InicioCine5 películas para descubrir la Comedia Screwball en Filmin

5 películas para descubrir la Comedia Screwball en Filmin

La comedia romántica ha sido históricamente un género controvertido. Quizás no en cuanto a mensaje pero sí en su acogida. Hoy en día es para muchos un placer culpable del que no se sienten orgullosos y, en general, son clasificadas como películas fáciles que aluden a la emotividad barata. Pero no siempre ha sido así, de hecho le debemos mucho a la comedia romántica, y la conocida como Comedia Screwball es la culpable de esto. Allá por los años 30, en Estados Unidos, se alzó el famoso Código Hays, imponiendo una pauta moral que todas las películas estrenadas a partir de 1934 deberían seguir a raja tabla, restringiendo por completo la libertad creativa al prohibirse el uso del lenguaje vulgar, sexualidad, no pudiendo reírse de la religión, no mostrar abusos de alcohol, crímenes…

La lista es larga, pero bajo esta represión, surgió un movimiento de contracultura camuflado que logró colarse entre el gran público: la screwball comedy. Dadas las circunstancias en las que nos encontramos hoy en día y aprovechando el inmenso catálogo de Filmin, os propongo en este artículo 5 películas para, con suerte, descubriros el maravilloso mundo del screwball y hablar de las grandes implicaciones históricas que tuvo, ya no solo en la lucha contra la censura, sino para la sofisticación del lenguaje cinematográfico y la reivindicación de la figura de la mujer como algo más que un saco de carne.

Un ladrón en la alcoba (1932), la subrepticia liberación sexual

Lubistch siempre ha brillado por su sutileza. Ya lo decía Billy Wilder con el llamado “toque Lubitsch”, tomándolo como referencia en cada proyecto, imaginando cómo lo haría él. Pero de entre toda su filmografía, pocas películas representan tan bien esta esencia como Un ladrón en la alcoba. El Código Hays impuso una estricta visión y censura acerca de la sensualidad que era moralmente aceptable en pantalla, hecho que limitaba los encontronazos sentimentales a poco más que inocentes expresiones de amor infantil, ignorando por completo el innegable componente de atracción sexual que estos suelen implicar en la vida real.

La película en cuestión, gira alrededor de la pareja de ladrones Lily (Miriam Hopkins) y Gaston (Herbert Marshall) y sus problemas con la alta sociedad, pero más allá del foco criminal que tiene, lo realmente rompedor es la cantidad de alusiones sexuales y juegos de palabras que esconden mensajes e intenciones pasionales. Pocas cintas ejemplifican tan bien como esta el ingenio característico del screwball. A pesar de ser una de sus filmes más desconocidos, Lubitsch hace aquí uno de sus más afilados ejercicios de subtexto y simbolismo, consiguiendo escenas cargadas de tensión sexual camuflada en las ingenuas y muchas veces absurdas conversaciones características del género.

Al servicio de las damas (1936), la mofa a la alta sociedad

La censura de la época pretendía impulsar toda una serie de valores tradicionales en un momento histórico en que la gente necesitaba algo en lo que creer. Parte del éxito de la screwball, se debe precisamente a eso, a la necesidad del estadounidense medio de evadirse de La Gran Depresión y sumirse en los siempre alegres enredos y líos de los protagonistas de la comedia media. Pero los grandes autores de la screwball comedy supieron camuflar afiladas reflexiones sociales bajo una aparente inocencia absurda. Y quizás, uno de los grandes ejemplos de este fenómeno sea Al servicio de las damas.

Gregory La Cava nos cuenta la historia de Godfrey (William Powell), un elegante vagabundo que termina trabajando gracias a Irene (Carole Lombard) como mayordomo en una histriónica familia de clase alta. En pocas películas de la época se aprecian tan claramente las desigualdades entre americanos y los estragos del crack del 29 que todavía arrastraba la sociedad. Bajo su aparente absurdo, Al servicio de las damas expone una caricatura de la familia pudiente media en América, tratándolos casi como a niños mimados y explorando las carencias emocionales que en el fondo padecen. Un clásico extraño pero indispensable para comprender el movimiento screwball.

La octava mujer de Barba Azul (1938)/Medianoche (1939), ¿Quién lleva los pantalones?

Aunque ambas elaboradas por directores diferentes (Ernst Lubitsch y Mitchell Leisen, respectivamente) un guionista y una esencia aúnan ambos proyectos. Billy Wilder, acompañado en ambas ocasiones de Charles Brackett, se reivindica como uno de los escritores más agudos y representativos de la invasión periodística que sufrió el cine en los años 30. Con la llegada del sonoro, guionistas y dialoguistas vieron su relevancia y trabajo mucho más solicitado, provocando un gran éxodo de talentos hacia la gran pantalla protagonizado particularmente por periodistas. Hecho que elevó a un nuevo nivel la calidad, rigurosidad y ambiciones de las películas (sabiendo esto, no sorprende ver la cantidad de películas con o sobre periodistas en la época…).

Ambos filmes, aunque bastante diferentes, comparten una serie de características clave. Los dos utilizan a la mujer protagonista como principal elemento desestabilizador y que lleva la batuta en todo momento. Eso sentará las bases y obedecerá al código implantado por el resto de screwballs, que plantean leves subversiones en lo que al rol de la mujer se refiere, convirtiendo en muchas ocasiones al hombre en un tonto inocentón a merced de los caprichos de su amor. Si bien, esto ahora no es visto como feminismo per se, en su momento suponía el inicio de algo más, pequeños matices y replanteamientos que terminaron suponiendo un cambio de paradigma para la mujer que se vio correspondido con la conocida como La Segunda Ola Feminista en los 60. Ambas películas supusieron piedras angulares para el desarrollo del género, y apuntalaban las diferencias entre clases, marcadas en las primeras cintas como Al servicio de las damas o Sucedió una noche. Pero también potenciaron la sutil desmitificación del matrimonio, exponiendo en ambas películas la filosofía del remariage o volverse a casar, en la que el screwball hizo tanto hincapié.

Luna Nueva (1940), la emancipación

Precisamente el matrimonio era una de las instituciones que pretendía proteger el famoso Código Hays, tratando de afianzar los valores clásicos y roles de género. Justamente por esto, choca especialmente la adaptación del texto clásico teatral –The Front Page– que llevó a cabo Howard Hawks, reformulando una reflexión inicialmente periodística y sobre el cinismo político, en una película que subvertía los cánones de género a la par que mantenía su afilada crítica social.

Luna Nueva –y no, no hablo de Crepúsculo…– se centra en el editor de un periódico llamado Walter Burns (Cary Grant), que está a punto de perder a su reportera estrella y ex-esposa Hildy Johnson (Rosalind Russell) al querer retirarse para ser ama de casa con su nuevo prometido. El principal cambio con respecto al texto original que hizo Hawks, consistió en transformar al personaje de Hildy en una mujer y convertir a Walter Burns en su ex-marido. Con esta sencilla modificación, las implicaciones sociales de Luna Nueva son cuantiosas, pues incluye a la mujer como un igual en el sentido laboral, exponiendo un debate que, en el fondo, trataba sobre la lucha que significaba en aquel entonces para las mujeres el tener que escoger muchas veces entre perseguir su pasión o verse relegadas a ser un mero objeto doméstico. Con unas interpretaciones sobresalientes y algunos de los diálogos más rápidos y afilados de toda la screwball comedy, Luna Nueva normaliza el status quo de la mujer como un igual en el ámbito profesional que no tiene porqué seguir los injustos cánones sociales marcados para ser feliz.

Ser o no ser (1942), el afilado revisionismo histórico

Pocos escenarios pueden plasmar mejor el atrevimiento del género que Polonia en 1939, justo antes de la invasión alemana. En un ejercicio narrativo encomiable, Lubitsch reflexiona sobre la censura a través de su característica lente cómica en una de los grandes clásicos del cine. Sin renunciar por un instante al incansable ritmo screwball, el director consigue tratar con sutileza aspectos íntimos como la infidelidad y la insatisfacción de la mujer, como conflictos globales y que le tocaban a él mismo como la censura y la represión.

La acción sigue al inestable matrimonio de los Tura, una pareja de actores conocidos en Polonia, y que se ven obligados a adaptarse para sobrevivir ante al incipiente autoritarismo alemán, enredándose con la resistencia y metiéndose en la boca del lobo al hacerse pasar por agentes alemanes. Todo un clásico desternillante que no deja títere con cabeza.

Por favor, contexto

Anticipándome a posibles intervenciones, creo que debo recordar la importancia del contexto. Es evidente que bajo la mirada actual, poco feminismo o vanguardismo hay en este tipo de películas, pero si nos retrotraemos a la época y a su producto medio, es completamente rompedor y moderno, sobre todo si tenemos en cuenta la censura. Es por la screwball comedy, por lo que el público empezó a percibir a la mujer en pantalla como algo más que un objeto. En parte gracias al Código Hays, al no poder haber muestras de amor demasiado explícitas, los personajes femeninos del momento tuvieron que cobrar peso por otro lado, recayendo ahora en el ingenio y astucia sus principales armas, antes relegadas a la mera sensualidad. Pequeños pasos como estos, contribuyeron a situar la mujer en ámbitos profesionales y en los que ella era la que llevaba la batuta de su vida amorosa. Una particularmente tumultuosa en la que los divorcios abundaban y los estragos de La Gran Depresión eran incuestionables.

Es evidente que no es el feminismo contemporáneo, y no hay que olvidar que los protagonistas siempre van a terminar juntos y casados. Muchas actitudes y costumbres no se van a ver cambiadas, pero los matices que propuso el screwball son más que relevantes, planteando un “punto y seguido” en las relaciones, en lugar del “punto y a parte” que solía implicar el matrimonio.

Estas han sido tan solo 5 películas que creo que ilustran bien el contenido que puede albergar una película screwball, pero hay más joyas ocultas en el catálogo de Filmin para aquellos que quieran seguir. Algunos títulos podrían ser Bola de Fuego (1941, Howard Hawks); Ella, él y Asta (1936, W.S. Van Dyke); o Lo que piensan las mujeres (1941, Ernst Lubitsch). Espero haberos descubierto alguna curiosidad sobre la comedia screwball, ya que es un género representativo de un momento sensible en la historia del cine, una muestra de que menos es más.

Algo mal estaremos haciendo si las comedias románticas de los años 30 eran más reivindicativas que las de ahora…

Pablo Ferrer
Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

ÚLTIMOS ARTÍCULOS