Planeta ha publicado recientemente el tercer y último libro de Solo los encontramos cuando están muertos, poniendo punto y final a la epopeya de ciencia ficción de Al Ewing y Simone di Meo con un cierre demasiado metafísico que deja un poco que desear.
Si el primer volumen destacaba por presentar un universo complejo y muy atractivo pero que se quedaba a medias por como el guionista desarrollaba la historia y el segundo lo hacia por ahondar más en la mitología y sociedad del universo de Al Ewing, el tercero va un paso más allá en busca de ofrecer las respuestas a las mil y una preguntas que el guionista nos ha planteado en las páginas previas. Pero es un objetivo que solo consigue a medias.

De nuevo tenemos un enorme salto temporal que permite que los autores nos presenten nuevos personajes y un nuevo escenario sociopolítico. Esta vez el protagonista de la historia es Thierry-9, una I.A. cultivada a partir del cadáver del Dios Malik que tiene un cuerpo de androide con el objetivo de replicar el viaje espacial que convirtió al capitán Malik en un Dios y así descubrir como un simple mortal trascendió su condición humana y se convirtió en algo más.
Poco a poco va quedando claro que las diversas facciones de la galaxia siguen inmersas en los juegos de poder que habíamos visto en el volumen dos, mientras que hay algunas personas que tienen objetivos mucho más grandes…
Solo los encontramos cuando están muertos: un universo complejo y atractivo, pero se queda a medias.
Toda la acción de este tomo se centra el viaje que Thierry-9 realiza acompañado de un piloto canalla que intenta servir de contrapunto a las profundas reflexiones y recuerdos del androide, que no para de tener flases de su vida pasada como el capitán Malik. Thierry-9 no tiene claro si es real, si su condición de I.A. basada en los patrones cerebrales y los restos de Malik le hacen tener consciencia propia más allá de sus recuerdos.
Algo que no parece importar demasiado a sus creadores, que solo buscan tener la clave para repetir el proceso por el Malik se convirtió en un dios para trascender ellos mismos su humanidad.

El problema es que este volumen se hace algo pesado de leer. Las conversaciones de Thierry-9 con dos avatares personificados por dos viejas conocidas y que hacen la vez de conciencia del androide resultan curiosas al principio, pero acaban cansando ya que poco a poco se vuelven demasiado metafísicas.
Las pinceladas que se dan de como ha evolucionada la sociedad a lo largo de los años si que son interesantes, pero quedan pronto sepultadas por el viaje hacia la divinidad del protagonista, que por otro lado tiene el mismo carisma que un robot de cocina.
Tampoco ayuda que el desenlace de la historia que hemos ido leyendo a lo largo de los tres volúmenes de la colección sea tan decepcionante. Sobre todo, porque Al Ewing había conseguido presentar un universo complejo y muy interesante, que además tenía en el centro un elemento tan atractivo como los dioses muertos de los que la humanidad se alimentaba como insectos carroñeros.
Pero dar una explicación coherente a esas apariciones divinas y a la trasformación del capitán Malik no iba a ser tarea fácil, y aquí es donde el guionista, un escritor muy capaz por otro lado, patina totalmente.
Porque el cierre de todas las tramas que hemos ido viendo se basa en un bucle temporal que deja con más preguntas que respuestas, tomando el camino fácil de las explicaciones que parecen inteligentes pero que solo esconden cierta incapacidad para dar un cierre coherente y lógico a la historia.
Si a todo esto le añadimos un dibujo de Simone di Meo que sigue teniendo los mismos problemas que en los volúmenes anteriores y que incluso los magnifica, pues apaga y vámonos.
A la hora de plasmar el viaje de Thierry-9, el dibujo se vuelve aún más artificial y confuso que en libros anteriores, sobre todo cuando tiene las conversaciones con otros personajes de su imaginación, llegando al punto de que hay ocasiones en las que no se sabe muy bien que esta pasando. Todo sin olvidar esos colores sobresaturados y esos molestos brillos digitales.

La edición de Planeta contiene los números 11 a 15 de la serie, cerrando con ellos la historia. El tomo tiene 152 páginas encuadernadas en tapa dura y como en los volúmenes anteriores se incluye una galería con las cubiertas originales y una breve semblanza de los autores.
Lo único que no entiendo es porqué se ha dejado el titulo original de la obra en la cubierta (We only find them when they´re dead) cuando en los libros anteriores se había traducido. El precio de venta es de 17,95 euros.
En resumen, Solo los encontramos cuando están muertos ha resultado ser una obra con una premisa muy pero que muy interesante que tiene un desarrollo algo irregular y un cierre un poco decepcionante.
Es una lástima porque Al Ewing es uno de los mejores guionistas de cómics en la actualidad y además tiene un don natural para las historias de ciencia ficción, pero en este caso se le ha ido la mano a la hora de presentar unos conceptos demasiados metafísicos a la hora de poner punto final a una historia, que por otro lado tiene un apartado visual demasiado artificial.



