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Análisis de The Walking Dead: World Beyond. Temporada 1. Episodio 4

Nuevo episodio de The Walking Dead: World Beyond, la serie de AMC que va tomando forma con un enfoque diferente a las otras que componen su mismo universo. En España, la pueden ver por Movistar+.

Bienvenidos sean a otro encuentro semanal para seguir analizando The Walking Dead: World Beyond.  La serie, sin ser una obra de arte, me está gustando cada vez más: poco a poco, va llenando los huecos de episodios anteriores y no con prisa, sino tomándose su tiempo, rasgo distintivo de la propuesta que ayuda a mantener tanto el clima como el interés.

Si desean ver nuestros análisis anteriores de The Walking Dead: World Beyond, pueden hacerlo aquí.  Para los análisis de The Walking Dead, aquí y para los de Fear the Walking Dead, aquí.

Sin más trámite, pasamos a desbrozar lo que, a mi juicio, ha sido un muy buen episodio, quizás el mejor hasta ahora: cuarto de la temporada y que lleva por título El Extremo Equivocado del Telescopio. Como es regla, advierto, si aún no lo vieron, que SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA.

Y por fin conocimos a Leo

El grupo de seis sigue camino hacia New York, aun a pesar de las protestas de Felix y Huck, que tratan denodadamente de hacer cambiar de idea al resto. Perdón si soy reiterativo, pero el personaje de Felix me sigue exasperando: no aporta mucho ni tan siquiera demuestra un mínimo de autoridad, pues cuesta aceptar que siendo jefe de seguridad en el Campus, se pliegue a la voluntad de cuatro adolescentes y vaya tras ellos como chiquillo quejoso que no quiere acompañar a su madre al médico.

Elton, siempre racional y lógico, no hace más que pensar en la República: en dónde estará realmente, cuánta gente vivirá en ella, por qué y cómo permanece oculta.  El grupo encuentra un colegio derruido, en el cual deciden hacer un alto debido a la proximidad de una tormenta y para proveerse de alimentos y agua. Hope, en ese momento, quiere hablar con Iris, pero su hermana prefiere dejarlo para más tarde.

La situación parece activar algún recuerdo en ella y un flashback nos permite, por fin, conocer el rostro de Leo Bennett, quien, en charla con Hope, relata el día en que adoptara a ambas niñas tras encontrarlas huérfanas y compartiendo cuna.  Ese vistazo al pasado nos permite diferenciar bien las personalidades de ambas hermanas: mientras Iris era estudiosa y disciplinada, Hope era brillante en cuestiones de química o tecnología, pero de temperamento rebelde. La vemos y oímos resentida con su padre por dedicar más atención a su hermana y retarla por sus fallos más que felicitarla por sus logros.

A Leo se lo ve tan enfrascado en sus estudios como pronto a partir hacia la República para ocupar su nuevo puesto y presenciamos el momento en que deja a sus hijas adoptivas el receptor que ha estado preparando, el cual, capaz de burlar los controles de las comunicaciones, es el que vimos en el primer episodio y que sirviera a las jóvenes para tener información sobre su padre.  Leo causa preocupación en Hope al decirle que Felix está al tanto, pero la tranquiliza diciendo que “es como de la familia”.

Añoranza por lo no Vivido

Los grupos se dividen por duplas para recorrer el colegio. Felix y Elton se cruzan con algún caminante encerrado en una oficina y a la mente de Elton acuden traumáticos recuerdos de verse encerrado en lo que parece ser una casillero: no sabemos exactamente qué le ocurrió, pero sí que es claustrofóbico.

Elton se alegra al encontrar una  bolsa de yodo que les permitirá purificar el agua, pero por los corredores hay desperdigados restos de zombies (“vacíos” para ellos, recordemos) con señales de haber sido despedazados y tal vez arrastrados por alguna criatura. Siempre fiel a su curiosidad científica y pareciendo casi un turista japonés, Elton no para de tomar fotos, mientras Felix aprovecha su compañía para intentar sumarlo a su causa de emprender el regreso en lugar de seguir hacia New York: al parecer, alguna fibra le ha tocado.

Otra de las duplas está formada por Hope y Huck: nos interiorizamos de que se conocían de antes del Campus, pero aún no vemos completa su historia conjunta pasada.  Noto que, al ir tomando Huck más protagonismo , su personaje se ve algo sobreactuado por Annet Mahendru, exagerando en demasía modales rústicos.

También ellas se topan con cuerpos desmembrados pero, a diferencia de Felix y Elton, dan con la criatura implicada, que resulta ser un lobo.  Recién entonces me doy cuenta que nunca pensé en los animales carroñeros o predadores de presas indefensas. ¿Cómo sobrevivirían en medio del apocalipsis? ¿Verían a los caminantes como simples corderos a atacar?  A juzgar por lo que vemos, parece que sí.

No deja de ser interesante la analogía que hace Hope, una vez más basada en el mundo animal como cuando, en el episodio anterior, asociáramos a Silas con la imagen del tigre: la joven traza un paralelismo entre el lobo (quizás una hembra protegiendo a sus crías) y su propio padre, a quien comprende mejor en su actitud de alejarse pues, tal vez, lo haya hecho para proteger a sus hijas.

La tercera dupla está integrada por Iris y Silas, quienes encuentran algunas bebidas y latas de conserva (¿en buen estado después de diez años?) y  llegan a un gimnasio que parece preparado para la fiesta de una tal Sadie Hawkins, que no llegó a hacerse o bien fue trágicamente interrumpida.  Fiel al tono triste que irradia la serie, Iris piensa en cuánto se han perdido y se pregunta si quienes vivieron esos días valorarían su libertad. “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió” reza la letra de alguna canción y creo que ello se ajusta bastante a lo que aquí sucede cuando, viendo las fotos de los ex alumnos, Iris no puede evitar añorar lo no vivido.

Silas se abre algo más y nos enteramos que lo que sea que haya ocurrido en el pasado, le significó la condena social pues “hasta su madre declaró en contra”, tal como alguien dice en un flashback.  Con sus nuevos amigos y fuera del mundo vallado,  manifiesta sentirse libre de presiones sociales, comentarios o miradas condenatorias. Está surgiendo algún tipo de vínculo con Iris pero, afortunadamente, la cosa es llevada de modo natural y sin histeria: en una emotiva escena cargada de significación, ambos terminan bailando al son de una melodía grabada en cassette,  mientras a su alrededor, como fantasmas, las parejas del pasado hacen lo mismo.  Un mágico toque surrealista.

Yo no maté a mi Padre

Las cosas se complican cuando entran en escena un par de muertos vivientes, lo que obliga a ambos jóvenes a huir al sótano, en donde, sin embargo, hay más.  Silas vuelve a quedar petrificado en presencia de los mismos, pero pasado el primer momento y dando la impresión de que algo se haya liberado en su interior tras su charla con Iris, pasa a la acción y liquida a uno de los zombies perforándole el cerebro con el extremo de su enorme llave francesa.

Sin embargo, la situación, parece también despertarle algo no tan bueno: para cuando tiene que enfrentar a un segundo zombie, su cabeza está reviviendo otra vez aquel fatídico día en que su reacción le valiera la condena de su comunidad. Desencajado, se arroja sobre el caminante y lo golpea alocadamente una y otra vez, tal como, en un flashback, le viéramos hacer con alguien no identificado.

Llegan entonces Felix y Elton: este último intenta detener a Silas, el cual, sin control ni intención, lo golpea y lastima.  Entre todos, finalmente, logran calmarlo, pero la situación le ha significado revivir una pesadilla, al punto de manifestar dudas sobre la conveniencia de seguir con ellos.  “Yo no maté a mi padre”, dice, tristemente, mientras Iris lo consuela y comenzamos a inferir qué ocurrió en aquel penoso incidente que tanto lo marcara.

Hope tiene, finalmente, su charla con Iris y concluyen en la necesidad de contarse todo y no guardarse más cosas, tal como, durante tanto tiempo, Hope lo hiciera con la verdad sobre la muerte de su madre.

La escena termina con el grupo completo reunido en el colegio y Elton tomándoles una fotografía, lo cual sorprende a los demás por ser su primera foto sin interés científico: algo está cambiando en él y ahora sí parece un turista japonés.

Bien: comienzan a correr los títulos, con lo cual queda claro que el episodio terminó, pero… ¡un momento! ¡Tenemos escena post – créditos!   En lo que parece ser un laboratorio, una mujer luce sobre su muñeca un tatuaje distintivo de la Alianza y recién entonces nos percatamos de que no tuvimos noticias de ellos en todo el episodio. Mientras da cuenta de un sandwich, está experimentando con lo que llama “sujeto de prueba” al que se ha catalogado como “A” y que vemos atado y probablemente descerebrado. Fríamente y como si diera un parte, la mujer informa que se le ha extraído plasma necrótico y líquido cerebral aunque, al parecer, sin el efecto buscado, por lo cual ordena dar paso al siguiente sujeto. Un recorrido con la cámara muestra el lugar repleto de “sujetos de prueba”, todos atados y en condiciones parecidas al anterior.

Para agregarle intriga a la escena, llegamos a ver una foto de los científicos involucrados, entre los cuales vemos a Leo Bennett, pero no  solo eso: la clasificación de los sujetos de prueba en “A” y “B”, para quienes sigan la serie principal The Walking Dead, tiene clara relación con los sucesos del último episodio en que vimos a Rick Grimes.

Balance del Episodio

Como dije al principio, la historia va encontrando su forma y algo del potencial que mostraba comienza a ser explotado. No se propone responder todos nuestros interrogantes de un tirón sino que lo hace lentamente (más acorde con el tono general) y dejando siempre una parte para contar después.

Está bien claro que la serie tiene su personalidad, lo cual es bueno. Aquí no vemos a la humanidad luchando por sobrevivir ante la nueva amenaza, sino un mundo en el cual ello ya ha sido definitivamente incorporado: los zombies que caminan por fuera de las vallas no son tan distintos a animales salvajes de los cuales hay que cuidarse y los jóvenes de la nueva generación no se preocupan tanto por sobrevivir ni se impresionan ante el encuentro con ellos. Tampoco es que vayan encontrando nuevos enemigos en todo lugar que pisan. La pregunta que subyace, más bien, es: ¿tiene sentido sobrevivir?

Se trata de una especie de generación x, crecida en un mundo sin expectativas que bien puede ser interpretado como metáfora del nuestro o bien, paradójicamente, como modo de revalorizarlo. No es doble discurso sino la duda humana en su forma más pura, apreciándose en este episodio una añoranza por las cosas pequeñas: “redescubrir” lo que nunca se conoció.

The Walking dead: World Beyond

Son interesantes las analogías zoológicas, como la del tigre en el episodio anterior o la del lobo en este, al igual que el modo en que luce el mundo tras diez años de apocalipsis: a los caminantes ya les han crecido musgos y otras plantas encima mientras los animales carroñeros dan cuenta de ellos.

Conocimos algo más a Silas y a Hope. Los personajes adolescentes, por cierto me siguen pareciendo mucho más interesantes que los adultos: no lo digo por Leo Bennett, a quien aún hemos visto poco, ni por Elizabeth Kublek (que aquí ni siquiera apareció), pero sí por Felix y Huck, de quienes espero urgente algún cambio.

¿Qué hará Elton? ¿Se volverá aliado de Felix en lo de renunciar a New York? ¿Qué es lo que pasó entre Silas y su padre y cómo se relacionará,  a partir de ahora, con el resto a la luz de su reciente episodio de ira? ¿A qué nos lleva el cliffhanger de la escena post – créditos? ¿Qué está haciendo la República exactamente? ¿Intenta crear zombies? ¿Permanecerá Leo aún con ellos?

Todos interrogantes que, poco a poco, se irán, seguramente resolviendo. Mientras tanto, insisto, la serie me sigue gustando y creo que hemos visto su mejor episodio hasta el momento.

Veremos qué nos depara el próximo. Será hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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