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Mis dos vidas: insulsa película romántica de Netflix

Mis dos vidas es una de esas películas que dan mala fama a un género (el romántico) con exponentes tan intachables como El apartamento, Deseando amar o Annie Hall. Cuando la gente sostiene injustamente que las películas románticas son aburridas, insípidas o excesivamente edulcoradas, piensa en cintas como Mis dos vidas. Este largometraje de Netflix, protagonizado por Lili Reinhart (Riverdale) y dirigido por Wanuri Kahiu, se estrenó la semana pasada y es de los contenidos más vistos de la plataforma.

Un momento que lo cambia todo

Natalie es una estudiante universitaria a punto de graduarse y que desea dedicarse a la animación. Una noche, mantiene relaciones con un compañero, y poco después se hará un test de embarazo. En ese momento, la película se divide en dos secciones: en una de las realidades paralelas que surgirán de este momento, Natalie ha quedado embarazada. En la otra, se trata de un mero susto.

La película seguirá los pasos de sus dos protagonistas. Una de ellas cumplirá su sueño de mudarse a Los Angeles y encontrar una carrera en el mundo de la animación, mientras que la otra permanecerá en su Texas natal para hacerse cargo de su bebé. Ambas tendrán que hacer frente a los retos que les presenta la vida en el ámbito laboral y sentimental.

Natalie en el multiverso de la locura

Las realidades paralelas han venido para quedarse en el mundo del cine y la ficción de masas: aparte de los consabidos multiversos de Marvel o DC y de cintas de temática fantástica como Todo a la vez en todas partes o series como Rick y Morty, incluso las películas de este género recurren ya a los universos alternativos. A las productoras les será muy útil para poder cambiar el rostro a sus personajes cuando sus actores se vuelvan excesivamente caros, pero está por ver si el espectador medio seguirá mirando este recurso con buenos ojos durante mucho tiempo.

Este inciso viene al caso porque Mis dos vidas utiliza las realidades paralelas como reclamo, vendiéndose como una comedia romántica diferente… para luego no aprovechar este recurso en absoluto. Las dos historias de amor se suceden como habrían sucedido en una película normal y corriente, con algunas transiciones creativas pero narradas con un academicismo tan predecible que el montaje parece realizado por una inteligencia artificial. Esta falta de atención a la forma, sin embargo, sería soportable si el fondo tuviera algo que contar.

Mis dos vidas

Pero no es el caso: la historia que se nos cuenta se ve seriamente perjudicada por la decisión de dividirla en dos partes. Por culpa de esta decisión creativa, todos los personajes acaban convertidos en bosquejos, y se le ven las costuras más fácilmente a esta cinta que sigue uno por uno los clichés de las películas románticas. Si solo se nos hubiera contado una de las vidas de la protagonista, podríamos haber fingido que nos creíamos por un momento que las cosas le saldrían mal durante el final del segundo acto. Sin embargo, con solo la mitad del metraje disponible para cada línea argumental, podemos atisbar sin problemas el esquema que el guionista ha usado y predecir sus desarrollos.

El problema de Mis dos vidas

Para colmo, los personajes de Mis dos vidas resultan insoportables por su aterradora perfección: todos son atractivos, soñadores, emprendedores y comprensivos, incluso aquellos que a primera vista parecían distintos. La película parece querer hablarnos de cómo la protagonista supera sus dificultades, pero el tono es tan blanco e inofensivo que no hay ningún conflicto relevante que nos permita empatizar con ella al final de su viaje. De nuevo, esto podría haberse solucionado con más metraje. Quizás.

Mis dos vidas

Y el mayor problema de Mis dos vidas reside precisamente en que se niega a incomodar lo más mínimo al espectador. No estamos hablando de una película en que el personaje principal deba escoger entre su familia y su vida personal: al final de este cínico cuento de hadas, ambas protagonistas han alcanzado su sueño de un modo u otro, sin renunciar a nada, y viven una vida completamente perfecta. Independientemente de sus circunstancias, han logrado todos y cada uno de sus objetivos, gracias a su esfuerzo y a los justos designios del libre mercado.

Evidentemente, no esperábamos en una película de estas características que una las dos Natalies acabara debajo de un puente fumando crack. No tenemos nada en contra de los finales felices, pero hay que ganárselos, y este resulta demasiado increíble incluso para una película sobre universos paralelos.

Conclusión

Mis dos vidas coge una idea llamativa (que, al parecer, utilizó también la película Dos vidas en un instante) para utilizarla de la forma menos original y atractiva posible, con una narrativa lineal y aburrida que solo consigue resaltar lo ridículo de su trama. No es recomendable para nadie y, sobre todo, es completamente desaconsejable para diabéticos.

Máximo Simancas
Máximo Simancashttps://laautopistadepalabras.wordpress.com/
Periodista. Redactor en esta página y, antes, en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales.

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