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Retro-Análisis: El Temible Burlón (1952). La película de piratas que marcó nuestra niñez

El Temible Burlón (El Pirata Hidalgo en América Latina) fue la película de piratas que marcó nuestra niñez para muchos cinéfilos.  No es que yo la viera de niño al estrenarse, porque si así fuera tendría hoy día más de 70 años y no es el caso. Estamos ante una película de esas que repiten en los canales de televisión en numerosas oportunidades a lo largo del tiempo, con lo que tienes oportunidad de haberla visto más de una vez.

Si no es el caso (o sea, si no la has visto aún), y eres fan del género de aventuras, esta es la crítica que puede hacerte verla y descubrir una más que destacable producción de la fábrica de sueños, que es lo que fue Hollywood en los años 50.

Qué historia nos cuenta El Temible Burlón

La trama sigue al capitán Vallo (Burt Lancaster), un pirata audaz y a la vez encantador, en sus aventuras por los mares del sur, tratando de sacar el máximo provecho de sus fechorías en una historia llena de intrigas políticas, alianzas cambiantes, rescates, fugas e incluso un romance ligero que parece que no tendrá repercusión para alguien tan curtido en mil batallas como él, pero ya veremos que nada más lejos de la realidad.

Qué podemos destacar de El Temible Burlón

Estamos ante una película que no busca el rigor sobre aspectos fílmicos ni históricos. Estamos ante la típica producción de Hollywood para tratar de entretener al espectador de la mejor manera posible. Es más un ejemplo de ese tipo de cine de capa y espada que tan bien se hacía en esa época en la cuna del cine pero, incluso siendo algo típico, se transforma en algo digno de destacar gracias a su fórmula que ofrece, sobre todo, espectáculo, ritmo y divertimento. Evidentemente todo al servicio de su protagonista, el cual está brillante una vez más.

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Burt Lancaster, el núcleo atómico de esta producción

No vamos a descubrir a estas alturas quién fue Burt Lancaster.  Tuvo un pasado en el mundo del circo y eso se nota mucho en esta película. Evidentemente, no todas las acrobacias son protagonizadas por él, pero sí es evidente que muchas de ellas. Y no solo él, sino que su química con Nick Cravat (compañero suyo en el circo) tuvo como resultado esta producción y otra de aventuras donde se nota la sincronía entre ambos: El Halcón y la Flecha. En la película que nos atañe, Lancaster no solo actúa: salta, trepa, se balancea con cables, pelea y se mueve con una naturalidad que le da al personaje una vitalidad extraordinaria.

Habitualmente, en este tipo de producciones en las que el heroísmo puede depender de un gesto elegante o una pose romántica, Lancaster introduce una fisicidad casi circense que resulta innovadora. Su personaje no es moralmente intachable; de hecho es muy ambiguo en sus intereses y el hecho de que Lancaster pareciera estar disfrutando de cada escena le da un toque especial al filme.

Otros aspectos relevantes

Aunque pueda parecer extraño, otro de los elementos para destacar del filme es un personaje mudo. Ojo, interpretado por Nick Cravat aporta ese tipo de humor más físico y expresivo que podríamos ligar justamente al cine mudo. Esa relación entre su personaje y el de Lancaster hace que en más de una escena aparezcan momentos o gags humorísticos que son recordados por espectadores de todas las edades.

El tono del film es también digno de mención.  Robert Siodmak (Forajidos, La Escalera de Caracol), director más asociado habitualmente al cine negro, demuestra aquí su buen hacer llevando a término una historia que nada tiene que ver con dicho género. La película mezcla acción, comedia y romance sin que el conjunto se descontrole en absoluto. Sabe, como los buenos cocineros, poner las dosis adecuadas de cada género para que todo funcione. La puesta en escena es dinámica, clara y orientada al movimiento. Las luchas, combates y persecuciones están filmados con una energía que hace que el espectador no quite el ojo de la pantalla.

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La parte visual toma una importancia vital gracias al uso de color, decorados y vestuario.  Todo ello nos ayuda a crear un mundo vistoso, aunque muy artificioso (habitual en este tipo de producciones) y con una versión idealizada y casi teatral del Caribe. Recordemos que muchas de las producciones de esa época eran realizadas en el interior de estudios, con lo que ello conlleva tanto de bueno como de malo. Al no buscar seriedad documental, sino simplemente entretener, se permite un cierto nivel de humor que no va en contra del filme sino más bien todo lo contrario.

El guion también tiene lo suyo y sin ser quizás el punto más sobresaliente de los que aquí tratamos, tiene la capacidad de mantener el ritmo y enlazar escenas de acción que lo hacen diferente. Aunque no tiene giros de script importantes, el viaje de Vallo desde su posición de ambigüedad como corsario hasta terminar defendiendo una causa justa hace que El Temible Burlón tenga un tono argumental con cierto fondo.

Resumiendo, estamos ante un ejemplo de película clásica de aventuras, con un protagonista carismático (Burt Lancaster) que nos ofrece pasar casi dos horas entretenidas, lo cual ya es algo. Es un filme de tono ligero, con escenas de acción pero a la vez también toques de humor y momentos románticos que agradarán a todo tipo de público.

Os dejamos un enlace a un artículo de la web sobre películas de aventuras. AQUÍ 

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