Hay cómics que nacen como spin-offs casi de compromiso… y otros, como Sam y Twitch, que acaban demostrando que los personajes “secundarios” eran en realidad, unos protagonistas esperando su momento. Por eso es tan buena noticia que Planeta recupere la serie que se dedicó a los dos detectives entre 1999 y 2001. Lo hace a través de dos tomos de lujo con el sobrenombre de Sam y Twitch: Orígenes de los cuales ya hemos podido leer el primero, que contiene los 13 primeros números de la serie original y del que vamos a contar nuestras impresiones.
El resumen de la editorial es el siguiente: Desde las oscuras calles y los rincones más sórdidos de la ciudad de Nueva York llegan dos de los detectives más avezados de la policía de Nueva York: Sam y Twitch. Salidos directamente de las páginas de Spawn, el cómic superventas de Todd McFarlane, estos inusitados héroes tienen cierta tendencia a estar en el lugar adecuado en el momento erróneo. En primer lugar, únete a nuestros protagonistas cuando les piden que investiguen una serie de misteriosos asesinatos entre mafiosos, con un componente bio-sobrenatural, en el aclamado arco argumental Udaku. A continuación, sigue a los funcionarios públicos de Nueva York mientras resuelven los crímenes de unos asesinatos en Central Park relacionados con Brujería.

El libro que nos ocupa recoge el nacimiento de una de las mejores series policiacas del cómic americano moderno, camuflada dentro del universo de Spawn. Y lo hace con una naturalidad pasmosa, como cuando descubres que el café de máquina del curro es, sorprendentemente, bueno.
Sam Burke y Twitch Williams aparecen desde el primer número de Spawn como dos detectives de homicidios de Nueva York: uno enorme, tosco y malhablado; el otro flaco, nervioso y con una puntería casi sobrenatural. En un mundo de demonios, capas vivas y guerras celestiales, ellos son pura humanidad. Aquí el interés no está en lo sobrenatural, sino en el crimen, la rutina policial y la miseria cotidiana.
El gran responsable de que esto funcione es Brian Michael Bendis, todavía lejos de su etapa mainstream en Marvel y DC. Aquí se nota al Bendis más indie, heredero directo de Goldfish, Jinx o Torso: diálogos largos, aparentemente caóticos, llenos de silencios incómodos y conversaciones que parecen no ir a ningún sitio… hasta que lo entiendes todo. Es un noir muy verbal, muy de bar a las tres de la mañana, que exige al lector algo de paciencia, pero recompensa con personajes creíbles y casos que se cuecen a fuego lento. Porque ese es otro de las grandes bazas de Bendis, el convertir a dos sosias de Laurel y Hardy en dos personajes de carne y hueso, llenos de humanidad y tan interesantes como atractivos.

Sam y Twitch tiene las virtudes que han marcado siempre la carrera de Bendis. El cuidado por dotar de profundidad a sus personajes, la presentación de ideas originales e interesantes y sobre todo, el uso de los diálogos como elemento principal para hacer avanzar la trama.
Pero también están presentes los elementos negativos que muchos lectores le echan en cara. Los personajes a veces actúan fuera de su personalidad previamente establecida, sin olvidar la tendencia a alargar las historias demasiado (el famoso decompressive storytelling) y a no cerrarlas de manera coherente. O las míticas escenas de las “cabezas parlantes” que pueblan todas sus obras, en las que los personajes hablan y hablan sin que pase nada embarrando el ritmo narrativo.
Apartado gráfico: crudeza, feísmo y atmósfera
En el dibujo, Angel Medina lleva el peso principal, acompañado puntualmente por Alberto Ponticelli y otros artistas. Medina no busca belleza: busca incomodidad. Caras deformadas, cuerpos desproporcionados y una ciudad que parece siempre húmeda y sucia. En esa búsqueda de la personalidad propia del dibujo hay muchas ocasiones en las que es complicado seguir la acción ya que las composiciones de páginas son muy confusas. Es un estilo que puede chocar al principio, pero acaba encajando como un guante con el tono del guion. Nueva York aquí no es postal; es un personaje más, y uno bastante desagradable.

Mención aparte merecen las portadas originales de Ashley Wood, auténticos ejercicios de atmósfera y sugerencia. No narran, evocan. Son como carteles de cine independiente colgados en una pared desconchada: no te explican la película, pero te obligan a querer verla.
La edición española: luces y alguna sombra
En España, Planeta Cómic publica Sam y Twitch: Orígenes nº 01/02 en tapa dura (cartoné), con 328 páginas a color, formato 16,8 x 25,7 cm y un precio de 40 euros. El tomo incluye material extra como las portadas originales (así podemos disfrutar del arte de Ashley Wood) y un interesante contenido entre bastidores, lo cual siempre se agradece en una obra de este calibre.

La edición es sólida y elegante, aunque es cierto que el precio puede echar para atrás a algunos lectores, sobre todo teniendo en cuenta que recoge material de finales de los 90 ya reeditado varias veces fuera. Aun así, como tomo definitivo en castellano, cumple con nota y luce muy bien en estantería.
Conclusión y valoración final
Sam y Twitch: Orígenes es uno de esos cómics que necesitan imperiosamente una conexión total con el lector. Hay que dejar pasar los elementos negativos que siempre acompañan a los guiones de Bendis y aceptar el arte complejo y “feista” como complemento ideal para una historia de este tipo. Si logramos hacer esas dos cosas, la recompensa será una absorbente historia noir con tintes sobrenaturales en la que asistiremos al crecimiento de dos personajes con un indudable carisma. Sin olvidar lo que supone para la historia del noveno arte ya que en está colección fue donde Bendis demostró lo que podía dar de sí y supuso su confirmación como estrella emergente antes de dar el salto a Marvel y DC. En resumen, estamos ante un clásico moderno del cómic policiaco que por fin tiene en España la edición que merecía.



