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Dos potentes películas western: Los colonos vs Los asesinos de la luna

Un mismo tema, dos estilos: Poesía o narrativa.

 

Los colonos: la violencia en el origen de una fortuna

Los colonos, película chilena dirigida por Felipe Gálvez, se adentra en uno de los episodios más oscuros de la historia de la Patagonia: la violencia ejercida contra los pueblos indígenas durante el proceso de expansión territorial de finales del siglo XIX. La película sigue a tres hombres enviados a recorrer las tierras del poderoso terrateniente José Menéndez en una expedición que pronto se convierte en una campaña de exterminio al más puro estilo Meridiano de sangre. A través de sus personajes, el filme muestra cómo la construcción de una nación y de una fortuna pueden estar cimentadas sobre la sangre de aquellos que fueron considerados un obstáculo para el progreso.

Uno de los aspectos más interesantes de Los colonos es su relación con la familia Braun Menéndez, una de las más poderosas vinculadas históricamente a la explotación ganadera de la Patagonia. La película no se limita a presentar la violencia como un episodio aislado, sino que plantea una pregunta incómoda: ¿Qué hay detrás de las grandes fortunas y de los nombres que han sobrevivido hasta nuestros días?

La historia de los Braun Menéndez, cuya influencia económica y empresarial continúa siendo relevante en la actualidad con reciente presencia en diferentes gobiernos de Chile y Argentina, convierte a la película en una reflexión especialmente perturbadora sobre la relación entre poder, riqueza y violencia histórica.

Felipe Gálvez evita construir un relato convencional. Los colonos parece avanzar como una pesadilla lenta, seca y deliberadamente incómoda. Sus planos largos, sus paisajes inmensos y sus imágenes metafóricas convierten la Patagonia en un territorio casi mítico, pero también un espacio de muerte.

La violencia aparece de manera bizarra, extrema y, en ocasiones, desconcertante, precisamente porque la película se niega a convertirla en un espectáculo convencional. El horror surge de la frialdad con la que los personajes ejecutan sus actos y la naturalidad con que el exterminio puede llegar a formar parte de un proyecto económico y político.

Los colonos (2023) - IMDb

 

Los asesinos de la luna: el crimen organizado contra un pueblo

En Los asesinos de la luna (nuestra crítica en el link), Martin Scorsese aborda otro episodio de violencia colonial, esta vez en los Estados Unidos de principios del siglo XX. La película narra la historia de los miembros de la nación Osage, que descubrieron petróleo en sus tierras y, como consecuencia, se convirtieron en propietarios de una enorme riqueza. Pero ello atrajo la codicia de hombres blancos que comenzaron a conspirar para apropiarse de sus bienes y de sus tierras mediante asesinatos, matrimonios interesados y una red sistemática de corrupción.

La película denuncia así una forma de expropiación que no se produce únicamente mediante la fuerza militar, sino también mediante la manipulación de las leyes, las instituciones y las relaciones familiares. Scorsese muestra cómo el racismo y la avaricia pueden convertir el asesinato en un sistema organizado. La tragedia de los Osage revela que la conquista no siempre termina cuando desaparece la violencia abierta: puede continuar a través de estructuras económicas y legales diseñadas para despojar a una población de su riqueza.

Los asesinos de la luna – Cines Embajadores

 

 Dos perspectivas para contar una misma historia

Las dos películas comparten, en el fondo, un tema esencial: la violencia colonial utilizada para apropiarse de territorios y riquezas. Tanto Los colonos como Los asesinos de la luna muestran sociedades en las que la ambición económica convierte a los pueblos indígenas en un obstáculo que debe ser sometido o eliminado. Sin embargo, ambas abordan el tema desde perspectivas cinematográficas radicalmente diferentes.

Los colonos apuesta por la poesía visual, los planos largos y las imágenes metafóricas. Su narrativa es fragmentaria, misteriosa y muchas veces parece más interesada en crear una atmósfera de horror que en explicarlo todo. La violencia es extraña, brutal y extrema, casi absurda en su crueldad.

Los asesinos de la luna, en cambio, se acerca al relato desde una perspectiva más explicativa y casi documental. Scorsese reconstruye minuciosamente los acontecimientos, muestra las relaciones entre los personajes y permite comprender cómo funciona la maquinaria criminal que rodea a los Osage.

Si Gálvez utiliza el silencio, el paisaje y la sugerencia para provocar una sensación de horror, Scorsese utiliza la narración y la acumulación de detalles para demostrar que ese horror fue real y sistemático. Una película nos hace sentir el vacío de la violencia; la otra nos obliga a comprender su mecanismo.

Dos películas valientes

Precisamente por sus diferencias, Los colonos y Los asesinos de la luna resultan dos obras especialmente valientes. Ambas se atreven a mirar de frente episodios históricos incómodos y cuestionar los relatos oficiales sobre la construcción de las naciones y sus grandes fortunas. Ninguna de las dos ofrece una visión complaciente del pasado.

El mérito de Felipe Gálvez está en su capacidad para convertir la historia en una experiencia sensorial, poética y perturbadora, mientras que Scorsese demuestra la fuerza de un cine narrativo capaz de reconstruir con precisión la dimensión sistemática de un crimen. Son dos estilos opuestos, pero igualmente poderosos: uno sugiere y golpea mediante las imágenes; el otro explica y acusa mediante el relato.

En ambos casos, el cine se convierte en una herramienta para recuperar una memoria que durante demasiado tiempo permaneció en los márgenes. Y ahí reside, quizá, la mayor valentía de ambas películas: recordar que detrás de ciertos territorios, fortunas y nombres ilustres existe también una historia de sangre que no debería ser olvidada.

Cada película encontrara su público pero ambas, sin duda, comparten dos finales potentes difíciles de olvidar.

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