La ganadora del Festival de Cine de Toronto, La vida de Chuck, llega a los cines.
La película del director Mike Flanagan nos muestra a Chuck, un hombre corriente de 39 años que, sin embargo, parece ser el centro del universo. A través de la historia de su vida, conocemos un relato conmovedor sobre las pasiones, los sueños y nuestro lugar en el mundo.
La vida de Chuck nace como una adaptación de la novela corta de Stephen King If It Bleeds, contándonos en orden inverso la vida de Chuck Grantz, un simple contable que aparentemente no tiene relación con nadie y que, aun así, parece ser la única persona importante del universo, hasta el punto de que todos los demás lo conocen y se preguntan por qué resulta tan esencial.
Lo que funciona
En primer lugar, el concepto de la película es bastante interesante. Durante el primer acto ni siquiera llegamos a conocer a Chuck (Tom Hiddleston); vemos lo que sucede a través de los ojos de otros personajes, que se encuentran tan confundidos como los propios espectadores, ya que no se sabe hacia dónde puede ir la historia. Esto genera una duda genuina en el público sobre lo que está ocurriendo y el rumbo de la trama.
La estructura de la cinta potencia esa incertidumbre, pues está narrada en orden inverso. Primero nos situamos en los últimos meses de vida de Chuck, para acabar conociendo su infancia. La propia película está dividida en actos, lo que refuerza ese concepto y atrapa al espectador: el inicio es muy ambiguo, muchas cosas quedan en el aire y eso crea una atmósfera muy poderosa.
La atmósfera es, precisamente, otro de los grandes aciertos. Desde el primer momento se percibe una sensación de melancolía y tristeza que hace crecer el mensaje de la película. Entre esa confusión y melancolía inicial, la historia logra que al espectador le importen los personajes y su destino, y aunque ya se sepa cuál es, aún así interesa descubrir su pasado.

Las actuaciones
Tom Hiddleston, pese a haber sido presentado en la promoción como el protagonista, no aparece demasiado tiempo en pantalla. Conocemos a Chuck, sí, pero sobre todo su niñez. Aun con su breve presencia, Hiddleston ofrece una actuación excelente: tiene momentos muy emotivos en los que su personaje se abre por completo y el actor lo transmite de maravilla, logrando emocionar incluso en poco tiempo. Uno de los mejores momentos de la cinta es una escena de baile con una coreografía impecable: divertida, simbólica y perfectamente ejecutada.
Otro actor que sorprende gratamente es Chiwetel Ejiofor. Él protagoniza el primer acto y aparece brevemente en el tercero, pero su actuación resulta fundamental. Interpreta al personaje que encarna la confusión del mundo, alguien que intenta comprender lo que está pasando y qué relación tiene Chuck con su realidad. Además, protagoniza algunos de los pasajes más conmovedores de la película, especialmente cuando aborda el tema del amor. Ejiofor brilla en esos momentos y, pese a ser un personaje secundario, consigue dejar una lección poderosa en los espectadores.

Lo que no funciona
El guion es, sin duda, el punto más débil. Aunque en el primer acto consigue generar intriga sobre lo que ocurre en el mundo, pronto se derrumba debido a un exceso de explicaciones. Los diálogos se vuelven demasiado expositivos y artificiales: los personajes verbalizan sus dudas de forma poco natural, lo que hace que los elementos ambiguos del inicio se evaporen demasiado rápido.
Esto perjudica gravemente a la película. La atmósfera de confusión inicial se construye bien, pero su resolución es floja. En los momentos en los que se debería mantener el misterio, la cinta se rompe explicando demasiado. Lo mismo ocurre con el mensaje: hacia el final, una voz en off del protagonista lo expone de forma directa. La escena anterior está muy bien construida, pero esa narración en off arruina parte de la fuerza, ya que transmite la idea de manera torpe y poco sutil.
La película da la sensación de estar preparando en todo momento una gran resolución. Plantea temas complejos como la felicidad, el propósito de la vida o nuestro lugar en el universo. Sin embargo, todo se alarga tanto que la conclusión, reducida a un simple diálogo, resulta anticlimática.

El mensaje de la película
El mensaje en sí es conmovedor y emotivo, y consigue que el espectador salga feliz de la sala. A grandes rasgos, la película habla de disfrutar de la vida y de cómo nuestra propia existencia es el centro de nuestro universo. No sabemos lo que hay antes ni lo que habrá después: nuestra vida es lo que hemos vivido, sentido y compartido, y eso está lleno de emociones valiosas. Es, sin duda, un gran mensaje.
Pero la ejecución lo debilita. A nadie le gusta que le “tiren la información a la cara”, y la película cae en ese error. Todo el mensaje recae en un único diálogo, que ni siquiera llega en un momento verdaderamente impactante, sino como un pensamiento interno del protagonista. Esto deja la sensación de que todo lo anterior pierde valor y que lo único importante es esa última reflexión, lo que genera cierta insatisfacción.

En conclusión, La vida de Chuck es una película que tiene un concepto brillante y un mensaje emotivo y esperanzador, pero que falla en ejecución y en su guion, haciendo que la cinta se quede en una más por estos motivos.
Pueden encontrar el trailer de esta cinta en:
–Tráiler de La Vida de Chuck (2025), adaptación de Stephen King que llega a los cines de la mano de Mike Flanagan




No se como el mojón de Superman puede ser mejor que esta pelicula y que Una Batalla tras otra, la verdad, no entiendo nada de nada.