A partir del día de la fecha y vencidos los derechos originales, Mickey Mouse, el más célebre y emblemático personaje creado por Disney, pertenece al dominio público. ¿Significa ello que cualquiera puede hacer con el personaje lo que le plazca y usufructuarlo a conveniencia? No es tan así y aquí te lo explicamos…
Cuando se piensa en Disney, es inevitable pensar en Mickey Mouse. Es sin duda el personaje junto al cual todos quieren fotografiarse y además emblema indiscutido de la compañía. Sin embargo, algo cambia a partir de hoy, pues se vencen los derechos y el personaje pasa a dominio público. Considerando que 2023 no fue un gran año para Disney (varios fracasos de crítica y público), podría a priori pensarse que ello significa un nuevo mazazo para la compañía. ¿Pero puede realmente a partir de hoy hacerse cualquier cosa con Mickey Mouse? No exactamente…
Comencemos por aclarar que el personaje, según se acepta popularmente, nació en 1928 con El Botero Willie (Steamboat Willie, también conocido en español como El Barco de Vapor Willie, que es una traducción más fiel), corto estrenado en noviembre de ese año en el que se le veía alegremente al timón de una embarcación y que es considerado pionero por ser de los primeros (no el primero) en incluir música sincronizada.

La presencia del ratón en dicho corto venía a cuento de la necesidad de reemplazar de emergencia y a último momento a Oswald, el Conejo Afortunado, personaje también creado por Walt Disney que gozaba ya de una serie exitosa, pero cuyos derechos, en un duro golpe, acababan de perderse en pleito legal contra el productor Charles B. Mintz. Ello obligaba a crear un sustituto y se dice que Walt ideó a Mickey Mouse durante un viaje en tren, pudiendo además reconocerse en el personaje, lleno de redondeces, reminiscencias del que habían perdido.
Pero El Botero Willie, contrariamente a lo que suele creerse, no es la primera aparición del célebre ratón en pantalla, que ya había tenido otras dos ese mismo año. La primera fue en Plane Crazy, corto mudo que se inspiraba en la reciente hazaña del cruce del Atlántico por Charles Lindbergh, pero que terminó por no ser estrenado ese año para hacerlo recién al siguiente y ya con banda sonora, lo cual crea la errónea idea de que es posterior.

La otra aparición del ratoncito había sido en The Gallopin’ Gaucho (El Gaucho Galopante), pero fue un corto que pasó sin pena ni gloria, aunque proporciona un dato curioso: la primera aparición de Mickey en una sala cinematográfica lo ubica en la pampa argentina…
Es a partir del éxito de El Botero Willie que el personaje se hace reconocible para el público aunque, si hacemos memoria, el aspecto del ratón en dicho corto es bastante diferente al que le conocemos hoy: más “tosco” si se quiere, sin guantes, con hocico más pronunciado y una larga cola.
Y no solo difiere en aspecto físico, sino también en personalidad, que no cuadra con la imagen de ternura e inocencia que le caracterizará luego: es bastante más malévolo y, de hecho, le vemos torturando a animales para hacer música. Por cierto y ya que ahora es de dominio público, marche el corto…
La versión gráfica que más conocemos de Mickey Mouse no es esa, sino la que se impondría en los años siguientes y muy especialmente a partir del filme Fantasía, de 1940, donde aparece haciendo de El Aprendiz de Brujo como producto de la insistencia de Walt en incluirlo aun cuando ya para ese entonces pareciera ser un personaje en decadencia y los ejecutivos prefirieran al mago Merlín. Sin dudas, la imagen de Mickey en esa película es la que después se impuso y sobrevive hasta nuestros días.

¿A qué vamos con toda esta genealogía y que tiene que ver con la cuestión del dominio público que desde hoy rige sobre el personaje? Pues bien: habiendo tantas versiones del ratón, la que hoy deja de ser patrimonio exclusivo de Disney no es la que más fácilmente reconocemos, sino la de 1928. Significa que en caso de que alguien quiera utilizar su imagen, debe ceñirse estrictamente al aspecto que tenía entonces y representarlo incluso en blanco y negro, así como sin voz, la cual, recordemos, sería después hecha por el propio Walt durante veinte años.
¿Y por qué pasa hoy a dominio público? Pues comencemos por aclarar que la legislación estadounidense protegía originalmente los derechos de autor por catorce años y permitía su renovación por otros tres períodos, lo cual llevaba la cuenta a cincuenta y seis. Los derechos del ratón, entonces, prescribían a mediados de los ochenta, pero ya Disney se había protegido y presionado para obtener que el Congreso extendiera la propiedad sobre cualquier creación artística hasta setenta y cinco años, permitiéndole ello retenerlos hasta mediados de los noventa.
Pero no sería la última batalla legal ganada por Disney ya que, antes de expirar ese plazo, llegaría en 1998 la que suele conocerse como Ley de Sonny Bono (por haber sido el cantante y actor su principal promotor) o, con menos sutileza, Ley de Protección de Mickey Mouse o, simplemente, Ley Mickey Mouse o Ley Disney: la misma estiraba los derechos a noventa y cinco años y ello es lo que hace que expiren hoy día.
Hay que decir, no obstante, que en aquel momento no solo Disney se benefició de ese cambio, sino también varias obras de Virginia Woolf, la película Metrópolis de Fritz Lang o el relato La Llamada de Cthulhu, de H. P. Lovecraft, títulos que en algunos casos pasaron hace poco a dominio público y en otros lo hacen también a partir de hoy.
En lo primero que podría pensarse al expirar los derechos es en el posible uso de Mickey Mouse para fines poco santos que poco y nada tengan que ver con el público infantil. Ya se vio ello con una versión en terror de Winnie the Pooh que, inclusive, tiene secuela proyectada con la inclusión de Tigger, cuyos derechos no tenían aún disponibles al momento de la primera entrega.
Pero hay dos grandes diferencias: en primer lugar, que el célebre y tierno oso no es un personaje original de Disney, sino que fue creado por el escritor A. A. Milne y ello, ya de por sí, daba a la compañía una menor injerencia sobre el mismo. En segundo lugar, Mickey Mouse es mucho más que un personaje, pues hoy es también emblema y logo de una marca, lo que pone límites legales para cualquiera que pretenda engañosamente promocionar un producto como si fuera de Disney.
Todo ello hace que si bien el personaje pase a dominio público, el margen de acción para quienes desde hoy pretendan usarlo es bastante acotado, ya que deben ceñirse al diseño original, en blanco y negro, sin voz y no pudiendo utilizarlo como logo o marca engañosa.
Por cierto: no solo Mickey pasa hoy a dominio público, sino también su inseparable compañera Minnie pero, una vez más, su aspecto era aún en aquel corto también bastante diferente, así que la imagen de la ratoncita que se ha hecho icónica en tanto producto para niñas tampoco corre de momento peligro. Disney, en definitiva, puede respirar por algunos años más y los jueces, seguramente, tendrán mucho trabajo a partir de hoy al momento de discernir si los productos que vengan estarán o no infringiendo las normas.
Muy feliz año nuevo, hasta la próxima y sean felices…




