Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.
Para hablar de la serie «Muertos S.L» que se puede ver, no os lo vais a creer, en Netflix debemos aclarar varias cosas antes. Al contrario que muchas páginas pedantes en esta santísima y serenísima casa somos de reír. En general de muchas cosas, de casi todo en realidad. Nos resultan especialmente graciosos los Jorge de Burgos de la vida, que creen que la risa hace que nos convirtamos en monos, en gente bobalicona o incluso feliz. La gente seria que nunca se ríe: esa si que es adulta. Todo el día estreñidos, el entrecejo juntito y flexionado. Viktor Frankl contaba en «El hombre en busca del sentido» que él, que pasó por varios campos de concentración nazis, escuchó a unos cuantos que sabían que iban al matadero hacer chistes y reírse. En 2025 aún tenemos a gente que escucha dos chistes en una película o serie y recurre a los lugares comunes para hacerse pasar por alguien muy inteligente y adulto. Ayh arroba policía que me ponen bromas en el café. Ninguno de ellos nunca es la mitad de listo ni complejo que Berlanga o Mel Brooks, pero ahí les tienes, recordando siempre al inmortal Jorge de Burgos, el más terrible villano de todos los tiempos junto a Craso del Espartaco de Kubrick.
Aquí disfrutamos de Muertos S.L. Disfrutamos de la risa elevada pero especialmente de la no elevada. Disfrutamos con los shows de humor absurdo y con el humor de caca, culo, pedo, pis. También puede ser porque abundan los españoles en el blog, ya que la comedia es el género por excelencia del cine español. En fin, hablar de la comedia en el siglo XXI en España es hablar de la Hora Chanante y de Aquí no hay quien viva/La que se avecina. Que al final son cosas que se han mezclado muy exitosamente, como sabe cualquiera que haya visto la comedia más exitosa de la historia de este país. De ahí han salido ya la muy divertida «Machos Alfa» y de lo que se trata hoy, «Muertos S.L.»
«Muertos S.L.» es, a grandes rasgos, una mezcla de las ideas de los hermanos Caballero (La que se avecina) con claras influencias de la espectacular The Office. Se han alejado del habitual entorno familiar o de amigos a los que les pasan cosas, algunas del curro pero muy secundariamente, a centrarse en un entorno laboral de pequeña pyme española. En una muy especial, en una funeraria en la que trabajan como una decena de personas. Todo gira en torno al espectacular Carlos Areces, que interpreta a la mano derecha del dueño. La serie comienza con la muerte de éste, pasando toda la serie a girar en torno a las triquiñuelas malvadísimas, conspiraciones chapuceras, cizañas malintencionadas y actos moralmente horribles que lleva a cabo el protagonista para ser él que asuma el mando de la funeraria. Es el trepa español por excelencia. Se nota a años luz lo muchísimo que Carlos Areces disfruta interpretando a seres mezquinos, malvados y lamentables. Lo borda. Es sensacional.
Alrededor del protagonista en «Muertos S.L.» hay un elenco de secundarios a cada cual más memorable. Ninguna comedia sobrevive con un solo personaje gracioso, claro. Tenemos a la recepcionista hipocondríaca e inocente. Tenemos a un conductor de coche funebre que es básicamente Emilio de Aquí no hay quien viva pasado de vueltas. Tenemos al espectacular tanatopractor autista, aficionado a ir a conferencias de genocidios. También a la viuda del antiguo dueño, que es una mezcla entre inocente, buena persona y profundamente subnormal que no se entera de nada…pero vergonzosamente creíble. Y, por supuesto, destaca y brilla el yerno de la viuda, un pijo inútil fan de Steve Jobs, totalmente absorbido por los vídeos de Youtube sobre emprendimiento y psicología positiva, que se encargará de aparecer como una bomba de estupideces, pérdida de tiempo y dinero para todos. Sí, interpretado por Diego Martín, que siempre hace el mismo papel, pero amado pueblo: aquí llega a su cima de ser aborrecible y sacarnos carcajadas ante las muchas chorradas que se inventa para ayudar a la empresa/torturar a todo el mundo.
Los episodios de Muertos S.L. son cortos, en la tradición más estadounidense, rechanzando la clásica duración de una hora española. Es otro punto a su favor: prácticamente siempre los episodios se cierran con un enganche de algo terrible que va a suceder, dando siempre ganas de más. Si la serie funciona bien no es solo por que el nivel de los actores sean bueno, claro, sino por haberse centrado, como en The Office, en las dinámicas del mundo del trabajo. Y en hacerlo con las particulares cosillas/mierdas/glorias del mercado laboral español. Así, en este empresa familiar, tenemos al patriarca que ha hecho siempre lo que ha querido, al calientasillas eterno que sueña con liderar el cotarro, el becario joven que se arrastra por casi nada, el señor mayor que solo piensa en jubilarse, el enchufado pijo inútil, la concienciada social, el borrachuzo y golfo…es magistral cómo otra vez los hermanos Caballero captan las esencias tragico-cómicas del día a día del país y te hacen reír como un mandril delante de la pantalla.
Como lo es la forma de hablar del negocio: la muerte. En «Muertos S.L.» se meten directamente con los últimos momentos, con lo de llorar, con la tragedia de perder a un ser querido. Y lo retuercen para encontrar los momentos ridículos, las cosas profundamente humorísticas que vienen, precisamente, de la enorme variedad que tienen las personas en este mundo. Es imposible tratar con mucha gente y que no haya comedia. Hablemos de lo que hablemos. Aquí se da un paso más y se hace comedia de las peticiones estrafalarias de los familiares, de las circunstancias de los fallecidos y los embolados que implican para los trabajadores, de velatorios en los que no todo el mundo está vivo y otros en los que no hay muerto.
¿Cómo se pueden meter en «Muertos S.L.» en tantos fregados, incluso cosas como el feminismo, la gordofobia o la acondroplasia? Pues con humor negro, de manera honesta, pero con humor negro. Un humor que está rodado con la ya conocida forma de narrar de The Office, con esos zooms descontrolados a las caras en los momentos más surrealistas que fuerzan casi siempre los jefes o las personas que toman decisiones. Hay tantas cosas terribles que te sacan una risa que no podríamos parar de contarlas, pero no queremos arruinar las sorpresas a nadie. Precisamente como no es humor sectario ni de parte se percibe como algo honesto: no te están dando ningún sermón desde un partido político concreto. Por eso la serie a pesar de tener muy mala baba con temas que en otros ámbitos llevan a grandes polémicas aquí no las hemos tenido.
Aunque nadie debe engañarse: en el retrato del funcionamiento de la PYME, de sus dinámicas, su lenguaje impostado, del propio comportamiento de los que trabajan allí, de las triquiñuelas y de lo tragicómico de tantas situaciones surrealistas de los personajes en su ámbito laboral hay una clarísima intención de desguazar las miserias, contradicciones y al final humor (cuando se ve desde la distancia) de nuestro amado mundo laboral español de las bajas alturas.
Sed felices.




Muy buen análisis de la serie, Raúl. No suelo ver mucha comedia española, pero con ésta te echas unas buenas risas. Destaco especialmente al yerno, Chemi, que representa muy bien a ese tipo de persona tan de moda hoy en día que se cree tantas tonterías que ve por internet.