Para comenzar esta sección sobre cine clásico, qué mejor que criticar una de las películas más influyentes de Alfred Hitchcock, Extraños en un tren. Si hay algo que un cinéfilo tiene claro es que poco de lo que vemos ahora en una sala de cine es original. Todo tiene una precedente y, tanto las tramas, situaciones, formas de dirigir o personajes de nuestras películas recientes favoritas tienen sus antecedentes cinematográficos. Me viene a la cabeza Tarantino y Sergio Leone, por ejemplo.
Uno de los directores más influyentes de todos los tiempos fue Alfred Hitchcock (1899-1980), el mago del suspense, el mejor manipulador del espectador que ha conocido el siglo XX. Principal influencia de autores como Spielberg, Brian de Palma (Misión imposible), David Fincher (Seven), Guillermo del Toro o nuestro Amenábar, fue un director impresionante, de cuya cabeza surgieron algunas de las secuencias más conocidas de toda la historia del cine. ¿Quién no conoce la famosa escena del asesinato en la ducha de Psicosis?
Hoy os presento una de sus muchas obras maestras, no tan conocida como la anterior, pero toda una cumbre del suspense.
Argumento: Durante un viaje en tren, Guy (Farley Granger), un joven tenista, es abordado por Bruno (Robert Walker), un joven que conoce su vida a través de la prensa. Inesperadamente, Bruno le propone un doble asesinato: él matará a la mujer de Guy, que no quiere concederle el divorcio para casarse con otra mujer, y el tenista asesinará al padre de Bruno, al que odia, para poder heredar toda su fortuna y vivir a su aire. De esta forma, no habrá móvil del crimen y no serían sospechosos. Guy no hace caso de la propuesta, pero unos día después, recibe una noticia…

Adaptando una conocida novela de Patricia Highsmith y con una técnica narrativa impecable, Hitchcock nos habla de uno de sus temas favoritos, el falso culpable, con la particularidad de que este no es perseguido por la policía, si no por el verdadero asesino. Nos recuerda que cualquier desconocido puede arruinarnos la vida si así lo desea.
Comienza la película. Enfocan dos pares de zapatos: unos caros y otros más sencillos. Aparece un tren. Dos vías se cruzan. Antes de ver los rostros de los protagonistas, ya podemos intuir que el destino de ambos va a encontrarse. Es curioso pensar que, aunque el plan de Bruno estuviera ya en su cabeza, su encuentro con Guy no es premeditado. Sin embargo, la vida del tenista, con una persona que está siendo un obstáculo para él, sirve a sus propósitos. Guy es un reflejo de cualquiera de nosotros. Como dice Bruno en una de las escenas, todos hemos dicho alguna vez: Lo mataría.
Y lo que le propone Bruno no sólo es un intercambio de asesinatos, también lo es de la culpa. Guy acabaría con un hombre desconocido para él y su mujer moriría sin poder ser acusado por ello. Sus problemas se solucionarían y podría casarse con la mujer que ama realmente.
La pelicula se beneficia de la espectacular interpretación de Robert Walker como niño rico psicópata. Tanto que, en los momentos en los que no aparece, la película se resiente. No en vano, suyos son los mejores momentos de la película. Uno de los momentos más impactantes es durante un partido de tenis, en la que el protagonista observa la grada y ve que todo el mundo va girando la cabeza de un lado a otro de la pista, siguiendo la bola, salvo uno: Bruno, que lo mira fijamente.

Otra de las escenas más conocidas es el asesinato de Miriam, la mujer de Guy, que se niega a concederle el divorcio porque quiere aprovecharse de su éxito como tenista. Bruno la sigue mientras ella está acompañada de dos hombres (hablamos de una película de 1951) en un parque de atracciones. Miriam se fija en él, pero no lo ve como una amenaza. Es más, coquetea con él con simples miradas. Finalmente, aprovechando un momento en que se queda sola, es estrangulada. Vemos el asesinato a través de las gafas de la víctima, tiradas en el suelo.
En definitiva, una obra maestra de intriga, aunque inferior a las obras mayores de Hitchcock: Psicosis, Vértigo, La soga, La ventana indiscreta… Aún así, es el ejemplo perfecto de como la labor de un director puede encumbrar una historia hacia el recuerdo de todos los espectadores.




Notable film 8’5