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Crítica de Buscando a Dory, una secuela innecesaria, entretenida y peligrosa

No se si nadie lo ha dicho pero la verdad es que creo que Pixar no hace películas para niños y Buscando a Dory es un buen ejemplo. Buscando a Nemo es una obra maestra del cine, una historia redonda que no precisaba de continuación y que no estaba dirigida a un público infantil sino que trataba temas serios y adultos, temas como la responsabilidad de ser padre, el miedo ante la pérdida de un ser querido, la necesidad de confiar en los hijos en su tránsito a la vida adulta, temas presentados en forma de fábula animada por ordenador donde los animales eran los protagonistas. Pero la gente confunde película de animación con película infantil y por eso lleva a los niños al cine, a ver dibujos que se mueven que entretengan a la chiquillería. Todo eso es lícito y normal pero debería hacer reflexionar a los cineastas a la hora de plantear sus historias.

Hank
¿Me lo dices en serio?

Pues si, Hank, te lo digo en serio y dicho esto hay que advertir que no vamos a centrarnos en si Buscando a Dory es una película técnicamente perfecta (lo es), en si tiene ritmo (lo tiene) o en si entretiene (lo hace) sino en la historia en sí, en lo que cuenta y en como lo cuenta. Buscando a Dory es una secuela innecesaria porque, como ya he dicho, Buscando a Nemo es perfecta y no había continuación posible. Ante la falta de ideas o la necesidad de hacer taquilla (supongo que más lo primero porque en Disney no creo que anden muy necesitados de lo segundo) han recurrido a Dory, un personaje secundario que resultaba entrañable, el típico ejemplo de memoria de pez que a la vez resultaba simpático.

Si resulta tan simpático, ¿por qué no contar su historia? Y eso es lo que han hecho, darle un pasado, una familia que perdió y a la que había olvidado y a la que intenta encontrar a lo largo de 103 minutos que se pasan volando, convirtiendo a Marlin y a Nemo en los secundarios de la cinta. Pero tras años de dejarnos creer que todos los peces cirujano son desmemoriados, a alguien se le ocurrió la idea de que el caso de Dory era excepcional y convirtió a Dory en un pez discapacitado y aquí es cuando la historia empieza a moverse en aguas turbulentas.

Soy Dory y tengo un problema que no es gracioso
Soy Dory y tengo un problema que no es gracioso

Al inicio, vemos a Dory en su infancia, un entrañable pececito de ojos saltones que es adoctrinado por sus padres en lo que se refiere a su problema de memoria. «Hola, soy Dory y sufro problemas de memoria a corto plazo» es la frase que sus progenitores le meten en la cabeza a fuerza de repertirla una y otra vez, haciendo incapie en que debe decirla cuando se presente a otros pececitos. ¿Alguien imagina a unos padres diciendole a su hijo que cuando conozca a otros niños les diga: «Hola, soy fulanito y tengo …»? En los puntos suspensivos poned lo que queráis pero creo que se entiende. Acto seguido, se oyen risas en la sala y aquí es cuando uno se da cuenta de que, o bien en la sala no está el público adecuado, o bien los responsables de la película han pinchado y de mala manera.

A partir de aquí la historia da bandazos entre la aventura que supone la búsqueda de los padres de Dory (una búsqueda que, en contraposición con la de Nemo, se vuelve cada vez más esperténtica, con ese pulpo conduciendo un camión por la autopista) y los recuerdos de la infancia de Dory, que es de las historias más tristes que recuerdo haber visto en el cine en mucho tiempo. Triste porque uno ya no es un crío y se siente más cerca de los padres de Dory que del resto de personajes.

Pero no temáis porque esto es Pixar y Pixar es Disney y toda acabará bien, como no podía ser de otra manera, desmontando lo que podría haber sido una gran historia y se queda en un simple entretenimiento, técnicamente impecable y de ética y moralidad más que dudosa ya que -y aquí es cuando vuelvo al primer párrafo- uno no sabe que han pretendido contarnos con esta historia. Cuando salí del cine hace 13 años, después de ver Buscando a Nemo, le dije a un amigo que había visto lo que igual era la película del año. Ahora se que no pero encima creo que es una película peligrosa para llevar a los niños al cine, una película que si lo que quería era mostrar una discapacidad como algo normal ha fracasado estrepitósamente y lo ha convertido en un espectáculo gracioso cuando no hacía ninguna falta. Quizás alguien que haya visto la película piense que estoy exagerando pero el director y co-guionista, Andrew Stanton, no se conforma con convertir a Dory en un pez discapacitado sino que introduce un par de personajes más para rematar la jugada. Por un lado tenemos a Becky, la pata totalmente enajenada que es usada como transporte por Marlin y Nemo; por otro tenemos a Gerald, un caso aun peor ya que Gerald es una foca que claramente tiene un problema y de la que abusan y se rien las dos focas que están en la roca en lo que se supone que es una de las escenas más graciosas de la película. Ahora bien, ¿cuantos Geralds encontraremos en las escuelas y cuantas focas se reirán de ellos siguiendo el ejemplo de la película? Pues eso, que en Pixar deberían mirar un poco mejor lo que hacen, como lo hacen y quien va a entrar a ver sus películas.

Y es una pena porque los niños necesitan películas para niños, películas hechas para ellos directamente, que les hagan partícipes de lo que se cuenta en pantalla y les ayude a soñar sin necesidad de sermonearles y por supuesto sin que tengan la obligación de gustar a los padres, que es lo que hace Pixar: películas para adultos envueltas en colorines para que estos lleven a sus hijos al cine. Lo que tendríamos que hacer los adultos y los padres es llevar a los niños a ver películas infantiles y tragar y decir que nos ha entusiasmado aunque no sea así. De ver Buscando a Dory me quedo con el tráiler de Zipi y Zape y la isla del capitán, que aunque luego le den de palos creo que es más clara en sus intenciones y tiene más claro a quien va dirigida. Cuando salgamos de verla, podemos dejar a los niños en casa y ver Jason Bourne donde, aunque algunos los lleven, tengo claro que no deben entrar los niños. Un saludo y sed felices

Pedro Pérez S.
Pedro Pérez S.
Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.
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