Análisis de Assassin’s Creed Origins

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Hay muchas maneras de enfocar un análisis de Assassin’s Creed Origins: como juego de la saga, como sandbox, como juego de rol, como un híbrido entre Dark Souls y Assassin’s Creed… Lo curioso es que desde prácticamente todos los puntos de vista sale bien parado.

Su evolución respecto al resto de la saga es ejemplar. Mantiene sus señas de identidad (trama conspiranoica, gran detalle por la historia, escenarios espectaculares), y mejora todo aquello por lo que era criticada. ¿Tiempos de carga? Prácticamente inexistentes. ¿Bugs? Ninguno importante en mi partida de más de 30 horas. ¿Mecánicas de sigilo? Mejoradas. Tal vez el único punto criticable de toda la saga que sigue vigente en esta entrega es lo referente a la inteligencia artificial de los enemigos, tan idiota como de costumbre, aunque se agradece que sea únicamente durante las fases de sigilo. Además, ahora tienen una visión con mucho más alcance, lo que le añade una agradecida dificultad.

Si hay algo donde han hecho un cambio radical, ha sido en los combates. Por fin han dejado de lado los combates arkhamaneros, los cuales no estaban mal calibrados en las últimas entregas, pero una vez se dominaban, hacían del juego un paseo. En esta entrega han adoptado el sistema de combate visto en otros juegos como Dark Souls, donde la guardia adquiere mucha más importancia y rodear al enemigo para buscar su punto débil es mucho más recomendable que atacar a lo loco. Más de una vez me he sorprendido a mi mismo al entablar combate directo, aunque podría haber acabado con mis enemigos con facilidad y rapidez actuando con sigilo. Por fin, combatir en un Assassin’s Creed es un placer, y no un castigo por esconderse mal.

El elemento RPG está muy presente, pues ahora todo tiene un estricto sistema de niveles: si un enemigo está tres niveles por encima del jugador, será muy complicado vencerle, no digamos ya acabar con toda una base militar. Aunque para algunos suponga algo frustrante no poder matar con facilidad a todo lo que se mueva, es una gran manera de incentivar al jugador a buscar mejores materiales y nuevas armas. También sorprende lo variado de su arsenal: espadas, dagas, hachas, hoces, mazas, martillos, lanzas… cada cual con sus propiedades particulares (por ejemplo, la maza es muy buena para atravesar blindajes), y cada cual con distintas velocidades, alcances y combos. Dicho de otra manera: para cambiar de armas no habrá que mirar únicamente sus estadísticas, también es importante asegurarse de que se adapte a tu estilo de combate.

Lo referente a la historia puede resultar algo decepcionante, sobre todo teniendo en cuenta que lleva el título de “Origins”, pero que no se me entienda mal: el argumento engancha, tiene buenos personajes y el guión hace un buen uso del misterio y de los traumas de los protagonistas. El problema está en que después de las tramas tan complejas que se entretejieron en las primeras entregas de la saga, era de esperar una vuelta a ese estilo. No deja de ser una queja menor, pues si olvidamos lo visto en otros juegos, lo cierto es que la historia de Assassin’s Creed Origins funciona a la perfección.

Por desgracia, no todo es bueno, y es una pena, porque su mayor defecto está a su misma vez en una de sus mayores virtudes. El mapa es enorme, precioso, sin tiempos de carga, variado y lleno de detalles. Da gusto pasear por Egipto por el simple placer de contemplar las vistas. Pero ahí está uno de los grandes males del videojuego reciente: no puede simplemente contentarse con ser bonito a la vista, también debe ser un juego largo, para justificar ese basto (bastísimo) decorado. ¿Cuál es la forma más fácil de meter contenido? Exacto, de la manera más cutre posible: llenando la aventura de misiones repetitivas, fáciles y sin ninguna sustancia. No voy a decir que todas las misiones secundarias sean aburridas, porque hay alguna que otra que es muy entretenida (sobre todo las capturas de bases enemigas), pero hay una abundancia muy preocupante de misiones del tipo “se me ha caído una caja mientras venía hacia aquí, ve a recogerla y te daré algo de experiencia”.

En otros videojuegos me limito a ignorar esas misiones, pero como he dicho antes, es imprescindible subir de nivel para seguir avanzando en la historia, por lo que hay que pasar por el aro para poder seguir con la historia general, que por lo general, si que tiene misiones muy cuidadas, con sus escalas de dificultad, sus jefes finales, y sus giros de guión.

La verdad, me apena que lo comentado en los dos últimos párrafos pese tanto a la valoración del juego, pues podría haber llegado a ser excelente. Que no se me confunda, le recomiendo Assassin’s Creed Origins a todo el mundo. Espero que sigan con esta tónica para el resto de la saga, dedicando el tiempo necesario para programar cada entrega. Ya solo queda rezar para que el próximo esté ambientado en la Roma imperial. Y otro en la Grecia de Alejandro Magno ya sería apoteósico.

el autor

La gente me describiría como un barbudo amante de los anacardos, pero en realidad mi objetivo es la dominación mundial. Mientras maquino mi plan, gasto el tiempo libre en consumir películas, series, cómics, libros y videojuegos.

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