Continuamos analizando la cuarta temporada de Star Trek: Strange New Worlds, en este caso con su cuarto episodio titulado Un Caso de Claroscuro que viene, precisamente, con formato noir en blanco y negro. Creada por Akiva Goldsman, Alex Kurtzman y Jenny Lumet, la serie puede ser vista en España por Skyshowtime y en América Latina por Paramount+.
Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Una vez más aquí para analizar otro episodio de Star Trek: Strange New Worlds que, ya para esta altura, bien sabemos que gusta sorprendernos con jugando con los géneros. Y así como las dos entregas previas de esta cuarta temporada lo hicieron con el terror y la comedia, este cuarto episodio lo hace con el cine noir estilo cuarenta.
La cosa viene entonces en blanco y negro, pero esto es Star Trek, así que hay una excusa acorde que lo justifica. Pasemos pues a ver qué ha ocurrido en el capítulo, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer en esta web nuestros análisis previos, tanto de esta como de otras series y películas de la franquicia.
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Planeta Noir
Comenzamos con bitácora a cargo de Una que, en una lanzadera y en su primera misión como comandante, se dirige con Uhura y M´Benga a rescatar una sonda que, sobrecalentada y luego apagada, ha ido a parar por inercia al sistema Mat’Aar, en territorio klingon. Deben, por lo tanto, evitar que sea descubierta por estos, al igual que andar con cuidado de no ser detectados porque podría el asunto derivar en guerra fría.
Lo particular es que allí todo se ve en blanco y negro debido a la alteración que, en la percepción de los colores, provocada por el espectro infrarrojo de la estrella del sistema. Logran dar con la sonda y transportarla, pero un crucero imperial D7 hace súbita presencia y, desde la Enterprise, Pike recomienda ocultarse en el planeta Mat’Aar 12 y mantenerse «invisibles» hasta que puedan ir a buscarlos.
Apenas ingresar a la atmósfera, son detectados por un sistema de alerta, aunque no identificados: saben que alguien ha llegado, pero no quién. Dejándola oculta y replicando vestimentas del lugar, salen a andar por una ciudad de estética retrofuturista con pobladores que lucen sombreros y abrigos largos como los de los cuarenta. Siendo un planeta ocupado, llama la atención no ver ningún klingon, pero pronto ven imágenes holográficas de estos impartiendo órdenes e instrucciones a los locales.
Un sujeto llamado Roman (Demore Barnes) les sale al cruce y parece reconocer a Una, pero la llama Nevette y dice que la daban por muerta, lo que hace evidente que alguien allí se le parece mucho. Presentando a sus acompañantes como dos nuevos reclutas, Una es puesta por este al tanto de que la requieren en el cuartel general por un asunto y, al llegar, descubren que el mismo funciona en un bar tan retro como todo allí, con naipes y… pianola.

M´Benga dice por lo bajo que Roman es un claro colaboracionista klingon a juzgar por el brazalete y Una es llevada a ver a una prisionera de la «resistencia» a la que están interrogando sin éxito en busca de información. Pidiendo estar a solas con ella, se lleva la sorpresa que la muchacha también la llama Nevette, pero no la ve como enemiga sino como alguien de su bando.
Sabiendo que será torturada hasta quebrarla, ruega a Una que se haga cargo del liderazgo y le informa que la frecuencia es 34.6 megaherzios sin que esta, desde luego, entienda mucho. Tras ello, comienza a largar espumarajos por la boca y convulsiona hasta morir con claros síntomas de envenenamiento.
Un líder militar klingon se hace presente y M´Benga lo reconoce como el comandante Kor (Andy McQueen), descendiente de Kahless, el Inolvidable y… gran conocido nuestro (ya volveremos). Este se muestra decepcionado de que la prisionera haya muerto y hay tensión con Nevette, a quien incluso amenaza con pérdida de privilegios.

Una, siempre representando su papel, dice que el que la joven se haya quitado la vida solo muestra la cobardía que caracteriza a los traidores. A Kor parece complacerlo y considera a Nevette como una de sus más leales subordinadas.
M´Benga y Uhura descubren que en el bar hay miembros infiltrados de la resistencia y usan la música de la pianola para transmitir información. No pueden permanecer mucho más allí, por lo que Una sugiere ir a la lanzadera y esperar ser contactados por la Enterprise.
Al salir, sin embargo, se encuentran con que hay guardias klingon pidiendo identificaciones. Un hombre que no la tiene recibe una descarga al intentar escapar y Uhura tiene el reflejo de ayudarlo, pero solo sirve para llamar la atención y que le requieran también la suya.
No teniéndola, Uhura acaba detenida y Una quiere intervenir, pero M´Benga le advierte que no podrán ayudarla si son también arrestados. Un hombre se les acerca y, presentándose como Ha’Lem, resulta ser el bartender que minutos antes vieran en la barra. Es miembro de la resistencia y enésimo en tomar a Una por Nevette, pero el primero en hacer referencia a esta última como líder del movimiento.
Se compromete a ayudar a Uhura a recuperar su libertad falsificando una tarjeta de identificación, pero necesita que Una (Nevette) le dé la suya propia, habida cuenta de que los klingon han hecho cambios de seguridad. Ella manifiesta, obviamente, no llevarla encima y él le recomienda que comience a hacerlo en lugar de tenerla siempre en su oficina, lo cual les da la pauta de dónde buscarla.
Señal Misteriosa
En la Enterprise, Spock y La’an están inspeccionando la sonda rescatada y ella se pregunta si los klingon les habrán enviado un caballo de Troya, aclarándole al vulcano que es algo que está en la Odisea. Este apunta que conoce a los griegos y que la sonda estuvo solo ciento sesenta horas en territorio klingon, tiempo que, sin embargo, ella considera suficiente.
Descubren un chip alterado, pero nada ha sido introducido y sí, en cambio, extraída información. Y las sospechas de La’an se ven aumentadas por una misteriosa señal de comunicación que Spock relaciona con el crucero klingon, aconsejándole no dejarse llevar por la paranoia que la viene afectando últimamente.
No dándose por vencida, ella va a ver a la nueva y muy poco simpática cadete vulcana que, al parecer, es especialista en el tema. A pesar de su renuencia inicial, termina ayudándola y descubre con sorpresa que la señal es de ida y vuelta, teniendo su origen en las habitaciones de Scotty.

Yendo pues La’an a verlo, este le dice algo muy parecido a lo expresado por Spock sobre las señales de los klingon que, de hecho, tienen en esa zona del espacio un carácter casi fantasma debido a la propia influencia de la estrella que les hace ver todo en blanco y negro: ni siquiera pueden detectar sus naves. Ella se marcha, poco convencida…
Debo quedarme o debo irme…
Uhura es sometida a interrogatorio y los klingon quieren saber los planes de la resistencia, específicamente con respecto a cierta fábrica de municiones, pero ella no tiene idea y afirma ser solo una aldeana (ambas cosas reales, por cierto). Kor amenaza pues llevar un paso más allá sus sádicos métodos de tortura mental…
Mientras tanto, Una y M’Benga logran introducirse en la oficina de Nevette y no hay rastro de la tarjeta. Hasta que un dispositivo facial reconoce el rostro de ella y una puerta secreta revela una sección oculta en la cual no solo encuentran lo que buscan, sino también imágenes del planeta antes de la ocupación klingon, así como también listas de familias que fueron al parecer ayudadas por Nevette a escapar y… los planos de la fábrica de municiones.
Los klingon están cerrando la atmósfera del planeta con un campo de fuerza que vaporizará cada nave que entre o salga sin autorización. Y la idea de la resistencia es desbaratar el mismo a través de un detector de proximidad que esperan robar del depósito de municiones y provocará (en la frecuencia de 34.6 Mhz) un impulso electromagnético capaz de desactivarlo.
El hallazgo más impactante, de todos modos, es cuando encuentran en una cámara criogénica el cuerpo ya sin vida de Nevette. Una se siente como viéndose muerta a sí misma y M´Benga procura hacerle entender que, por mucho que se le parezca, no es ella.
Ha’Lem logra replicar la tarjeta que consiguieron y Uhura es liberada con una severa advertencia de Kor. Al reencontrarse con sus compañeros, los pone al tanto de que ha escuchado hablar a los klingon en un dialecto raro y que traman un golpe de estado que pondrá al planeta aún más bajo su yugo, convirtiéndolo en abierta dictadura y eventual puesto de avanzada ante la Federación.
Una entra en un dilema. Por mucho que M´Benga le insista en que no es su guerra, duda entre irse cuando tengan la oportunidad o quedarse a ayudar a los rebeldes. Y recuerda que, siendo niña, su familia no se sumó a la lucha contra quienes ocuparon la colonia: una culpa que, aunque no específicamente suya, le acompañó después de por vida.
Por otra parte, resulta que el buscado detonador se activa al cruzar un puesto de avanzada klingon, lo que significa que se trataba de una misión suicida. Aunque M´Benga quiera convencer a Una de que no tiene por qué ser ella quien la lleve a cabo, esta se introduce en la fábrica de armas y logra apropiárselo, pero es interceptada por Roman, quien sabe que es una impostora por ser precisamente él quien mató a la verdadera Nevette.
Intenta dispararle pero, en el forcejeo, Una le quita el arma y, para sorpresa de Roman, lo deja ir. Obviamente, este parte a avisar a los klingon, pero no sabe que ella le puso en el bolsillo el detonador, así que, al pasar el puesto de control, una gran explosión deja todo sin energía y desactiva el campo de fuerza del planeta.
Gracias a ello, la Enterprise logra no ser vista y rescatar al trío de desembarco, previo a lo cual Una se despide de Ha´Lem, ya al tanto de que no es Nevette pero pidiéndole, aun así, que se quede a liderarlos. Ella lo agradece, pero manifiesta no pertenecer allí y que la resistencia ya tiene un líder de todas formas…
Colores
En la Enterprise, La’an ha puesto al corriente a Pike de sus sospechas, dándole este vía libre para investigar la señal misteriosa. Sin embargo, y por mucho que hurgue, no logra encontrar cómo ni dónde se pueda haber producido la extracción de información. Hasta que va a ver a Chapel y esta confiesa su culpa…
Resulta que la nave médica Yang, en la cual ella sirvió mucho tiempo y tiene amistades, cruzó en algún momento a la zona klingon sin autorización y ese dato no puede ser conocido ni siquiera por la Federación o devendrá en sanciones y despidos. Les quiso, pues, dar una mano borrándolo y apela a su amistad con La’an para que actúe del mismo modo…
Es así que cuando Pike pregunta luego a La’an por el resultado de su investigación, le responde que lo más importante que logró averiguar es que Scotty y Ortegas son ahora amigos, pero nada sobre la señal y sus sospechas eran infundadas…
De regreso en la lanzadera, M´Benga informa que Ha´Lem ha logrado ya sacar a muchas familias de Mat’Aar 12. Pero Una lamenta que no podrá sacar a todos y la respuesta klingon terminará a la larga llegando. Él no puede evitar relacionar con la clásica encrucijada del médico entre lamentar las vidas que no logró salvar y celebrar las que sí.
Ella se pregunta si ha hecho lo correcto y él le cuenta que debió una vez matar a un líder tiránico para salvar las vidas de los internos de un hospital. Concluye que nada es blanco o negro en el preciso momento en que Uhura avisa que están dejando el sistema Mat’Aar y el rostro de Una, en imagen muy simbólica, va pasando al color…
Balance del Episodio
Ha sido este un capítulo en blanco y negro, pero sobre todo de grises, tanto en la fotografía como en el desarrollo de los personajes. Clarísimo el homenaje a los años cuarenta, ya sea al cine negro o al filme quizás más icónico del Hollywood de esa década como lo es Casablanca (aquí retro-análisis). Tenemos un bar, un bartender, un piano (aunque mecánico) y la escena en que el himno de guerra klingon es acallado por el rítmico golpear y palmotear de los locales es referencia harto evidente.
No es, por cierto, la primera vez que la franquicia rinde tributo al legendario filme de Michael Curtiz: lo ha hecho en el episodio Siempre nos quedará París de TNG (01×21) y en Ganancias y Pérdidas, de DS9 (02×18). Tampoco es la primera vez que se mete con el género gansteril y basta con recordar en la serie original el episodio La Ciudad al Fin de la Eternidad (01×28), para muchos el más icónico del universo trekkie.
Pero lo interesante es el modo en que se recurrió al blanco y negro o, mejor dicho, a la escala de grises para crear un paralelismo entre la estética del capítulo y el desarrollo de los personajes. Ello se aprecia tanto en el dilema de Una como en la historia que sobre el cierre cuenta M´Benga, pero también, aunque de modo más marginal, en la decisión que toma Chapel de ocultar información y en la de La’an, que hace lo propio para proteger a una amiga.
La analogía queda más que clara cuando M´Benga reflexiona que no siempre las cosas se presentan siempre blancas o negras o cuando, a continuación, el rostro de Una va volviendo al color en la medida en que dejan atrás la influencia de la estrella Mat’Aar. La reflexión sobre los difusos límites entre el bien y el mal no es ajena a una franquicia que nunca esquivó los dilemas morales y, en este capítulo en particular, queda más que plasmada en la deliciosa fotografía que ayudó a graficar las ambivalencias.

Hemos tenido, por otra parte, oportunidad de reencontrarnos con el comandante Kor o, mejor dicho, encontrárnoslo por primera vez si nos atenemos a la cronología de la franquicia, pues volveremos a saber de él en la serie original, en la animada de los setenta y en tres episodios clave de DS9. Esta sería, por lo tanto, su presentación formal y siempre reconforta saber que los guionistas no olvidan que SNW es una precuela.
Y buen detalle histórico/mitológico que La’an relacione al caballo de Troya con la Odisea, ya que es allí donde Homero hace referencia al mismo a través de indirectas historias narradas por terceros y no, como suele creerse, en la Ilíada, donde no hay mención (la historia más conocida y pormenorizada del caballo, incluso, no la cuenta Homero, sino el poeta romano Virgilio en la Eneida).
Ahora bien, así como el episodio sale airoso en lo estético y lo simbólico (además de entregarnos un gran trabajo de Rebecca Romijn), hay cuestiones que se ven algo forzadas. Puedo perdonar que una estrella provoque el efecto del blanco y negro, pues ya no quedan dudas de que esta cuarta temporada se permite más licencias y pone las necesidades narrativas por encima del rigor científico, pero queda sin ser explicado por qué había un doble de Una en Mat’Aar 12 y, honestamente, no me deja muy conforme la explicación de M´Benga acerca de que lo raro es que no se encuentren con sus dobles más seguido, habida cuenta de lo vasto que es el universo. Como dos episodios atrás, volvemos a dejar cosas sin explicar…
Ha habido también unos cuantos baches argumentales. El plan de la resistencia para desactivar el campo de fuerza quedó un poco en la nebulosa y no llegué a entender cómo dieron Una y M´Benga con la oficina de Nevette cuando no podían simplemente preguntar la dirección sin delatarse al hacerlo. Tampoco por qué Roman, habiendo él mismo matado a Nevette, no denunció desde un primer momento a Una como impostora ante los klingon. Y, con respecto a estos últimos, ¿por qué el traductor universal no puede traducir sus dialectos y Uhura sí?
En definitiva, me ha gustado este cuarto episodio, pero más desde su estética y su significación que atendiendo a los pormenores de su trama, que han hecho bastante agua. Creo que el tercero sigue siendo hasta aquí el mejor de la temporada.
A ver qué nos trae el próximo. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…



