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Análisis de Emily en París. Temporada 5

Mientras nos lleva por Roma y Venecia, además de la capital francesa, la quinta temporada de Emily en París se repite en las idas y venidas de sus historias sentimentales, pero gira más hacia un tono de sitcom y comedia de enredos que le sienta bien y arroja aire fresco. Creada por Darren Star y protagonizada por Lily Collins, la serie está disponible en Netflix.

Hola otra vez. Nuevamente, y como viene prácticamente todos los años siendo costumbre, nos encontramos aquí para analizar una nueva temporada de Emily en París, en este caso la quinta. ¿Ha cambiado algo? En lo básico no, pero está claro que esta es una serie que gana por cansancio y quizás allí esté la razón del éxito inesperado que ha tenido desde su estreno en 2020 y que la hace ya llevar cinco temporadas, misma cantidad, por ejemplo, que Stranger Things, a la cual superará, pues acaba de ser confirmada la sexta (más allá del sabido éxito, la esposa del director ejecutivo de Netflix es fan de la serie y contra eso no se puede).

Emily en París puede ser frívola y repetitiva, pero lo sabe y se ríe en la cara, de quienes, quejosos y pretendidamente sesudos, intentamos analizarla como si fuera Los Soprano o The Wire. Y de todas formas, debo admitir que esta temporada ha estado más divertida que otras y varias veces me he sorprendido a mí mismo al menos sonriendo. A ver pues qué ha pasado y veamos al final lo que nos ha dejado la temporada y lo que podemos esperar de la próxima.

Cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y en recordarles que pueden, si lo desean, leer aquí nuestros análisis anteriores.

Emily en París Roma

Los primeros cuatro episodios de la temporada transcurren mayormente en Roma, donde ya nos había dejado la anterior, al punto que la palabra París se cae del cartel inicial para ser reemplazada por un estilizado “Rome” (Roma) en glamorosa letra cursiva color violeta.

Emily está distinta: pelo corto, menos sobrecarga de maquillaje y no cambia tan drásticamente el vestuario de un día para otro (siempre recordando que de todos modos esta es en definitiva una serie para mostrar ropa).

Algunas cosas en Roma no son como esperaba. Su puesto al frente de la oficina de Grateau es más decorativo que otra cosa: decide muy poco y la verdadera jefa, como no podía ser de otro modo, es Sylvie (Philippine Leroy-Beaulieu), quien se encuentra con una princesa amiga llamada Gianna (Minnie Driver) que tiene importantes contactos y les consigue un acuerdo nada menos que con Fendi a cambio de ser parte del negocio

Emily casi arruina todo cuando, buscando congraciarse con la marca, asiste a la reunión con un bolso de Fendi que termina siendo falso, pero salva un poco la ropa con una loca sugerencia de que la empresa podría lanzar al mercado uno falso pero original: confieso que no entendí demasiado, pero su idea, de todos modos, termina cayendo bien, aunque nada volvemos a saber de eso.

Luc (Bruno Gouery) también aporta lo suyo al conseguir un contrato con la firma Bavazza gracias a la relación que sostiene a escondidas con su titular Bianca. Y Emily sigue con Marcello (Eugenio Franceschini) a pesar de que no logran aún el acuerdo con Muratori, pues la madre de este (Anna Galiena) permanece fiel a sus principios de mantener a la empresa local y artesanal.

Gabriel (Lucas Bravo) aparece poco en la temporada y está algo menos tóxico. Es cierto que se llega a París a la búsqueda de Emily pero, al verle feliz con Marcello, olvida su plan y decide regresar a París sin decir palabra. Interactúa de todos modos con Sylvie, que le sugiere dejar que las cosas fluyan y si tienen que estar juntos, a la larga ocurrirá…

Muratori Paradiso

En las oficinas de París no ha quedado ni el Tato y los clientes se están yendo, tal como se quejan Antoine y Alfie, que están a cargo, pero a la larga terminan también en Roma y, con ellos, los perfumes de bebé de aquella fallida campaña, a los que Emily encuentra nuevo provecho rebautizándolos como Muratori Paradiso y ofreciéndolos a Antonia, que queda encantada con la idea de promocionar su firma con una estética acorde a la película Cinema Paradiso. Para ello, Sylvie contrata a Giancarlo (Raoul Bova), su antiguo profesor de cine… y amante.

También Mindy (Ashley Park) se aparece por Roma regresada de China tras rechazar quedarse como jurado permanente del Popstars local. En Solitano, se la ve muy amiga (demasiado) de Alfie (Lucien Laviscount), lo cual crea una situación de morbo por ser este expareja de Emily, así que procuran verse a escondidas de ella, lo cual no impide sin embargo que sean vistos por Julien (Samuel Arnold) y la noticia llegue a París.

Adiós a Roma

La relación entre Emily y Marcello empieza a mostrar problemas: a la decepción de ella por enterarse que la familia Muratori aceptó el convenio con Grateau solo como forma de ganar tiempo para que JVMA mejorara su oferta se suma ahora el contacto demasiado estrecho que él sostiene con amigas y ex. Al irle Emily con el planteo, responde que ellas ya son parte de su pasado, lo cual lleva alegóricamente a Emily a reflexionar que Roma es una ciudad en la que el pasado está presente a cada paso. Acepta de todos modos sus explicaciones y las cosas quedan más o menos bien.

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Sylvie no se queda atrás con sus historias pasadas. O presentes, porque ha caído su esposo Laurent (Arnaud Binard), quien ya no está interesado en una relación libre. La situación se tensa y a Giancarlo no le gusta ser segundo de nadie ni soportar maridos tóxicos, por lo cual, a pesar de que Laurent regresa a París, su relación con Sylvie queda en la cuerda floja. De hecho, desavenencias en cuanto al estilo del video, terminan provocando su alejamiento y dejando a Sylvie a cargo del mismo…

Aunque le cuesta muchísimo terminarlo y hay peligro de no llegar en fecha, acaba haciéndolo y el resultado goza de aceptación. Todo parece ir viento en popa, pero no. Emily tuvo la idea de llevar a varios influencers al evento y ello provoca que súbitamente Solitano se vea invadida de turistas a la búsqueda de hoteles y restaurantes que no existen. El disgusto de Antonia es tan grande que rompe el acuerdo.

Para colmo de males, la aventura de Luc con Bianca se termina cuando la novia de él hace inesperada presencia en Roma y los sorprende juntos, lo que hace que el convenio con Bavazza se venga también abajo y en apenas días todos los proyectos de Grateau en Italia han quedado hechos trizas. Adiós a Roma…

Emily otra vez en París

No queda pues más remedio que regresar a París, algo que inevitablemente iba a ocurrir habida cuenta del título de la serie. A partir del quinto episodio, el nombre de la capital francesa ya no se cae del cartel inicial y todos están de regreso para reposicionar a Grateau, lo cual no es tarea fácil teniendo en cuenta el descuido en que han dejado a los clientes y que, para colmo de males, Genevieve (Thalia Besson), la hijastra de Sylvie a la que no se puede despedir, ha montado por cuenta propia una campaña de gorras con la poco feliz inscripción “Bonjour, Bitch” (buen día, perra).

La estrategia es retener a Thomas Heatherton (Jonathan Cake), el cliente más importante que aún mantienen y que está a punto de inaugurar en la ciudad un hotel de su cadena. Preparan a tal fin un gran evento pero Genevieve no sabe nada sobre el brexit ni tiene idea de que el Reino Unido ya no está en la Unión Europea, lo cual deviene en que se complica el papeleo para ingresar a tiempo al chef que Heatherton quiere traer de Londres.

La cosa amenaza con irse al traste, pero Emily, obviamente, va en busca de Gabriel, cuya relación laboral con Antoine atraviesa un momento crítico al no permitirle este renovar los menúes. Como tal, no tiene problema alguno en plantar a Antoine por una noche y responder a la requisitoria de Emily.

En cuanto a Sylvie, su sorpresivo regreso toma desprevenido a Laurent, a quien encuentra en el apartamento con una amante. Él se escuda en que ella también estaba con alguien en Roma, pero lo que más molesta a Sylvie no es que esté con una mujer, sino que lo haga en su apartamento y que ella use su bata… Decide que lo mejor es tomar distancia un tiempo…

Inauguración con Problemas

Mindy vuelve a cantar en el Crazy Horse y su principal fan es, desde luego, Alfie. Pero las cosas entre ellos ya no son iguales: para ella solo fue un romance de vacaciones que quedó en Roma; para él fue algo más profundo y desea continuar la relación. Encima, reaparece en escena Nico (Paul Forman) pidiendo a Mindy disculpas por los errores del pasado y privilegiar a su familia por sobre ella. Quiere recomenzar desde cero pero ella no tiene el menor interés, aunque cambia drásticamente de opinión al enterarse luego que él ha dejado a su familia y roto todo vínculo con JVMA para volver a la relación que tenían.

A todo esto, se lleva a cabo el evento de inauguración del hotel y Heatherton queda encantado con la estética montada por Emily, que reproduce en el hall central una calle parisina con locales comerciales y todo, pero también y muy especialmente con la cocina de Gabriel, al punto que le propone trabajar para él.

No todas son flores: Genevieve vuelve a meter la pata al no tener mejor idea que incluir en las bolsas de regalos sus gorras del “bonjour, bitch”. Enterada Sylvie, ordena furiosa a Emily despedirla y, a su pesar, esta lo hace pero, ladina como es Genevieve, se venga anoticiándola de la relación entre Mindy y Alfie e incluso de que Julien estaba al tanto.

El impacto es fuerte y el choque con Mindy inevitable: Emily no se siente tan decepcionada de que haya tenido algo con Alfie como de que se lo haya ocultado. Llena de culpas, Mindy recoge sus cosas y se marcha a vivir con Julien, pero al encontrarse Emily con que ya no está en su apartamento, se siente mal y va a buscarla en plena noche, produciéndose una divertida escena de reconciliación a viva voz que incluye balcón y vecinos fastidiados. La amistad termina imponiéndose y Mindy regresa…

Madres e Hijos

Cualquier esperanza de Emily de volver a tener algo con Gabriel se diluye, pues Heatherton ha contratado a este como chef en su yate y ello implica que dejará París. En su tristeza, ella va a parar a un bar de trivias y se encuentra por casualidad con un atractivo americano llamado Jake (Bryan Greenberg), que se desempeña como oficial consular en la Embajada de Estados Unidos.

Hay atracción mutua y, de modo nostálgico, ella parece encontrar refugio y contención en un connacional. Él la invita a los festejos del 4 de julio en la embajada y, para su sorpresa y alegría, le muestra un búnker repleto con comida chatarra de la que no se consigue en Francia. Hay amago de beso, pero Emily, como siempre, responde huyendo y la relación con Jake quedará en nada (¿le volveremos a ver?).

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La cosa se complica aún más con la reaparición de Marcello Muratori, recién llegado a París y habiendo, como Nico, roto todo vínculo con su familia para intentar despegar con su propia firma. De hecho, ese punto en común hace que terminen asociados, aunque el mundo de la moda los ve como ovejas negras de sus respectivas familias y les es difícil calzar. Para colmo, Marcello es demandado por su propia madre por utilización de la marca y, en medio de ese panorama desalentador, les abandona el diseñador estrella al que habían contratado.

Sylvie, entretanto, se encuentra con una antigua amiga llamada Yvette Moreau (Michèle Laroque), con quien tiene en el pasado alguna deuda pendiente por haberse alguna vez follado a su futuro esposo tres meses antes de la boda…

Sin embargo, esta parece dispuesta a olvidar y hasta le presenta a un chocolatero con aires de maduro seductor (un Willy Wonka alpino, según Sylvie) que termina siendo bastante cargoso y así Sylvie, escapándole durante una fiesta, se encuentra en la calle con un joven sexy llamado Beau (Aurélien Muller) y comienza con él una fogosa relación de alcoba.

Pero tiene tanta mala suerte que el muchacho acaba siendo hijo de Yvette, lo cual significa para esta que no solo Sylvie se bajó a su marido sino también a su hijo: fuerte. De más está decir que todo se va al garete y, en su angustia, Sylvie acaba regresando a los brazos de Laurent para consolar penas y reconstruir el vínculo…

Cuchillos, Anillos y Postales

Emily recibe un llamado de Gabriel, que se halla en Amsterdam y camino a Mónaco, por lo cual hará parada en París y, dado que el trasbordo de tren no le da suficiente tiempo, aprovecha para pedirle el favor de que le alcance a la estación unos cuchillos que se ha dejado olvidados. Suena a excusa, claro, pero por supuesto que ella accede y el encuentro es fuerte y emotivo, no solo poniéndose al tanto de sus respectivas vidas sino también reflexionando sobre la belle époque y la tendencia a romantizar el pasado que, según Gabriel, es lo que ella hace…

Antes de despedirse, él le confiesa que estuvo en Roma y la vio con Marcello. Suena tóxico, pero a Emily le emociona. De hecho, queda tan afectada que hasta olvida entregarle sus cuchillos y debe correrle al tren para entregárselos. Le pide además que le envíe una postal con sello y todo…

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Entretanto, la demanda a Marcello por parte de su madre deja a este en la ruina de frente al Festival de la Moda de Venecia, en el cual Emily ha logrado gestionar un desfile de presentación contactando a un antiguo conocido suyo y nuestro: Pierre Cadault (Jean-Christophe Bouvet). partida de su diseñador crea un problema de difícil solución, pero tanto Emily como Sylvie quedan impactados por los bocetos de Marcello y creen que debería encargarse del diseño.

Sin embargo, él no tiene confianza en sí mismo y de hecho ha sido siempre ninguneado en sus talentos por su propia familia, así que entra en un pozo depresivo, pero tanto consejo de Emily acerca de la superación termina dando resultado y, además, de aceptar hacer los diseños, le confiesa su amor…

Pero los problemas siguen: el predio que reservaron aparece inundado por la marea alta y, una vez más, hay que improvisar. A Emily se le ocurre un desfile con modelos en botas de goma y salpicando a los asistentes, a quienes al llegar se equipa también debidamente con las suyas.

La presentación termina en un éxito y hasta deja maravillada a Antonia, de inesperada presencia. Queda tan encantada que no solo anuncia a su hijo que retirará la demanda, sino que además lo quiere nuevamente en la empresa, pues la ha sorprendido con su talento. Es una gran noticia, pero a la vez implica que él regresará a Roma y quiere que Emily lo acompañe.

Ella queda descolocada, pues tiene toda su vida hecha en París, y sus preocupaciones aumentan cuando le encuentra a él un anillo de bodas que, da por descontado, le piensa regalar. Sin embargo, las oportunidades pasan una tras otra y él nada le dice, lo cual es para Emily decepción a la vez que alivio.

Finalmente, y durante una salida en góndola compartida con Mindy y Nico, Marcello saca el anillo y Emily se apresura a decirle que no puede casarse con él. Metida de pata: el anillo no era para ella sino para que Nico se lo entregue a Mindy que, emocionada, acepta la propuesta de casamiento.

Un signo de interrogación se yergue sobre la relación entre Emily y Marcello, pues si bien es cierto que el anillo no estaba destinado a ella, también lo es que él pensaba proponerle matrimonio en algún momento y ya tiene la respuesta anticipada…

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Fuera de ello, todo parece marchar viento en popa para Grateau, tanto que no puede durar. La madre de Sylvie se aparece para poner a su hija al tanto de que sus bienes, incluida la propiedad inmueble, están inhibidos por culpa de las deudas de Laurent.

Ello decepciona y enfurece a Sylvie, que le pide a él divorcio, pero el asunto sigue, pues en la demanda están también implicadas sus propias propiedades e incluso la mismísima Grateau. Sabiendo que no hay destino para la firma, intenta convencer a Emily de que se largue a Italia con Marcello, pero ya es tarde: esta le anoticia de que ya no está con él y ha decidido, por lo tanto, quedarse…

La muerte del esposo de Gianna provoca un fugaz viaje de Sylvie a Roma y, en pleno funeral, pone a su amiga al tanto de las novedades. De manera impensada, de allí sale la solución para Grateau, pues Gianna, que venía atravesando problemas económicos, ha recibido de su difunto marido la propiedad de un palazzo y una buena oferta por el mismo de parte de un grupo interesado. Ello le brinda una solvencia económica que le permite salir al salvataje de Grateau, de la cual, claro, pasa a ser socia…

Sylvie, en tanto, se comunica con Gabriel para ponerle al corriente de que Emily ya no está con Marcello, a la vez que lo chicanea con que depende de él lo que decida hacer. En las costas de Grecia, y a bordo del yate, él se dedica por lo tanto a escribirle a Emily una postal. Con sello, como ella le pidió…

Balance de Temporada

Cuando allá por 2020 comencé a reseñar esta serie, no imaginaba ni por asomo que estaría algún día analizando una quinta temporada, pero con su fórmula ligera, frívola y pasatista, Emily en París se ha convertido en uno de los éxitos de Netflix, lo cual sirve como recordatorio de que no siempre el público espera necesariamente opciones sesudas que le hagan reflexionar sobre la marcha del mundo y el devenir de la existencia, sino que muchas veces quiere simplemente escaparse un poco de la realidad con ropa, autos y restaurantes de lujo.

Emily en París es eso y de un modo totalmente impune que no pide disculpas en ningún momento y que, llegado incluso el caso, menciona sin reparo y una tras otra a prestigiosas marcas mundialmente conocidas, algo que en esta temporada se ve llevado al paroxismo.

Pero les diré una cosa: esta temporada me gustó más que las anteriores. Es cierto que seguimos atrapados en los eternos loops, que ya no solo afectan el mundo sentimental de Emily, sino también al de Mindy y Sylvie, prisioneras todas de un eterno ciclo de repetición en el cual sus antiguas parejas regresan una y otra vez, haciéndolo casi siempre en momentos inoportunos o cuando ellas encuentran su corazón o sus deseos ocupados con alguien más…  Y viceversa, porque cuando son ellas quienes los buscan a ellos, ocurre lo mismo. Cuando uno está libre, el otro está ocupado y, por supuesto, siempre están de por medio las infaltables casualidades…

¿Y por qué digo entonces que me gustó más esta temporada que las anteriores? Pues porque creo que por primera vez han acertado en darle a la serie más tono de sitcom que de melodrama, lo cual no implica, desde ya, que el mismo esté ausente. Muchas veces me han leído quejarme de las increíbles casualidades o de que todos se encuentren con todos en todas partes, pero si entramos ya en el terreno de la comedia de situación o de enredos, esas cuestiones fortuitas forman parte de las propias reglas de juego, ya que todo enredo se basa en una casualidad.

Ha habido momentos realmente divertidos en esta temporada y muchos de ellos han involucrado a Luc, no pudiendo sino alegrarme que, confirmando el rumbo de la temporada anterior, le hayan por fin dado papel más protagónico a uno de los personajes más carismáticos y a un gran actor como Bruno Gouery, del elenco masculino quizás el que más se destaca.  En el femenino, por cierto, siguen todas bien, pero siempre se brillarán especialmente Philippine Leroy-Beaulieu y Ashley Park, además de, por supuesto, Lily Collins, a quien las vacilaciones y dudas de su personaje han dado en esta temporada mayores y mejores posiblidades de lucimiento.

La parte turística sigue, desde ya, a la orden del día, lo mismo que esas tomas aceleradas del río Sena o de las calles parisinas con la Torre Eiffel como fondo, pero aquellos problemas de filmación que tuviera la temporada anterior por los Juegos Olímpicos han permitido incorporar el marco italiano y la escena final me hace pensar que quizás se venga Emily en Atenas. ¿Qué hará ella con la invitación de Gabriel?

Y ya que hablamos de él (y las fans de la serie saben bien de quién hablo cuando digo ÉL), también su personaje (que me fastidiaba bastante) me gustó más en esta temporada. Podría irónicamente decir que será porque salió poco, pero estuvo, como dije, menos tóxico y, por primera vez, me emocionó una escena suya con Emily, como lo fue la de la estación de tren con esas muy acertadas referencias a la belle époque y la romantización del pasado.

Hay, sí, un par de personajes a los que hemos visto demasiado fugazmente y quedan algo desaprovechados, como el caso del chocolatero maduro y libidinoso que se jacta de tener siempre como target a muchachas jóvenes, o de Jake, el joven de la embajada. Tengo la sensación, no obstante, de que a este último le volveremos a ver y lo del búnker de comida chatarra me pareció genial y muy divertido. Cuando la serie lleva al absurdo los estereotipos nacionales es cuando realmente acierta y eso es algo que no estaba tan claro en temporadas anteriores.

Por cierto, genial Luc anoticiando a Emily de que los franceses ayudaron a Estados Unidos a independizarse (aunque ella estuvo lenta en no responderle que los estadounidenses salvaron a Francia en dos guerras mundiales.

En definitiva, no es que la serie haya ganado en profundidad con esta temporada ni que se haya salido de los loops eternos y por momentos insufribles en que se viene moviendo desde hace rato, pero ha ganado en humor y eso siempre es bienvenido: una buena forma de escapar al agotamiento que pedía a gritos el final.

Les espero pues para analizar la ya confirmada sexta temporada cuando sea que llegue. Y admito que, por primera vez, con cierta expectativa. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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2 COMENTARIOS

  1. Emily en Paris, es ese capricho culposo, como si de un bombón escondido en algún cajón, uno va a buscar estando a dieta.
    Es cierto que ya todas las historias son uno loop constante pero lo divertido es el entorno, la ropa (Emily tiene un guardarropas en la 5ª dimensión de su diminuto depto, para poder tener todo eso, y una buena paga, además), las marcas, los paisajes, la ropa, y los pequeños gags que adornan la serie.
    Vamos por la próxima temporada!

    • Hola Diego: gracias por comentar! Jaja, lo has definido perfecto: capricho culposo. Podemos criticar a gusto y placer e incluso saber qué es lo que a la larga terminará ocurriendo, pero siempre queremos ver la siguiente temporada. Un saludo y gracias por el aporte!

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