Muy buenas a todos una semana más a los análisis de The Walking Dead. La serie empezó la semana pasada con una máxima, ofrecer un espectáculo de acción como nunca lo habíamos visto antes pues la guerra había empezado. Mi temor con ese primer episodio es que bajara el nivel y volviéramos a ver una serie que estira demasiado su trama para conseguir llegar a los 16 capítulos por temporada. Lo que me he encontrado en este segundo episodio es que esa máxima aún se mantiene dejando al espectador un buen sabor de boca al ver que, por lo menos, estos dos episodios han mantenido un nivel alto. Sin embargo, todo sea dicho, tampoco es que sea un capítulo que sepa balancear desarrollo y acción puesto que tira más por esta segunda opción, pero no lo hace nada mal.
Guerra relámpago
En el sentido más literal de la expresión, los supervivientes de Hilltop, Alejandría y El Reino se unieron para «acabar» con Negan y su ejército. El primer capítulo dejó un mal sabor de boca puesto que sabíamos poco de su plan maestro y que no pasaba solo con asustarlos, porque recordemos que Negan está vivo y coleando, sino que toda la parafernalia que tenían montada era para atacar en diferentes grupos diversas localizaciones con la intención de evitar que una sola de ellas recibe refuerzos.
El ataque se produce en cuatro frentes, uno liderado por Morgan, Jesús y Tara, otro al mando de Ezequiel y Carol, otro por Aaron y uno último por Daryl y Rick. La intención prioritaria es atacarlos de tal manera que no puedan defenderse en diferentes frentes.
Excepto el de Aaron, los otros tres intentan una vía más sigilosa, aunque acaban todos a tiros, eso no lo dudéis. Quizá el escenario peor parado resulta ser el de Aaron, que se sucede en un lugar cerrado y está bastante mal llevado. Es un caos, pero no el caos típico de una batalla campal, sino por la mala dirección, dejando al espectador la sensación, con esos vaivenes de cámara constantes, de no saber qué narices está pasando y mucho menos cuál es el plan, que en esencia pasa por soltar balas como locos y esperar que los zombis de los muertos se levanten. Todo esto con el consiguiente gran número de bajas en ambas partes, pero tranquilos, son secundarios.
Los del plantel principal llevan mejor sus respectivas misiones. El grupo de Tara y compañía, sin embargo, es el que se roba mejores momentos de acción. Sobre todo el de nuestro querido Morgan, que se marca un John Wick, salvando las distancias, matando a todo el que se ponga por delante. Lejos de la coña, esta situación viene de la muerte previa de dos compañeros suyos, lo que hace que Morgan se replantee aún más si Los Salvadores merecen cualquier tipo de compasión.
Y aquí llega el choque con Jesús. Tara se muestra totalmente contraria a dejar a los que se rindan con vida, al fin y al cabo es dejar cabos sueltos y, tras un encontronazo con uno de ellos que casi acaba con la vida del bueno de Jesús, está decidida a bolar la cabeza a todos ellos. Morgan no se lo piensa dos veces cuando ve a los enemigos siendo custodiados por sus compañeros y está a nada de matar a uno de ellos. Ya sabéis, Morgan Wick ahora es un destroyer.
Rick, colega, ¿en qué te has convertido?
La misión de Rick no sale como querría tras tirarse medio capítulo buscando las dichosas armas sin encontrarlas. Él y Daryl se deciden a explorar el piso alto del edificio debido a que el plano de Dwight no les ha servido para nada. Mientras tanto, el combate abajo sigue cobrándose vidas con lo que deciden repartirse la faena separándose.
Rick se encuentra con su actual yo, el asesino, frío y despiadado en que se ha convertido tras asesinar a un hombre que guardaba con su vida una puerta. Al acabar con él, de una manera poco amistosa, descubre como lo que estaba guardando el hombre era a su hija, un bebé de escasos meses.
Rick, tú no eras así. Esto es lo que debería pensar nuestro querido protagonista al mirarse al espejo. Ese hombre es Rick, guardando celosamente la puerta donde se encuentra Judith. Es un momento en el que los pilares morales del personaje tambalean y no podría estar peor llevado. Salvando el momento donde se entera de qué había detrás de la puerta, la pena, la rabia y la moral baja de Rick son poco exploradas. De aquí viene que el interés de este episodio haya sido únicamente la acción, y me duele que hayan perdido la oportunidad de abordar mejor un momento así.
¿Alguien se acordaba de Morales?
Llegando al «tan esperado» cliffhanger del episodio, Rick se encuentra de nuevo contra la espada (en este caso una pistola) y la pared al encontrarse con un viejo conocido que me extraña que él mismo se acuerde. Morales pasó desapercibido en la primera temporada, con una aparición de solo 6 episodios, como un padre de familia que toma un camino opuesto al de Rick en su búsqueda de unos parientes lejanos en Alabama. Bueno, pues el bueno de Morales ha vuelto y está con Los Salvadores.
¿Cómo ha llegado ahí? Ese será el misterio a resolver en los siguientes episodios. ¿Por qué amenaza a Rick? Bueno, esta pregunta me ha estado rondando la cabeza, al fin y al cabo ambos personajes no acabaron mal entre ellos, sí la familia de Morales, por lo que el tipo no tiene nada en contra de Rick. ¿Quizá su postura a favor de Los Salvadores? Quién sabe, pero parece ser que este personaje aún tiene mucho que decir.
Esto ha sido lo que ha dado de sí el episodio 2 de la octava temporada de The Walking Dead. La semana que viene volveremos, hasta entonces sed felices.








