El Muro Negro es una película alemana que se ha colado entre lo más visto de Netflix con una historia de ciencia ficción sencilla y que sabe manejar muy bien el misterio para ofrecer una cinta que si bien no es una de las grandes obras del género, al menos ofrece una propuesta original y entretenida que bien sirve para pasar un rato agradable en una de estas calurosas noches de verano que estamos pasando.
El argumento de la película es el siguiente: Los vecinos de un edificio que llevaba varios meses con reformas descubren al despertar de una noche normal que están atrapados en sus pisos. En las puertas de entrada y en las ventanas ha aparecido de la nada un indestructible muro negro formado por ladrillos de distintos tamaños y formas. Las únicas soluciones que hay para salir es perforar las paredes que separan los distintos pisos dentro de una misma planta o perforar el suelo para ir a los pisos inferiores. Esto hace que poco a poco se vayan sumando distintos personajes a la pareja protagonista, Tim (Matthias Schweighöfer) y Olivia (Ruby O. Fee) mientras entre todos buscan una posible solución al problema.

Este planteamiento recuerda mucho al de otras películas que basan su historia en un enigma inexplicable que tiene retenidos a los protagonistas. Me vienen a la memoria la genial Cube o la más reciente Escape Room. También recuerda un poco a El Hoyo de la propia Netflix, con la que tiene la similitud de que la narración se hace en vertical, con los personajes bajando de una planta a otra, algo que no es muy habitual.
La gracia de la cinta es ir conociendo poco a poco a los personajes mientras se intenta desentrañar el misterio, sin saber si el enigmático muro negro tiene algo que ver con la vida de los habitantes del edificio. Los protagonista, Tim y Oliva, son una pareja en crisis por la muerte el hijo que esperaban en el momento de su nacimiento. Justo cuando se desencadena la acción Oliva le dice a su pareja que no aguanta más y le deja. Como se suele decir, no habría podido elegir un día peor para hacerlo ni aun queriendo.

Todo lo que van viviendo a lo largo de la película sirve para que el espectador los vaya conociendo un poco mejor y a la vez se puedan sincerar sobre sus sentimientos en medio del caos que están viviendo. Una estructura narrativa clásica que no va más allá y hace que esta parte de la historia no guarde demasiadas sorpresas.
En cuanto al resto de personajes, hay de todo tipo. Una pareja de turistas un poco pasados de vueltas, un abuelo y su nieta adolescente y un conspiranoico de manual que sirve para contraponer ideas con el resto de los vecinos.

La acción va pasando de un piso a otro mientras los personajes intentan por un lado llegar al sótano para intentar escapar por un túnel de servicio que esta allí oculto desde la II Guerra Mundial y por otro comprender que narices es el muro negro y a cuento de qué ha aparecido en su edificio.
Mientras, se van a ir encontrando varias sorpresas como el papel del dueño del edificio (los pisos son todos alquilados) y el de uno de los vecinos, que trabaja en una misteriosa firma de nanotecnología y seguridad que podría ser la clave de todo lo que está pasando.
Es cierto que la película no tiene la genialidad de la mencionada Cube, ni es tan trasgresora como El Hoyo, pero se deja ver. El desarrollo de personajes y de la acción es bastante simplón, pero al menos la película juega acertadamente la baza de atrapar al espectador con un misterio inexplicable al principio de tal manera que nos tiene atentos para ver que es lo que ha pasado.

Hay varios giros de guion en cuanto al origen del muro y a alguno de los personajes que logran mantener el interés de la historia y lo que es mejor, ofrece un final cerrado que es de agradecer. Mientras la estaba viendo y según se acercaba el cierre estaba temiendo que íbamos a estar ante la típica película de final abierto que deja la resolución de la historia al libre albedrio del espectador. Una costumbre que encuentro deplorable y que creo que solo funciona en determinadas historias muy bien construidas. Pero tranquilos, este no es el caso y como ya he dicho, todo quedar resuelto y bien cerrado al final.
En cuanto al apartado técnico, poco que decir. Estamos ante la típica producción de Netflix, así que no le vamos a pedir peras al olmo. Al menos el diseño del muro es bastante atractivo.
En resumen, El Muro Negro es una entretenida película que basa todo su interés en la resolución de un misterio que sirve de punto focal para toda la historia. El guion de la cinta está supeditado a este objetivo y los momentos en que se separa de él, por ejemplo, para profundizar en los personajes, se sienten aburridos ya que lo que el espectador quiere es saber que está pasando. No hay que esperar una gran maravilla dentro del género de los thriller de ciencia ficción, pero se deja ver muy a gusto y tiene un cierre que sirve de perfecto colofón a la historia. A veces es todo lo que hace falta para pasar un buen rato.




A mí me estaba entreteniendo pero, entre que el momento tópico del hacker ya me había sacado y ESE final tan anticlimático me he sentido emosido engañado.
Un saludo y gracias por la reseña.
Gracias por comentar Manuel. Es cierto lo del tópico del hacker, pero vamos, toda la película es un tópico tras otro jajajaa. Y a mi el final, pues me ha gustado, me parece bastante coherente con la trama y por lo menos no lo deja en el aire. Saludos¡¡¡