“Joe Shuster, una historia a la sombra de Superman”, de Julian Voloj y Thomas Campi. La triste y terrible historia de los creadores de Superman.

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Hoy hablaremos del cómic de Julian Voloj y Thomas Campi que nos trae la editorial Dibbuks: “Joe Shuster, una historia a la sombra de Superman”.  Como es esperable, trata de los creadores del primero de los superhéroes, Superman, de sus inicios como creadores, de las circunstancias de la creación de un personaje que cambiaría absolutamente su medio, hasta el punto de ser durante décadas el género dominante en éste. Como comenté en el grupo del blog, es un cómic tan bueno como triste. Es una de esas historias que es mejor que te lleguen cuando estés bien de ánimo.

El cómic nos trae la historia como una ensoñación, con esos colores amables y esa regularidad en composición de las viñetas. Los inicios son tranquilos, inocentes, parecen sacados de la infancia idealizada. Los inicios de los creadores de Superman son simpáticos, con humor blanco y nos llenan, como a los protagonistas, de esperanza. Todo ello acompañado con un trabajo de documentación fantástico que puede consultarse en la parte final del tomo. La inspiración para Lois Lane, la muy sorprendente historia de lo que iba a ser al principio Superman y no fue, las otras tentativas relativas a la ciencia-ficción de los propios autores, la diferencia de formas de ser de ambos, el momento mágico y legendarios en que ocurren las ideas para crear al personaje: todo está ahí, contado de manera simple, sencilla y eficaz.

Como era normal, la historia se cuenta desde el punto de vista de los autores, y se toma parte por ellos. Todo el ambiente de la época en la industria está fantásticamente reflejado, con todo su amateurismo y gente llena de ilusión mandando dibujos e historias a la enorme variedad de revistas de ciencia-ficción de los años 30. Todo esa cantidad de gente queriendo contar mil historias esconde una de las terribles realidades que son el centro de la historia del cómic: una industria inexistente que se levantó sobre otras poco glamurosas, con personajes dirigiendolas que salían de las partes más sórdidas de la sociedad estadounidense.

El éxito totalmente inesperado y rotundo de Superman lo cambió todo para siempre. El cómic encontró su género propio, uno que no existía en el cine, la literatura o la música: los superhéroes. Hubo una auténtica histeria colectiva entre los niños de la época por tener cómics de Superman, y los que compraron sus derechos empezaron a nadar en dólares. No fue así con los autores de la idea, que, como mencionan con tristeza, seguían viviendo en casa de sus padres mientras fuera se desataba la locura. El tema de los derechos del autor, de hasta donde debe participar éste en el éxito y beneficios del personaje creado en una editorial no es algo que fuera demasiado conocido hasta prácticamente hace dos días.

Hay que decir que el maltrato que puede observarse en el cómic hacia los creadores del primero de los superhéroes fue muy real, y en este caso está, como dijimos antes, muy bien documentado. Las contínuas iniciativas de los autores por no tener que malvivir e intentar negociar con los dueños legales del personaje son tan creíbles como tristes. Con toda la ingenuidad del mundo intentaban sacar lo que desde luego no iban a hacerlo desde un inicio. El caso fue especialmente sangrante, pero casos como el de Kirby (creador del mismísimo Capitán América) también dejan a las claras que las casas editoriales durante muchísimo tiempo tuvieron una mentalidad esclavista respecto a sus artistas. Y hablamos, claro, de autores de primerísimo nivel, creadores de mitos. Algún día sería bueno conocer en profundidad el trato a los que eran simplemente buenos sin alcanzar ese nivel.

Al final estas situaciones le ponen a uno entre la espada y la pared. De la ensoñación de los inicios pasamos a la dura caída, a malvivir a pesar de haber generado un género exitosísimo en el medio. Los colores se apagan. La impotencia llega. Se muestra a las claras que cuando las decisiones tienen la necesidad detrás se toman mal, no se hace precisamente lo más racional a largo plazo. Pero hay que comer, y eso lleva a discusiones, a peleas, a distanciamientos personales. A hacer cosas tristes para sobrevivir, a bajar el listón. El cómic continúa cuesta abajo acompañando a los autores en su impotencia ante la industria y a lo que es peor: la soledad. Es posible enfrentarse a cosas terribles acompañado pero hay pocas peores que estar y sentirse solo frente a algo malo. Y aquí se está solo. Leyendo el cómic te sientes solo. Es mérito de los dos autores hacer que te pongas en la piel de los dos protagonistas de ese modo. Quizás ayuda haber leído superhéroes, por más que a estas alturas de la historia los que han leído los cómics de Superman de los años 30 sean dos y el del tambor.

Eran cómic para niños, para niños de los años 30. Los intentos de leer casi cualquier cómic de superhéroes de la época llevan a la desesperación y el extrañamiento. Hay varios universos culturales de por medio y el paso de las décadas en el cómic hace difícil su lectura a las nuevas generaciones. ¿Es posible que al cine le pase lo mismo? Desde luego no a la literatura, y si pasa no es en el mismo grado. De todos modos, hay que ver aquellos cómics como el inicio mitológico del género. Y es desolador ver al mito tan tirado por los suelos.

Por que por los suelos acaba uno de los protagonistas, uno de los creadores de Superman. La historia de su salvación tras décadas de lucha llega gracias a Neal Adams y su conocimiento de la situación terrible de los autores (aunque previamente le intentara ayudar Stan Lee dándole trabajo, cosa que no resultó al estar claramente desfasado). Los aficionados de la época y la cercanía de la mitológica película de 1978 consiguieron poner fin a décadas de miseria para los creadores. Miseria que sufriremos con ellos, que viviremos con ellos, de una manera seca, directa pero sin regodearse. Hay que agradecer al cómic su sutilidad al hacernos llegar según qué cosas, con la única excepción de la aparición de Bob Kane, uno de los creadores de Batman, que aparece retratado en el cómic exactamente como se merece.

Es un cómic que recrea la furiosa y maravillosa década de los 30, que retrata muy bien el ambiente editorial y que es honesto en cuanto a la pelea y los mil intentos diferentes a lo largo de las épocas para tener algo de reconocimiento de los autores. Es muy aleccionador y muy triste a la vez. Los creadores del personaje que encarnaba los valores del pueblo estadounidense luchando toda su vida contra el mismo sistema para, al menos, poder comer de lo creado. Es un imprescindible para todo el mundo por el eco del personaje en la cultura, pero aún más si en algún momento de tu vida te han gustado los superhéroes. Sus creadores parieron los superhéroes con dolor y muchas veces en el olvido, que nadie lo pase nunca por alto.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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