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Análisis de El Instituto. Temporada 1. Episodio 7

A falta de solo uno para concluir la temporada, el séptimo episodio de El Instituto nos revela por fin y de modo escalofriante la finalidad del mismo. Creada por Benjamin Cavell y basada en la novela homónima de Stephen King, la serie es emitida por MGM+.

Hola otra vez y bienvenidos sean a un nuevo análisis de El Instituto, en este caso correspondiente al séptimo y penúltimo episodio de la temporada, cuyo título es Escondite y que, al igual que sucediera con los dos primeros, vuelve a tener en la dirección a Jack Bender, como ocurrirá también en el último.

Después del brutal salto dado en el quinto episodio, que ha constituido una clara bisagra, la trama sigue avanzando y el suspenso sin caerse mientras los guiones, narrados ahora sin fisura, hacen que no perdamos interés ni por un momento y menos aún cuando se van sumando revelaciones. En esta entrega en particular, por cierto, hemos tenido quizás la más importante de todas, aunque resta todavía saber con qué pueda sorprendernos el último episodio.

Pasemos pues a ver qué nos ha dejado el capítulo no sin advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.

Asesinato y Telequinesis

Nos habíamos quedado en el episodio anterior con el sheriff Ashworth recibiendo de manos de Luke la memoria USB que a este entregara Maureen. Su contenido es, de parte de esta, prácticamente un alegato final: dice a Luke que si está viendo el video es porque está muerta y cuenta con lujo de detalles lo que ocurre en el instituto con los niños y cómo “Recuperación” es en realidad la etapa final, pues se les agota hasta quedar “gorkeados” (referencia a Gorky Park), un estado ausente que hace de antesala al triste final.

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Su tono es de arrepentimiento y hasta dice que irá al infierno, mientras en paralelo y muy alegóricamente vemos en el instituto a Tony llevando su cuerpo al incinerador. Ashworth queda devastado y dice que se encargará de llevar a Tim y Luke ante algún juez, pero Drew se ofrece a hacerlo por él y, al recibir de parte del sheriff la negativa, simplemente le dispara dos veces mientras, angustiado, lamenta haber tenido que llegar a ese punto…

La sorpresa de Tim es tanta como la nuestra. Drew les hace a él y Luke esposarse a un asiento mientras llama a Stackhouse para decirle que ya los tiene y darle además la noticia de que tuvo que matar al sheriff, la cual este recibe con gesto preocupado. Calzándose una falsa chaqueta de agente federal, Sigsby se apea a un auto y parte hacia la seccional de policía con dos de sus esbirros.

Drew no soporta ver el cadáver de Ashworth en el piso y lo arrastra fuera de la habitación. Mientras lo hace, Tim alcanza a ver unos clips sujetapapeles en el escritorio, pero están lejos como para alcanzarlos y pide a Luke que utilice su telequinesis como antes con la rama. El muchacho objeta que no puede hacerlo en cualquier momento, sino solo ante alguna situación especial como estar enfadado o en peligro y Tim le recuerda que están a punto de morir…

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Tras dos intentos, el joven logra que los clips caigan al piso y uno se deslice hacia ellos lo suficiente para que Tim termine de atraerlo con el pie. Se oye un auto aparcar y, al salir Drew al encuentro, Tim se dedica a abrir las esposas y ya no hay nadie sentado cuando llegan Sigsby y los suyos mientras un desesperado Drew jura que estaban allí…

Tim y Luke llegan a la tienda del bueno de Rovira, ya reincorporado al trabajo. Le piden un teléfono, pero les dice que no hay comunicaciones en Dennison y, al escuchar un auto llegar, les oculta en un sótano. Fingiendo ser policías, Sigsby y sus matones revisan el lugar sin encontrar nada y Rovira les dice que vio a la dupla en fuga partir en auto con destino a Portland.

Una vez que sus perseguidores se han marchado, Luke y Tim salen de su escondite y Rovira entrega a este último su arma personal diciéndole que gracias a él puede, al final de cada día, dar a sus hijos el beso de las buenas noches.

Los Poderes de Avery

En el instituto, Stackhouse presiona a Hendricks para torturar a Avery a fin de que suelte información sobre los fugitivos. El médico objeta que el niño es psíquicamente demasiado fuerte y no sabe en qué podría terminar, pero finalmente y a su pesar accede.

Avery es sometido entonces a la misma celda que antes tocara padecer a Luke y sufre la pérdida de oxígeno mientras su cerebro parece a punto de estallar hasta que finalmente son las paredes de cristal los que lo hacen. Hendricks no sale de su asombro, pues dice nunca haber visto un caso similar y , hablando luego con Stackhouse, afirma que sería quizás más seguro eliminar al niño antes que mantenerlo vivo, pero es consciente por otra parte de que lo necesitan…

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En el salón comedor y a medias recuperado, Avery dialoga telepáticamente con Nick mientras Kalisha se halla en estado de completa ausencia. Acoplándose en el esfuerzo, logran potenciar el poder del niño para que la joven, en un hecho seguramente sin precedentes en la institución, vuelva al estado consciente y salga del “gorkeo”.

Salvar al Mundo

Tim lleva a Luke a casa de Wendy y le cuenta que Ashworth está muerto, además de todo lo relacionado al instituto. Estupefacta, ella no puede dar crédito, pero Luke la deja pensando al preguntarle por qué supone entonces que están cortadas todas las comunicaciones.

Sigsby, mientras tanto, llama a Drew para preguntarle a qué persona de confianza podría Tim pensar en recurrir y es obvio que le da el nombre de Wendy, lo cual ella confirma diciendo que los niños perseguidos no buscan huir sino esconderse, así que ambos parten hacia allí…

Al verles llegar, Wendy oculta a Tim y Luke en un armario, escondite bastante obvio como pronto quedará en evidencia. Siguiendo con la farsa de agente federal, Sigsby cuenta a Wendy que Tim ha enloquecido y asesinado a Ashworth, lo cual genera en ella un momento de confusión en el que no sabe a quién creerle…

Sin gran esfuerzo, Drew adivina dónde se hallan los fugitivos, pero sabemos lo tonto qué es y en consecuencia abre el armario de manera tan incauta que Tim lo sorprende apuntándole con el rifle. Este pide a Wendy que los ate y despoje de armas, pero Drew, en un nuevo acto de estupidez, intenta tomarla de rehén…

Ella se lo saca de encima y hay intercambio de disparos entre Drew y Tim: el primero falla, el segundo no, convirtiéndose así Drew en el tercer muerto “sin querer” para Tim. Al primero no lo conocimos; los dos últimos no nos dieron lástima…

Todo está ahora al revés y la esposada es Sigsby, quien en tono de lamento dice que están todos condenados. Cansados de tanto misterio, Tim y Luke le instan a hablar sobre la finalidad del instituto, lo cual acaba haciendo cuando la ponen al tanto del video dado a conocer por Maureen.

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Sin más remedio, pues, que sincerarse, cuenta que los asesinatos a distancia tienen por objetivo eliminar a gente que pondrá en peligro al mundo entero en el futuro: es el caso del senador fallecido, que se iba a convertir en secretario de defensa en nueve años y provocaría una guerra nuclear.

Merced a su telepatía, Luke puede comprobar que no miente, aunque Tim objeta eso que puede estar convencida de que lo que dice es verdad sin que necesariamente lo sea. Le pregunta cómo pueden conocer el futuro de las víctimas y aquí es donde entran en juego los PC, niños que tienen la habilidad de ver el futuro y que en el instituto se encargan de hacerles desarrollar…

Luke le echa en cara justamente haber asesinado a niños y ella se ampara en que es preferible matar a unos pocos si sirve para salvar a la humanidad. De hecho, afirma que vienen haciendo eso desde 1950 y ya han salvado al mundo unas quinientas veces. Fuerte y revelador…

Balance del Episodio

A falta de un único capítulo para acabar la temporada (¿habrá segunda?), hemos visto una entrega que mantiene alto el ritmo vertiginoso que la serie ha tomado desde el quinto y que, además de seguir haciendo confluir las tramas, nos arroja un chorro de agua fría en pleno rostro con una revelación tan impactante como escalofriante y convulsiva para nuestros principios morales más fuertemente instalados.

Cuando yo analizaba los primeros capítulos (y aún no había comenzado la lectura del libro), especulaba que el instituto utilizaba a los niños psíquicos para asesinar a distancia y sin evidencia física (literalmente el crimen perfecto), pero lejos estaba de imaginar lo que se escondía detrás: no solo se trata de matar a personas vinculadas al poder y la política, sino que se sabe que en el futuro pondrán en riesgo al planeta y la humanidad toda, entendiéndose así por qué tanta obsesión por parte del instituto en reclutar y desarrollar niños precognitivos.

La historia, a partir de este giro, se toca con otra muy emblemática de Stephen King como lo es La Zona Muerta, llevada al cine por David Cronenberg en gran adaptación de la cual pueden leer aquí el retro-análisis de quien suscribe. Pero King se atreve incluso a revisar su propio juicio moral y no porque dé a entender que el que sostenía en aquella novela estuviera equivocado, sino porque juega con una ambigüedad ética que nos hace imposible emitir un dictamen valorativo al ser malas todas las opciones.

Y no es ello en King un giro de la noche a la mañana: en el medio hubo una importante transición que fue la novela 22/11/63 (aquí los análisis de la miniserie que la adaptó), en la cual introducía como pregunta si salvar a Kennedy hubiera necesariamente conducido a un mundo mejor.

En La Zona Muerta no había duda: todos entendimos que matar a una persona específica podía salvar a la humanidad del desastre nuclear. La novedad aquí es que esa misma lógica está puesta del lado de los “malos” y llevada a la exacerbación del modo más espantosamente maquiavélico y perverso al implicar el asesinato de niños, pues pocos conceptos pueden remover y corroer nuestros valores tanto como eso y hay que otorgar en tal sentido, una gran valentía a la novela y a la serie que en este caso la adapta.

“Con los niños no” es un eslogan para nosotros tan recitado de memoria que lo tenemos naturalizado. El asesinato es el peor de los crímenes que podemos imaginar. Hasta los peores monstruos de la ficción (como el de Frankenstein) o los más odiados villanos (como Negan en The Walking Dead) aplicaron ese concepto a su manera. Pero la idea de una organización que asesina niños en pos de un bien mayor es fuertemente corrosiva y nos ponemos a pensar si no sería mejor que el mundo ardiese de una vez por todas antes de tener que vivir en uno que se sostiene sobre tal horror.

No es que a partir de su revelación, Sigsby nos vaya a caer simpática. Lo que ella y los demás hacen sigue pareciéndonos igual de espantoso y más aún cuando involucra no solo muertes de niños, sino también maltrato psicológico y tortura. Pero si las cosas son realmente como ella las contó y no hay aspectos que desconoce, se instala una pregunta terriblemente incómoda, que es qué ocurrirá con el mundo una vez que el instituto, al parecer su salvaguarda, ya no exista.

Habrá que ver si el último capítulo da una respuesta a ese interrogante ético o prefiere, por el contrario, mantenerlo en estado de pregunta. Como también habrá qué ver cuál de las dos opciones es la que nosotros preferiríamos, pues estoy seguro que la mayoría de nosotros está esperando que las cosas no sean como Sigsby las presenta y que detrás haya objetivos mucho más maléficos que nada tengan que ver con hacer un bien a la humanidad y cuya condena moral nos resulta menos incómoda. En otras palabras, estamos esperando que en su último capítulo la serie nos lleve a nuestra zona de confort. ¿Lo hará?

Debo admitir que me he equivocado con Wendy y con el sheriff Ashworth, en los cuales no confiaba. Y me ha gustado ver a un Tim más humanamente impulsivo, tempestuoso y por momentos desencajado, al punto que la muerte de Drew (merecida) no ha parecido tan “accidental” como las otras. El personaje sigue siendo demasiado correcto, pero no está mal que agregue matices que, por momentos, le acerquen a sus supuestos antagonistas. Gran trabajo, por cierto, de Ben Barnes.

Habrá que ver con qué nos encontramos en el próximo capítulo y si los responsables de la serie deciden ajustarse a lo escrito por King y dejar la cosa en una temporada o, por el contario, arrojarse a una segunda con todos los riesgos que, para bien o para mal, podría ello conllevar. Mientras tanto, seguimos viendo una gran temporada que se ha hecho grande especialmente en su segunda mitad y, aunque nos reste todavía ver su final, ya podemos decir sin miedo a equivocarnos que El Instituto es una de las mejores series basadas en Stephen King que se hayan hecho.

Les espero pues para analizar el último episodio y sean felices…

 

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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