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Crítica de Twisted Metal (2023)

Twisted Metal es una saga de videojuegos con una historia convulsa, la última propiedad que uno imaginaría dentro del ambicioso proyecto de PlayStation Productions. Los tráilers de esta serie, en los que se incidía demasiado en un humor algo estúpido, tampoco auguraban nada bueno, y la promoción en general ha sido deficiente. Sin embargo, Twisted Metal, estrenada en la plataforma estadounidense Peacock este 27 de julio, ha recibido buenas críticas por parte de la prensa y, sobre todo, por parte de los espectadores.

Detrás de esta serie, que aún no se sabe cuándo y en qué plataforma llegará oficialmente a España, se encuentra Michael Jonathan Smith, que cuenta con el aval de Cobra Kai, y está protagonizada por Anthony Mackie, conocido por su papel como el Halcón en el Universo Cinematográfico de Marvel. También cuenta con los guionistas de Deadpool y de Zombieland. Pero, independientemente de los nombres asociados a este producto, ¿merece la pena Twisted Metal? ¿Nos hace sentirnos como si tuviéramos un mando de la PlayStation en la mano o se trata de un accidente mortal? Pisemos el acelerador y descubrámoslo.

La historia de un rider

El protagonista de Twisted Metal es un individuo amnésico conocido sencillamente como John Doe, que vive en un mundo postapocalíptico y trabaja como «lechero», es decir, como transportista de diversos bienes y provisiones entre los distintos asentamientos que todavía intentan mantener la civilización. Fuera de las murallas de las ciudades, las carreteras están ocupadas por variopintas bandas de criminales y psicópatas que convierten cada encargo en un asunto de vida o muerte.

Twisted Metal

Tras entregar un paquete, la líder de uno de estos asentamientos le hace una oferta que no puede rechazar: a cambio de llegar hasta Chicago, recoger y devolver un paquete, le permitirá quedarse en su ciudad y evitar la previsible muerte prematura que acontece a los miembros de su particular gremio. John Doe acepta y se adentra en la carretera. Pero el encuentro con una bandida en busca de venganza hará que se replantee su objetivo.

Gasolina y sangre

Twisted Metal es una serie trepidante de diez episodios de media hora con una buena cantidad de gore y acción. Podríamos buscarle muchos problemas a su guión, y hablaremos de ellos, pero su desenfado y falta de pretensiones hacen que sea imposible enfadarse mucho con ella. Parece un homenaje a esas comedias gamberras de finales de los 90 y principios de los 2000 (no en vano uno de sus realizadores trabajó en Dogma de Kevin Smith), lo que se confirma cuando vemos que, en este universo, el apocalipsis llegó en 2002. Puestos a explotar la nostalgia, al menos han escogido un período de referencia menos trillado que los omnipresentes años ochenta.

A lo largo de esta decena de capítulos, los guionistas consiguen establecer un ritmo rápido: con cada nueva entrega hay una nueva facción a la que hacer frente, un nuevo enemigo, un nuevo giro, una nueva misión. A veces, estas subtramas son algo repetitivas, pero siguen resultando entretenidas. Este frenetismo, junto a un humor negro con momentos verdaderamente descacharrantes, convierte a Twisted Metal en un entretenimiento ligero que no por ello deja de tener personajes muy llamativos con sus propios arcos.

Anthony Mackie y Stephanie Beatriz tienen una química muy creíble como la pareja protagonista, pero se ven acompañados por algunos personajes icónicos de este videojuego. Mike y Stu son unos secundarios muy eficaces que remiten a las comedias de la época, los miembros de la comuna que se alían con ellos tienen algunas tramas muy emotivas que en principio no deberían funcionar en una serie como esta, el agente Stone es un villano patético y despreciable… y, por supuesto, tenemos a Sweet Tooth, la cara visible de la franquicia, al que Will Arnett le presta la voz y el gigantesco Samoa Joe le presta el cuerpo.

Twisted Metal

Pero, pese a un conjunto satisfactorio y su carismático elenco de pirados, la serie quizás imita demasiado bien a estas comedias noventeras y se ve lastrada por la irregularidad de su humor. Se trata de un estilo de humor popularizado por creadores como Joss Whedon, que medio mundo ha disfrutado en el UCM durante la última década pero del que ya comenzamos a estar algo cansados. Cuando los chistes funcionan (y funcionan muchas veces), le dan personalidad a la trama. Cuando no funcionan o se alargan demasiado, sin embargo, restan dramatismo a momentos que deberían habernos conmovido más.

Twisted Metal… pero sin Twisted Metal

Tras haber hablado de la serie como producto independiente, hablemos de ella como adaptación, entrando ya en spoilers.

Es difícil adaptar Twisted Metal (como ha reconocido su creador David Jaffe, que está disfrutando de la serie) porque nunca ha tenido una campaña como tal, sino numerosos finales arcade. Pero, en un mundo donde Sonic y Mario han triunfado en la gran pantalla, quizás esta sea la vía a seguir: adaptar una franquicia con una trama lo suficientemente difusa como para permitir una gran libertad creativa. En este sentido, aunque los responsables se han tomado sus licencias, han conseguido traducir solventemente la esencia violenta y desenfadada de la mayor parte de juegos de la saga.

Los personajes de Twisted Metal siempre han cambiado radicalmente de una entrega a otra, por lo que no podemos sorprendernos de que hayan tenido que adaptarlos a esta nueva historia. Algunos como Sweet Tooth son prácticamente iguales, con cambios mínimos. Otros, como Raven, solo tienen el nombre. La mayoría se encuentra en un punto intermedio donde conservan su rol habitual pero sus personalidades o motivaciones se han visto alteradas para hacerlas encajar dentro de lo que pide la trama.

Twisted Metal

Esto es algo previsible, pero en esta ocasión el choque se ve atenuado por el mimo que los responsables del producto han puesto a los numerosos cameos y huevos de pascua. En la serie veremos a personajes de las entregas más odiadas de la saga que, sin embargo, aquí se convierten en unos secundarios muy interesantes. Echamos de menos, eso sí, que les acompañe una banda sonora con tanta personalidad como la de los juegos.

Pero lo peor de esta adaptación es que, hasta los últimos diez minutos, decide ignorar la propia premisa de la saga, dejándonos la miel en los labios para una segunda temporada que quizás no llegue: un campeonato en el que el ganador obtendrá el deseo que pida. Los creadores se han reservado para después a algunos de los conductores más icónicos, como Mr. Grimm, Axel o Dollface, algo comprensible pero arriesgado teniendo en cuenta lo desapercibida que ha pasado la serie.

Conclusión

Twisted Metal no es una serie de una calidad excepcional, pero es un producto entretenido que ha gustado a prácticamente todo el que lo ha visto. Por desgracia, esta sensación satisfactoria se ve empañada por su irregularidad y por la incertidumbre sobre su segunda temporada. Quizás habría sido una buena idea cerrar esta tanda de episodios sin el cliffhanger: ahora, como le sucedía a Mortal Kombat, la primera temporada casi parece un prólogo para lo que de verdad importa.

Máximo Simancas
Máximo Simancashttps://laautopistadepalabras.wordpress.com/
Periodista. Redactor en esta página y, antes, en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales.
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