El día 8 de mayo se ha estrenado la secuela de Mortal Kombat de 2021, una cinta de la que ya hablé (y no muy bien) en su día. La nueva entrega de la franquicia estaba llamada a expandir el lore tan atractivo de la saga del Dragón y darnos el torneo que no tuvimos hace 5 años. ¿Lo consigue? A medias. Aunque cumple con la cuota de violencia, deja un sabor agridulce para quienes buscan algo más.
El hilo conductor de la película es, siendo generosos, flojo. El centro de la trama es la llegada de Shao Kahn a Edenia y su compleja (aunque poco explorada) relación con Kitana. Lo que podría haber sido un drama épico de conquista y traición termina sintiéndose como una excusa apresurada para mover a los personajes de un escenario de lucha al siguiente. Casi como una pantalla de carga entre combate y combate. Falta peso emocional; las motivaciones se sienten planas y muchas de ellas son tan predecibles que lastran el disfrute de la película.

¿Acaso no se veía venir el arco argumental de Jade? Creo que, tras las quejas de muchos fans por la falta de torneo en la primera entrega, aquí han dicho: ‘¿Quieres sopa?, toma tres tazas’. Y tienes tazas para hartarte, pero la mayoría son sopas de sobre y sin sabor, pero de eso hablaré más adelante.
Lo mejor (y lo peor) de la cinta es, sin duda, la incorporación de Karl Urban como Johnny Cage. Urban captura perfectamente la esencia del personaje: egocéntrico, divertido y con ese síndrome del impostor y sentimiento de ‘pez fuera del agua’ que aporta el alivio cómico necesario en un mundo de semidioses y espectros.
Sus referencias al cine y cultura popular me encajan mejor que las de Kano, que hay momentos en los que se hace insufrible y funciona tan mal como en la primera entrega. Sí, Kano está vivo, ya lo vimos en el tráiler.
El resto de personajes que fueron protagonistas en la primera entrega pasan a ser algo más secundarios, dándole el mando a Cage y Kitana. No hay arco de evolución de ninguno de ellos, únicamente tienen ciertas frases metidas con calzador en las conversaciones que, si sabemos leer entre líneas, nos va a desvelar cual será su futuro dentro de la franquicia. Mortal Kombat no es Shakespeare, pero se podía haber exprimido más su folclore para que los protagonistas y antagonistas tuviesen más peso.

EN CF: TODO lo que hay de mortal kombat en la web
Raiden, Quan-Chi y shang Tssung son meros extras andando por detrás de la escena con escasas líneas de dialogo que no añaden nada nuevo.
En Mortal Kombat 2 nos vamos a mover entre diferentes mundos y localizaciones de los videojuegos, que se han plasmado de una forma brillante y que los fans vamos a reconocer al instante. Dándonos un aspecto muy similar a la segunda entrega del videojuego de Midway (NetherRealm studios actualmente) y eso es algo en lo que se nota que han puesto cariño, mimo y se agradece mucho.
Los efectos especiales para mostrarnos Edenia y sus paisajes místicos funcionan muy bien, al igual que los poderes de los combatientes que suelen integrarse bien en medio de los combates para darles algo de dinamismo.
Vamos a lo importante de una película de artes marciales: Los combates. Los enfrentamientos tienen un baremo que va desde el suspenso más lamentable al notable más merecido. En la parte baja estarían los de Johnny Cage. La diferencia entre los artistas marciales reales del elenco y los actores de Hollywood es abismal. Es demasiado evidente que Urban no realiza la mayor parte de sus combates, por no decir ninguna. El montaje se vuelve frenético y los planos se sitúan sospechosamente en lugares en los que no le vemos la cara al actor cuando este lanza una patada, delatando el uso constante de dobles.
¿Tan difícil era el uso de un ‘deep fake’ de la cara de Urban sobre el cuerpo de un artista marcial?

Cuando eso lo usas a modo cómico, como en el tráiler de ‘Uncaged Fury’, pues encaja con el cine de los 80 y 90 y saca una sonrisa a los que lo vivimos de primera mano, pero cuando tienes que vender que ese actor es un artista marcial y no lanza ni un solo puñetazo, pues te saca de la película. En el otro extremo están Ludi Lin, Max Huang, Joe Taslim o Hiroyuki Sanada. Los combates en los que estos artistas marciales participan están a un nivel soberbio. Son espectaculares y con coreografías en las ellos mismos participan y en las que se mezclan golpes llamativos con los poderes del personaje de una forma creativa.
Esa diferencia entre combates es tan abrumadora que cuando acaba uno de esos que te dejan con ganas de más y viene otro que es decepcionante, pues las expectativas caen por el suelo tan rápido como una caída en el escenario de ‘the Pit’.
Si vas por la acción pura y sin descanso, la película te da lo que pides. Los combates están saturados de poderes icónicos sacados del videojuego, y los Fatalities son tan gráficos y creativos como cabría esperar. En este aspecto, la producción no se corta, entregando una violencia estética que satisfará a los seguidores más acérrimos de la hemoglobina del material original.

En lo que a música se refiere, tengo que reconocer que es muy genérica y que en los momentos más espectaculares tira de una versión del ‘Techno Syndrome’ de The Immortals que la cinta de 1995 hizo tan icónico.
Conclusión
‘Mortal Kombat 2’ es una cinta que prioriza el espectáculo visual sobre la sustancia, pero no siempre ese espectáculo funciona. Se nota una brecha insalvable entre la calidad de las coreografías de los artistas marciales y la torpeza de algunos actores principales en los combates.
Lo mejor para mi es Karl Urban robándose cada escena en la que no tiene que pelear y el personaje de Kitana (Adeline Rudolph), que carga con todo el peso de la trama y lo hace de manera solvente.

Lo peor es un guion que parece escrito solo como excusa entre combate y combate y que pese a que expande algo el folclore de Mortal Kombat, lo hace torpemente.
‘Mortal Kombat 2’ es una cinta que entretiene, pero a la que se le ven las costuras en cuanto te cuestionas ciertas decisiones y situaciones. Es mejor que la primera entrega, a la que olvida casi de forma clamorosa, desechando lo que los fans odiaron, pero, aun así, para mí aprueba raspada.
Eso sí, el cameo que nos trae en el papel del barman me sacó una sonrisa.
Me despido con el mítico Techno Syndrome de Mortal Kombat de 1995:
Un saludo y sed felices



