InicioCineCrítica de La bola negra (2026), la magistral epopeya romántica de Los...

Crítica de La bola negra (2026), la magistral epopeya romántica de Los Javis.

Miedo me dan las expectativas. Generalmente, me fío poco de las películas que reciben la unanimidad crítica, por lo que me sumergí en La bola negra con prudencia. No me fiaba de la aclamación generalizada, aunque sí del éxito en Cannes (premio a mejor dirección), San Sebastián (menos meritorio, que es cine patrio), Sidney y Toronto.

Y he decir que toda alabanza es poca. La bola negra es un éxito rotundo de Javier Calvo y Javier Ambrossi, conocidos como los Javis. Una película más grande que la vida que supone un punto de inflexión en su carrera y que será recordada como un hito del cine español. A la altura de Bienvenido Mr. Marshall, Viridiana, El espíritu de la colmena o Hable con ella.

La bola negra no es una biografía del poeta Federico García Lorca ni este es un personaje principal de la película como se ha comentado en algunas páginas especializadas. Su figura y, sobre todo, su obra funciona como el molde en el que se desarrollan tres historias bien diferenciadas que acaban encontrando su conexión narrativa de forma magistral. Esta es una película en la que es imprescindible no conocer detalles de su argumento para un primer visionado pleno.

La película narra tres historias situadas en periodos distintos.

La primera sitúa al joven Carlos (Milo Quifes) que, en 1932, intenta formar parte del Casino de Granada pero el consejo, compuesto por las elites de la ciudad, se niega a admitirle porque se dice que es homosexual.

La segunda avanza pocos años después, a 1937, donde un soldado nacional (Guitarricadelafuente) debe custodiar a un prisionero republicano herido (Miguel Bernardeau) a la espera de interrogatorio y juicio.

La tercera ocurre en 2017, donde un historiador (Carlos González) descubre que su abuelo, al que nunca conoció, ha fallecido recientemente y le ha dejado algo en herencia.

2

Narrativamente, Los Javis esgrimen una historia calculada para atraparnos y, finalmente, emocionarnos profundamente.

Nuestro análisis de Paquita Salas, la primera serie de televisión de los Javis.

En su primera parte, al alternar indistintamente y de forma fluida entre las tres historias, existe un riesgo de que al espectador le cueste entrar en la propuesta de La bola negra.

Nada más lejos de la realidad, porque la historia situada en la actualidad no deja de ser un misterio familiar, dado que el abuelo del protagonista abandonó a la madre de este sin dar explicaciones y desconocemos por qué un hombre que apenas ha conocido a su hija y que no tenía noticias de su nieto podría dejar algo en herencia a ambos.

En cuanto a la historia situada en la Guerra Civil, se establece una relación entre captor y prisionero que remite a grandes dramas románticos como El paciente inglés. Esta relación está narrada sin estridencias ni exageraciones, de forma sutil y contenida gracias a las grandes interpretaciones tanto de Miguel Bernardeau como, sobre todo, Guitarricadelafuente en su primer papel protagonista. No tengo ninguna duda de que ganará el Goya a mejor actor revelación.

La historia situada en Granada supone una mención aparte. A diferencia del realismo de las otras vías narrativas, el viaje de Carlos parece una ensoñación en la que se contrasta la paz del hogar familiar con el rimbombante casino y un consejo que parece más un pelotón de fusilamiento. Incluso tenemos un plano secuencia en un tablao flamenco que es pura danza abstracta y tribal. La trama nos traslada a una Granada preguerra Civil que desconozco si existió realmente, pero que tenía un embrujo capaz de liberar cualquier instinto prohibido. Por mucho que, en aquel entonces, tuviera que estar reprimido.

La fascinación por cada una de las historias conduce a un giro narrativo en el que se explica la relación entre las tres. El cómo lo ocurrido en el pasado sigue teniendo, por mucho que no queramos, ecos en el presente. El conocer de antemano el destino de alguno de los personajes de La bola negra emociona profundamente ante un clímax que es puro corazón.

Esta no es una película histórica, aunque esté basada en acontecimientos y personajes que existieron realmente. Y estos se emplean para tejer una historia que homenajea a todos aquellos que se negaron a ser ellos mismos porque no podían querer a quién deseaban. Y nos habla de lo devastador de la guerra y del entender los motivos del otro cómo principal camino para el perdón. Es una película profundamente humanista que, por encima de reivindicaciones, habla del querer y del vivir. Uno sale de la película con ganas de apostar por lo que nos une en lugar de lo que nos separa.

3

A lo emocional de la historia se le une el impacto de las imágenes. Rodada en 35 mm, las tramas situadas en los años 30 están rodadas en un formato casi documental. Y cada fotograma merece por sí sola el detenerse un minuto y contemplarla como si fuera un cuadro.

Por si sus virtudes narrativas y estéticas no fueran pocas, la película se beneficia de las contenidas interpretaciones de su reparto masculino, a las que se suman los terremotos Penélope Cruz, en un cameo alargado como cantante de vodevil, y una brutal Lola Dueñas que se merece todos los premios habidos y por haber con solo dos apariciones. En cuanto a Glenn Close, su papel es más discursivo pero fundamental para la historia.

Al contrario de lo que se pueda pensar, no es una película que haga sangre sobre lo ocurrido en La guerra civil (de hecho, hay críticas que la acusan precisamente de eso). Esta no es una película política, sino un drama romántico situado en un contexto en el que incluso el amor puede estar por encima del asesinato entre compatriotas.

En definitiva, La bola negra es una obra maestra del cine español que emplea uno de sus leitmotivs más conocidos, la Guerra Civil, para tejer una historia que aboga por el entendimiento como único camino posible hacia la reconciliación y, sobre todo, por la necesidad de rescatar aquellas historias de amor que no tuvieron su lugar por una sociedad retrógrada y encorsetada. Todo ello narrado como si fuera una celebración de la pasión sin fisuras y el costumbrismo lorquiano. 

¡Un saludo y sed felices!

¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Comecocos. Intento aprender como si viviera para siempre y vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.
ARTICULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimos artículos

Comentarios recientes

Miedo me dan las expectativas. Generalmente, me fío poco de las películas que reciben la unanimidad crítica, por lo que me sumergí en La bola negra con prudencia. No me fiaba de la aclamación generalizada, aunque sí del éxito en Cannes (premio a mejor...Crítica de La bola negra (2026), la magistral epopeya romántica de Los Javis.