Durante la segunda edad dorada del Disney animado de los años 90, cada estreno era un acontecimiento que reventaba la taquilla. Veamos. La sirenita, La bella y la bestia, Aladdin, El Rey León, Pocahontas, El jorobado de Notre Dame, Hércules, Mulan y Tarzán. Y, en aquel entonces, se estrenaban secuelas de estas películas que iban directas a video, como aquella secuela de El rey León que emulaba la historia de Romeo y Julieta. Pero estamos en el 2025. Otros tiempos, en los que el estreno más potente de Disney estas navidades es una precuela de un remake de una película animada de los años 90. Mufasa, película de la que vamos a hablar en esta crítica.
Mufasa, el Rey León, se centra en el camino que llevó al personaje a convertirse en el rey que inspira su hijo Simba y en una de las figuras más trágicas del mundo Disney por su asesinato a manos de su hermano Scar.
Nuestra crítica de El rey león (2019)
A nivel narrativo, nos encontramos ante el primer problema de Mufasa. Es una precuela. Es decir, trata sobre una historia que ya sabemos como va a continuar. Contra todo pronóstico, la película convierte a Mufasa en un león sin sangre real, por lo que carece de sentido aquella famosa escena en la que Mufasa enseñaba a su hijo que los grandes reyes del pasado se convertían en estrellas en el cielo.
Por lo demás, vemos como es acogido por una tribu de leones auspiciado por Taka, su hermano adoptivo, con el que comenzará un viaje que le llevará a conocer, entre otros personajes, a Sarabi (madre de Simba) o a Rafiki.

Pese a ser una historia en la que aparecen personajes nunca vistos, como el león blanco Kiros, el perezoso rey Obasi o su maestra Eshe, sigue siendo demasiado deudora de la mítica El rey León, siendo obligatoria, por poner un ejemplo, escenas como la del rugido en la Roca con todos los animales de la sabana africana reverenciando al rey.
La historia redunda en conceptos que ya vimos en El rey león, insistiendo en el liderazgo natural de Mufasa. Aunque claro, realmente su legado es importante como padre, porque menudo buen rey dejando que su hermano renegado viva en el reino para poder traicionarle.
Más allá de la narrativa, Mufasa insiste en esa “animación digital” más avanzada que en el fallido remake de El rey León pero que palidece frente a la animación tradicional de la película de 1994. Parece un documental de áfrica en alta definición donde es difícil diferenciar entre un león y otro. Eso por no hablar de la escasa expresividad de los personajes.
La historia se ve aderezada por distintas canciones compuestas por Lin Manuel Miranda que no están a la altura ni de la inmortal banda sonora de Hans Zimmer ni de las canciones de Elton John.

Por lo demás, asistimos a una historia tan entretenida como previsible dirigida (y esto sí que sorprende) por Barry Jenkins. Un director con clara conciencia racial conocido por ser el artífice de Moonlight, película tristemente conocida por “arrebatar” el Oscar a mejor película al fenómeno La la land. Pero también director de la notable El blues de Beale Street y, sobre todo, de ese serión llamado El ferrocarril subterráneo.
Sorprende que un director como Jenkins haya caído en dirigir una película de animación digital. Las pocas esperanzas en que la historia llamara la atención del galardonado director se disipan al asistir a los primeros minutos de película. Esto no es una película de Barry Jenkins, sino un producto digital más de Disney.
En definitiva, Mufasa, el Rey león, es un triste símbolo de la época cinematográfica que nos ha tocado vivir. Un subproducto derivado de otro subproducto diseñado con todo lujo informático y que únicamente busca el aplauso fácil no por lo que la propia historia de Mufasa tiene que ofrecer, sino por su relación con El rey león, una película que se estrenó de forma original en 1994 y que, al paso que lleva Disney, probablemente no se encuentre un equivalente en los próximos años. Porque parece que Disney prefiere seguir contentando al público con historias que nos recuerden aquellas joyas en lugar de diseñar una nueva. Una pena.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!




Pensé lo mismo respecto a lo de VHS. Si esto lo hubiesen sacado hace 27 años directaa video y con animación «normal», hoy la veríamos con mejores ojos; como ocurrió con la secuela (que sigue dándole sopa con ondas a ésta).
Lo que sí he notado es una mejoría en la expresividad de los bichos, así que ya no me vale ni como documental de África xD.
¡Un saludo y gracias por la reseña!