El carnaval de las almas fue una película que no obtuvo en su estreno el reconocimiento que quizás merecería, pero que en pasadas décadas ha sido reivindicada como la precursora de películas de zombies como La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero, entre otras que también mostraron su influencia.
Qué nos cuenta El carnaval de las almas
Tras sobrevivir milagrosamente a un accidente automovilístico en que su vehículo cae al río, Mary Henry (Candice Hilligoss), decide cambiar su vida y se traslada a Salt Lake City para trabajar como organista. A partir de ese momento, la narrativa abandona cualquier atisbo de realismo. Cuando llega a su nuevo destino pareciera como que unas representaciones fantasmagóricas la persiguieran y todo lo que la rodea careciese de importancia ante la inminente obsesión por la figura de un edificio abandonado: el pabellón Saltair.
Qué la hace especial y recomendable
El carnaval de las almas (1962) es de ese tipo de películas de escaso presupuesto que han obtenido su reconocimiento décadas después de su estreno. Costó unos 30.000 dólares y se rodó con técnicas de guerrilla, tipo de rodaje que incluye aspectos como el «Grab and run» (graba y corre), el recurso de cámara en mano, el uso de la luz natural, el pago de pequeños sobornos o el doblaje total en postproducción.
El graba y corre consistía en llegar a una localización (las calles de Salt Lake City o la estación de autobuses), plantar la cámara portátil, grabar la escena en un máximo de una o dos tomas y huir antes de que la policía llegara. En cuanto al uso de la luz natural o de farolas, era obligatorio porque no podían por presupuesto usar grandes focos o desplegar camiones de producción.
Los pequeños sobornos, por su parte, no consistían tanto en ofrecer dinero a las autoridades, sino a los trabajadores y empleados para que mirasen hacia otro lado (la escena de la tienda donde Mary se prueba el vestido es un ejemplo). Y el otro aspecto común en este tipo de películas era el doblaje completo en postproducción, dado que el ruido que se colaba en las escenas grabadas era enorme y no tenían, por ejemplo, permisos para parar el tráfico, lo cual hacía que el audio directo quedase dañado.
Por eso, filmaron casi todo en silencio y los propios actores tuvieron que redoblar sus diálogos semanas después en un estudio de sonido.

Actuaciones, dirección, fotografía e influencias en el cine de fantasia y terror
Si una cosa tenemos que destacar positivamente y que para nosotros es el núcleo de la película, es la actuación de Candice Hilligoss como Mary. Evidentemente que tiene parte de culpa en su buen hacer la dirección de Herk Harvey, el cual aprovecha muy bien la mirada expresiva de la actriz para construir un terror más visual que otra cosa. Y la estética asombrosa que Harvey utiliza para construir una atmósfera opresiva da otro de los puntos en positivo.
Utiliza muy bien su experiencia en rodar documentales para darle a las localizaciones una pátina de realidad y de aspecto sucio, muy acorde con lo que Harvey entiende que debe mostrar en esos lugares. La fotografía en blanco y negro es de aspecto granulado y llena de situaciones expresionistas, siendo su mayor efecto el convertir espacios abiertos como las carreteras americanas o las habitaciones de alquiler en situaciones donde parecen lugares de aislamiento absoluto.
Destacamos también la banda sonora compuesta por Gene Moore, siendo el principal instrumento utilizado el órgano de misa que, con la ayuda de las melodías, nos muestra el estado mental de nuestra protagonista. Pasa de composiciones solemnes de tono más bien rígido a otras disonantes, estridentes y que alteran la percepción del espectador eliminando cualquier atisbo de tranquilidad.
La dirección de Harvey también nos regala escenas en las que juega con la percepción del sonido y el tiempo. Como ejemplo, podemos nombrar el momento en que Mary camina por la ciudad y se hace el silencio más absoluto, haciéndonos así sentir que nadie puede verla ni escucharla. Un gran trabajo cinematográfico que nos muestra la alienación y despersonalización que sufre el personaje, pues la muerte social, que precede a la física, es la forma en que Harvey nos revela el secreto que guarda casi desde el inicio del filme.

El legado de El carnaval de las almas
Es imposible no ver en El carnaval de las almas elementos utilizados a posteriori por otros directores de renombre. La estética de esos «muertos que parecen vivos» que Harvey nos muestra aquí fueron referenciados por el propio George A. Romero a la hora de presentar su maravillosa La noche de los muertos vivientes (1966), uno de los primeros iconos del cine zombie. También esa ambientación tan surrealista (dinámica entre pesadilla y realidad mundana) tiene su eco en gente como David Lynch, el cual perfeccionaría ese estilo en películas como Erasehead (1977) o Mullholland Drive (2001, aquí retro-análisis).
Estamos ante el triunfo de la imaginación por encima del presupuesto, una cinta que nos dijo que podía transmitir miedo por encima de los sustos fáciles o los efectos especiales y a la vez tratar temas profundos como la soledad, la alienación, o la despersonalización del individuo. Estamos ante la precursora de otras producciones que hoy en día son género de culto, pudiendo ser ella en sí misma cualificada de la misma manera.
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