InicioCineCrítica de Tiempo de Victoria (2026), tenso y modélico thriller de despachos.

Crítica de Tiempo de Victoria (2026), tenso y modélico thriller de despachos.

Creo firmemente que no ha existido periodo histórico más abordado por el cine que la Segunda Guerra Mundial, con todos los matices que envolvieron a un conflicto que se extendió a lo largo y ancho del mundo. De todos los acontecimientos narrados a lo largo del conflicto, el más abordado ha sido el Desembarco de Normandía, considerado el momento en el que Alemania comenzó a perder la guerra. Pues bien, Tiempo de victoria aborda los acontecimientos previos al desembarco desde un punto de vista tan poco cinematográfico como trascendental: el de los meteorólogos que pronosticaron qué día se debía desembarcar para que la operación no fuera un desastre.

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Adaptación de una obra de teatro escrita por David Haig, Tiempo de victoria se centra en las últimas 72 horas antes del día D, inicialmente previsto para el 5 de junio pero que fue abortada por el empeño del meteorólogo James Stagg, propuesto por Churchill, en contraposición de su compañero apoyado por Eisenhower, comandante de las fuerzas aliadas. Por mucho que los soldados estuvieran deseando entrar en la Europa continental, realizar la operación en plena tormenta hubiera supuesto un desastre bélico y personal, con la pérdida de miles de vidas.

Tiempo de Victoria es un ejemplo de cine impecable. Basada en una ciencia aparentemente anodina como es la meteorología, la película es un thriller de despachos donde el tiempo es crucial por dos vías: la cronológica (la trama no deja de ser una cuenta atrás) y la moral. Al fin y al cabo, asistimos a un tenso enfrentamiento entre lo que se quiere y lo que se debe hacer.

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Los militares, después de años de frustrantes acciones contra los nazis, están deseando invadir y no reciben con buen agrado las indicaciones de un serio hombre de ciencia con dificultades para mandar a su propio equipo que les dice, en contraposición a su rival meteorólogo, que el 5 de junio caerá una tormenta que puede arrasar a las tropas aliadas. Su jefe, Eisenhower, deberá decidir si hace caso a las predicciones mientras lidia con sus propios subordinados. 

Porque ese es otro de los temas que aborda la película, el liderazgo. Lo vemos en Stagg (magnífico y contenido Andrew Scott), un hombre rígido, arisco y anclado a los hechos al que poco le importa dejar en ridículo a otro compañero si este no lleva la razón. Tanta inteligencia analítica como escasa inteligencia emocional.

Pero también lo vemos en Eisenhower, tremendo Brendan Fraser, el líder de todos los líderes militares. Un hombre lastrado por los 700 muertos de la Operación Tigre que debe mantenerse firme pese a sus muchas reservas morales. Él es el que tiene la última palabra a la hora de efectuar el Desembarco.

La relación entre ambos personajes está muy bien escrita e interpretada por ambos personajes, que se ven acompañados de Kerry Condon como la secretaria y confidente de Eisenhower, Chris Messina como el meteorólogo de Eisenhower, que se opone rotundamente a las predicciones de Stagg; y Damian Lewis como Montgomery, mariscal británico a favor de realizar la invasión cuanto antes.

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Sorprende como la película, que apenas sale del cuartel donde el alto mando se reúne para confirmar si invaden o no Normandía y del que sabemos el desenlace, se ve como un tiro gracias al magistral manejo de la tensión por parte de su director Anthony Maras. A ello se le suma las grandes interpretaciones y un guión que evita subrayados innecesarios.

A nivel de producción es impecable, sumergiéndote en un cuartel británico de las fuerzas aliadas en plena Segunda Guerra Mundial. Si acaso, me sobra un poco su recreación del Desembarco de Normandía (la sombra de Salvar al soldado Ryan es demasiado alargada).

En definitiva, Tiempo de Victoria es un ejemplo de buen cine, entendiendo esto como el utilizar una premisa aparentemente poco destacada como fue el papel de los meteorólogos en el Desembarco de Normandía para trazar una tensa cuenta atrás que habla de la necesidad de tomar decisiones basándose en los hechos objetivos y en los distintos caminos para ser un buen líder. Tanto lo uno como lo otra perfectamente extrapolable a la época actual. No os la perdáis, gustará a todo el mundo.

¡Un saludo y sed felices!

¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Comecocos. Intento aprender como si viviera para siempre y vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.
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