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La invitación (2026) Olivia Wilde regresa con una comedia incómoda, inteligente y sorprendente

Después de que en 2022 la gran apuesta de Olivia Wilde como directora con Don’t Worry Darling recibiera opiniones mixtas de crítica y audiencias, se ponía en duda el éxito que esta pudiera llegar a lograr dirigiendo. Ahora, luego de unos años de espera, vuelve a la gran pantalla con La invitación, una comedia sobre un matrimonio que decide pasar la noche junto a sus vecinos, en una cena que poco a poco revelando secretos e intimidades de ambas partes.

En 2019 Olivia Wilde dio un salto desde la actuación al rol de directora con Booksmart, una asombrosa comedia adolescent en la cual la escala es pequeña, pero le juega a favor el poder retratar a las protagonistas y ponerlos en situaciones límite para generar espacios de comedia. Luego, en 2022, con Don’t Worry Darling se adentró en un terreno más ambicioso y, para bien o para mal, fue un acercamiento al tema del matrimonio y el desgaste que este puede generar.

Con La invitación, Wilde parece haber logrado un equilibrio entre ambos estilos, logrando dar una película que en ningún momento pretende detenerse en la comedia, sino que se centra especialmente en los personajes y la evolución de sus relaciones.

The Invite' review: Olivia Wilde and Seth Rogen's new film is the best movie I've seen in 2026. Yeah, I'm as surprised as you are | Tom's Guide

Una cena que expone las grietas del matrimonio

La historia sigue a Joe (Seth Rogen) y Angela (Olivia Wilde), un matrimonio venido a menos y en constantes desacuerdos. Sin antes avisarle, Angela decide invitar a una cena a Hawk y Pina, pareja que vive en el departamento de arriba, por el simple hecho de parecerle personas interesantes.

Esto genera peleas y discusiones entre ambos hasta que llegan Hawk (Edward Norton) y Pina (Penélope Cruz), una pareja mucho más libre que parece entenderse mucho mejor y con una relación más estable, a pesar de estar casados ni llevar mucho tiempo juntos. A medida que la noche avanza, las parejas se conocen mejor y descubren poco a poco las partes más íntimas de cada uno de los cuatro.

El guion es una adaptación de la película española Sentimental (2020), pero a cargo de Rashida Jones, adaptando la historia a los problemas convencionales estadounidenses y con una identidad bastante más marcada.   Se construye y se sostiene por las conversaciones entre los personajes, con un enfoque bastante frontal expresando sus dilemas sin subtexto ni de forma subjetiva. Y aunque normalmente decirle al espectador todo el mensaje de frente no da muy buen resultado, en este caso funciona.

Y lo hace porque el tema central es la sexualidad, pero no desde una aproximación erótica o de comedia pura, sino desde sus propios dilemas, lo que, al ser un tema tabú y tan poco tratado, resulta bastante refrescante y a la vez incómodo.  Pone al espectador en una situación bastante especial porque la tensión y la incomodidad se acumulan, desembocando en un momento cómico que, lejos de arruinar el ritmo, está tan bien construido que cae como anillo al dedo.

Igualmente, el tema de la sexualidad no se toca simplemente para incomodar o hacer reír, sino con el sentido de retratar a los matrimonios. Todo se relata a través de conversaciones, pero puestas en contexto representan los problemas de un matrimonio convencional: cómo la cotidianidad se puede convertir en repetición y cómo el preocuparse por las cosas del exterior afecta apreciar lo que se tiene, así como el paso del tiempo, el desgaste de viejos hábitos y la diferencia entre deseo y liberación.

Ello dota a la cinta de un trasfondo donde el espectador puede reflexionar mucho sobre temas que pocas veces se tocan de manera tan directa, con un trabajo de guion impresionante donde todo está construido en base al diálogo y nunca se siente lento o repetitivo.

The Invite' Ending Explained

Puesta en escena al servicio de la historia

En apartados técnicos, La invitación puede sentirse como algo poco impresionante al ser una película de escala pequeña, pero no es falta de capacidad en ese aspecto, sino porque está al servicio de la narrativa. Toda la película sucede en una sola noche y en un solo departamento.

El diseño de producción es muy bueno debido a que refuerza el sentimiento de encierro e intimidad. En una historia de este tipo, muy introspectiva, uno más elaborado o con más localizaciones sería contraproducente. En este caso, el departamento se construye con distintos pasillos estrechos y salones donde siempre hay elementos que encierran más el encuadre y, cuando se tiene un vistazo a los espacios más íntimos, como las salas de trabajo de los personajes, se sienten realmente vivos y suyos.

Asimismo, Olivia Wilde hace un gran trabajo como directora. Aunque se apoya mucho en el diálogo, lo suyo no queda ahí. Con constantes movimientos de cámara, logra que la situación se sienta más tensa y todo vaya simbólicamente en espiral hasta derrumbarse. El uso de planos cerrados ayuda a reforzar la sensación de intimidad y que la química entre los personajes se sienta más fuerte en los momentos de tensión.

En cuanto a las actuaciones, todos son de élite y no decepcionan en ningún momento. Seth Rogen es en quien recae mayormente la parte de comedia, lo que suele ser común en él, pero también tiene sus momentos más sentimentales e introspectivos sin queda atrás del resto del elenco.

Olivia Wilde interpreta a un personaje que desprende ansiedad y nerviosismo, además de hacer un trabajo fantástico con la corporalidad.  El de Edward Norton, por su parte, se siente en ocasiones como el más desconectado, pero ese es precisamente su rol: representar en todo momento la parte más confiada.  Y Penélope Cruz, por último, se roba la pantalla en cada escena, transmitiendo tanta seguridad que su sola presencia llena la historia.

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Un cierre que rompe el ritmo

Si bien no es un problema demasiado grande, el final es la parte más débil de La invitación, algo que ya le ocurría a Wilde en Don’t Worry Darling. Esto se debe a que toda la cinta es bastante frontal y directa, recargándose todo en la comedia para dar pequeños respiros al espectador.

En el último acto todo se detiene, el ritmo baja drásticamente y se vuelven conversaciones más cercanas al drama de pareja tradicional que, si bien refuerzan el mensaje, hacen que se sienta un poco fuera de lugar. Igualmente, las últimas escenas, en vez de ser directas, son un poco más subjetivas e interpretativas.  No es que rompan con la narrativa y representan, por cierto, un desenlace lógico, pero sí se sienten como un cambio brusco y algo anticlimático.

The Invite : Movie Review

La invitación es una de las mayores sorpresas del año, regresando a Wilde como directora con una historia incómoda y refrescante por igual que, con sus personajes carismáticos y extravagantes, logra dejar una huella en el espectador.

Fernando Arévalo
Fernando Arévalo
Amo las pelis :)
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