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Crítica de Avatar: Fuego y ceniza, cuando James Cameron vuelve a volarte la cabeza aunque ya sepas el truco

Vamos a decirlo claro desde el principio, sin rodeos ni flechitas azules: “Avatar: Fuego y ceniza” es un espectáculo descomunal. Una apisonadora visual. Una de esas películas que te hacen mirar la pantalla con cara de “¿pero esto cómo narices lo han hecho?”. James Cameron vuelve a demostrar que, cuando se pone serio con la tecnología, el resto del cine juega en otra liga… o directamente en otro planeta. He intentado hacer una crítica de Avatar: Fuego y ceniza lo mas honesta posible, porque ahora viene la parte en la que no digo tantas cosas bonitas.

Ahora bien. Y aquí viene el “pero”, que es grande como un ikran con resaca: como tercera parte de la saga, no cuenta nada nuevo. Nada. Cero. La innovación se ha quedado aparcada en Pandora con el motor encendido.

Y aun así… ojo, que me ha gustado más que “El sentido del agua”. Sí, lo he dicho.


Crítica de Avatar el sentido del agua. Entre documental y gran película de acción


Crítica de Avatar: Fuego y ceniza

Un espectáculo que te pisa la cara (con cariño)

Visualmente, Avatar: Fuego y ceniza es una barbaridad. No hay otra palabra. Cameron sigue siendo ese señor obsesivo que no duerme hasta que cada plano parece una demo técnica del futuro. Todo es gigantesco, hiperrealista, orgánico, vivo. Pandora vuelve a sentirse como un lugar real, no como un fondo de pantalla caro.

Las nuevas localizaciones volcánicas, el uso del fuego, las texturas, los colores… todo está tan cuidado que parece que puedas quemarte si te acercas demasiado a la pantalla. Es cine que no se ve, se experimenta. Y en una sala grande, con buen sonido y buena imagen, es una fiesta sensorial que justifica el precio de la entrada sin pestañear.

Aquí no hay discusión posible. Cameron no compite con nadie. Cameron compite consigo mismo.

El problema es que ya hemos estado aquí antes

El gran fallo de Avatar: Fuego y ceniza no está en lo técnico ni en lo visual. Está en el guion, que vuelve a ser solamente correcto. Funcional. Previsible. Seguro. Demasiado seguro.

La primera Avatar fue un antes y un después por el 3D. No porque inventara nada narrativamente, sino porque cambió la forma de vivir una película en el cine. La segunda sorprendió con el rodaje bajo el agua, una locura técnica que volvió a empujar los límites del medio.

¿Y esta tercera?

Pues nada. No hay gran salto. No hay “esto no se ha hecho nunca”. No hay sensación de estar viendo el futuro del cine. Es más de lo mismo, solo que más grande, más caro y más pulido.

La historia vuelve a recorrer caminos conocidos, conflicto, choque cultural, amenazas humanas, decisiones familiares, discursos ecologistas envueltos en CGI de lujo. Todo funciona, pero nada sorprende.

Y eso, para una saga que siempre ha presumido de ir un paso por delante, se nota.

avatar fuego y ceniza peli 3

Personajes que cumplen pero no evolucionan

Los personajes siguen ahí, reconocibles, sólidos, pero también algo estancados. No hay grandes giros emocionales ni evoluciones que te descoloquen. Sabes quién va a hacer qué, quién va a sacrificarse, quién va a aprender la lección y quién va a volver a liarla.

No es que esté mal contado. Es que está contado sin riesgo. Cameron prefiere la épica clásica, el camino seguro, la emoción calculada. Y eso, después de dos películas, empieza a pesar.

Entonces ¿por qué me ha gustado más que la segunda?

Aquí viene la parte interesante.

El sentido del agua era técnicamente alucinante, sí, pero también excesivamente larga, más dispersa y emocionalmente más fría. Parecía un documental de las ballenas. Avatar: Fuego y ceniza es más directa, más intensa, con un ritmo algo mejor medido y un tono más contundente.

Hay más acción, más tensión y menos sensación de estar viendo un documental submarino con presupuesto infinito. El fuego, la destrucción y el conflicto le dan a esta entrega una energía más agresiva, menos contemplativa, que funciona mejor como espectáculo cinematográfico.

No innova, pero entretiene como un demonio. Y eso, en una película de más de tres horas, ya es decir mucho.

Conclusión. Cameron sigue mandando, aunque esta vez sin revolucionar nada

Avatar: Fuego y ceniza es una proeza tecnológica, una película impresionante, absorbente y tremendamente entretenida. Es cine evento, cine de sala grande, cine que recuerda por qué este medio sigue siendo algo especial.

Pero como tercera parte de la saga, no aporta nada realmente nuevo. Ni a nivel narrativo ni a nivel técnico. Es la confirmación de un estilo, no su evolución.

Aun así, funciona. Y funciona muy bien. Porque cuando James Cameron hace “más de lo mismo”, ese “más de lo mismo” sigue estando muy por encima de la media.

No es revolucionaria. No cambia las reglas del juego. Pero te lo pasas en grande. Y al final, sales del cine pensando:

“Vale, no me has sorprendido… pero cabrón, cómo me has hecho disfrutar”.

Y eso, aunque ya no sea nuevo, sigue teniendo mucho mérito.

Un saludo y sed felices.

Mario Losada
Mario Losadahttps://www.lascosasquenoshacenfelices.com
Licenciado en Publicidad y RR.PP. Creador y administrador del blog entre otras actividades lúdicas como community manager, lector de libros y cómics además de futbolero, cinéfilo y coleccionista de páginas originales. Me gusta hacer un poco de todo.
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2 COMENTARIOS

  1. Siempre recordaré como me negué a ver avatar uno por el por saco que dieron. Lo vi en mi casa y mira…moló. el sentido del agua la vi en el cine y me pareció un coñazo auténtico. Así que está la veré en casa cuando se pueda no tengo ningún interés ni en la temática ni en lo visual que por muy espectacular que sea no conecte nunca. Saludetes.

  2. Esta tercera parte mola. Si solo fuera esta película, sería maravillosa, pero tiene delante otras dos y es más de lo mismo. Molar mola, pero es LO DE SIEMPRE

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