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Retro-Análisis: Carrie (1976), a cincuenta años de su estreno

El reciente estreno de la serie de Mike Flanagan y el 50° aniversario del estreno a cumplirse en noviembre brindan una excelente oportunidad para revisitar Carrie (1976), primera adaptación de Stephen King en ser llevada a la pantalla y absoluta joya de carácter icónico para el cine de terror gracias a la inolvidable actuación de Sissy Spacek y a la tan personal como magistral impronta del gran Brian De Palma.

Bienvenidos sean a un nuevo retro-análisis que hoy, aprovechando tanto los cincuenta años de su llegada a los cines como el reciente estreno de la serie homónima de Prime Video (en breve análisis de un servidor), está dedicado a Carrie (1976), película de Brian de Palma que no solo utiliza como base la primera novela escrita por Stephen King, sino que es también la primera adaptación a la pantalla de las más de cien que para esta altura existen de la vasta obra del genio de Maine.

Recordemos que, publicada en 1974, Carrie fue una historia que King concibió originalmente más bien como cuento largo, pero que después desechó y, según propias palabras, arrojó el texto a un cesto de papeles hasta que su esposa Tabitha lo rescató y, tras darle algunas ideas de cómo mejorarlo, terminó incluso convenciéndolo de ampliarlo a novela.

Amén de ser un bestseller (categoría que los eruditos suelen usar con tono despectivo), Carrie fue una historia absolutamente innovadora para el género del terror al hacerlo más cercano y cotidiano, además de dar al bullying un lugar como tema central que hasta entonces no tenía.

El libro de King le llegó a De Palma por medio de un escritor que era amigo en común y quedó prendido desde el primer momento, por lo que contactó de inmediato a su agente para averiguar quién tenía los derechos. Al comprobar que estaban vacantes, logró convencer a la productora Red Bank Films de comprarlos, vendiéndolos el autor (hasta entonces un desconocido que vivía de la docencia) en solo 2.500 dólares.

Paul Monash pasó a ser productor principal asociado y el guion fue encargado a Lawrence D. Cohen, que tenía casi nula experiencia en tal rol, pero había trabajado como ejecutivo de producción junto a Martin Scorsese, con quien incluso coescribió el documental Italianamerican (1974). United Artists se convirtio en el estudio detrás del filme y tomó a su cargo la distribución, pero solo dio a De Palma un exiguo presupuesto de 1.600.000 dólares que, a duras penas, logró este que se estirase hasta 1.800.000.

Sissy Spacek no fue la primera opción para interpretar al personaje , sino Betsy Slade, que venía de cosechar elogios por sus trabajos en Terror en la Playa (1973) y Nuestro Tiempo (1974), pero contaba ya veinticinco años y el director la consideró demasiado mayor para el papel.

Más adecuada en edad parecía Melanie Griffith, que también audicionó y tenía para entonces dieciocho. Dada la devoción de De Palma por Alfred Hitchcock, hubiera posiblemente quedado seleccionada de haber sabido este que era hija de Tippi Hedren (la actriz de Los Pájaros), de lo cual se enteraría años después y le daría el rol de Holly Body en su filme Doble Cuerpo (1984).

Nancy Allen, posteriormente esposa de De Palma, se presentó también al casting pero, ironía del destino, fue rechazada por su propio futuro marido, no obstante lo cual la joven actriz consiguió que le fuera asignado en la película el papel de Chris Hargensen.

En cambio, el director quedó totalmente subyugado por la interpretación de Sissy Spacek, quien había tenido ya un par de roles cinematográficos e incluso trabajado para él como decoradora de set en Fantasma del Paraíso (1974). A pesar de tener más edad que cualquiera de las consideradas previamente (26), no lo aparentaba en lo más mínimo y se veía perfectamente creíble como adolescente.

La fotografía fue confiada inicialmente a Isidore Mankofsky, pero desavenencias entre este y el director motivaron su reemplazo final por Mario Tosi, en tanto que la banda sonora quedó en manos del italiano Pino Donaggio en la primera de las que serían sus cuatro colaboraciones con Brian De Palma. El rodaje comenzó el 1 de marzo de 1976 y la película fue estrenada el 3 de noviembre de ese año en salas limitadas de Baltimore y Washington D.C., para luego extender su proyección al resto del territorio estadounidense.

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La Historia

Carrie White es la típica loser. Una adolescente retraída a quien su posesiva y autoritaria madre Margaret (Piper Laurie) ha criado aislada de todo contacto social y con una educación ultracristiana, obligándola a rezar cada vez que considera que está tentada por el pecado y encerrándola en el armario cuando, a sus ojos, ha sucumbido al mismo.

Ello hace que la joven crezca sin experimentar las vivencias de las chicas de su edad, por lo que sus compañeras la ven como “chica rara” al llegar al instituto. El episodio que dispara todo ocurre cuando, en las duchas, tiene su primera menstruación insólitamente tarde y, sin saber qué le está ocurriendo, se convierte en cruel objeto de burla por parte del resto mientras le arrojan tampones. Todo ello mientras las luces comienzan a estallar y tomamos conocimiento de que Carrie es telequinética, pero no es algo de lo que tenga control y que solo manifiesta en situaciones de nervios o tensión.

Indignada, la profesora de educación física imparte una dura reprimenda a quienes participaron del hecho e incluso promueve una sanción institucional que podría impedirles asistir al baile de la fiesta de promoción. Mientras Chris Hargensen (Nancy Allen), la arrogante líder de grupo, no acepta las condiciones y traduce su resentimiento en un odio cada vez mayor hacia Carrie, su amiga Sue Snell (Amy Irving) muestra arrepentimiento e incluso pide a su novio Tommy Ross (William Katt) que la invite al mencionado baile.

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Aunque la historia es ya harto conocida de tan icónica, no quiero destripar la trama ni contar el final pero digamos que, junto a su novio Billy Nolan (un joven John Travolta que aún no había hecho Saturday Night Fever), la malintencionada Chris pondrá en marcha un pérfido plan de “venganza” que incluirá sangre de cerdo y dará lugar, sin esperarlo, a una terrible manifestacion psíquica por parte de Carrie que acabará en terrible tragedia colectiva no solo para el colegio sino para todo Chamberlain…

 

El Sello de Brian De Palma

Decíamos antes que Carrie fue una novela que revolucionó el género del terror al volverlo más cercano y tangible. Para muestra basta un botón y alcanza esa escena casi de inicio, pues pocas cosas pueden antojársenos tan terrorícas como una joven que sufre su primera menstruación sin saber de qué se trata y expuesta a las miradas, humillación y burla de sus compañeras. No deja de ser un gran mérito que, siendo hombre, King haya captado la intensidad de ese terror, aunque por allí, según propias palabras, anduvo la mano de su esposa Tabitha…

De Palma entendió bien eso. Sabía perfectamente que lo que funciona en la literatura no necesariamente lo hace en el cine y optó por despojar a la película del carácter de expediente que tiene la novela, en la que el relato en tercera persona se ve intercalado todo el tiempo con testimonios e informes.

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En cine, eso podría haber generado sobreexplicación e incluso cierta distancia con el espectador pero, de manera por demás acertada, el director prefirió recurrir a la fuerza de la imagen, terreno en el cual ha demostrado reiteradas veces su maestría a lo largo de su prolífica carrera. Ya la propia escena inicial, a la que la cámara lenta y el vapor de las duchas dan un tono casi onírico, marca precisamente por dónde irán los tantos.

Y el giro brutal que se produce al comenzar a fluir la sangre que hace presa del terror en Carrie queda magistralmente plasmado también en lo auditivo. La música de Pino Donaggio cambia drásticamente su tono romántico del comienzo a uno intensamente dramático que, mientras las luces comienzan a estallar, rinde homenaje a las notas chirriantes que Bernard Herrmann inmortalizara en Psicosis (1960, aquí retro-análisis). Y no será, por cierto, la única vez que ocurra en la película.

Esa escena inicial, además, será luego replicada por el propio De Palma en Vestida para Matar (1980, aquí retro-análisis), cuyo comienzo constituye prácticamente un homenaje del director a sí mismo. Y también lo hará con la escena final que, esta vez literalmente onírica, nos muestra a Sue despertar muy alterada de una pesadilla de igual modo que después lo hará Liz Blake en el mencionado filme, con el aditamento extra de ser interpretada por Nancy Allen, que es quien aquí da vida a Chris.

Además de recurrir a la cámara lenta, recurso que maneja como nadie, De Palma echa mano de primeros y primerísimos planos, o incluso planos-detalle como el ojo de Carrie ocupando la pantalla completa o la lengua de Chris relamiendo la comisura del labio instantes antes de jalar la cuerda que hará verter el contenido del fatídico balde.

De hecho, la forma en que el director convierte precisamente al balde en el McGuffin de toda la escena es para aplaudir de pie a la vez que inquietante, pues la cámara recala una y otra vez en el mismo anunciándonos el peor desenlace. Y cuando finalmete se produce, sobreviene el silencio más angustiante mientras el ya vacío balde convierte su balanceo en única banda sonora, justo antes de que comiencen las risas y los rostros que giran alrededor de la pantalla, otra imagen que quedará para la posteridad, ya sea en forma de tributo, parodia o directamente copia.

Ni hablar del momento en que De Palma sorprende con la pantalla doble. No es que haya sido el inventor de un recurso cinematográfico que viene de los tiempos del cine mudo, pero la diferencia está en el lugar que le da, no tanto para marcar simultaneidad, como habitualmente se había antes utilizado, sino más bien las consecuencia de una de las mitades de la pantalla sobre la otra. Una auténtica lección de cine: todo aquel que sueñe con dirigir debería ver muchas veces completa la escena del salón de baile…

Ello no significa, de todos modos, que la proeza visual que tanto De Palma como Tosi tejen en esta obra maestra del cine se restrinja únicamente a esa escena. Hay planos alucinantes a lo largo de todo el metraje siendo, por ejemplo, muy impactantes, las tomas desde la altura o la profundidad de campo para mostrar expresiones faciales que se complementan, dando así idea de las distintas reacciones ante una misma situación o bien siendo cada una respuesta a la otra.

El trabajo de iluminación es asimismo tan deslumbrante como sobrecogedor, convirtiendo en joyas pictóricas escenas como la de Carrie y su madre cenando a la luz de las velas con una recreación de La Última Cena como fondo mientras la tormenta arrecia afuera para terminar de dar marco. La casa en que ambas viven es, por cierto, un mundo en sí mismo, donde no solo rigen reglas propias (obviamente las de Margaret), sino que además habita una estética diferente.

El uso que el filme hace de la iconografía cristiana nos golpea haciendo que imágenes supuestamente vinculadas a la fe nos terminen provocando escalofrío. Impactan especialmente dos imágenes De Palma que no están en la novela: uno es la estatuilla de San Sebastián martirizado por las flechas (madre mía, ¡esos ojos!) y el otro, ya sobre el final, la crucifixión de Margaret en idéntica posición al mencionado santo con la música adquiere un solemne cariz casi ritual. Una toma que, se me ocurre, habrá influenciado a Jonathan Demme en El Silencio de los Corderos (1991).

Y, por supuesto, no se puede hablar de la estética del filme sin hacer especial referencia a esa onírica escena final de la que antes hablábamos y que es también un genial agregado de De Palma. Cuando todo parece ya haber concluído y Sue deposita flores en la vandalizada tumba de Carrie, la mano de su amiga fallecida emerge súbitamente de la sepultura para atraparle el brazo. Y es realmente la de Sissy Spacek, quien pidió que la enterraran para protagonizar ella misma la escena y darle así más realismo. Si habremos saltado en la butaca del cine…

Y si hablamos justamente de Spacek, no podemos obviar que buena parte del hecho de que la película funcione se debe a su increíble actuación. En todo momento, nos transmite la idea de ser una muchacha que no contacta con el mundo y de no tener control de nada, ni siquiera de sí misma, pero que puede llegar a ser muy peligrosa aunque no se lo proponga conscientemente.

Y el trabajo de Piper Laurie encarnando a Margaret no se queda atrás. No se puede negar que algunas de las actrices que han intepretado a Carrie y a su madre en adaptaciones posteriores han hecho buenos trabajos, pero nadie logró lo que, con su increíble química, consiguen aquí Spacek y Laurie. De hecho, tanto una como la otra resultaron respectivamente nominadas al Oscar como actriz principal y de reparto, siendo por cierto las únicas que tuvo el filme.

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Por último, y aunque ya lo hayamos fugazmente mencionado, no se puede dejar de señalar la importancia que, tanto en la novela como en la adaptación que nos ocupa, adquiere el bullyng como tema principal. Hoy es desde luego un tema candente, que en la mayoría de los países se trata en los colegios como parte de los contenidos curriculares y de las propias políticas educativas, además de tópico habitualmente visitado en el cine o en las series adolescentes. Pero no era así a mediados de los setenta.

Y, por otra parte, el filme nos arrastra a un lugar por demás incómodo al remover nuestros propios principios éticos y morales, pues cuando Carrie comienza con su masacre, nos sorprendemos de no saber con claridad de qué lado estamos. En la historia de King confluyen víctima y victimario, una ambigüedad moral que es sin duda parte sustancial de su aportación al género del terror y que De supo captar a la perfección.

Valoración y Legado

Carrie logró recaudar casi treinta y cuatro millones de dólares, un enorme éxito y más considerando su bajísimo presupuesto. Fue, como hemos dicho, la primera adaptación de Stephen King a la pantalla y se terminó convirtiendo en una sombra demasiado larga para las que después vinieron. De haber sido una película mediocre o un fracaso en taquilla, quizás no hubieran venido después tantas adaptaciones de King o bien las mismas no habrían tenido tanta presión encima.

Brian De Palma dejó la vara demasiado alta y eso hizo que tanto la crítica como el público se pusieran de allí en más harto exigentes cada vez que el maestro del terror era llevado a la pantalla. El propio King, de hecho, manifestó que la película supera a su novela y es posible que tenga razón porque De Palma no solo comprende como nadie lo que el autor buscó decir y transmitir con esta historia, sino que además logra traducirla a un lenguaje puramente cinematográfico con una estética que marcaría escuela, pero que no podría ser emulada.

Carrie tuvo en 1999 una secuela para el olvido dirigida por Katt Shea y en la cual De Palma no estuvo involucrado. A pesar de la presencia de Amy Irving volviendo a encarnar a Sue Snell, la película comenzaba con el pie izquierdo al presentarnos como personaje principal a una supuesta hermana de Carrie de la que nada sabíamos. Aunque el propio King la encontró “aceptable”, las críticas fueron devastadoras.

Siguió después una adaptación televisiva que originalmente fue realizada como piloto de una serie que no llegó a realizarse, razón por la cual plantea un final diferente en el cual Carrie queda viva. Buscando basarse más en la novela que en la película de De Palma, tuvo como director a David Carson y como actriz principal a Angela Bettis, de quien hay que decir que hace un trabajo deslumbrante. Pero las críticas no fueron buenas y las mediciones de audiencia tampoco, lo que hizo que el proyecto de la serie fuera abandonado.

La tercera adaptación y cuarta película de Carrie llegó en 2013 con dirección de Kimberly Peirce y papel protagónico a cargo de Chloë Grace Moretz que, sin descollar, entrega un desempeño correcto mientras Julianne Moore compone con su habitual solvencia a Margaret. Moviéndse mitad de camino entre la novela original y la película de De Palma, esta versión tuvo un buen desempeño en taquilla y modernizó la trama introduciendo por primera vez los teléfonos celulares y las redes sociales, un rumbo que se ve mucho más marcado en la reciente miniserie de Mike Flanagan estrenada por Prime Video.

Ya les diré en estos días qué me ha parecido la misma, pero yo diría que tanto la adaptación de 2002 como la de 2013 podrían ser consideradas buenas películas si no existiera la de 1976, una joya absolutamente irrepetible que reinventó el terror en el cine del mismo modo que su historia de origen lo había hecho en la literatura. Y en estos días en que la atención está acaparada por la miniserie, la oportunidad está más que dada para redescubrirla… aun cuando el contraste pueda ser duro.

Les dejo, por si desean echarle un vistazo, mi listado con las que son a mi juicio las diez mejores películas de Brian De Palma, del mismo modo que les invito a leer los retro-análisis que en esta sección hemos hecho de títulos clave de su filmografía como Vestida para Matar (1980), Scarface (1983) y Misión a Marte (2000).

Hasta la próxima y sean felices…

 

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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