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Análisis de Carrie (2026), en Prime Video. ¿Qué has hecho, Mike Flanagan?

Con sus ocho episodios, ha llegado a Prime Video la miniserie Carrie, con la cual Mike Flanagan revisita una vez más la novela homónima de Stephen King en una adaptación que busca hacer la historia más acorde a los tiempos actuales, pero que pareciera olvidar por el camino de qué habla la misma y no entender qué fue lo que en su momento la hizo ser tan original e innovadora…

“Hay algo que nadie entendió jamás de lo que ocurrió en Chamberlain… éramos niños”. Esa frase tan impactante que, sobre el comienzo y durante un interrogatorio policial, pronuncia Sue Snell es prácticamente textual de la novela y recuerdo que me quedó muy grabada en la mente después de leerla. Sin embargo, no había formado hasta ahora parte del guion de ninguna de las previas adaptaciones de Carrie a la pantalla y por eso me sorprendió gratamente oírla desde tan temprano en esta miniserie (o quizás serie) de Mike Flanagan.

De hecho, me hizo abrigar la esperanza de que buscara un mayor acercamiento al libro y al tono de expediente que el mismo tenía al intercalar narración con testimonios e informes, así como que profundizara más en la cuestión social de las culpas y expectativas, a menudo exageradas, que los adultos depositamos en los adolescentes. Lamentablemente, también mis expectativas fueron exageradas…

Carrie, recordemos, fue la primera novela publicada por Stephen King y también la primera en ser llevada a la pantalla con aquella inolvidable adaptación dirigida por Brian de Palma que está próxima a cumplir cincuenta años y de la que pueden leer aquí el retro-análisis con tal motivo publicado por este servidor el pasado domingo. Después de una fallida e innecesaria secuela en 1999, ha tenido también una versión para televisión en 2002 y otra más para cine en 2013.

Podría pensarse que son demasiadas y el propio King, apenas enterado de este proyecto, manifestó a Flanagan que ya había que dejar descansar la historia, pero al parecer quedó convencido cuando este le contó de qué iba el asunto, al punto de involucrarse incluso como productor ejecutivo.

Con los ocho episodios de lo que eventualmente sería su primera temporada, la serie que tantas expectativas nos había despertado ha llegado finalmente a Prime Video con la clara intención de actualizar la historia a este tiempo de teléfonos móviles, redes sociales, ciberacoso y tiroteos en los colegios. La realidad, sin embargo, termina siendo que Flanagan (quien dirige los dos primeros capítulos y los dos últimos) olvida muy pronto qué historia está contando y de Carrie termina casi quedando solo el título…

La Historia

La trama de base, desde luego, es tan conocida que hasta se hace difícil hablar de spoilers. A un colegio de la pequeña y ficticia ciudad de Chamberlain llega una nueva alumna llamada Carrie White (Summer H. Howell), la cual, retraída y timorata, se ha criado hasta allí junto a su ultraconservadora madre Margaret (Samantha Sloyan) y sin conocimiento de las vivencias que atraviesan otras muchachas de su edad: salidas, bailes, relaciones sentimentales o… ciclos menstuales, lo cual la convierte, obviamente, en la “niña rara”…

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Justamente la llegada de la primera menstruación para Carrie, al ocurrir en el sector de las duchas del colegio, es el momento que dispara una trama que se inicia con sangre y terminará con ella. Al no tener idea de lo que está ocurriendo con su cuerpo, la joven es objeto de las crueles burlas y la ridiculización por parte de sus compañeras, deviniendo ello en que comiencen a fallar las luces del lugar sin que nadie sepa qué pasa: Carrie es telequinética…

El hecho motiva para las muchachas una dura arenga de su profesora de educación física más una sanción avalada por el director. Ello genera reacciones diametralmente opuestas en dos de las jóvenes, pues Sue Snell (Siena Agudong) muestra un sincero arrepentimiento y quiere acercarse a Carrie, mientras que su amiga inseparable y líder de grupo Chris Hargensen (Alison Thornton), por el contrario, traduce su resentimiento en un odio cada vez mayor por la recién llegada.

Todo ello acaba conduciendo al conocido baile de promoción, la sangre de cerdo y la explosión psíquica de Carrie que, abrumada por las circunstancias, provoca en el instituto una masacre y da luego lugar a un verdadero pandemonium de fuego por las calles de Chamberlain…

Desmesura Innecesaria

Esa historia es la base tanto de la novela como de cualquiera de las adaptaciones posteriores y también de la que aquí nos ocupa. Pero al tratarse en este caso de una miniserie, es lógico que la trama se estire y aparezcan montones de elementos nuevos. En ese sentido, no se puede negar que hay dos grandes aciertos…

El primero es inherente a los propios tiempos que corren, pues, a diferencia de lo que ocurría en los años setenta, hay ahora teléfonos móviles y redes sociales, lo que hace que la humillación de Carrie en las duchas acabe siendo filmada y tomando estado público. El segundo es que la serie se permite explorar más a personajes secundarios y, así como King hacía confluir en Carrie la víctima y el victimario, algo semejante ocurre aquí con las dos grandes villanas de la historia. Margaret White y Chris Hargensen no salen de la nada, sino que cargan respectivamente pasados y herencias familiares que las llevan a ser como son.

Todo eso está muy bien, pero el principal problema es que Flanagan no consigue manejar el equilibrio y tanto las subtramas de ambas mujeres como el exacerbado lugar dado a temáticas sociales muy de actualidad (cyberbullying y violencia escolar, por ejemplo) acaban por fagocitarse a la serie y hacer que Carrie pierda como personaje ese carácter único y especial que tan bien captara el ojo de De Palma en aquella increíble interpretación de Sissy Spacek.

El conflicto interno del colegio, sin ir más lejos, cobra en la serie un carácter mucho más público que en el libro y, aun antes de los sucesos del baile de promoción, alcanza ribetes de violencia que acaparan la atención de los medios.

Presentado de ese modo tan desmedido y grandilocuente, se hace difícil entender que Chris y su psicótico novio Billy Nolan (Arthur Conti) puedan después montar en el baile su horrendo espectáculo de humillación cuando los antecedentes hacían lógico pensar en medidas de seguridad, ya sea de parte del colegio o de la propia policía. En el libro, o en cualquiera de las otras adaptaciones, no había motivo para que así fuera y ello justificaba que la pareja pudiera moverse a sus anchas.

Personajes muy alejados

Carrie, que en definitiva es el principal personaje de la historia, queda por momentos desdibujada entre tanta desmesura y, con ella, ese terror cotidiano que tan bien King supiera imprimir en ella: uno tangible y bien reconocible, más relacionado con la exposición, la humillación o la risa pública que con castillos, fantasmas o espectros. El tipo de terror, en definitiva, que en su momento hizo innovadora a la novela con que debutaba el autor que pondría en años sucesivos al género patas para arriba.

Pero Carrie no termina siquiera aquí de ser un “bicho raro”. Es más: el acoso de que es objeto genera incluso manifestaciones de apoyo de parte de los estudiantes que, por el contrario, piden la cabeza de Chris, situación impensada en la novela. Y tampoco es que sea tan retraída: por el contrario, es bastante abierta y simpática, buscando todo el tiempo integrarse a los demás.

En lo que respecta a la faceta psíquica y sobrenatural, parte del terror original de la historia residía justamente en la incapacidad de Carrie para manejarlo. Como la sangre menstrual, es algo que no controla ni sabe de dónde procede, mientras que en la serie aprende a manipularlo y hasta se siente cómoda, llegando al absurdo cuando arma su mochila de colegio sin tocar ninguno de los útiles.

Además, en esta versión es capaz de levitar. Es cierto que ya lo había hecho en la de 2013 con Chloë Grace Moretz, pero no de forma tan controlada como aquí pareciera hacerlo e incluso tiene visiones: habla con su fallecido padre y con una amiga imaginaria que quizás no lo sea tanto…

Margaret White es también muy diferente de la que conocíamos, pareciéndose más a muchas madres que probablemente sí conozcamos. Más que un monstruo, estamos ante una que de tan sobreprotectora termina por ser tóxica y no sabe manejar los límites al resguardar a su hija.

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Y si bien es una mujer religiosa, no muestra el fanatismo místico que, fundamental en la historia de origen, queda aquí relegado a segundo plano. Más que ultracristiano, su discurso llega a parecer por momentos republicano en su reivindicación del modo de vida americano y hasta del uso de armas.

Pero lo que más hace chirriar del personaje en esta particular versión es el verla asumir rol de líder en las juntas del colegio, siendo capaz de influir y hasta manipular al resto de los padres, como también de elaborar intrincadas y maquiavélicas estrategias para destruir a Chris Hargensen. Y maneja con total soltura redes sociales cuando el personaje de la novela era ajeno por completo no solo a la tecnología sino a cualquier comunicación con el mundo exterior a su casa.

Mucho Discurso, poco Terror

No falta, por supuesto, la agenda acorde a los tiempos a la hora de decidir la serie qué mostrar y cómo. El modo en que se las han apañado para que las chicas estén vestidas en las duchas es directamente ridículo, con la propia Carrie llorando bajo el chorro de agua mientras la sangre menstrual mancha su pantalón blanco.

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Las escenas de sexo, asimismo, transcurren mayormente en off y el embarazo de Sue pareciera más obra del Espíritu Santo que de su novio Tommy Ross (Joel Oulette).

El discurso feminista, por otra parte, lo impregna todo y se vuelve cargoso de tan sobreexplicado. Relatos en off nos hablan de supuestos casos psíquicos “reales” que, a lo largo de la historia, fueron protagonizados por mujeres, pero ridiculizados por hombres machistas y represores que los tildaron como falsos.

Y si Chris o Margaret son lo que son, la culpa es de los hombres que han pasado por sus vidas, lo cual queda burdamente estereotipado en el caso de la primera, cuyo padre es corrupto y manipulador, mientras que su madre es buena y comprensiva. Están separados, claro…

Pero aun con todo eso, no llegamos a lo peor, que es la ausencia de terror en una serie que se supone del género. Los preparativos del baile, fundamentales en la historia, pasan aquí a toda prisa y, lejos de constituir su llegada el climax de la misma, termina por el contrario siendo un momento de lo más insulso, sin atmósfera, tensión ni suspenso. Ojalá Flanagan hubiera aprendido algo de De Palma, a quien solo le alcanzó con centrar nuestra atención en un balde para lograr todo eso.

No hay una sola escena que provoque miedo y, más que Carrie, pareciéramos por momentos estar viendo Por Trece Razones con alguna dosis de Héroes. Es más: si hubieran ido decididamente por allí y con otro título, hasta podríamos estar hablando de una buena serie, pues las situaciones de conflicto social están bien llevadas y van en consonancia las grandes actuaciones de Summer H. Howell, Samantha Sloyan y la sorprendente Alison Thornton, que no necesita decir palabra para transmitir las tormentas internas de Chris.

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Balance de Temporada

Quizás lo peor que le pudo pasar a esta serie fue llamarse Carrie, pues ideas que hubieran calzado bien en otro contexto no lo hacen aquí. Cuesta creer que Stephen King, en algún momento muy crítico con Stanley Kubrick por la cantidad de diferencias que introdujo al llevar a la pantalla El Resplandor (1980), haya avalado un producto que, de todas las adaptaciones sobre su obra, es en mi opinión la que más ha bastardeado no solo la historia original, sino también el sentido de la misma.

Y si con eso no bastara, el final (que pareciera incluso conectar con El Instituto) deja la puerta claramente abierta a otra temporada, lo cual confirma el escozor que las declaraciones de Flanagan me hicieran sentir hace algún tiempo al manifestar su intención de rodar tres. Por favor, no…

Repito: sin telequinesis y con otro título, podría haber sido una buena serie. Así no. Y a sus ochenta y seis años, Brian De Palma puede seguir durmiendo más que tranquilo. Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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