Aaron Sorkin ya puede decir que además de hacer buenos guiones y producir buenas películas dirige con el mismo talento. Uno de los guionistas más famosos de Hollywood se ha puesto detrás de las cámaras para contarnos la historia de Molly Bloom, una esquiadora olímpica que acabó organizando timbas de póker con la flor y nata de Hollywood, ganando mucho dinero y siendo objetivo del FBI.
Si conoces el guionista (y ahora director por primera vez) Aaron Sorkin y conoces la historia real de Molly Bloom sabes a lo que vas. Pero si no es así te ponemos en antecedentes. En primer lugar la protagonista, interpretada por Jessica Chastain (Interstellar, Marte y La Cumbre Escarlata), es una chica educada para ser la mejor en todo lo que se proponga, y lo que se propone es, por casualidades de la vida, montar partidas de póker del más alto nivel. Primero con gente de Hollywood en Califoronia y luego con políticos y multimillonarios en Nueva York. De la primera etapa se rumorea que por sus mesas pasaron gente como Leonardo Di Caprio, Macaulay Culkin o Ben Affleck, nada menos. Y a eso se le suman personajes cada vez más rocambolescos, algo que vemos y disfrutamos en el largometraje. Luego, claro, eso estalla porque se descubren algunas ilegalidades y los medios hacen el resto del trabajo. Todo esto con 26 años y explotándole todo en la cara en el 2013. Posteriormente, como no puede ser de otra manera en Estados Unidos, publicó su libro contando su versión de la historia. Por otra parte tenemos al guionista responsable de La Red Social, Algunos hombres buenos, Steve Jobs y series exitosas como El ala oeste de la Casa Blanca o The Newsroom. Sorkin se ha hecho famoso por su diálogos ingeniosos, sus tramas con mucho trasfondo y sus discursos que cabalgan entre resultar emocionante y ser un cultureta. (Véase el famoso y viral principio de la serie The Newsroom). En definitiva: un combo ganador. De hecho fue el mismo director el que se reunión con la verdadera Molly Bloom tras leerse su libro, y ella acabó yendo al preestreno y todo.

El guion es lo que importa
Que sea la ópera prima de Sorkins es casi irrelevante porque la película está dirigida y montada muy correctamente, con buenas interpretaciones y nada que resulte demasiado arriesgado o novedoso. Es alguien que lleva mucho en Hollywood y parece que ha ido a lo seguro, algo que conoce muy bien. Donde gana enteros la película es los diálogos y en el guion. Crecer tanto, montar un negocio a gran escala y aclarar al espectador por qué el FBI va a por ti requiere muchas explicaciones, así que bebiendo de El Lobo de Wall Street o la más reciente Juego de Armas, se nos informa con voz en off de los pasos que nuestro protagonista va dando poco a poco. Así hasta el auge y, lógicamente la caída. En algunas cosas empatizamos, en otras, cuando todo se vuelve más turbio, nos cuesta identificarnos, pero en ningún momento nos aburrimos. Por otra parte se disfruta gracias a pequeños puntos de humor en los diálogos y especialmente por las colaboraciones inesperadas, por ejemplo Michael Cera, que sigue pareciendo un chaval de instituto y que interpreta a “jugador X” que podría ser él mismo o cualquiera de los famosos que hemos mencionado antes, o Joe Kerry, famoso ahora por Stranger Things y que hace de él mismo.

Diálogos y explicaciones
Quizás el punto flojo de la película es que es larga, y si no te gusta este estilo de cine te puede aburrir un poco. No es porque haya mucho diálogo, que también lo hay en Tarantino por ejemplo y suele gustar, es por la casi ausencia de acción. A este guionista le va las conversaciones, las respuestas brillantes y mordaces y los discursos que tratan de emocionar, y es así el cien por cien de la película, por lo que tienes que saber a lo que vas. Además la trama se ambienta en el juicio y cómo el abogado y Molly Bloom preparan su estrategia a medida que se relatan los hechos, todo ello sin que ella saque demasiados trapos sucios de Hollywood, pero se ve arropada por una falta de comprensión paterno-filial (el padre es Kevin Costner) que debe arreglarse y su pasión por el ski y la competición, ya que al fin y al cabo ella era deportista de élite. Esto puede resultar que lastra un poco la película pero también se puede interpretar como una manera de aportar más profundidad a un personaje del que necesitamos saber sus motivaciones, lo que está bien para añadir más ángulos interesantes a la trama pero va en detrimento del ritmo. No obstante en ningún momento llegas a sentir la necesidad de mirar el reloj sino de querer saber más.



