InicioSeriesAnálisis de The Walking Dead: Daryl Dixon. Temporada 3. Episodio 3

Análisis de The Walking Dead: Daryl Dixon. Temporada 3. Episodio 3

Con su tercer episodio, continuamos analizando la tercera temporada de The Walking Dead: Daryl Dixon que, en sus andanzas y desventuras, lleva (o trae) a nuestra pareja protagonista a España.  Creada por David Zabel, la serie puede ser vista en AMC+.

Bienvenidos nuevamente, caminantes y sobrevivientes. Aquí estamos para analizar un nuevo episodio de la tercera temporada de The Walking Dead: Daryl Dixon, en este caso el tercero, cuyo título es El Sacrificio y, ya a partir de ello, es complemento y contracara del segundo, que se titulaba La Ofrenda.

Daryl está obsesionado con reparar el barco y reemprender el trunco viaje a América, en tanto que Carol hace buenas migas con el padre de Roberto y Justina se siente tan mal de que Alba haya sido elegida en su lugar que termina tomando una impactante decisión. Pero pasemos ya a ver qué nos ha dejado este nuevo capítulo, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que, pinchando en los correspondientes links, pueden leer en esta web los análisis tanto de esta como de las demás series de la franquicia.

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Por el Camino de Santiago

Guillermo está furioso por la desaparición de sus tres matones, los cuales, recordemos, fueron ajusticiados por Daryl y uno de ellos directamente arrojado a los caminantes desde la muralla. Este era el único sobreviviente del grupo que lo había previamente pasado mal al cruzarse con él durante el día, de lo cual también Guillermo está al tanto, pero desconoce el responsable.

En tono recriminatorio, pregunta a Federico qué clase de comunidad tiene allí que alguien les grita al llegar, una americana cuestiona las costumbres locales y sus hombres desaparecen o directamente son muertos en las cercanías. Se pregunta si son merecedores de la beneficencia del Alcázar y, después de probar el vino y dictaminar que es una mierda, se retira dejando preocupado a Federico, quien da orden de aprontar todo para que los americanos se vayan cuanto antes.

Daryl, de todas formas, ya está en planes de irse. Necesita, eso sí, reparar el barco que ha quedado en la playa y por un momento fija la atención en el panel solar que alimenta de energía a la comunidad. En tono retórico, Carol le pregunta si no estará pensando en robárselo y él no lo niega: ese es nuestro Daryl…

Roberto se ofrece a acompañarle a ver a quien podría ayudarlo con lo del barco. Se trata de alguien con larga experiencia de marino que vive en un faro de la costa.

Daryl Dixon

Al llegar, sin embargo, Daryl se encuentra con que en realidad es una mujer de cabello canoso llamada Valentina (Irina Björklund) que, junto con otros dos sujetos, les reciben armados y ella en particular con un lanzador de arpones.

Una vez que Roberto logra calmarlos (en buena medida con aceitunas), Valentina pone al tanto a Daryl de que sabe algo de navegación, pues ha pasado treinta años al mando de un crucero. Y al verla un momento después besarse con los otros dos, él se anoticia de que los tres son amantes.

Cuando Daryl logra convencerla de echarle un vistazo al barco, ella lo encuentra lleno de agujeros y con el timón en condiciones irreparables. Aunque busca con ello desalentarle y que abandone la loca idea de poner a flotar nuevamente ese cascajo, Daryl pregunta dónde se puede conseguir un timón y, ya resignada, le termina diciendo que en las cercanías hay un antiguo astillero al cual Roberto podría guiarle en el vehículo de ella.

Por el camino, el muchacho le pregunta a Daryl sobre Estados Unidos y, específicamente, sobre New Jersey, a la cual desea conocer debido a su interés por las canciones de Bruce Springsteen. Le muestra además el Camino de Santiago junto a la costa y la estatua que, evocando al apóstol que protege a los viajeros, sigue aún recibiendo ofrendas de los peregrinos que lo recorren…

Caminantes Marinos

Al llegar al astillero, Daryl revisa una a una todas las embarcaciones, pero ninguna tiene timón. Hasta que descubre una que se halla escorada en la playa con el suyo tapado por el agua, lo cual al parecer le ha dejado a salvo de saqueadores y ladrones: pronto sabrán bien por qué…

Mientras Daryl se trepa a la popa del barco para desengancharlo desde adentro, Roberto recoge el timón del agua, pero percibe que hay algo en esta y se siente intranquilo. Una toma subjetiva y submarina nos confirma que, en efecto, algo se está acercando…

No es un tiburón. Un caminante emerge de las aguas y el susto hace que Roberto deje caer el timón. Daryl baja al zombie de un disparo en la cabeza, pero conmina al joven a salir urgente del agua porque podría haber más y no se equivoca, pues al instante comienzan a aparecer de entre la espuma como buzos en misión especial.

De todas formas y como rápidamente pueden comprobar, no solo hay zombies en el agua, sino también en tierra y por todo el astillero y Daryl se dedica a derribarlos uno a uno con el rifle hasta que no le quedan balas.

The Walking Dead

Haciéndose entonces de un ancla, inicia un revoleo de cabezas, en medio del cual y armándose de coraje, Roberto vuelve al agua y recupera el timón.  Teniendo pues ya lo que habían ido a buscar, se marchan presurosos de allí.

En el camino de regreso, Daryl detiene la marcha del vehículo al pasar por la estatua del Camino de Santiago y cuando todos pensamos que será para robar alguna de las ofrendas que le pueda ser de utilidad, lo que hace es dejar a los pies del apóstol el cubo de Rubik que perteneciera a Laurent. Consultado al respecto por Roberto, le cuenta que perteneció a un niño que conoce y que probablemente, para esta altura, ya tenga otro.

Una Muchacha por otra

Carol encuentra a Antonio (Eduardo Noriega), el padre de Roberto, viendo El Ángel Exterminador (Luis Buñuel, 1962) en un microcine que él mismo ha montado. Cuando le pregunta de dónde obtiene las películas, le habla de “misiones de rescate” que, junto a Roberto, realizan cada tanto por los clubes de arte. Carol lo ve como un pasatiempo peligroso y él le pregunta si acaso no se arriesgaría para salvar un Van Gogh o un Picasso. Esas películas, dice, son el legado necesario para que las generaciones venideras sepan cómo fue el mundo previo al apocalipsis. Parece haber buena química entre ambos…

The Walking Dead

Al salir de la sala, Carol se encuentra con Justina, a quien encuentra apesadumbrada por una especie de “complejo del sobreviviente”, pues la llena de culpa el haber ya salido airosa de seis Ofrendas consecutivas (dejando entrever en ello la mano de su tío) y se siente muy mal por Alba, de quien manifiesta que no podrá vivir sin su madre y viceversa. Lo ve como una injusticia considerando que ella no tiene padres y, por lo tanto, nadie que la extrañe. Carol la entiende, pero le consuela con que no puede hacer otra cosa y la joven da impresión de aceptarlo…

The Walking Dead

Cuando vuelve a casa de Antonio en la noche, encuentra la mesa servida como esperando compañía y amaga marcharse para dejarle intimidad, pero resulta que la compañía que él espera es ella. Durante la cena, Antonio manifiesta preocupación por Justina, cuyo complejo de culpa le hace a él temer que quizás se entregue como Ofrenda en lugar de Alba. El rostro de Carol acusa recibo, pues no puede evitar relacionar con lo que la muchacha le dijera antes.

Rápidamente, sale a buscarla y encuentra a Federico dando a los moradores un dolido discurso en el cual les anoticia de que, a pesar de sus objeciones, Justina se ha terminado entregando a los del Alcázar en sustitución de Alba. Ya es tarde, pues…

Balance del Episodio

Un correcto capítulo de transición y poco más que ello. Incurre, de hecho, en lugares comunes del género postapocalíptico y de la propia franquicia como los estados dictatoriales que subyugan a las comunidades de sobrevivientes en su propio beneficio.

El Alcázar parece en ese sentido ser algo así como la versión hispánica de la República Cívica Militar en América o Pouvoir en Francia, pues parece regla que, allí donde vayamos, haya siempre quien se aprovecha sin ética alguna del sufrimiento y necesidades del resto. De algún modo, es la historia de Europa tras la caída del Imperio Romano.

Lo del enroque final con Justina ofreciéndose en lugar de Alba es también un sacrificio del tipo que suele verse seguido, así que no es lo que pueda decirse un giro sorpresivo y, en todo caso, preanuncia que la incipiente sociedad de mentor y discípulo entre Daryl y Roberto seguirá adelante y quizás durante toda la temporada, especialmente a partir de que el joven, al regresar, se anoticie de que la muchacha a la que ama ya no está en Solaz del Mar…

Es para celebrar, por otra parte, que estemos volviendo a ver a ese Daryl frío como el hielo, pero que se escuda en su aparente insensibilidad para protegerse de aquello que le hace daño, en este caso el recuerdo de Isabelle y Laurent, pues cuando parecía ya haberse olvidado de ambos, nos sorprendió y conmovió con lo del cubo, un fugaz rapto emotivo de parte de alguien que se empeña en ocultar sus sentimientos de los demás y de sí mismo, pero que no puede evitar que cada tanto alguno se le escape

Y hablando de escapársele cosas, creo que justamente su falta de compromiso emocional con Carol está llevando la historia hacia un triángulo amoroso que quizás ni sospecha, pues salta a la vista la atracción mutua entre esta y Roberto, pero Daryl, que siempre tiene platea preferencial para ver todo como una mezcla de espía y voyeur, parece de momento no enterarse. Habrá que ver cómo reacciona, pues no da con el tipo de alguien que haga evidentes sus celos, pero es difícil creer que no los tenga.

Personaje interesante Valentina. Una lástima que la hayamos visto tan pocos minutos, pero se me ocurre que tendrá papel más destacado en lo que venga y, quizás, se convierta en el aliado que Daryl en este momento necesita, aunque cuesta imaginar cómo se las apañará para convencerla de sumarse a su causa (¿con aceitunas tal vez?).

Lo que sí está claro es que la alianza entre la ballesta y el arpón puede dar buenos frutos y el hecho de que ella sea una veterana de la navegación y del poliamor le agrega un condimento extra, como también que viva en un faro. Ignoro la razón, pero las historias de faro me cautivaron desde la niñez y siempre creí que a la gente de faro le pasan cosas de faro, distintas que al resto, así que por allí hay también una interesante veta a ser explotada que espero no se desaproveche.

Por último, me divirtió lo de los zombies acuáticos y ni hablar de Daryl revoleando el ancla, como adaptando el universo de la franquicia al medio náutico.  Me pareció interesante asimismo la referencia al Camino de Santiago y no pude evitar quedarme pensando si los caminantes no serán de algún modo los peregrinos del futuro.  Ah, y en lo personal me encantó también la referencia a Bruce Springsteen, uno de mis artistas favoritos.

En definitiva, un episodio lleno de lugares comunes, pero a la vez emotivo y que nos ha traído algún personaje interesante que, esperemos, no maten enseguida, además de hacernos reencontrar con la versión de Daryl que más no gusta: esa que desconoce la sonrisa y que no tiene prurito en robar o matar, pero que se emociona con un cubo de Rubik

Les espero para analizar el cuarto episodio y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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