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Retro-Análisis: El Proceso (1962). La deshumanización en manos de Orson Welles

Adaptación de Frank Kafka en una película clave de la filmografía de Orson Welles.  Repasamos hoy El Proceso (1962)

Hoy en la sección de retro análisis tenemos una película densa, complicada, en buena medida surrealista y con un Anthony Perkins en su momento prime, todo ello pasado por el filtro de un genio (muchas veces incomprendido), un director que a sus 25 años creó su mejor película (Ciudadano Kane, aquí retro-análisis), con todo lo que ello conlleva. Si a eso le sumas que se trata de una adaptación de una obra de Franz Kafka pues ya tienes todo lo necesario para que esta película sea única en su especie. Como decimos en el título, El Proceso es, en resumen, la deshumanización en manos de Orson Welles.

Qué nos cuenta El Proceso

La película adapta la novela de Franz Kafka sobre Josef K (Anthony Perkins), un oficinista con una vida monótona que una mañana es arrestado por un crimen nunca especificado. El acusado está en una especie de «arresto abierto», donde puede hacer su rutina habitual, pero a la vez inmerso en la burocracia opresiva, con unos resortes que parecen eternizar su caso entre audiencias absurdas, abogados inútiles y un tribunal al que no puede tener acceso y lo consume psicológicamente.

Reflexiones sobre un filme de densa factura

La idea central podemos leerla como la representación de una pesadilla sobre la deshumanización. El personaje protagonista no lucha solo contra la burocracia sino también contra un sistema en donde existen unas normas o reglas que casi nunca llegan finalmente a aplicarse por completo. Welles toma la obra de Kafka para llevarla a un terreno más extremo, donde lo visual, lo físico y lo opresivo destacan por encima de los demás aspectos. Toca temas como el sentimiento de culpa como mecanismo de control en el cual no son necesarias las pruebas del delito para derrumbar al individuo, sino que ya es suficiente con la presión del sistema y la sospecha colectiva.

También destaca la burocracia como forma de poder a partir de su rutina, su lenguaje técnico y su falta de accesibilidad para el individuo, lo cual acaba siendo una forma de violencia. Y la pérdida de la personalidad y del ser individual hacen que el protagonista pase de un estado de afirmación personal relativamente seguro a ser alguien que acaba absorbido por el sistema.

El anhelo de libertad frustrada es otro de los temas principales, pues el personaje de Josef K protesta, pero parece que con cada intento de acción de su parte, solo consigue en realidad hundirse aún más en el laberinto que la burocracia coloca a su alrededor.

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Aspectos que hacen especial esta película

La puesta en escena. Welles utiliza un estilo barroco a la vez que expresionista, lleno de planos de cámara angulados, con contrapicados y profundidades de campo para convertir el mundo en un espacio hostil, inestable y excesivo. El uso del blanco y negro agudiza la sensación de pesadilla en la que está inmerso Josef K y lugares como pasillos, oficinas o decorados en general parecen diseñados para aplastar al personaje más que para servirle de orientación. La película, en este aspecto, trabaja como un laberinto visual.

Welles no adapta tal cual la obra de Kafka, sino que busca reinterpretarla a su estilo.  En una decisión consciente y creativa, ordena y reorganiza el material para dar su propia visión del poder y del destino humano. No copia a Kafka, sino que interpreta su obra de manera de sostener la película como producción autónoma a la cual podemos definir no solo como una historia sobre un juicio absurdo, sino también como una reflexión sobre el modo en que los sistemas de poder son capaces de crear culpa en las personas y terminar de ese modo destruyendo la propia inocencia de las mismas.

A destacar también cómo Welles pudo hacer frente a los desafíos logísticos, usando en el rodaje lugares con un aura de estilo surrealista como la Gare d’Orsay (hoy en día un museo) para representar los tribunales laberínticos (claustrofobia), contrastando con paisajes abiertos en Zagreb (libertad). Como no podía ser de otra manera viendo quién dirigió la película, los problemas con los productores le llevaron a improvisar y a reescribir el guion para lograr enfatizar la rebelión individual frente a la impotencia que el sistema crea en el individuo.

Los problemas financieros (luego del rechazo al director por parte de Hollywood tras la etapa Ciudadano Kane) le obligaron a realizar cortes en escenas ambiciosas, reutilizar escenarios para no gastar en localizaciones, y aceptar incluso que el protagonista Perkins tuviera que ir a trabajar a Hollywood aportando su propio dinero para ayudar a sufragar el rodaje (recordemos que el actor venía de consagrarse en Psicosis, de la cual pueden leer aquí nuestro retro-análisis).

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Dejando a un lado todas las dificultades técnicas de El Proceso, estamos ante una película densa, con unas más que destacables actuaciones y un estilo visual centrado en el expresionismo alemán, marca de la casa de Welles.

A quién podemos recomendar El Proceso

A todo aquel/la aficionado/a al séptimo arte que tiene interés en adaptaciones de Kafka, en el cine de un genio como Orson Welles, en descubrir películas que quizás son menos fáciles de tragar que otras. Al menos creo que le deberíais dar una oportunidad porque el mensaje que contiene es tan actual como la vida misma.

Os dejamos otro artículo sobre Orson Welles que analiza lo último que realizó en vida. AQUÍ

 

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