Siempre me ha gustado Lobezno. Desde niño, su traje, su mala baba y esas garras lo convirtieron en mi mutante en el patio de recreo. Por supuesto, llegó la pe
lícula de los X-Men a finales de los 90 y consagró definitivamente al personaje como uno de mis favoritos. De hecho, un par de años más tarde, adquiriría Origen, mi primera serie limitada del personaje. Al fin, tras años de preguntas revelarían al fandom su origen. En uno de esos números el pretendiente de Rose le regala un libro sobre Japón al joven James Howlett y lo marcaría de por vida.
Si el personaje ya tenía un pasado cuando Chris Claremont lo incluyó en su Patrulla X, yo había ido más atrás todavía. Había empezado por el principio de todo y solo que quedaba avanzar hacia adelante, de forma lineal en las aventuras del mutante llamado Logan. De oídas escuchaba cosas sobre Madripur y su época como Parche, al igual de su primera aparición en El Increíble Hulk pero, al igual que Lobezno, la tierra del Sol naciente también era una de mis debilidades.
Lobezno Honor recopila la primera serie limitada del mutante de las garras de adamantium. En esos cuatro números, Claremont al guion y Frank Miller al dibujo narran una aventura de Logan en la que deja de ser un tipo duro que se limita a cortar todo lo que se le planta por delante sin perder un ápice de carisma, mala leche y brutalidad. Cuenta Claremont en el prólogo que la historia nace en un viaje en coche y que tanto él como Miller quisieron plasmar al personaje desde la perspectiva de un ronin (un samurái sin dueño) que va donde quiere, sin un rumbo fijo y que su brújula moral marca su propio norte. La intención era la de mostrar qué demonios tiene en la cabeza el canadiense, su camino en la vida y demostrar que la bestia no sólo tenía corazón, tenía alma.
Las primeras páginas sitúan al personaje en casa, Canadá, para envíalo rápidamente a Japón. Allí, cual pez fuera del agua, debe lidiar con valores y tradición que se le escapan a través de las garras por salvaguardar a Mariko, la mujer que guarda el corazón de Logan y que se ha visto obligada a casarse por orden de su padre a causa de una deuda. El honor de la familia la impide escapar con su verdadero amor y, mucho menos, dejar que Lobezno ponga en evidencia a su casa. El conflicto interno de Lobi entre hacer lo correcto o lo que debe hacer traen de cabeza al personaje, forzado a pelear por su amada pero destinado a perder y dejarlo sumido en la vergüenza.
Es cuando el tebeo nos arroja a los brazos de Yukio, con quien Logan conecta de forma natural. Son criaturas de la misma especie, al contrario que Mariko, por lo que encajan a las mil maravillas. Lamentablemente, esa atracción más animal y orgánica no puede hacer frente a esa conexión espiritual que guarda con la mujer que le robó el corazón. Por eso están destinados de nuevo a encontrarse.
El relato ya trae de sí un gran peso emocional por lo que los lápices de Miller no hace más que dotar a la historia de mayor envergadura. Plasma con suma soltura la violencia del personaje pero sin perder esos momentos íntimos en los que nos perdemos en los pensamiento de Lobezno. La narrativa fluye sin problemas, con coreografías perfectamente estudiados y, en ocasiones, con muchos personajes en plano. Viñetas cuadradas y planos imposibles dan paso a panorámicas cinematográficas permitiendo fluir katanas y garras en todas direcciones.
Al estar ambientado en Japón, no han escatimado en ingredientes autóctonos: la yakuza, ninjas, samuráis, trenes bala y el contraste entre la arquitectura más tradicional con la urbe más avanzada y colorida. Todo ello no sólo mejora la calidad de la obra a nivel artístico, refuerza la situación de Lobezno como Gaijin (perro extranjero) que termina completamente perdido y desesperanzado.
Si Lobezno cumple su deber y recupera su honor os lo dejo descubrir a vosotros.
La cuidada edición de Panini, empleando la encuadernación holandesa en tapa dura, recoge de una forma más cuidada el tomo y le aporta un aspecto más distinguido. La cinta de raso que incorpora permite marcar la lectura en el punto que necesitemos de las 104 páginas que c omponen el libro. Se incluyen las portadas que ilustró Carlos Pacheco para la recopilación de Forum en Clásicos Marvel y una introducción de Claremont con epílogo de Miller. El autor de Daredevil o 300 habla de la maduración del comic y su sofisticación como arte en el texto. Un tomo como este es el reflejo exacto de sus palabras.
Snikt!



