‘El Barrio de los deseos’ es una novela escrita por Paco Hernández y publicada por HarperCollins que vio la luz a finales del mes de octubre con una premisa llamativa. Una mezcla perfecta entre magia, cotidianeidad y personajes con un pasado y presente poderosos y emotivos.
Una obra que encuentra su lugar entre el drama contemporáneo y la fábula clásica. Un retrato de aquellos los barrios obreros de los años ochenta con seres humanos que tratan de reconstruirse tras una pérdida devastadora.
Carol ha sufrido una gran pérdida, y lleva el día a día como puede con la ayuda de sus amigos: María, Lucas, Félix y Luis, quienes también tienen sus propios problemas. Sin embargo, todo toma un giro inesperado cuando aparece en escena Juan, un amigo de la infancia de Carol que dejó el barrio hace veinte años y ha vuelto para montar un restaurante.
Ambos guardan en secreto algo que ocurrió una noche cuando tenían diez años, algo relacionado con La princesa y el Lucero del Alba, un cuento de hadas sobre una princesa que debe pedir un deseo mágico. Podría ser anecdótico si no fuera porque con la llegada de Juan a algunas personas del barrio se les han comenzado a conceder sus deseos más íntimos…
Dicen que existe un barrio,
más allá de las vías,
donde sus gentes han vuelto a soñar.
En el que escuchan atentamente
los anhelos de otras personas.
Ten cuidado, vigila lo que dices,
a quién abres tu corazón,
o tus deseos podrían hacerse realidad.
‘El barrio de los deseos’ tiene muchos aciertos, y quiero empezar por el que más me ha conquistado: la inclusión de un cuento infantil. Lo que podría parecer un mero adorno acaba siendo una pieza fundamental para entender la evolución de los personajes. Es una fábula que nos recuerda que, a menudo, nos obsesionamos tanto con la meta que olvidamos disfrutar del maravilloso viaje que nos lleva hasta ella.
Es un cuento con moraleja, como los que nos leían nuestros padres y abuelos; esas enseñanzas que también encontrábamos en muchas series animadas de los años 80 con las que me he criado. Es ese ejercicio de nostalgia (de la buena) lo que hace que esta novela tenga tanto corazón, que todas las piezas encajen y que su historia nos conquiste al cerrar la última página.
Paco utiliza la fábula a modo de juego, no solo para que la ‘historia real’ respire o para aportar ese toque infantil, sino para dar mayor peso a todo lo que ocurre más adelante en el barrio. ‘La montaña’ es el enemigo a batir, como lo son los traumas y los golpes que nos da la vida (porque nos los da a todos) y que nos hacen ser quienes somos.
La novela cuenta con una trinidad de personajes, a cuál más interesante y bien escrito, que nos enamoran desde el primer momento: Carol, Lucas y Juan. Tres personas marcadas por el dolor, la culpa y la pérdida que se reconstruyen de formas muy diferentes, y con las que es muy fácil empatizar conforme avanza la trama.
Al escribir personajes es fácil caer en arquetipos: el que se levanta tras un golpe, el villano o el gigante amable. Podríamos pensar que esta obra camina por esa senda trillada, pero pronto la abandona para que los protagonistas sean algo más que un cúmulo de traumas que desembocan en un optimismo fácil. El dolor es palpable, la sombra de la culpabilidad es evidente y el camino de redención se siente orgánico.

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He mentido un poco al mencionar solo a tres protagonistas, ya que hay un cuarto igual de importante: el barrio. El barrio del Maquinista es un personaje en sí mismo, no solo por lo que sucede en él, sino por ser ese reducto de vecindad que nos traslada a una infancia que los que crecimos en los 80 echamos de menos. La novela recupera esos lazos afectivos y el sentimiento de pertenencia que existía entre los vecinos hace más de cuatro décadas.
La prosa de Hernández es directa y está cargada de una sensibilidad que nunca llega a ser empalagosa. Su mayor logro es hibridar el realismo de personajes cotidianos con el aire sobrenatural de los «milagros» del barrio, mostrando cómo el ser humano necesita creer en la magia para hacer su vida más llevadera.
La metáfora final de los globos aerostáticos es visualmente potente (se nota que Paco se ha formado entre obras de gran fuerza visual como los cómics) y resume una idea sencilla: a veces, para solucionar un problema que parece irresoluble, solo necesitamos alejarnos y cambiar la perspectiva para ver el dibujo completo de nuestra vida.
Conclusión
‘El barrio de los deseos’ es una lectura tierna que se atreve a tocar temas oscuros, como la muerte y la culpa, sin apartar la vista de esa luz que siempre hay al final del túnel. Es una lectura que acaricia el corazón y humedece los ojos. En definitiva, Paco Hernández ha escrito una carta de amor a la bondad. Una obra que nos recuerda (como dijo Michael Jackson en Man in the Mirror) que para cambiar el mundo hay que empezar por uno mismo.
Tenéis ‘El barrio de los deseos’ en cualquier librería, en formato Kindle en Amazon y en audiolibro en Audible. No hay excusa (ni mejor época del año) para hacerse con esta obra tan interesante, tierna y emotiva.
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Un saludo y sed felices.




