Curb Your Enthusiasm y la realidad incómoda del ser humano

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Muchas veces tenemos la sensación de ya haberlo sentido todo en la ficción. Los comentarios de “esto ya lo he visto” y  “esta serie es igual que la otra”, avasallan nuestros tímpanos hasta en la más monótona de las circunstancias. Y es algo inevitable, puesto que el número de productos y ficciones al que nos vemos sometidos cada vez es mayor. Pero precisamente por este fenómeno, cuando hay una serie capaz de emocionarnos y hacernos sentir parte de su historia, recordamos lo maravilloso que puede llegar a ser el mundo de la narrativa y de la ficción. Pero quizás no sería esta la mejor comparativa para lo que nos atañe hoy…

Curb Your Enthusiasm no enternece ni conmueve. Lejos de ser una de las consideradas tear-jerker, la serie te pega y te maltrata, te hace chillar y maldecir como si fueras el loco de la casa sin pedirte permiso ni perdón. Curb Your Enthusiasm es una comedia incomoda a la par que revolucionaria, que te hace sentir como nunca, pero no las cosas que querrías…

El poder de lo incómodo

A lo largo de la historia, son muchas las reformulaciones que han sufrido los géneros con tal de mantenerse frescos y originales de cara al público, desde hibridaciones hasta las mismas puestas en escena. Pero lo que hizo Curb Your Enthusiasm, quizás fue, a priori, uno de los movimientos más arriesgados y contraproducentes que cabía concebir a finales de los 90. Gran parte de las comedias ya no de la época, sino de la historia, se sustentaban en crear un ambiente agradable para el espectador a través de sus entrañables personajes. Lo que hizo Larry David fue coger estas premisas y quitarlas completamente de su serie, haciendo de la incomodidad su columna vertebral y sustento de la mayor parte de su humor.

Pero esta apuesta salió bien, pues al estar las situaciones movidas por la improvisación y en un entorno de suma cotidianidad, la serie se convirtió en un fenómeno sincero y brutal, capaz de demostrar que a partir de la incomodidad más exacerbada y el realismo más obtuso, es posible hacer atractivo y adictivo algo que va en contra de la lógica del deleite y el relax. Un poderío más que sorprendente capaz de hacer reír hasta la saciedad o arañar las paredes hasta quedarse sin uñas.

Larry David: la caricatura de la sociedad

La mayor parte de las situaciones a la que nos expone la serie, derivan directamente de las experiencias de su creador Larry David, que interpretando a una versión exagerada y desagradable de si mismo, proyecta una mezcolanza autobiográfica y ficticia que alberga la justa medida de realismo y disparate. Un conjunto sólido que fomenta el desagrado y que se ve aderezado con el mismo personaje de Larry David. Si bien ya hemos comentado antes lo peligroso que es sustentar toda una serie en un sentimiento que la gente tiende a evitar como es la incomodidad, ¿cómo será el personaje encargado de llevar todo ese peso a sus espaldas? Larry es el protagonista inevitable de esta formulación: bocazas, metepatas, de clase alta, muchas veces increíblemente egoísta, corto de miras, con desprecio a la mayoría de los sin sentidos comúnmente aceptados que conforman nuestra sociedad y que no se detendrá ante nada por satisfacer sus minúsculos malestares, aunque eso suponga ponerse al mundo en contra.

Pero precisamente el que albergue todas estas cualidades, es lo que le hace un vehículo idóneo para mover el espasmódico argumento de la serie. Por muy misógino o racista que pueda parecer en determinados contextos, Larry David es la encarnación de los grandes dilemas de la sociedad actual. Con el pretexto de ser un bocazas tiquismiquis, la serie trata toda una serie de temas tabú y nos insta de manera sutil a una reflexión sobre toda una retahíla de elementos que pueblan nuestras costumbres, tanto a nivel social como personal, que nunca nos hemos parado mirar con el debido detenimiento.

Nihilismo trascendental, la camuflada muerte de la banalidad

Quizás uno de los elementos que más desapercibidos pasen de la serie, sea su misma estructura y funcionamiento. En un inicio, parece que no hay progresión alguna y que se organiza a a partir de toda una ristra de capítulos autoconclusivos sin progresiones ni arcos de personaje. Pero Curb Your Enthusiasm no funciona así. Lejos de limitarse a un formato de sketches sin conexión alguna, podríamos decir que Larry David patenta la continuidad discontinua, dándole una progresión a determinados acontecimientos no siempre de manera inmediata. La continuidad aquí es un arma narrativa más y no obedece a las normas clásicas, sino que muta y se amolda a cada situación, apareciendo solamente en determinadas circunstancias fortaleciendo momentos dramáticos y sorprendiendo al espectador.

Y es que si hay una regla que se cumple a raja tabla es la de acción/reacción, nunca hay nada gratuito, tanto a nivel del mismo capítulo como con el paso de las temporadas. Gran parte de los acontecimientos que se presentan en Curb Your Enthusiasm, podrían catalogarse como banales o intrascendentes, pero todo termina volviendo habiendo adquirido una nueva significación, que normalmente contribuye al despropósito y desgracia de Larry.

¿Por qué ver Curb Your Enthusiasm?

Con Curb Your Enthusiasm, Larry David creó un nuevo tipo de comedia. No pretendo desmerecer el fantástico trabajo que hizo con Seinfeld, pero todos los temas que allí se implantaron los terminó de ampliar y desarrollar con esta serie. En cierto modo es como una continuación. Y Curb Your Enthusiasm terminó creando escuela, impulsando la salida de toda una serie de productos considerados como estandartes de la comedia contemporánea como Louie o Master of None.

Pero, dejando méritos y galardones a parte, si por algo vale la pena ver la serie es porque es una de las caricaturas más hilarantes y reales que podemos encontrar de la sociedad. Si Larry David consiguió algo con esta serie es poner una lupa sobre el ser humano y su comportamiento, encarnando nuestros defectos más embarazosos y sacando a la luz nuestras facetas más tóxicas. Una serie que mostró una manera desagradable y desternillaste de hacer las cosas, que rompió con muchas convenciones de género y nos abrió una puerta a martillazos para poder vernos desde otro ángulo.

el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Estudio guión cinematográfico y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello. También doy la chapa en Twitter @PablodesdeMarte.

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