de tiempo necesitan a alguien pulsando el botón de reseteo forma manual cada pocos segundos. Lo que es a priori una situación de vida o muerte se resuelve rápidamente cuando el detective se ofrece a quedarse en Eros, no nos engañemos, todos sabíamos que nunca tuvo intención de volver. Cuando parece que todo llega a su final, ocurre algo extraordinario Eros esquiva la Nauvoo, el asteroide ¡Tiene vida!

Valoración

– Godspeed es, en términos generales, la calma antes de la tormenta. Podemos ver como todas las piezas del tablero se van poniendo en su sitio para la traca final correspondiente al último tramo del primer libro de la saga, las tensiones están a flor de piel y los personajes van cerrando poco a poco sus arcos de desarrollo.

– La tensión en la subtrama de la tierra sigue siendo entretenida, si bien los personajes no son tan ricos y numerosos como en otras series, la carta en la manga de The Expanse se nos mostrará cuando todas los hilos argumentales cocidos a fuego lento inevitablemente confluyan.

Este capítulo hace gala de unos efectos especiales de impresión dentro de las limitaciones de la pequeña pantalla, los atuendos, los sets y los gráficos por ordenador siguen siendo de una calidad muy alta y solo se le puede achacar alguna pantalla verde que canta un poco y cierta falta de planos generales. Aun así, la serie sigue resultando un gustazo para la vista.

–  Tanto los dilemas morales de los personajes como las actuaciones se llevan un aprobado alto en este capítulo, la decisión de Holden es todo un aldabonazo para un personaje que pretende ser todo rectitud y Thomas Jane sigue destilando carisma pura.

En definitiva, espero que os haya gustado este pequeño repaso y si os animáis ya sabéis, escribid un comentario y nos leemos en el próximo capítulo. Hasta entonces pasadlo bien y, como siempre, ¡Sed muy felices!



el autor

Graduado en Estudios Ingleses por la Universidad Autónoma de Madrid. Aficionado a la literatura, el arte, el cine y el mundo de los videojuegos, con una especial predilección por el género de ciencia ficción en todos los medios.

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