El quinto episodio de ‘Lanterns’ me ha dejado muy descolocado teniendo en cuenta que ficción de HBO contará con 8 capítulos. Al terminar de verlo se me ha quedado la sensación de que tiene la contundencia de un auténtico final de temporada. Lo que se ha ido cociendo durante las cuatro primeras semanas se coció a fuego lento, aquí explota en la batalla por Rushville y por acabar con el Manhunter. La trama ya no se guarda nada y pone toda la carne en el asador antes de tiempo. ¿Y ahora qué?
Y no exagero cuando digo que, si este fuese el final de temporada, tendría algunos flecos, pero funcionaría para dejarnos con ganas de una segunda.

Este episodio es pura acción, todo se ha destapado, ya no hay necesidad de ir con un bisturí, aquí hay que sacar la artillería pesada y todos los hacen. Macon se lleva preparando para este momento durante mucho tiempo y su ejercito privado también.
Aunque es cierto que vamos a ver más de los poderes de los Green Lanterns y de la tecnología de los Manhunters, la serie es comedida y vamos a ver enfrentamientos con armas de fuego como eje principal del conflicto. Todo se acaba convirtiendo en una auténtica olla a presión donde los personajes ya no tienen margen de maniobra.
Sin embargo, para mí, el gran triunfo de este episodio radica en como pone punto y final a una gran construcción de personajes. La serie se niega a retratar a John Stewart como la encarnación del bien supremo o a Hal Jordan como el arquetipo intachable del héroe veterano. Ambos personajes son presentados con una crudeza moral muy atractiva, atrapados en una espiral donde el fin justifica los medios. A lo largo de la trama, los dos han tomado decisiones éticamente reprobables, han jugado sucio y han cruzado líneas rojas casi imperdonables con tal de salirse con la suya o conservar el control de un arma que se siente más como una maldición adictiva que como un don cósmico.

Esa escala de grises le da una fuerza demoledora a la ‘caída’ de Hal Jordan. Su destino no se siente forzado, sino como un desenlace que se ha ganado a pulso desde el minuto uno. El Hal que vemos aquí está consumido por el peso de los años y el desgaste psicológico; un veterano arrinconado que, por miedo a perder su única razón de ser, se vuelve un personaje gris y que puede recordar su etapa como Parallax. La pérdida del anillo no es solo un revés, sino una consecuencia de haberse empujado más allá del punto de no retorno.
En el otro extremo, la relación de John Stewart con los Guardianes y su propia ambición terminan de redondear este choque de trenes. Lejos del novato inocente o del boy scout incuestionable del comienzo, John demuestra una frialdad y un pragmatismo casi despiadados cuando se ve entre la espada y la pared. No duda en firmar alianzas incómodas para sobrevivir. Verlo operar en esa delgada línea entre el deber y la supervivencia personal le otorga una tridimensionalidad enorme.

Habiendo dinamitado el tablero tan pronto la trama del manhunter, la gran incógnita es qué va a pasar en los tres episodios restantes. Quemar los barcos en el quinto capítulo es una maniobra arriesgada que cambia las reglas del juego: si esto ha parecido una traca final, el último tercio de temporada no puede permitirse un bajón de intensidad, lo que obliga a la serie a reinventar su propia premisa. Es cierto que tendremos, quizás, la investigación de la muerte de Hal Jordan presentada al final del primer capítulo.
Se ha confirmado la presencia de John Stewart en ‘man of Tomorrow’ así que supongo que acabaremos sabiendo como acaba poseyendo el anillo que ha rechazado. Son muchas dudas para tres capítulos y muchas respuestas que dar.
‘Lanterns’ nos ha dejado en tierra de nadie: sin héroes intachables a los que aferrarnos, con el maestro caído en desgracia y el alumno desencantado rechazando su destino. Lejos de cerrar la historia, este falso final parece ser el prólogo de una deconstrucción total donde lo que queda no es salvar el mundo, sino ver quién sobrevive a las consecuencias de sus propios pecados.
Aquí os dejo el tráiler de ‘Lanterns’ de HBO:
Un saludo y sed felices.



