Desde que el cine es cine se han encasillado a los actores. Ya ocurría durante el sistema de estudios del cine clásico, en el que incluso los actores debían mantener su personalidad cinematográfica más allá de la gran pantalla. A John Wayne solo le contrataban para hacer westerns. A Humphrey Bogart para interpretar detectives de tan duro caparazón como blando corazoncito. Y así un largo etcétera que se extiende hasta el mismísimo Dwayne “The Rock” Johnson, que ha decidido cambiar de registro y va a por el Óscar con The smashing machine, drama deportivo estrenado en cines el 3 de octubre.
The smashing machine es un biopic de Mark Kerr, luchador pionero en la popularización de las artes marciales mixtas a finales de los 90, centrándose en su época más complicada, marcada por la derrota, las adicciones y la tormentosa relación con su mujer Dawn.
Cuando uno se acerca a la película sin mucha información, puede pensar que The smashing machine es, independientemente del resultado, un descarado intento de ganar el Oscar a mejor protagonista. A priori, cuenta con todos los factores que gustan a la Academia: un actor que interpreta a un personaje real bajo toneladas de maquillaje. Como Eddie Remayne con Stephen Hawking, Gary Oldman como Winston Churchill o Rami Malek como Freddie Mercury. Además, cuenta con la ventaja de que Dwayne Johnson, antiguo luchador de Smackdown (lucha libre fingida), es un actor marcado por su carisma en el cine de acción. Así que la crítica estaba expectante con como resultaría ver al actor en un papel puramente dramático.

Encima, la película cuenta con el aliciente de ser escrita y dirigida por Benny Safie, el que, junto a su hermano Josh, nos aceleró el corazón con dos peliculones que tenéis en Netflix: Good Time y Diamantes en bruto. Ambas películas de personajes que luchan contra la opresión de la sociedad en un corto periodo de tiempo. Todo lo contrario que The smashing machine, una película deportiva inusitadamente clásica en su narrativa, por mucho que su temática se aleje de la típica película deportiva.
Las 20 mejores películas de boxeo
Porque esta no es la historia de los éxitos de Mark Kerr, sino de como lidia con sus fracasos. Una jugada arriesgada, porque es una película deportiva que no apuesta por la épica. Más bien se centra en el drama humano de alguien acostumbrado al éxito que empieza a perder en todos los ámbitos de su vida.
Y es una jugada que sale a medias. Porque el drama humano está bien enfocado. Safdie otorga de humanismo a sus dos personajes protagonistas. Mark Kerr es un personaje noble y adicto. Atento y ególatra. Dawn quiere a Mark, pero le duele no ser una prioridad para su marido. Así, The smashing machine es una radiografía de las luces y sombras de ser un deportista de élite. Sí, son personas ejemplares en su afán de superación, en superar sus demonios internos. Pero también viven tan obsesionados con la perfección física, con las rutinas estrictas, que minimizan a todos los que tienen alrededor.
Ambos personajes están magníficamente interpretados. Lástima del maquillaje de Dwayne Johnson. Personalmente, no paraba de pensar en que, bajo todas esas capas de maquillaje, Mark Kerr es The rock, y eso me sacaba de la película. Y luego está Emily Blunt, que arrasa la pantalla cada vez que aparece en un papel distinto al que nos tiene acostumbrados.
Pero claro, insisto en que la jugada sale a medias. Porque como drama humano, The smashing machine es notable. Pero como película deportiva, con la épica inherente que ello implica, fracasa porque la historia, en su intento por humanizar al luchador, humaniza tanto que no emociona. No impactan los combates, por muchos giros inesperados que encontremos en la película (y que mejor no desvelar).

En definitiva, The smashing machine es una interesante película antideportiva que busca centrarse en la aceptación de la derrota y en lo difícil que resulta congeniar el éxito personal con la felicidad en pareja. Se beneficia de unas excelentes interpretaciones y ojalá que esto suponga un escalón más en la carrera de Dwayne Johnson. Aunque, personalmente, me sigo quedando con el The rock de Fast & Furious o, sobre todo, de esa joya infravalorada conocida como Dolor y dinero.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



